Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 7

Capítulo 5: Wilhelm Van Astrea

Parte 1

 

 

—Hablemos del hombre Wilhelm Trias.

Wilhelm nació como el tercer hijo de la familia Trias, una familia de nobles locales en el Reino de Lugunica.




La familia Trias era una antigua e histórica familia a la que se le otorgo tierra a lo largo de la frontera al norte al borde del Santo Reino de Gusteko. Dicho esto, su fama como familia de guerreros era una cosa del pasado; para el tiempo del nacimiento de Wilhelm, se había convertido en una pequeña y débil familia señorial, con solo un pobre feudo y una minúscula población a su nombre.

En términos reales, no era más que un ejemplo de nobleza cayendo de la gracia.

Los hermanos de Wilhelm estaban muy alejados de él en edad, y su educación no tuvo conexión con la herencia del liderazgo de la familia. Además, el, sin la aptitud de gobierno civil de sus hermanos, encontró el manejo de la espada como el único camino que conduce a un futuro.

La espada decorando el gran salón de su mansión fue alguna vez usada por una línea de hombres en la familia Trias para ganar fama como guerreros para el reino, pero para la actual familia Trias, era simplemente una espada atesorada para ser admirada en una pared.

Incluso Wilhelm no recuerda que lo provocó.




Pero cuando sacó la atesorada espada, la cual nunca antes había puesto sus manos encima, fuera de su vaina, la manera en que fue al instante cautivado por la belleza del acero—eso, recordaba claramente.

Antes que lo supiera, había estado tomando la espada de la familia por si mismo a las montañas atrás, blandiéndola desde la mañana hasta la noche.

La primera vez que tomó la espada, tenía ocho; se acostumbró a la longitud y el peso de la hoja, y cuando sus extremidades crecieron de manera que ya no fueran desiguales, Wilhelm tenia catorce, y era el mejor espadachín del dominio.

–Iré a la capital y entrare a la armada real. Luego me convertiré en un caballero.

Y fue a los catorces años que Wilhelm dijo esas palabras y escapó de casa, cargando el deseo ignorante que cualquier niño había pensado alguna vez.

El provocador fue en una noche de tormenta cuando tuvo una discusión con su hermano mayor. Su hermano había empezado un sermón sobre “¿Qué harás en tu futuro? a Wilhelm, inmerso solo en la espada y dispuesto a asociarse con los mocosos y sinvergüenzas del territorio.

Al blandir una espada, se había sentido cada vez más fuerte, y eso por sí mismo lo había hecho feliz. Y así, las palabras de su hermano mayor hacia su menor, sin ninguna ambición para el futuro, fueron muy estrictas. Había apilado argumentos sólidos sobre argumentos sólidos, y Wilhelm deficiente en palabras, dijo esas palabras antes de salir corriendo por la puerta.

Siguió esas palabras con su frase típica, “¡No puedes entender como me siento!” y se marchó, y en verdad, el resultado fue que Wilhelm dejo su familia con nada más que una espada y una pequeña cantidad de dinero.

Fue una salida no planificada, pero Wilhelm fue capaz de llegar a salvo a la capital real.

Wilhelm, triunfante cuando llego, se dirigió al Palacio Real con toda prisa, y los registros señalan que entró a la armada real como un soldado común.

Si hubiera sido en la era actual, un rufián callejero llegando en un intento de pasar por las puertas del castillo bajo tales circunstancias habría sido justa y correctamente rechazado. Sin embargo, en ese tiempo, había una guerra civil con una alianza de tribus semi-humanas centradas en las tierras orientales del reino—la Guerra Demi-humana había continuado por mucho tiempo, y la urgencia era tan grande que ningún número de voluntarios parecía suficiente.

Fue entonces que un chico aparición, mostrándose a sí mismo de tener una habilidad justa con la espada. Fue recibido con las manos abiertas, y Wilhelm entro a la armada real sin el más mínimo obstáculo,

Por lo tanto, desconectado de contratiempos o dificultades, Wilhelm entro al campo en su primera batalla.

Ahí, por primera vez, el chico llego a conocer la muralla llamada realidad. Su habilidad con la espada, sin contrincante en su tierra natal, no sirvió de nada contra los veteranos del campo de batalla, y fue confrontado por su propia imprudencia y engreimiento.




Tal fue la dificultad de la juventud, el bautismo de la primera batalla

—Si. Por derecho, debía ser así para cualquiera.




Pero en verdad, sin haber estado nunca en combate real, la habilidad de Wilhelm con la espada fácilmente superaba a quince juventudes puestas juntas.

–¿Qué? Realmente no eran tan fuertes como esperaba.

En su primera batalla, el chico soldado había construido una montaña de cadáveres semi-humanos, y desde la cima de ese montículo, apuñalo su espada en sus atacantes.

Nadie podía contemplarlo y no sentir miedo del futuro manchado de sangre que los aguardaba.

La fuerza anormal de Wilhelm con la espada fue multiplicada a lo largo de los días en que blandió la espada en su tierra natal. Desde la mañana hasta el anochecer, hasta que su energía se agotara, Wilhelm había vivido al continuar blandiendo la espada—cada día, desde la edad de ocho hasta los catorce, seis años sin ninguna pausa.

Incluso una vez que entro a la armada real, su estilo de vida de dedicar cada momento libre a la espada no cambió.

Dentro de la misma unidad, hubo quizás una o dos personas que se acercaron a Wilhelm, pero él rechazo sus intentos, sumergiéndose solo en la espada por días y meses hasta que el chicho se convirtió en hombre.

Sin ser roto por la realidad, pero insatisfecho consigo mismo, Wilhelm continuó blandiendo la espada en el campo de batalla, incapaz de deshacerse de la tristeza dentro de él.

Con su espada, al desgarrar la carne de otros, bañándose en su sangre, y tomando la vida de sus oponentes, demostró que él era más fuerte—y él sabía que solo en esos momento una alegría oscura brotaba dentro de él.

Mientras el conocimiento de su habilidad con la espada se expandía, el nombre del espadachín de origen rural que rechaza toda promoción, a caballero o a cualquier cosa, se hizo conocido en ambos, la armada real y la Alianza Semi-humana por el nombre alternativo del Demonio de la Espada—un demonio de la espada, corriendo a través del campo de batalla, y sonriendo solo al cortar a una persona.

Era un nombre que se volvió sinónimo con susto y odio, y tanto amigos como enemigos se alejaron de él.

Sus hazañas fueron incontables, y aun si, nadie trataba de promover a Wilhelm a caballero.

Él no se asociaba con otros, estoicamente dedicándose a la espada, arrasando en el campo de batalla sin cuidado por sus aliados, saltando en la formación enemiga, bailando mientras hacía florecer flores de sangre.

Tal hombre no podía ser digno de un título florido tal como “caballero.”

En un reino con una larga tradición de caballería, la existencia de Wilhelm fue aborrecida como un intruso sin importar sus muchos servicios a la nación.

Y Wilhelm mismo nunca pensó en cambiar esa situación.

No pensaba como un caballero, con su alto orgullo, respeto por la vida de los demás, y sus tendencias de pulir la nobleza de sus propias almas. Cuando él peleaba, él mataba personas; hacia su sangre fluir y rompía sus vidas en pedazos. Él, quien tomo más disfrute en eso que nada, no era apto para el título de caballero, y si eso lo detenía de ser capaz de disfrutar eso, no quería tener nada que ver con ser un caballero.

Su anhelo por la batalla fue deformado, pero a lo largo del tiempo, el corazón del joven hombre llamado Wilhelm se pudrió.

Y fue cuando tenía dieciocho—cuando había estado en la armada real por tres años, y cuando nadie en la armada no conocía el nombre del “Demonio de la Espada”—que nació una brecha en ese corazón.

***

 

 

 

Ella tenía un pelo hermoso, largo y rojo, y desde un lado, su cara era tan linda que lo hizo temblar

Con la ampliación de las líneas de batalla, Wilhelm fue temporalmente enviado de vuelta a la capital desde las lineas delanteras, forzado a tomar un descanso que él decía que era innecesario

Separado del campo de batalla, y del desenfrenado aroma a sangre, pólvora, y muerte. Wilhelm, con demasiado tiempo en sus manos, escapo de las puertas del castillo con su amada espada en mano, dirigiéndose a las partes más bajas de la capital.

Desde que huyo de su propia familia, la atesorada espada que había tomada con él en lugar de un regalo de despedida se había desgastado mucho, pero a lo largo de diez años, se había acostumbrado a esa amada espada como ninguna otra. No era como si no pudiera usar otras espadas, pero cuando estaba decidido a tomar la vida de otros, esa espada era sin duda la mejor

Caminando completamente solo, Wilhelm se dirigió a una calle en el barrio inferior sin signos de vida. Su destino era el borde de la capital real, un distrito en decadencia que había sido abandonado en medio de su construcción.

La capital pasó del Distrito de los Nobles a través de Calle Mercader, continuando a través de los Comunes, y el distrito abandonado aparentemente se había concebido un camino atrás, pero la construcción había sido abortada bastante tiempo antes y no había señales de que se reanudara pronto. Se diría que es probable que se mantenga así hasta que se resuelva la guerra civil.

–…….

En la mañana, el distrito sin terminar no tenía signos de vida humana, y si existía alguna, seria escoria reuniéndose ahí no por una buena razón. Eran cobardes que se separarían como crías araña si un pequeño antagonista los golpeaba.




Últimamente, si siquiera aquellos criminales se habían acercado al Demonio de la Espada, completamente devoto a la espada, sin miedo y desprevenido cuando entró al distrito sin terminar en sus días libres.

–Igual de bien, supongo.

La razón porque Wilhelm blandía su espada en la ciudad baja en lugar de los patios del Palacio Real era para que sus oídos no fueran interrumpidos por voces molestas, sumergiéndose a sí mismo en un mundo silencioso donde estaba solo.

Wilhelm ya no ansiaba medir su habilidad al cruzar su espada con otros.

Se volvió hacia el espadachín que imagino en el fondo de su mente, contraatacando su acero desenvainado. El entrenamiento que había continuado desde su juventud siempre había sido Wilhelm cruzando espadas con la persona que consideraba su mayor enemigo.

–¿Acaso no te ves mal?

Sus ojos rebosaron con sed de sangre; sus labios estaban contorsionados en locura.

El espadachín de ojos vicios con quien cruzó espadas cada día era su reflejo en el espejo.

—Para Wilhelm, su mayor enemigo era siempre el mismo.

Esto no era en un sentido filosófico, sino, una vista realística de su poder.

En el campo de batalla, se enfrentó a sus oponentes—en otras palabras, tomó sus vidas. Habiendo sobrevivido en el campo de batalla, en el borde de la vida y la muerte, no había nadie en el campo de batalla hasta la fecha que había sido más poderoso que él.

¿Entonces que rival digno había para cruzar espadas con él, un hombre que no podía matar sin importar que tan duro intentara?

Por lo tanto, durante su descando, fue a un lugar vacio de otros para sumergirse en una danza de espadas contra si mismo.

Por que fue solo allí, en un drama de espadas que nadie debería anhelar en realidad, que realmente sintió lo que significaba estar vivo—

–Ah, lo siento mucho.

Ese día, la vista de una Hermosa chica fue el elemento extraño que se incrusto en el mundo del Demonio de la Espada.

Para blandir su espada y encontrarse a si mismo en un combate mortal—Wilhelm, en su camino al distrito sin terminar con ese meta, se detuvo cuando notó un invitado diferente que se le había adelantado.

Normalmente, el corazón del distrito sin terminar que Wilhelm usaba era un espacio completamente vacío. El suelo estaba comparablemente nivelado, y la amplitud lo convertía en un lugar adecuado para él—y sin embargo, un elemento extraño descansaba en el lugar de relajación de Wilhelm, inclinando su cabeza ligeramente hacia él.

–Y pensar que alguien vendría a un lugar como este, y tan temprano en la mañana—

–……

La chica se dirigió a Wilhelm con una pequeña sonrisa.




Pero Wilhelm respondió al saludo con un simple golpe de su amenazante aura para alejarla.

Sintió como si estuviera echando a un insecto molesto. Un aficionado dentro de tal presión empezaría a correr precipitadamente; incluso un hombre de habilidad probablemente percibiría el nivel de habilidad de Wilhelm y haría lo mismo.

Pero la chica no hizo nada de eso.

–…¿Qué pasa con esa cara tan aterradora?

Ella paró el antagonismo de Wilhelm, continuando sus palabras como su fuera nada.

Wilhelm se sintió molesto, chasqueando su lengua.

Este era un oponente sobre quien tal hostilidad no era efectiva—en otras palabras, alguien completamente alejado de las artes marciales. Por lo menos, alguien en quien la hostilidad fue efectiva habría mostrado alguna reacción al aura de Wilhelm.




Pero para alguien desconectado de tales cosas, era simple coerción. Dependiendo del oponente, alguien incluso podría entenderlo como un simple estrechamiento de ojos.

En el caso de la persona delante de él, era un brillante ejemplo de este último.

–Mujer, ¿Que estás haciendo aquí en una mañana como esta?

Hablo de manera agresiva, pero ella aun no retiraba su mirada de Wilhelm.

La chica hizo un pequeño “hmm…” ante las palabras de Wilhelm, luego dijo, “Me gustaría preguntarte lo mismo, pero eso sería un poco rudo, ¿verdad? Tu cara dice que no tienes sentido del humor.”

–Hay muchos hombres peligrosos en esta área, no puedo aprobar que una mujer camine sola.

–Ah, ¿Estas preocupado por mí?

–Es posible que yo sea uno de esos hombres peligrosos…

Wilhelm respondió sarcásticamente al comentario alegra de la chica, haciendo un sonido con la empuñadura de su espada para anuncia la presencia de su espada. Pero la chica no se fijó en la acción de Wilhelm, señalando detrás suyo mientras decía, “Por aquí.

La chica, sentada en una escalera, movió su dedo hacia un edificio opuesto al que se apoyaba. Ya que era un lugar que Wilhelm no podía ver desde su posición, frunció sus cejas al ser invitado a acercarse.

–No hay nada que tenga que ver…

–No te preocupes por eso, ven, ven.

La mejilla de Wilhelm se contrajo ante el tono, como el que se usa para mimar a un niño, pero se calmó a sí mismo y se acercó a ella. Camino al lado de la mujer más arriba de la escalera , inclinándose para mirar lo que había al otro lado.

–……

En el otro lado, rayos calientes del sol mañanero estaban brillando en un amplio y amarillo campo de flores.

Con Wilhelm sin palabras, la chica bajo su voz y le confeso su secreto en un susurro.

–Dejaron de mantener este distrito hace bastante tiempo, ¿verdad? Pensé que nadie vendría, así que planté unas flores. Vine para ver los resultados por mí misma.

Wilhelm había caminado por ese camino varias veces, pero en ninguna notó la presencia del jardín de flores, a pesar que todo lo que hubiera tomado para verlas era estirar su espalda un poco alto y ampliar su visión.

Con la boca de Wilhelm manteniéndose cerrada, la chica miro al lado de su cara y preguntó, “¿Te gustan las flores?”

Se volvió hacia ella, viendo la pequeña y amable sonrisa que su rostro mostraba mientras él miraba.

“No, las odio” respondió en una voz baja, curvando sus labios.

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