Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 6

Capítulo 2: La Gula de un Cerdo

Parte 4

 

 

— Todavía es algo temprano para el almuerzo, pero no sería bueno sentarse sin ordenar.

Anastasia dijo esto mientras regresaba del mostrador cargando una comida ligera —vegetales y carne emparedados entre dos piezas de pan—, algo parecido a una hamburguesa elongada. Mimi lo recibió de Anastasia y zambulló su cara en él felizmente.




Este era un comedor informal ubicado en la calle central, justo frente a la puerta principal de la capital real. Dicha puerta tenía el mayor tráfico en toda la ciudad, donde la gente entraba y salía sin cesar. El local rebosaba; Subaru y compañía habían tomado los últimos asientos libres.

—Natsuki, deberías comer todo lo que quieras. Ya que planeabas reunirte aquí con esa chica, de seguro querías comer, ¿verdad?

—No me siento muy cómodo haciendo que me invites a comer cuando te estoy pidiendo un favor. Si realmente quiero comer algo, lo haré luego con mi amiga. Ana… Er.

Había muchas personas alrededor, pero el establecimiento no era muy grande. Él dudaba de si debería llamar a Anastasia por su nombre en un local tan concurrido.

—Realmente no me importa mucho, pero si te causa problemas usar mi nombre, ¿podrías llamarme “damisela”?




—Sería aún más difícil decir eso… Como sea, hablemos del carruaje dragón.

—Vas directo al grano, ¿eh? No harás feliz a tu socio si solo priorizas tus deseos. El núcleo de las negociaciones yace en cuánto puedes complacer a la otra parte. No eres muy bueno en eso, Natsuki.

Reprendiendo a Subaru por su impaciencia, Anastasia dio un mordisco a su emparedado de carne y vegetales; la forma en que lamió la salsa fue, de alguna manera, encantadora.




Aunque difería de Crusch y Priscilla, de forma similar, Anastasia poseía un carisma único en todos y cada uno de sus gestos, que en nada se parecía a la gente ordinaria. Quizá él debiera decir que todas las candidatas a la realeza tenían una esencia especial.

—Es un poco incómodo si te me quedas viendo mientras como. Como comprenderás, no fui criada con modales muy buenos. ¿Estoy haciendo algo extraño?

—No fui educado en una cultura tan elitista como para juzgar algo así… No creo que tenga nada de raro. Es solo que, eh, uno no ve muy seguido a una mujer abriendo grande la boca de ese modo.

—¿… Estás tratando de ganarte mi simpatía? Si es eso, tienes mucho qué aprender.

Anastasia mostró una risita al criticar la torpe movida de Subaru. Su comentario descorazonado rápidamente había tumbado a Subaru de rodillas.

—Em, no estoy hablando en broma. Realmente estoy en un aprieto, es por eso que quiero llegar al punto.

—Si quieres apelar a mi simpatía, ese es el peor plan posible cuando estás tratando con una chica como yo. Pero te aplaudo por intentarlo. Necesitas un carro de dragón, ¿verdad?

Anastasia habló mientras sacaba un bolígrafo de su bolsillo. Tras esto, extendió la hoja enrollada en la pluma, rápidamente garabateó algo, y dobló el papel con habilidad.

—Anoté la dirección de una tienda que todavía debería tener algún carruaje, y le añadí mi firma. Esto es todo lo que necesitas para completar tu meta, Natsuki.

—Bueno, no es necesario que te des tantos aires de grandeza.

—Claro que sí… No es divertido si te lo doy a cambio de nada, ¿no crees?

Hablando con una voz suave, Anastasia puso la pieza de papel doblado sobre la mesa. Reposó levemente su mano sobre él, ocultándolo de la vista, y sonrió para Subaru al ver su gesto de dolor.

La sonrisa en su rostro lucía distinta de las que él había visto antes en ella.

—Que tus hombros no se tensen; todo estará bien. Solo quiero que te quedes conmigo para una pequeña charla. Es triste cuando no puedes hablar de otras cosas que no son tus necesidades. Creo que no estoy siendo muy avariciosa por querer pasar el rato contigo hasta que tu chica aparezca.

—¿Por qué? Te estás tomando muchas molestias por solo una pequeña charla con un tipo como yo. No es como si fueses a conseguir algún beneficio.

—No creo que exista una sola cosa en este mundo que sea insignificante. Uno nunca sabe quién podría acabar dándote luz. Y entre todos, tengo la sensación de que podrías guardar algo especial para mí, Natsuki.

—… No me alegra mucho si esa es la impresión que tuviste de mí en la asamblea de la selección real.

—No es como si te conociera de otro lado, Natsuki.

El desesperado intento de sarcasmo de Subaru fue interceptado y desechado por un argumento sensato. Luego de evaluar la petición de Anastasia y su meta, Subaru se resignó de inmediato a su destino.

—Para dejarlo claro, solo vamos a hablar hasta que llegue Rem. Y después me entregarás ese papel.

—Es cierto digo mentiras y manipulo a las personas, pero te aseguro que esto es verdad. Puedo ponerlo por escrito, si quieres.

—Ni siquiera parpadeas cuando lo dices… ¿De qué quieres hablar?

—Te lo dije cuando comenzamos, ¿no? El núcleo de las negociaciones es ganarse el favor del otro partido. Si quieres ser mejor hablando, tienes que mejorar escuchando. Un inicio sólido sería descubrir los intereses de tu compañero.

O de forma más explícita: No te hagas ver como si estuvieras sufriendo la conversación. Sería malo para Subaru si fallara en su cometido le estropeara el humor. Él se rascó la cabeza y se sumió en pensamiento.

—Hey, hey, señorita, señorita. Quiero comer más de eso que me dio. ¿Por favooor?

—Claro, come todo lo que quieras. Ah, no dejes que en tu boca se haga un desastre con la salsa. No queremos que ese adorable rostro se ensucie, ¿verdad? Bueno, eso también es lindo a su modo.

—¡Límpielo por mí! ¡Seca, seca! ¡Sí! ¡Ya estoy de vuelta!

Una vez Anastasia le limpió el rostro, Mimi se disparó con entusiasmo hacia uno de los empleados del local. La sorpresa era obvia en Subaru al mirar a la pequeña niña.

—Antes lo dijiste, ¿que esa enana es la segunda al mando?

—¿Qué? ¿Preguntas por Mimi y no por mí? ¿Bateas por ese lado, Natsuki? ¿Es que te gustan las orejas de gatita? ¿Por eso tratas de acercarte a mi niña?

—Yo no tengo fetiches raros como ese. En primer lugar, si estuviera metido en eso…

Subaru apretó los dientes ante el recuerdo de la imagen de cierto caballero cabeza de gato de aquella mansión llena de ignorantes.

—De ninguna manera. Simplemente captó mi atención. ¿Creo que dijiste algo sobre una armada privada?

—Lo que sí puedo decir es que son muy famosos en Kararagi. Son la banda de mercenarios propios de la Compañía Hoshin, los “Colmillos de Hierro”. Soy su patrocinadora, entonces, obviamente tengo el privilegio de escoger a los miembros.

Anastasia habló mientras volvía su mirada hacia Mimi, quien se miraba despistada todo el tiempo.




—Ella es superliiinda, ¿no lo crees? Es muy divertido abrazarla y dormir con ella, ¿sabes?

—Maldición, ahora es mi turno de preguntar si “bateas para ese lado”. No estarás diciéndome que moviste influencias para hacer de alguien así la segunda al mando, ¿verdad?

—No hay por qué preocuparse; está bien. Ya te lo dije, ¿no es así? En toda regla, esa chica es la número dos de los Colmillos de Hierro, y tiene habilidades dignas de un capitán suplente. Por eso es que puedo pasearme por la capital solo con ella.

Sintiendo una confianza absoluta en los comentarios de Anastasia, Subaru observó la espalda de Mimi una vez más. La verdad era que ella no parecía para nada fuerte. Pero las palabras de su maestra seguían siendo igual de convincentes. Una candidata de la selección real nunca saldría a caminar con un único guardaespaldas si esa persona no fuese capaz.

—Ah, solo para que lo sepas, no hablaré a detalle sobre los miembros, ¿está bien? No soy tan generosa como para poner todas mis cartas sobre la mesa. De hecho, estoy muy segura de que es una mala idea.

—Bueno, eso no te hace sonar tan segura…

Aunque ella había neutralizado cualquier esfuerzo por husmear más a fondo, Subaru grabó el nombre de los Colmillos de Hierro en subconsciente como una amenaza potencial más. Si él y Anastasia se volvieran enemigos explícitos en algún momento, serían una muralla más qué superar.

—Natsuki, tu ceño está muy arrugado. Pareces cocerte en enojo.

—Oye, nací con esta cara, ¿está bien? No hay necesidad de picotear los complejos de un hombre.

—¿Complejo? Mm, está bien. Dicho eso, mencionaste tu nacimiento, pero ¿dónde naciste, Natsuki? No vemos cabello negro muy a menudo por estos lares, y tu atuendo también destaca.

—Yo nací en la Tierra, en Japón, y este es un conjunto deportivo, probablemente el único en el mundo.

Ese era un tópico extraño. Sus respuestas sinceras sonaban como si estuviera evitando la pregunta enteramente. Como era de esperarse, esto hizo enfadar a Anastasia; su rostro se nubló.

—Japón de la Tierra. Nunca escuché de él. Pero… ¿dónde está eso?

—Después de la Gran Cascada. Muy lejano en el este, y más al este de lo que está Zipang.

—La Gran Cascada…

La respuesta de Subaru fue frívola, esperando que ella explotara a carcajadas, pero Anastasia se sumió en pensamiento. Subaru levantó las cejas ante una rección totalmente inesperada.

—¿No te vas a reír? Reinhard pensó que era muy estúpido…

—Mm, bueno, verás, cada mil años escuchas de personas que son nativas de más allá de la Gran Cascada. Aun así, nunca esperé que dijeras que esa es tu tierra natal.

—¿Qué, hay otros bromistas además de mí? ¿Y también hay famosos?

—Si quieres saber más, creo que deberías investigar sobre “Hoshin del despilfarro”.

Anastasia todavía no estaba riendo cuando le hizo esta sugerencia. Subaru ladeó su cabeza ante la mención de “Hoshin del despilfarro”. Después de todo, ese era el nombre de la familia de Anastasia. Y Subaru recordaba que “Hoshin del despilfarro” también era el nombre de una historia heroica.

—Realmente no estás relacionada con ese Hoshin, ¿verdad? Creo recordar que dijiste que habías tomado el apellido por ti misma.

—Es el nombre del fundador de Kararagi. Como nativa de Araragi, no estoy desconectada por completo, pero no hay relación de sangre. Solo decidí ponerme ese nombre. Es adecuado para alguien que nació para ser una diosa del comercio, ¿no lo crees?

—Diablos, debes tener muchas agallas para decir eso abiertamente.

Aparentemente, ella calificaba tan altas sus hazañas como para declararse diosa sin pizca alguna de ironía.

Recordaba el alardeo de Anastasia en el encuentro de la selección real sobre que ella quería un reino por capricho. Este acto la puso en un tren de viaje directo; ahora no había marcha atrás para ella.

—Aun así, si fallo, la gente me apuntará con el dedo y se reirán de mí. Pero ya llegué hasta aquí.  No alardearé mucho sobre mí cuando sigo a la mitad de mi objetivo.

Subaru solo había escuchado un poco sobre el lugar donde nació Anastasia durante su demostración de convicción durante la reunión de la selección real. Aparentemente, había nacido en los tugurios de Kararagi y luego se había elevado hasta su puesto actual por méritos de nada más que su ingenio. La servía una casa mercantil tan famosa como una nación, y se había declarado candidata para el trono real. Aunque no por primera vez, Subaru sintió que la persona frente a él no se parecía para nada a las otras que había visto antes.

—¿Cómo puedes hacer tanto…? ¿No tienes miedo al fracaso?

—Oh Dios, Dios, Dios. Natsuki, ¿finalmente tienes verdadero interés en mí?

Subaru no tenía un plan; simplemente había vociferado honestamente sus dudas. Quizá, justo como Anastasia lo había interpretado, había hecho la pregunta porque finalmente estaba viéndola de frente: no como un oponente problemático, no como alguien conectada con Julius, sino como Anastasia, el individuo.

—Fracaso, ¿eh? Yo diría que también le tengo miedo. No estoy declarando exactamente que haya ganado cada batalla que tuve para llegar a donde estoy ahora. Yo solo he ganado las que realmente importaban.

—¿Nunca te preguntas si has ganado suficientes apuestas? Digo, ya tienes de sobra. Eres una comerciante exitosa, tienes montones de personas a tu alrededor, y…

—¿Realmente puedo decir que tengo de sobra? Ni siquiera sé qué bastaría para satisfacerme.

Su tono de voz bajo y ojos azules penetrantes hicieron que Subaru fijara la vista en ella de manera inconsciente. Como Subaru quedó en silencio, Anastasia por fin ablandó sus labios y cambió de tema.

—Yo… tengo un sueño.

Subaru no dijo nada mientras ella golpeaba el mostrador con un dedo, ignorándolo.

—He cargado este sueño conmigo desde mi tiempo en los barrios bajos, sin saber nunca qué me traería el mañana, esforzándome al máximo para vivir… Quiero poseer todo en lo que pueda poner mis manos.

—Todo… en lo que puedas poner tus manos…

—Mi sueño es ver en quién puedo convertirme, cuán lejos puedo llegar. Pero no voy a ceder ni un poco hasta que lo haya logrado. Mientras viva, todo lo que pueda alcanzar y tomar va a ser mío. ¿Voy a morir en bancarrota? ¿O moriré satisfecha por las innumerables posesiones a mi alrededor? Mi vida es una gran competencia hasta que llegue a un resultado u otro.

Subaru estaba abrumado.

Se dio cuenta de que la chica de corta estatura que estaba ante él era una persona impresionante, alguien a quien incluso habría de ver hacia arriba.

Su carácter fundamenta como ser humano difería de los de Crusch y Priscilla. El poder de su carisma no era inferior en ningún sentido al de ellas. No, para Subaru, en ese momento, ella tenía una impresión mucho más favorable que las otras dos. Con la división entre él y la nesciente Crusch, y considerando el rechazo arrogante de Priscilla, pensaba que Anastasia podría ser el último rayo de esperanza enviado por el cielo con el que podría contar.

Para Subaru, que había sido incapaz de reunir refuerzos algunos, esta era una última posibilidad si quería tomar prestada la fuerza de otros.

—Oye, Anastasia. Hay algo de lo que realmente quiero hablar contigo…

Subaru, quien inicialmente había tratado a Anastasia como una molestia de la que habría de librarse, ahora era dócil hacia ella. Puedo depender de ella. Ante esa idea, la imagen de Julius destelló en lo profundo de su mente, apuñalando a Subaru en el pecho, pero él suprimió esa herida emocional tanto como pudo mientras trataba de traer a colación el tema.

—Oye, tiempo fuera. Has sido el único haciendo preguntas todo este tiempo. Me alegra que hayas ganado interés en mí, pero esto no es muy justo, ¿verdad?

Anastasia protestó y puso alto a su movimiento determinado.

—Realmente esto no bastaría para llamarlo inju…  No, ignórame. Dime lo que quieras.

—Sí, sí, el compromiso es muy importante. Es un asunto de relaciones personales que viene incluso antes de negociar… Natsuki, parece que te vas de la capital, pero ¿ya hiciste suficiente turismo?

—No le des un nombre tan casual como turismo, maldición. No lo he hecho y estoy seguro de que tú tampoco. ¿De verdad es momento para dar un paseo solo para sentirse mejor?

Subaru acabó con el tema que interrumpía sus intereses.

—No planeo salir únicamente a pasear, pero no subestimes el acto de ver los paisajes… La gente podría obtener algo si solo explorara un lugar con muchas personas y echara vistazos por los alrededores.

A mitad de su diálogo, la sonrisa forzada de Anastasia desapareció, a la vez que bajaba un poco el volumen de su voz. Ese cambio en su comportamiento y expresión se robó la atención de Subaru. Ella señaló la calle con su barbilla.

—La atmósfera de esta avenida ha cambiado, igual que la del área comercial delante. ¿Te diste cuenta, Subaru?

—… Ahora que lo mencionas, de algún modo se siente mucho más hostil.

Subaru había conocido los paisajes de la capital por solo un total de días y horas, pero incluso él podía sentir que el aire de la capital se sentía distinto sobre la piel.

—El aspecto en los rostros de las personas ha cambiado. El tema de la selección real ha sacado montones de avaros de la nada.

—Creo que eres como el comal hablando de ollas, especialmente cuando eres tú la que se está metiendo en sus negocios…

—Oye, cuando comparas a la gente que corre tras pequeñas pilas de oro con una muchacha que va tras un reino entero, ellos parecen muy patéticos. Además, en los negocios, la velocidad es el quid de la cuestión… Cuando observas lo que hace la gente que persigue el dinero, tienes una visión más amplia del panorama.

Anastasia pensaba en el “panorama” de una forma que Subaru no podía entender.

—Cuando los de arriba hacen un movimiento, la gente comienza a moverse. Cuando la gente se mueve, las cosas también. Y así, en este momento, los comerciantes viajeros inundan la capital desde todas las direcciones. Si la gente se encuentra ahí, las cosas los siguen. De este modo puedo ver algunas cosas sobre lo que está por venir.

—Las cosas que ves… ¿son mercancía? ¿Hay algún significado especial en las cosas que se están vendiendo en la capital ahora mismo?

—Lo entendiste rápido. A propósito, los precios de muchos de los bienes están cambiando en este momento, pero las cosas hechas de metal se han vuelto especialmente costosas.  Hay alguien acaparando armas como espadas y lanzas dentro y fuera de la capital.

—Hierro y armas. Siento que ya lo he escuchado antes… Ah, fue Otto.

La conversación fue de cuando había viajado con Otto durante la primera iteración del bucle. Otto había estado ahogándose en alcohol porque estaba cargando con una gran cantidad de bienes difíciles de vender; aparentemente, su bancarrota estaba asegurada con motivos.

—Espadas y armaduras… ¿Entonces no es solo el hierro sino armas y demás? ¿No creerás que las personas que las están reuniendo planean iniciar una guerra, verdad…?

—¿Quién podría saberlo? Es posible que la meta tenga una naturaleza más comercial. Moldear el mercado a tu favor es una razón más que suficiente. Los comerciantes conspiran contra sus compañeros muy a menudo… Si creen que hay algo que vale la pena tener, lo tomarán del cuello.

Subaru aceptó el razonamiento de Anastasia sin dificultades. Ciertamente, los comerciantes estarían agradecidos con otro grupo que creara una oportunidad favorable de negocios para ellos. Una industria próspera estaba conectada con una ciudad próspera.

—Por la forma en que hablas, ¿será la que la persona que está reuniendo hierro es muy conocida? ¿Quién es, entonces…?

—Es alguien que tú conoces muy bien, Natsuki.

—¿Alguien que conozco…?

—… La duquesa Crusch Karsten. Ella ha estado ejecutando una compra compulsiva de hierro aquí en la capital.

—¿Es Crusch…?

Subaru, que había estado siguiendo la conversación desinteresadamente, fue tomado por sorpresa al oír el nombre de alguien con una relación tan cercana con él. Pero cuando pensó al respecto, las cosas embonaron. Crusch había estado recibiendo visitantes día a día; quizá no había estado simplemente tratando con figuras políticas de influencia sino negociando con mercaderes y también regateando por mercancía.

—Ya veo, entonces es por eso que Russel se apareció…

—¿Russel Fellow? Él es un pez gordo.

Con total naturalidad, Anastasia reconoció al instante el nombre de Russel. Y gracias a la información de Anastasia, las piezas regadas del rompecabezas fueron conectándose dentro de Subaru.

—Así que todas las personas que entraban y salían, poniendo cargas en el patio aún en el medio de la noche, ¿todo era una estrategia para poner a los mercaderes de su parte?

Recordaba que durante la noche que compartió copas con Crusch, los sirvientes estaban trabajando arduamente por todo el lugar. Pero ellos parecían moverse con un propósito más grande que simplemente reunir cachivaches. Parecían tener la expectativa de algo más grande que eso…

—… Bueno, no es como si tuviera algo que ver conmigo ahora.

Inicialmente, Subaru sintió el ansia de perseguir su duda, pero se rindió a medio camino y la dejó de lado. Lo que fuera que Crusch estaba planeando y lo que fuera que estaba causado disturbio en la economía de la capital, no tenían nada que ver con él. Todo lo que le interesaba a Subaru ahora era encontrar una forma de oponerse al Culto de la Bruja. No había nada más. ¿Entonces por qué tenía que agobiarse con consideraciones innecesarias como esa?

Mientras los pensamientos de Subaru llegaban a un estrepitoso alto, Anastasia murmuró frente a él.

—… Dios, Dios, deberé tener eso en mente.

Subaru levantó la vista, percibiendo un tono particularmente imponente en su voz, y entonces vio que estaba extendiendo su mano amablemente. Sin pensarlo, Subaru tomó el escrito que necesitaría para obtener un carruaje de dragón.

—Gracias, Natsuki. Me has dado suficiente de lo que quería escuchar.

El escrito y la sonrisa de Anastasia le dijeron a Subaru que la conversación había acabado. Pero Rem todavía ‘no llegaba al establecimiento. Y, sobre todo, había usado la palabra suficiente

Cuando los pensamientos de Subaru alcanzaron ese punto, se dio cuenta —demasiado tarde— de que algo no andaba bien.

—… ¿Esto fue una coincidencia?

—… Bueno, Natsuki, ¿tú que crees?

Mientras Subaru apretaba los dientes, Anastasia de dirigió a él casualmente. Los ojos azules claro de Anastasia parecían ver perfectamente a través de Subaru, como si nunca fuesen a de dejar que sus cambios de expresión la evadieran.




… Justo como un estafador que observa a alguien que ha caído por completo en su trampa.

—Así que arreglaste todo ese “encuentro oportuno” en la calle solo para preguntarme sobre esto.

—Anoche tuviste una riña con Crusch y tomaron caminos separados, ¿verdad? Imaginé que serías más fácil de leer ahora, en todo sentido. Tus palabras, tus ojos, y tus expresiones.

Ella lo había engañado. Esto hizo que a Subaru le hirviera la sangre, y su garganta se cerró.

—¡¿C-Cómo puedes estar tan satisfecha contigo misma?! ¡Emboscando a la gente de este modo!

—También hiere a mi corazón. Pero es difícil sonreír y compartir información sin complicaciones con una relación como la nuestra. Es natural querer alguna garantía cuando estás haciendo negocios con alguien en quien no confías.

La manera en que lo miraba directamente y lo tachaba de no confiable le hirió el corazón. Poniendo una mano en su pecho, Subaru lanzó una mirada a Anastasia con resentimiento.

—Entonces tú también me juzgaste mal solo porque no te agrado…

—¿Te juzgué mal…?

—¡Digo que estás distraída con las estupideces que tienes delante y e ignoras lo importante! ¡Aún cuando vas a lamentar tus errores y acabarás desviándote del buen camino…!

—¿Me pregunto qué es lo que es correcto y lo que está mal aquí? Bueno, todos tienen su propia opinión, pero te daré la mía.

Anastasia ladeó un poco su cabeza mientras Subaru rechinaba sus dientes, la sonrisa encantadora de esta nunca se echó en falta.

—Si quieres que la gente crea que tu camino es justo, tienes que mostrarles algo concreto que respalde tus palabras. No veo eso en ti, Natsuki. No puedo dejar de desvalorarte por esa falta.

—…

—Tu valor se decide por lo que has logrado… En otras palabras, tu pasado. No importa qué hagas, no puedes cambiar el pasado. Así que el valor del Natsuki que conozco no ha cambiado ni un ápice.

Anastasia se tocó el pecho con modestia, mirando con ojos altivos al furioso Subaru.

—Cuando cometes un error, nunca, jamás desaparecerá.

—…¡¡!!

—Oiga, señor, no se acerque más a la señorita Anastasia. Mimi es superfuerte, ¿entendido?

Cuando Subaru dio un paso al frente sin querer, Mimi le estampó un largo bastón contra su rostro. Se había colado entre Subaru y Anastasia, anticipándose a la pérdida de control de Subaru.

—Gracias, Mimi. Pero no es necesario que hagas nada. Estoy segura de que no hay nada que Natsuki pueda hacer.

—… ¡! ¡¿Cómo puedes decidir… que no puedo hacer nada, así nada más…?!

Cuando Subaru escupió y gritó, Anastasia puso distancia entre ambos y cruzó los brazos tras su espalda, inclinando la cabeza.

—Aah, ¿te golpee en un lugar sensible? Perdón si lo hice. Pero no me voy a disculpar por usarte.  Es una regla infalible entre comerciantes el llevarse todo lo que no esté amarrado. Además, ninguno de los dos dijo cosas que hirieran al otro personalmente, ¿verdad? Me preguntaste todo lo que querías, y respondiste muchas de mis preguntas, Natsuki.




—¡Eso es solo porque me guiaste a ello! Es sucio… ¡Es una estafa, maldición!

—Te lo dije al principio, digo mentiras y manipulo. Y cuando ofrecí ponerlo por escrito, fuiste tú el que no quiso, ¿no es verdad, Natsuki?

—¡Nunca dije algo como es…! ¡Son de lo peor, el maestro y el sirviente por igual! ¡Come mierda!

Debió haber seguido fiel a su primer instinto, el disgusto que había sentido en el instante en que le había visto el rostro en el distrito comercial. Debió haber sabido que ella era la peor de lo peor por el simple hecho de que Julius la servía. Lo había manipulado a través del arte de la conversación para hacerlo creer que ella podría ser confiable.

En serio, ¿cuánta desgracia más tenía que soportar antes de que la gente estuviera satisfecha?

—… Tampoco le hemos devuelto lo de Julius. Bueno, eso también fue parcialmente mi culpa.

Subaru no prestó atención a las palabras de Anastasia ya que estaba a punto de romper el papel en sus manos y tirarlo, pero vaciló justo en el umbral de esta acción impulsiva, sabiendo que de hacerlo sería verdad que no había ganado nada por todo lo que había aguantado.

—Estoy aliviada de que no seas tan estúpido…

»Mimi.

—¡Claaaro! ¡Señor, por aquí!

Subaru estaba respirando sin ritmo y apretando el papel en su mano cuando Mimi extendió su bastón en el aire. Subaru quedó enraizado al lugar mientras una luz de blanco pálido envolvió su rostro.

—¡Dolor, dolor, fuera de aquí…!

—…

Usando magia, ella le sanó el corte en el labio que tenía desde antes de su encuentro inicial.

Mientras Subaru estaba sin palabras, Mimi le sonrió, aparentemente sin ninguna preocupación en el mundo.

—La señorita es difícil de complacer, pero nunca pretende hacer cosas malas, así que perdónela, ¿sí? Es por eso que no tiene amigos.

—Mimi, no tienes que decirle eso… Bueno, nos vemos luego, Natsuki.

Anastasia lo había tratado tan mal hasta el punto en que incluso su propia seguidora se había apiadado de él. Los hombros de Subaru temblaron cuando Anastasia volvió la vista hacia él.

—Solo te daré una lección más sobre las bases de las negociaciones, Natsuki.

Quedándose quieta, la espalda de Anastasia siguió dando hacia Subaru mientras ella levantaba un dedo y hablaba.

—El secreto es preparar todo lo que puedas antes de alcanzar la mesa de negociaciones. Aprender pequeños trucos es una parte importante para voltear la situación a tu favor. Debes conocerte a ti mismo y tentar al otro bando poniendo lo que buscan delante de ellos. Donde te quedas corto, Natsuki, es que pides y pides, pero no tienes nada qué ofrecer a cambio.

Él no conocía los motivos reales de Anastasia. Incluso si la escuchaba, no le encontraba sentido.

Pero más temprano que tarde comprendería el significado verdadero de esas palabras.

—… ¡Muy bien, nos vamos todos!

Anastasia hizo un llamado aplaudiendo con sus manos. Subaru levantó las cejas ante su gesto cuando los clientes en el lugar se levantaron todos a la vez. Juntos, todos y cada uno de los clientes en el establecimiento rebosante salieron detrás de Anastasia.

Cada una de las personas en el grupo vestía una capucha, ocultando su verdadera identidad. Sin embargo, cuando los miraba más detenidamente, había protuberancias antinaturales debajo de sus capuchas. De este hecho, Subaru dedujo que los más probable era que ocultaran orejas animales.

Fuerte y claro, el nombre de la armada privada de Anastasia resonó desde lo profundo de su mente… Los Colmillos de Hierro.

—¿Qué, todos estaban aquí? Ah, señor, ¡nos vemos luego!

Re Zero Kara Hajimeru Isekai Volumen 6 Capítulo 2 Parte 4 Novela Ligera

 

Mimi sonrió para sus colegas que hacían fila saliendo, luego se despidió de Subaru agitando su mano poco antes de, también, retirarse. Los únicos que quedaron en el lugar fueron Subaru y el propietario.




… A eso refería cuando habló de preparar todo lo que puedas antes sentarte a la mesa.

—¡¡Mierda!!

Incapaz de aguantar su propia futilidad, Subaru estampó su puño contra la mesa. Sin clientes restantes en el establecimiento, el propietario se retiró silenciosamente hacia la parte trasera. Su rostro estaba tan confligido como el de Subaru.




Subaru se quedó en el mismo lugar, sus hombros temblaban por la humillación, y entonces una voz lo llamó.

—… ¿Subaru?

Era Rem. Había planeado su encuentro en ese lugar, y ahora corría hacia Subaru.

—¿Qué ocurre, Subaru? ¿Pasó al…?

—… No es nada, Rem. ¿Cómo te fue a ti?

Subaru interrumpió la voz preocupada de Rem, encubriendo su humillación tan bien como pudo. Incluso si le contaba a Rem acerca de cómo Anastasia se había aprovechado de él, esto no cambiaría nada. Enfrentada con el comportamiento frío de Subaru, Rem cerró su boca, luego reportó los resultados de sus actividades con un lenguaje formal.

—Reporté las maniobras encubiertas del Culto de la Bruja a la guarnición de caballeros. Usando el nombre del maestro Roswaal no fui rechazada inmediatamente en la entrada, pero…

Su torpe concatenamiento de palabras y el débil tono de su voz durante la segunda mitad le dijo todo a Subaru sobre cómo habían ido las cosas. Rem, la sirvienta de Roswaal, tenía mejores posibilidades de éxito para llamar a la acción a los caballeros que Subaru, que les tenía rencor. Tratar de explotar esto era su acto final de resistencia, pero…

—¿No te dieron una buena respuesta?

—… Al parecer los caballeros tienen montones de reportes similares. Se conocen pocos detalles concretos sobre los fundamentos del Culto de la Bruja, y, aparentemente, hay un flujo constante de informes sin forma práctica de verificarlos.

—Aah, ya lo entiendo. Esto es realmente como cuando había verdaderas cacerías de brujas… No estamos bromeando si es así como el Culto de la Bruja se oculta.

El gran número de personas preocupadas porque el Culto de la Bruja se ocultara cerca daba origen a fantasmas imaginarios en cada rincón del reino. Esos temores se materializaron como informes para los caballeros, resultando en una resta valor para las pistas reales. Esto parecía contraproducente de cierto modo.

Tanto la arrogancia de los caballeros como la vileza del Culto de la Bruja eran culpables. Considerando que eran una amenaza para todos, los caballeros deberían haber estado revisando rigurosamente todas y cada una de las pistas potenciales relacionadas con el Culto de la Bruja.

Con eso, Subaru comprendió que todas sus jugadas habían fallado.

—Si no es posible reunir refuerzos… Lo odio, pero no se puede evitar.

—¿Qué vas a hacer?

—No hace falta ni decirlo. Iremos a la mansión y sacaremos a Emilia y Ram. Las traeremos a la capital o adonde sea que haya ido Roswaal… El lugar no importa. De cualquier manera, donde están ahora es peligroso.

Las ruidosas risas de Petelgeuse volvieron a la vida en lo profundo de su cabeza. El puño de Subaru tembló con frustración. Aun si todo lo que quería era pulverizar la cara esquelética de ese bastardo, no tenía los medios. Incluso si elegía afrontar al enemigo con sus recursos actuales, indudablemente implicaría poner a Rem ante la punta de una lanza.

… El habría de evitarlo a todo costo. Que Rem saliera herida a causa de las ideas y acciones de Subaru era impensable. No podría cargar con eso.

Si no lograba suscitar fuerzas para combatir a Petelgeuse, encargarse del resto era impensable. Cualquier opción que significara perder a Rem, estaba descartada.

Incluso en ese momento, la sed de sangre hacía hervir sus vísceras. El odio inextinguible era como una maldición haciendo eco una y otra vez dentro de su cráneo.

—Discúlpame, Subaru. En realidad, respecto al carruaje que necesitamos para volver a la mansión…

—… ¿Vas a decir que es difícil conseguirlo? En ese caso…

Mientras la sangre de Subaru hervía, Rem abordó un tema que parecía difícil de tocar para ella. El asintió ante su preocupación y le reveló el documento que Anastasia le había entregado. Como prometió, tenía el nombre de la tienda y su firma. Era el premio de consolación para Subaru por su ignominiosa derrota durante las negociaciones.

—Si vamos a este lugar y hablamos con ellos, deberían darnos una mano…, de eso estoy seguro.

—¿En serio? Dónde rayos… ¡Justo como esperaba de ti, Subaru!

—“Como esperabas”, ¿eh…? Jaja, qué graciosa, Rem.

—… ¿?

Rem, sin tener idea de cómo lo recibiría él, no podía haber tratado de decir algo malicioso o irónico. Aun así, Subaru no pudo contener su risa seca.

—No hay tiempo. En marcha.

Tirando de una Rem atónita, Subaru se echó a caminar por la calle principal, dirigiéndose hacia la tienda indicada. Irritado por los molestos sonidos de desorden, chasqueó su lengua mientras caminaba.




—Si podemos salir de la capital en medio día, podemos regresar a la mansión para el tercero. Si lo hacemos, deberíamos tener tiempo para rescatar a Emilia y al resto.

Subaru había recorrido sus recuerdos de la primera iteración una y otra vez para asegurarse de esto. La razón por la que no podía proclamarlo con absoluta certeza era porque no podía confiar en los recuerdos de la segunda ocasión. Subaru Natsuki había desperdiciado la oportunidad que le habría permitido comparar y tener bases más seguras.

—La segunda vez… ¡Mierda! ¡¿Cuántos días estuve fuera de mis cabales…?!

Se rascaba la cabeza, reprochando a sus recuerdos inútiles y su inútil ser mientras seguía caminando. Detrás de Subaru, Rem, cuyas zancadas eran de distinta longitud a las del otro, trabajaba duro para ajustarse a su velocidad.

Pero Subaru nunca se dio cuenta de que Rem hacía esto, pues había olvidado ver hacia atrás.

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