Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 4: La Batalla con la Bestia

Parte 4

 

 

«…¿Y qué estamos haciendo exactamente?»

El elfo con el casco brillante era la imagen misma de la molestia mientras se sentaba en su silla con la debida gracia. Tenía una belleza severa, como la escultura de un mito. El viento de la noche le recogió el cabello, y lo volvió a su lugar con la mayor irritación. El hecho de que incluso este simple movimiento estuviera lleno de elegancia hablaba a la clase de seres que eran los elfos.

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Sentados ante él en el balcón, bajo la luz de la luna, había varios frascos de vino y un plato lleno de patatas fritas.

«¿Qué quieres decir con qué?» El Chamán Enano habló desde dentro del círculo de personas, acariciando su barba y sonando como si él

no creyera que la situación necesitara explicación. «En el último día de la vida de un hombre soltero, él y los otros hombres se reúnen y beben hasta morir.»

«La ceremonia de la boda aún está a varios días, y además estamos en un consejo.»

«Los elfos no sabrían reconocer la diferencia entre unos cuantos días y unos cuantos miles de años, y en cuanto a tu consejo, seguirá, estés ahí o no.»

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«Dioses en el cielo. Ustedes los enanos, son insufriblemente despreocupados».

«Y ustedes los elfos, siempre confunden el bosque con los árboles… ¡aunque vivan en uno!» Te quita años de vida, aunque no creo que te hayas dado cuenta.

En realidad, el elfo parecía algo avergonzado por la respuesta del Chamán Enano. Fruncio su frente en una muestra de frustración, haciendo que el Sacerdote Lagarto voltease sus ojos hacia arriba.

«Bueno, uno bebe vino antes de ir a la batalla», dijo el Sacerdote Lagarto. «Puede considerarlo nuestra forma de afianzar su espíritu, si así lo prefiere.»

«¿O tal vez los elfos no tienen esa costumbre?»

El elfo con el casco brillante permitió a regañadientes que ellos

lo hicieran.

«Ciertamente, no estoy en contra, pero… ¿realmente quieres ir?»

«Por supuesto.»

Esta respuesta, inmediata y segura, vino naturalmente de Goblin Slayer.

El barato casco de acero, la mugrienta armadura de cuero, el arma y el escudo que el aventurero en ese momento había puesto en el suelo… con todo esto a su alrededor, Goblin Slayer asintió con la cabeza.

«Esto tiene que ver con goblins. No dejaré ni a uno solo de ellos con vida.»

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«¿Cómo planeas atacarlos, entonces?» El elfo con el brillante casco preguntó con considerable interés, pasando su lengua por sus labios para humedecerlos. «Asumiendo que el nido de los goblins esté en la selva tropical…»

«Hmm. Por tierra o por agua, supongo», contestó Goblin Slayer, cruzando los brazos y gruñendo. «¿Qué te parece?»

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«Creo que el agua es nuestra única opción. Nuestra señorita guardabosques puede estar bien, pero me gustaría ahorrarle a nuestra querida clériga la humedad de la selva tropical», contestó el Sacerdote Lagarto sin dudarlo. «El terreno favorece a nuestro enemigo. En lugar de vagar entre los árboles, creo que sería mejor seguir el río.»

«El problema es la balsa», dijo Goblin Slayer, recordando su viaje. «No ofrece protección contra las flechas. Prácticamente pide ser volcada o hundida.»

«¿No tenemos suficiente tiempo para hacer algunas mejoras?»

«Los goblins saben de este asentamiento. Cuanto antes podamos

movernos más limitadas serán sus opciones».

» ‘El ataque rápido es mejor que una estratagema tardía’. Ciertamente, ciertamente».

Mientras se sentaban con las piernas cruzadas, Goblin Slayer y el Sacerdote Lagarto elaboraron rápidamente un plan.

Era totalmente típico cómo, en medio de los hmms y ajas, el Sacerdote Lagarto moviera su largo cuello para mirar al Chamán Enano.

«Maestro lanzador de hechizos, ¿tienes algún truco bajo la manga?»

«Bueno, veamos ahora.» El Chamán Enano se lamió los dedos y se limpió

las papas que había estado comiendo y empezó a escarbar en su bolsa de catalizadores.

A primera vista, podría parecer una colección de chatarra; la mente no instruida nunca se imaginaría que se trataba de objetos mágicos.

El Chamán Enano pasó por su suministro como un jugador de cartas mirando su mano, y un momento después, asintió profundamente con la cabeza.

«Puede que todo lo que pueda hacer sea pedirle a los espíritus del viento que desvíen las flechas para nosotros. Desafortunadamente, ellos y yo no nos llevamos muy bien.» Los cuatro grandes elementos, tierra, agua, fuego y viento, se utilizaban para forjar el acero. Aun así, la calidad de su relación con el viento era otro asunto.

«Si eso es todo lo que necesitas, tal vez pueda pedírselo a los silfos», el elfo con el brillante casco ofreció, a lo cual el Chamán Enano dio una bofetada en su barriga y le contestó que le estaría muy agradecido.

Sin embargo, en contraste con el enano jovial, el elfo murmuró: «No tiene sentido». Goblin Slayer lo miró.

«…Si se me permite decirlo, no puedo creerlo», dijo el Elfo.

«¿Creer qué?» preguntó Goblin Slayer.

Quizás el futuro novio había aceptado finalmente el humilde banquete, porque estaba llenando una copa de cuerno con una cantidad prodigiosa de vino.

«Esta es una aldea de elfos. ¿Realmente construirían los diablillos un nido tan cerca de nosotros?»

Se preguntó, incluso cuando había visto a los jinetes, y cómo habían enviado al dios-bestia Mokele Mubenbe a hacer un alboroto.

«No me atrevo a pensar que ellos harían cosas tan mal concebidas», dijo.

«Sí», contestó Goblin Slayer. «Yo pensé lo mismo.»

«Hrm….»

«Los goblins son estúpidos, pero no son tontos. Son astutos.

Pero…»

Toma. El Chamán Enano le sirvió un poco de vino. Goblin Slayer lo aceptó y luego se lo bebió de un solo trago.

«¿Crees que los goblins son lo suficientemente inteligentes como para ser intimidados por los elfos?»

Todo se redujo a esto.

No pensaban en el futuro, sino que sólo intentaban sacar el máximo provecho de lo que tenían delante de ellos.

Si eran atacados por elfos o por aventureros, podrían luchar, o podrían huir. Si no, significaba que sólo había una verdad:

Los estúpidos elfos están viviendo una vida fácil, así que vamos a atacarlos y robarles y violarlos y matarlos.

Eso era todo.

¿Por qué? Porque los elfos siempre les hacían la vida miserable.

Por supuesto que matarían a los elfos.

Por supuesto que los violarían.

Traerían todo lo que tuvieron que soportar contra aquellos que los despreciaban como débiles.

«Antes de que te des cuenta, habrá un nido cerca de la aldea. Primero, robarán ganado y cosechas, herramientas. Luego la gente. Y finalmente, tu aldea.»

«Uno nunca alabaría a los goblins, ni en lo más mínimo…» el Sacerdote Lagarto le dio un apreciativo mordisco a una rueda de queso que había traído en su propio equipaje, moviendo sus grandes mandíbulas hacia arriba y hacia abajo antes de terminar con un ruidoso trago de vino. «…pero nuestra mente sólo puede sorprenderse por su motivación y avaricia.»

«¿Honras su avaricia?» Preguntó el elfo con el casco brillante, ante lo que el Sacerdote Lagarto sacudió la cabeza y dijo: «Por supuesto que no».

Barrió su cola a lo largo del suelo del balcón y luego extendió sus manos como si estuviera dando un sermón. «¿Qué es esta cosa a la que llamamos avaricia?»

«Bueno, ya sabes, Escamoso. Es….cuando quieres comer algo delicioso, o hacer el amor con una mujer, o cuando quieres algo de dinero.»

«Mm. El apetito es una forma de codicia, como lo son nuestros amigos, nuestro amor, nuestros sueños. Si una cosa es buena o mala es una preocupación secundaria o incluso terciaria.»

No había ninguna garantía de que los fuertes se comieran a los débiles, de que los grandes caerían algún día, o de que los más fuertes sobrevivirían. Las mandíbulas de Sacerdote Lagarto se convirtieron en una sonrisa reptiliana.

«Estar vivo es desear y tener esperanza, querer cosas; el camino de la vida es que hasta el más pequeño insecto en una hoja de hierba se arroje a sí mismo a vivir.»

“…” El elfo con el brillante casco pauso y luego gruñó apreciativamente. «Aunque no estoy seguro de que eso se aplique a los elfos».

«Dioses. Todos ustedes son increíblemente lentos para actuar. ¿Qué, estás demasiado gordo para moverte? ¿Más gordo que un enano? ¿Jumm?»

«Los mortales son simplemente demasiado precipitados.»

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«Por eso te lleva tantos siglos elegir una esposa, ¿eh?»

«Hrm… Cuidado con lo que dices», dijo el elfo enfadado. El Sacerdote Lagarto

sacó la lengua alegremente y sirvió más vino.

«Aquí, aquí, toma una taza.»

«…Muy bien.»

El elfo drenó el cuerno. Sus mejillas ya estaban empezando a

sonrojarse.

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«Si no les importa que lo diga… todos saben lo de mi cuñada, supongo.»

«Sí.» Goblin Slayer asintió. «La conocemos desde hace un año…. Un año y medio.»

«Me voy a casar con su hermana mayor.» Alargó la mano, casi molesto, y tomó una de las papas fritas; se la metió en la boca y frunció el ceño. «…demasiado salado.»

«Yo amo que tenga un poco de sal», dijo el Sacerdote Lagarto, felizmente arrojando puñados de los bocadillos en sus mandíbulas.

El elfo con el casco brillante, abandonando su augusta dignidad de momentos antes, puso sus codos sobre sus rodillas y su barbilla sobre sus manos.

«La hermana menor es quien es, pero también lo es la mayor. No he tenido que preocuparme, pero no tengo la sensación de ser muy querido».

«Joo, joo-joo,» se rió el Sacerdote Lagarto. «Mi señor Goblin Slayer sabe un poco lo que es ser el hermano menor. ¿Tal vez él podría tener algunas ideas?»

«Jo», dijo el elfo, una sensación de cercanía obviamente despertó. «¿Él tiene una hermana mayor?»

«Eso escuché una vez, en todo caso.»

«…me pregunto,» murmuró Goblin Slayer y luego tomó un trago de vino. «Nunca fui más que un problema para mi hermana mayor.»

«Un mocoso siempre causa problemas, así son las cosas», dijo el Chamán Enano mientras agregaba una generosa cantidad de vino a su taza vacía. Su cara barbuda tenía una sonrisa suave. «No es nada de lo que avergonzarse.»

«No estoy de acuerdo.» Goblin Slayer vació otra taza, agitando suavemente su cabeza. «Si yo no hubiera estado allí, ella probablemente habría dejado la aldea.»

Y eso habría sido lo mejor para todos. Gruñó. Luego vació otra taza.

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El Chamán Enano le sirvió más vino, y Goblin Slayer también lo bebió.

«Yo fui el que atrapó a mi hermana en la aldea.»

«No digas tonterías», resopló el elfo con el brillante casco. «¿Sabemos el valor de una flor que se marchita en un año? ¿Cuál es el significado de la semilla que cae en la arena? ¿Puedes comparar la vida de una rata con la de un dragón?»

«¿De qué estás hablando?» Dijo el Chamán Enano, aun bebiendo felizmente su vino.

«Es un aforismo elfo», contestó el elfo, como si les estuviese contando un secreto. «Donde sea que uno esté, no importa cómo uno viva o muera, todo es igual. Es una cosa preciosa.» Él levantó su dedo índice hacia arriba, haciendo círculos en el aire. Fue un gesto elegante y hermoso. «Todas las cosas son una en la vida. ¿Algo tan simple como la ubicación cambiaría lo feliz que uno es?»

«Ya veo», dijo Goblin Slayer, asintiendo. «…ya veo.»

«Eso creo», dijo el elfo con el brillante casco y luego respiró profundamente. El aire de la noche llenaba sus pulmones.

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El amor es el destino, el destino es la muerte.

Incluso un caballero que sirve a una doncella, caerá un día en las garras de la muerte.

Incluso el príncipe que se hace amigo de un Dragón Celestial, debe dejar atrás a la mujer que le gusta.

El mercenario que amaba a una clériga, caerá en batalla persiguiendo su sueño.

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Y el rey que amaba a la doncella del santuario, controla todo menos la hora de su separación.

El fin de la vida, no es el último capítulo de una saga heroica.

Así que la aventura llamada vida, continuará hasta el final.

Amistad y amor, vida y muerte.

De estas cosas, no podemos escapar.

Por lo tanto, ¿qué tenemos que temer?

El amor es el destino, y nuestro destino es la muerte.

 

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Jo. El Chamán Enano aplaudió. El Sacerdote Lagarto cerro los ojos en blanco para indicar su profundo interes. El elfo, una vez terminada su canción, debió sentirse avergonzado, porque agotó su cuerno de bebida de un trago.

«Por eso me casaré.»

«…Pero el problema que le causé a mi hermana mayor,» dijo Goblin Slayer desapasionadamente, «es parte del por qué nunca se casó.»

«Mucha más razón para pagarle tu deuda».

«Sí», dijo Goblin Slayer, tocando al Sacerdote Lagarto en el hombro. Tenía mucho en qué pensar y mucho más que hacer. «Esa es mi intención.»

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