Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 4: La Batalla con la Bestia

Parte 3

 

 

La reunión continuó y continuó.

Los elfos tenían una vida prácticamente interminable; ¿cómo podía uno de sus consejos no durar mucho tiempo?

Gente de gran edad se reunió, se sentó en círculo y allí, bajo la luz de los destellos de las chispas de mar, discutieron sobre el futuro de la aldea.

Hablaron del alboroto causado por el dios-bestia, Mokele Mubenbe. De la terrible falta de respeto que fue haberlo atraparlo.

También estaba la horda de goblins que había aparecido cerca. ¿No era normal en el mundo que los goblins fueran numerosos?

Estaba el hecho de que los goblins habían atacado barcos y aventureros. Los elfos no querían que los humanos vinieran a crear problemas en el bosque.

¿Y qué hay del hecho de que los goblins habían estado cabalgando sobre el dios-bestia? ¿Tenían los diablillos tanto coraje?




Cada propuesta invitaba a la refutación: ¿Y si hiciéramos esto? ¿Por qué no hacer eso? Las sugerencias se fueron acumulando.

Seamos claros: los elfos no eran tontos. Los elfos son los más sabios entre las razas, quizás los más inteligentes entre cualquiera en los cuatro rincones del mundo. Razón de más, pues, para que les guste considerar todas las posibilidades y perspectivas antes de actuar.

Son conscientes de la estupidez de la mentalidad de las masas, todos yendo en la misma dirección sin pensar.

Quizás deberían tomar alguna medida especial contra los goblins, pero también es posible que sus temores fuesen infundados.

Estaba claro que algo nefasto estaba ocurriendo, porque al menos, alguien había proporcionado recursos a los goblins.

¿Fue un ataque de otros Personajes No Oradores, o quizás una riña entre los humanos?

Las respuestas a estas preguntas a menudo condujeron a una amenaza sin precedentes.

Los humanos arrojaban una roca al agua y veían las ondas, pero los elfos veían hacia dónde iban las ondas. Los humanos difícilmente podrían pensar en diez años en el futuro, pero un elfo podría fácilmente contemplar un siglo, un milenio por venir.

Los humanos se burlaban de ellos por esto, decían que hacía que los elfos tardaran en actuar, que fueran cobardes, o incluso estúpidos… pero esto era en sí mismo una señal de la arrogancia humana.




Y así continuó lo que equivalía a una sesión de lluvia de ideas.

La Arquera Elfa Superior, que tenía poca paciencia para esas cosas, se excusó rápidamente.

Disfrutando del aire nocturno, dio un gran bostezo.

Había una rama del gran árbol. Saltó desde el balcón de su cuarto de huéspedes, caminó hasta el final de ella.

Saboreó el sonido del susurro de las hojas, dejando que sus pensamientos corrieran hasta los extremos de las nubes mientras miraba a las estrellas y a las dos lunas.

Este tenía que ser uno de los mejores lugares para simplemente recostarse y disfrutar de todo lo que el mundo tenía para ofrecer.

Sé lo que él va a decir de todos modos, así que, ¿qué sentido tiene hablar?

Como fuera que el consejo de los elfos resultara, ella sabía muy bien adónde iría Orcbolg. Goblins, goblins, goblins, goblins.

Ella era la desertora que había huido de su bosque, la delincuente que en su juventud había disparado una flecha al dios-bestia. No tenía ninguna obligación de obedecer al consejo de ancianos. Seguramente. Probablemente. Ella pensó.

La Arquera Elfa Superior sonrió ante la idea, viendo a un pájaro que había llegado volando a pesar de que era de noche.

Con lo cual….

“Atana”. Mi querida.

Ella oyó una voz que parecía música, aunque no se había perturbado ni una hoja ni una rama. La voz era uniforme, no regañona, pero la Arquera Elfa Superior soltó rápidamente al ave, a cuya pata ella había atado un pequeño tubo.

Aleteó ruidosamente, tras lo cual desapareció en la ventana de la sala donde se celebraba el consejo.

“Ettobo ni norokotan nokatamu. Ianachisafu.” ¿Subiendo a los árboles otra vez? No tienes remedio.

“Ara, iana yujuretto bonettadasen.” ¿Oh? Y aun así, aquí estás, querida hermana mayor.

La Arquera Elfa Superior inclinó su cabeza completamente para poder mirar a la otra elfa y sonrió con suficiencia. El precioso vestido plateado que cubría el generoso cuerpo llenaba su visión, que estaba de cabeza. Su hermana caminó silenciosamente a lo largo de la rama; la Arquera Elfa Superior se enderezó con un movimiento sencillo.

“Onii, etsuka nedigiaku?” ¿No deberías estar en el consejo?

“Awachisesakamo, inatagamashijo.” Dejaré que los viejos se encarguen de todo.

La elfa con la corona de flores agitó su cabeza con elegancia, tenía una expresión melancólica en su rostro.




Era obvio que ella también había escapado del consejo. Era la hija del lider, una princesa de los elfos, y sin embargo, aún era demasiado joven para que se le permitiera hablar en el consejo.

Para los elfos, la antigüedad era inmutable. Razón de más para observar cómo se comportaban los mortales antes de juzgarlos.

“…Iromutsuki?” ¿Quieres irte?

“¿Oisedianekoettsuo?” Apenas puedo ignorar el asunto, ¿verdad?

No estaba claro si se refería a los goblins o a Goblin Slayer. Incluso si su hermana se hubiese atrevido a preguntar, lo más probable es que la Arquera Elfa Superior hubiera sonreído ambiguamente y no se hubiera molestado en contestar. Tal vez ella misma no sabía la respuesta.

“…… ¿Onuriettakau?” ¿Lo has entendido?

Eso era exactamente por lo que la elfa con la corona de flores tuvo que preguntar.




Ella no entendía lo que su hermana pequeña estaba pensando, lo que la había llevado a convertirse en una aventurera. Incluso un elfo superior no podía leer la mente de otro.

“Hito nio numuuuya, oyoniakijimu.” Las vidas humanas son cortas.

La rama no tembló mientras caminaba, como si ella misma fuera parte del gran árbol. Como si ella fuera una flor que brotaba de él.

“Uamisetiku, inuoyukatatamagisofu.” Como estrellas centelleantes, pronto se apagan.




La elfa señaló hacia el cielo nocturno salpicado de estrellas mientras hablaba. Los cielos resplandecientes estaban tan lejos, inalcanzables. La puerta de entrada de las lluvias. Hogar de Phlogiston, el viento ardiente.

La hermana menor se rió ante el gesto de la mayor, que era casi como si tratara de agarrar lo que no se podía alcanzar, y luego la hermana menor extendió su propia mano hacia el cielo.

“Oyonuriettakau, amaseen.” Entiendo, Hermana Mayor.

La Arquera Elfa Superior hizo un breve círculo en el aire con su pálido dedo.

“Así que creo que…”, dijo ella musicalmente, cambiando a la lengua común.

¿Por qué los elfos siempre fueron tan conscientes de la belleza? ¿Era una señal de gracia? ¿O era precisamente porque esta chica había huido del bosque, incapaz de ser contenida en el marco de su pueblo?

“Tal vez su vida dure otros cincuenta años, sesenta, setenta. No lo sé. Podría terminar mañana”. A la luz de la luna, su sonrisa la hizo parecer tan joven como para parecer un querubín, inocente. “¿Así qué porque no quedarme con él? Tengo tiempo de sobra”.

Sería como beber una sola copa de vino.




Como el pasar de un sueño.

¿No eran inmortales los elfos superiores?

Para ellos, la vida de un mortal era como el brillo de una estrella. Podían alcanzarla, pero no tocarla. Y si la tocaban, el calor de ella los quemaría.

“¿No es eso lo que son los amigos?”

“…La despedida te traerá dolor”, dijo la elfa con la corona de flores. Hizo un gesto a su hermana menor como si estuviera arrojando las estrellas que había recogido.

“Realmente no lo creo”, dijo la Arquera Elfa Superior, apartando un poco la vista. “No es para tanto”.

Su tono era indiferente; al instante siguiente, ella pateó sus piernas peligrosamente hacia el cielo.

Con apenas suficiente tiempo para pensar, su cuerpo flotó en el aire…

“El enano me dijo una vez.”

…pero luego ella agarró la rama con gran destreza, dejando que el impulso la llevara en un arco. Hizo un salto hacia atrás a través del cielo y aterrizó junto a su amada hermana mayor.

“Él dijo que la resaca es parte de la diversión de beber.”

“…Puedo ver que no importa lo que diga.” El más pequeño de los suspiros escapó de los labios de la doncella elfa. Miró a su amada hermana menor como el pájaro que llora a la luna por la noche. “Siempre has sido así. No importa lo que diga, nunca me escuchas”.

“¿Oh? ¿Y cómo eso me hace diferente de ti? Señorita Yo – Me – Escapo – del – Concejo – Porque – Se – Me – Da – La – Gana.

“Je-je.” La Arquera Elfa Superior soltó una pequeña risita, como el canto de un pájaro. Luego entrecerró los ojos como un gato, sonriéndole a su hermana.

“No sé qué ves en un elfo tan serio y duro como él.”

“…No eres quien para hablar.” La hermana mayor movió sus labios hacia atrás con desaprobación, dándole a su hermana una palmada no muy suave en la frente.

Igual que lo hacía cuando eran pequeñas… hace mil o más años atras, cuando jugaban de niñas.

“Aayauch”, dijo la Arquera Elfa Superior, actuando dramáticamente herida.

Pero entonces tuvo una idea.

¿Cuándo empezó? ¿Cuándo habían llegado a tener ella y su hermana la misma altura?

¿Cuándo empezó? ¿Cuándo su hermana y su primo llegaron a sentir algo así el uno por el otro?




¿Cuándo empezó? ¿Cuándo había querido dejar de ser la hermana menor de su hermana mayor, para ser una elfa por derecho propio?

Y ahora su hermana se estaba casando. Ya no sería, ante todo, su hermana mayor, sino una esposa, una gobernante.

Ni siquiera habían pasado varios años desde que ella había estado viajando, siguiendo las hojas por la corriente del arroyo. Y sin embargo, parecía más largo que los recuerdos de hace mil años.

“Hagas lo que hagas, vuelve con nosotros a salvo… Porque te estaremos esperando.”

“…Lo haré,” contestó la Arquera Elfa Superior y luego asintió.

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