Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 8

Capítulo 4: Una Pereza Astuta

Parte 2

 

 

Wilhelm rompió el aguacero de ataques invisibles al moverse más allá de los límites de su propia visión.

Se balanceó de izquierda a derecha, de repente aceleró y desaceleró, hizo tantos saltos como pudo, jugando con su enemigo y acercándose cada vez más a cada escaramuza repetida.




La autoridad conocida como Manos invisibles sería un ataque peligroso incluso si no fuera invisible. Podría alterar libremente su alcance y dirección, ambos capaces de abrumar al enemigo con números y destruirlo por completo con un solo golpe. Estas constituían innumerables ventajas en todo tipo de batalla, lo que la convertía en la técnica definitiva para llevar la muerte al enemigo.

Solo porque él era un peleador más experimentado, Wilhelm era capaz de arreglárselas.

— ¡En consecuencia, te clavaré a la pared aquí y ahora, Cultista de la Bruja…!

— ¡¡No puede, puede, puede, puede ser! ¡Pensar que resistirías hasta este punto!!

En primer plano, más adelante en el camino, un hombro alto se paró frente a Wilhelm. Su postura, con su cabeza inclinada en ángulo innatural, parecía el de un muñeco moviéndose aterradoramente mientras una mano humana jugaba con él.




De hecho, el hombre loco había perdido el libre uso de su carne; en cambio, era la autoridad la que sostenía su cuerpo en su agarre y lo controlaba, pero tales consideraciones no tenían valor para el Demonio de la Espada.

Lo que él necesitaba era el hecho de que el hombre parado ahí era un enemigo, y uno de las tres Perezas restantes; el hombre, vestido en un atuendo de comerciante, no parecía estar haciendo el más mínimo esfuerzo para ocultar su identidad.

Él se había infiltrado en el “seguro” minuciosamente arreglado por Subaru, manipulándolo astutamente para sus propias intenciones perversas. Al mismo tiempo, Wilhelm se preguntó acerca de la seguridad de Subaru y Ferris, quienes habían estado cerca del carruaje dragón que había explotado. Pero en el calor de la batalla había puesto instantáneamente tales pensamientos melancólicos a un lado, y el Demonio de la Espada se sumergió a sí mismo en su propia batalla.

No era falta de preocupación. Él nunca sería capaz de ver a su maestro, Crusch, a menos que Ferris volviera sano y salvo. Sin embargo, su corazón pensó que no debía realmente preocuparse demasiado.




Ellos sobrepasarían esa crisis, ambos, Subaru y Ferris. Tal era la gran fe que tenía en ellos.

— ¡¡Rrrrraaa!!

Él blandió su espada, partiendo la tierra, levantando una lluvia de tierra que le permitía leer los arcos de los ataques invisibles. Con evasión sobrehumana, Wilhelm atravesó la pared de sed de sangre que enterraba su camino entre él y su enemigo y cargó.

No necesitaba preocuparse a sí mismo con Subaru y Ferris. Esto había sido lo único con lo que había querido comenzar. Lo que podía lograr estaba decidido desde el primer momento en que sostuvo una espada en su mano.

— ¡Tal favor, para aumentar los números así! ¡Tal tenacidad en la cara de ellos! ¡Tal convicción! ¡Como un discípulo diligente, no puedo alabarlo lo suficiente! ¡Ahh, ahh! ¡Oh, amor! ¡Mi cerebro tiemblaaaa!

Ojos diferentes, cara diferente, voz diferente, incluso así, ellos compartían la misma mirada llena de locura. Aunque era un ser diferente con una apariencia diferente, esta Pereza estaba obsesionada con Wilhelm de la misma manera. Mientras recibía esa repulsiva alabanza, Wilhelm se alejó más del campo de batalla, persiguiendo al Arzobispo de los Siete Pecados Capitales por sí mismo.




Dado el balance de fuerzas actual, él era el único que podía enfrentarse al loco. Él era el único que podía mantener el daño mínimo y golpear al hombre.
Wilhelm miró al loco frente a él, incrementando la velocidad de sus pasos. Los ataques invisibles atacaron, intentando perseguirlo, pero el Demonio de la Espada corrió como una flecha, dejándolos detrás.

— …

Sin darse cuenta de la lluvia de tierra, Pereza temerariamente repitió los ataques invisibles. Era como si no solo estuviera loco, sino que sus tácticas fueran estúpidas también. Por supuesto, el duelo sería decidido con la misma estupidez.

— ¡…! ¡¡…!! ¡¡…!!

El loco hizo un tipo de lamento, pero Wilhelm, corriendo hacia adelante, no lo escuchó. Él dejó de lado todo lo que era innecesario, cargando hacia delante mientras se convertía en una sola espada, el acero que rompería la maldad en pedazos.

Naturalmente, mientras se acercaba, los obstáculos aumentaron. El número de manos se hizo mayor, y el interior del cuerpo de Wilhelm estaba bañado en un agudo calor mientras posicionaba su espada, desenvainándola.

La tierra se partió en dos, la postura del loco se inclinó. Wilhelm volvió la punta de su espada hacia el centro de masa del cuerpo, llevándolo al núcleo.

— ¡Te tengo!

No hubo ni la más mínima resistencia en la punta de su espada. El sentimiento de cortar una vida era una que el Demonio de la Espada había probado a menudo.

Su atesorada espada empaló al loco por la izquierda de su pecho, destruyendo completamente su corazón dentro. Ni siquiera Ferris podría haberlo traído de vuelta del borde de la muerte. El golpe sin piedad había llevado su vida a una conclusión.

— … Sí, si eras tú, entonces…

Cayendo para morir instantáneamente con la espada llegando hasta su espalda, el loco escupió sangre mientras intentaba decir algo. Wilhelm sacó su espada para acortar sus últimas palabras y testamento.

Fue entonces que el loco dijo a la oreja de Wilhelm—: Cuando te concentras en pelear contra los brazos invisibles, pierdes de vista lo que puedes ver… Perezoso, ¿no es así?
— …

Sus pensamientos se retorcieron por un segundo.

Una grieta innecesaria en la agresividad del Demonio de la Espada fue abierta, como si intentara pensar lo que esas palabras podrían significar.

Un instante después, el loco embistió contra Wilhelm, con su brazo temblante levantando una daga. Entonces, sin dudar, usó la daga para apuñalar su propio ojo izquierdo. A través de la cuenca del ojo, la punta de la hoja invadió su cráneo, atravesando su cerebro y cortando su propia vida.

— ¿Qu…?

El instante en que la espada le robó el ojo y su vida, la luz surgió

***

 

 

 

En el instante en que corrió alrededor de una casa demolida y en el camino roto, la tierra tembló.




— …

La onda expansiva corrió bajo los pies; el estremecimiento en el aire dificultaba la respiración. Luego, cuando Subaru corrió hacia adelante, las llamas y el viento retrasados de la explosión siguieron su ejemplo, derribando todo lo que tenía delante.

— ¡Whoaaa…!

— ¡No te muevas! ¡Aro! ¡Iku!

Con Subaru congelado en su lugar, Julius levantó un brazo delante de él, llamando a los espíritus que brillaban de verde y amarillo. Se creó una espada verde, y un baluarte de tierra y piedra se alzó ante ellos. La ola de calor que se precipitaba por delante se cortó en dos antes de rebotar en la pared robusta, protegiendo a la par de su ira.

— ¡¿Qué pasó?!

— No lo sé. Justo antes de la explosión, sentí que veía pasar una silueta humana, pero…

Mientras el retumbar de la explosión bajaba, los dos pasaron por el suelo roto hacia el centro del área de explosión. El área circundante se veía como si hubiera sufrido una feroz onda de choque por la explosión, suficiente para enviar volando los techos de casas de ladrillo. Naturalmente, había un cráter en el suelo en el centro de la explosión, agregando conmoción a la triste historia.

Y cuando Subaru vio quien estaba echado en el centro de la zona de explosión, su voz se congeló.

— ¡¿Wilhelm…?!

Levantando su voz temblorosa, Subaru corrió hacia el viejo espadachín de pelo blanco que estaba acurrucado en el suelo. Él había sufrido heridas graves de vientos y llamas en todo su cuerpo; era casi extraño encontrar su cuerpo en una sola pieza.

Su cara estaba negra mugrienta; Subaru no podía decir si era de sangre, tierra, o quemaduras. Pero estaba respirando débilmente. Sabiendo que al menos eso era verdad, dejó salir un largo, largo suspiro.

— ¡Pero está en un gran problema si sigue así! ¡Tenemos que llevarlo con Ferris, o sino…

Cuando Subaru cayó sobre una rodilla, con la intención de cargar a Wilhelm, Julius se colocó a su lado y dijo—: No parece que las cosas sean tan simples.

Sintiendo la advertencia urgente incrustada en esas palabras, Subaru levantó la cabeza.




Julius barrió la punta de su sable de caballería alrededor del área. Su razón para hacerlo era simple: los enemigos que tenía bajo control provenían de varias direcciones, no solo de una.

Llevando espadas en forma de cruz, los Cultistas de la Bruja los bloquearon en cada uno de los cuatro lados. Pero ese no fue el mayor problema. Una persona final llegó con los cuatro, quitándose la capucha cuando apareció.

Era una mujer de baja estatura, con pelo corto del color del café negro.

Las manos de la Cultista estaban vacías; ella se detuvo frente a ellos pareciendo indefensa y llena de aberturas. Sin embargo, sus ojos inyectados de sangre y manera de herirse a sí misma, mordiendo las uñas de sus dedos, eran toda la prueba que necesitaban para saber que era la más peligrosa de todos.

Después de Petelgeuse, la mujer loca, y Kety, esta era el cuarto Arzobispo de la Pereza.

La mujer mordió la uña de su pulgar derecho, doblando su mano mientras la arrancaba. La vista y el líquido de gotas de sangre y carne expuesta hicieron que Subaru hiciera una mueca en dolor y asco.

— Saliendo uno tras otro en una situación como esta… ¡¿Cuántos de ustedes hay, maldición?!

— ¿Por qué, por qué, por qué, por qué… por qué aún estas vivo? Todas esas medidas, y aún… ¡¿Por qué no es que caes ante mi diligencia?!

— ¡Bueno, esa es mi línea! ¡Ya basta de una vez! ¡Haciendo continuaciones una y otra vez! ¡¿Tienes algún tipo de rencor contra nosotros?!

Probablemente palabras de odio completo y mutuo, enemistad y desprecio eran las únicas que Subaru y la mujer podían compartir. Entonces Wilhelm se movió en sus brazos.

Quizás fue debido a los estímulos externos, pero el Demonio de la Espada aún estaba inconsciente cuando sus labios se movieron débilmente. La manera en que sus angustiadas respiraciones contenían una ira cada vez mayor hacia su enemigo fue aterrador para Subaru.

Era como si estuviera subconscientemente tratando de decirles algo…

— ¿Wilhelm?

— Misma… ne… per…

Él no pudo entender completamente lo que la débil voz le intentaba decir. Y los Cultistas de la Bruja no eran lo suficientemente piadosos o amables para esperar que escuchara en una forma coherente.

Subaru estaba sosteniendo a Wilhelm en una rodilla cuando la mujer volvió su dedo sin uña hacia él y gritó:

— ¡Tú! ¡Si el perezoso, tú y el diligente, retrocedieran, todo sería firme!

¡Todo estaría decidido! ¡Todo llegando a su conclusión correcta! ¡Por lo tanto, vete de aquí! ¡¡Laaaargate con los vientos!!

Escupiendo saliva, la mujer puso su mano dentro de su propia túnica. Sin embargo, ella no encontró lo que estaba buscando. Sacando su mano, rechinó sus dientes lo suficientemente fuerte para romperlos. Subaru tuvo una corazonada de por qué ella estaba en una ira tan mortificada.

Cultistas de la Bruja estaban en todos lados, mientras que Wilhelm estaba gravemente herido y Julius estaba exhausto. El único que quedaba para enfrentarse a la cuarta Pereza era Natsuki Subaru, inútil en todo menos en ser un señuelo.

Pero incluso si la atracción del Culto de la Bruja no era de ningún uso, aún quedaba algo que podía hacer.

— Julius, ¿puedes retener a los cuatro, además de Pereza, mientras cubres a Wilhelm?




— ¿Subaru?

Volteando solo la mirada, Julius le dio a Subaru un ligero y cuestionador levantamiento de sus cejas. Sin embargo, no había tiempo para explicar los detalles. Subaru miró a sus ojos ámbar y repitió lo que dijo.

— ¿Puedes hacerlo? Si puedes hacerlo… haré lo que puedo hacer.

— …

— Ahora mismo, eres el único con el que puedo contar. Si estas dispuesto a poner la tuya en mis manos… pondré la mía en las tuyas.

— ¿Poner qué?

Era obvio. Subaru respondió a las palabras de Julius señalando a Pereza y diciendo—: Golpearé a ese idiota. Pelearé y tomaré tu vida en mis manos. A cambio, estaré poniendo mi vida en las tuyas, ¿puedes hacerlo?

Subaru declaró su determinación de enfrentarse al Arzobispo de la Pereza sin la ayuda de Julius, su único aliado. Ante sus palabas, Julius desenvainó su espada.

Su duda y silencio demoraron un segundo. Julius cerró sus ojos, los abrió, y puso su espada en posición.

— Si no dijera que puedo hacerlo, sería una vergüenza como caballero.

— ¡¡Tienes razón!!

Aún estaban en desventaja. Subaru sabía que era temerario. Pero sus batallas siempre habían sido temerarias. Así que una vez más, su desventaja era como una cuerda floja. Simplemente tenía que cubrir sus ojos y empezar a correr.

Subaru, dejando a Wilhelm suavemente en el lugar, puso una mano en su propio bolsillo. Los Cultistas de la Bruja estaban lentamente cerrando el círculo, pero no detectó ningún signo de Pereza dando un paso. Subaru no la subestimó. La distancia y el rango no tenían valor para Pereza.

Pero eso solo se aplicaba en cada oponente que no era Subaru Natsuki.

— ¡Ahora, terminemos finalmente esto! ¡El gran amor sooobre todo!!

¡Exalten el amor sobre todo! ¡Ante mi diligencia, para devolver su favor! ¡Tú naciste digno de ser el primero ofrecido para…!

— Hey, chica Petelgeuse. Mira esto.

Subaru llamó a la furiosa Pereza con un resoplido. Luego, metió su mano en su bolsillo.




Cuando retiró su mano, estaba sosteniendo un libro cubierto de negro. Era el Evangelio que Subaru había recuperado del cadáver de Petelgeuse Romanée-Conti…

— Estás buscando esto, ¿verdad? La “cosa” enviada por la Señorita Bruja que amas tanto, tanto.

— ¡Ladrón! ¡¿Así que realmente eras TÚ quien lo tenía?! —gritó Pereza, con sus ojos saltando.

La manera en que rebuscaba en su bolsillo hizo que Subaru se diera cuenta que algo andaba mal.

Las otras dos Perezas habían hecho lo mismo. Buscaron algo que debería haber estado en cierto bolsillo con las manos, se irritaron por no encontrarlo y se enojaron con el que lo había robado. El objeto de su deseo había sido el mismo: ese libro único.

— Supongo que incluso intentaste desenterrar el cadáver de Petelgeuse para recuperar el Evangelio. He oído hablar de adictos a los libros, pero vamos, ¿robar tumbas para recuperar un libro?

— ¡Silencio! ¡Cesa tu parloteo! Devuélveme ese libro, ahora…

— Oye, no grites. Si te enojas demasiado, ya sabes, tu cerebro temblará.

— ¡…! ¡Debessss morir!

Nadie presente podría superar a Subaru cuando se trata de burlas y provocaciones.

Mientras Pereza explotaba en rabia, la sombra a sus pies se hinchó. La sombra se dividió en una innumerable horda por encima de su cabeza, cubriendo el cielo en manos negras, de las cuales las puntas de sus dedos apuntaron a Subaru al mismo tiempo.

Pero si la intención era matar a Subaru, era una decisión equivocada.

— ¡Mi favor! ¡La manifestación de mi amor! ¡Cae FRENTE a ellos, pecador…!




Pereza gritó, y los brazos negros se lanzaron a Subaru como una avalancha. La misma manifestación de destrucción cayó ante él como un tsunami mientras avanzaba.

Solo para Subaru, todo era visible. E incluso para él, el ataque era demasiado obvio.

— ¡Ra-aa…!

Las manos malvadas eran innumerables, pero lentas. Ahora que había presenciado, aunque imperfectamente, el combate entre súper-humanos, parecían moscas detenidas hacia Subaru. No, eso iba demasiado lejos. Eran como moscas en vuelo. Pero de ninguna manera eran imposibles de evadir.

Subaru dio un gran rodeo, evadiendo a la horda salvaje de manos invisibles. El Demonio de la Espada habría saltado entre ellos, pero tales hazañas inhumanas estaban más allá de Subaru. Usó su resistencia para compensarlo.

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