Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 3: El Bosque del Rey de los Elfos

Parte 4

 

 

«¿Quieres saber por qué los elfos no comemos carne?»

«‘Claro. Sólo quiero entender por qué sólo me alimentan con hojas y fruta».




«Es una cuestión de equilibrio, oh amigo que mora en la tierra.»

«¿Entonces quieres decir que se trata del número de criaturas que viven en el bosque? …Oh-jo, este plátano está delicioso.»

«Pruebe también esta bebida, Honorable Sacerdote Escamoso. Contiene tapioca». (NOVA: La tapioca es un almidón extraído de las raíces de la yuca.)

«Ah, la raíz de la yuca. Mi gente es conocida por hervirla y comerla. Tal vez este sea el secreto detrás de esos caramelos a la parrilla».

«Bueno, retomando. Para que un animal crezca hasta la edad adulta se necesitan muchos años, pero para que una fruta madure en un árbol se necesita un año como máximo, y el suministro es abundante».




«Hmm…. Bueno, supongo que debe ser agradable no tener que preocuparte por el suministro de comida.»

«Además, no debemos temer ser devorados por los animales, ni abandonar el bosque.»

«Quieres decir que el ecosistema se vería amenazado si tuvieras que cazar para tu sustento diario. ¡Ajá! Claro, ciertamente.»

«Sí, por eso nos servimos sólo de pastos, frutas y bayas. ¿Lo entiendes ahora, enano?»

«Lo entiendo, pero no tiene por qué gustarme.»

El Chamán Enano miró el plato de champiñones que tenía delante, resoplando con muy poco tacto.

El gran salón construido bajo las raíces de un árbol también servía como el comedor de los elfos. En lugar de lámparas, varios brotes cerrados llenos de “chispas de mar” colgaban alrededor de la habitación, y las mesas estaban llenas de comida. (NOVA: Noctiluca scintillans, conocida comúnmente como chispa de mar, es una especie de dinoflagelado marítimo que exhibe bioluminescencia.)

Había uvas y plátanos, tapioca y ensaladas que contenían una mezcla de hierbas y verduras, junto con vino de uva y una bebida también hecha de tapioca. Cuando se trataba de elegancia y atmósfera, y de calidad y cantidad de comida, incluso el Chamán Enano no podía encontrar nada de qué quejarse.

Y sin embargo…

«No puedo imaginarme a mí mismo comiendo bichos…»

«Se reproducen rápidamente, y hay muchas variedades de ellos. Y para colmo, son deliciosos».

En el enorme plato frente al enano había un montón de escarabajos grandes, despojados de sus conchas y hervidos. Le arrancó una pata a uno y la sumergió en la salsa; cuando la mordió, la encontró crujiente y suave en la boca.

Tenía que admitir que estaba bueno.

Para los enanos, la comida no era menos importante ni menos honrosa que las gemas y las joyas. Y como enano, el Chamán Enano, por su barba, no negaba cuando algo era delicioso.

Pero… pero aun así.

«Siguen siendo bichos, ¿no?»

«Yo mismo los encuentro deliciosos.»

«¡Hrmph! ¡Eres un primo de la selva de estos tipos…!» El Chamán Enano miró al Sacerdote Lagarto, quien se tocaba los labios mientras mordía un insecto, con concha y todo.

Tal vez podrían evitar que las cosas parecieran insectos. O al menos agregarles un poco de sal.

El plato tenía un ligero sabor a buenos ingredientes, pero era tan obvio que uno estaba comiendo insectos. Eso era suficiente para que hasta el Chamán Enano perdiera el apetito.

«¡Oh, bien! Supongo que solo me queda conformarme con los dulces a la parrilla».




«Oh, ¿no te estás comiendo tu plato? Supongo que entonces, ajem, podría tomar una de estas piernas…»

«Idiota», dijo, apartando con una bofetada la escamosa y extendida mano. «¡Un enano nunca comparte su comida con otro!» Y comenzó a llevar los dulces a su boca.

El centro húmedo del dulce tenía una dulzura distintiva; se decía que era la receta secreta de los elfos. Tal vez había miel dentro de ellos; en cualquier caso, era nutritivo, y nunca parecía cansarse de el, por mucho que comiera.

El Chamán Enano había estado metiéndose comida en la boca durante algún tiempo, las migajas caían en su barba, cuando de improviso se congeló, de repente se le ocurrió algo.

«No me lo digas. ¿Estos dulces también tienen insectos…?»

«Dejaremos eso a tu honrada imaginación», dijo el elfo con el brillante casco, ante el cual una expresión difícil de describir se formó en la cara del Chamán Enano. Miró el dulce a medio comer que tenía en la mano y luego se lo metió en la boca como si dijera ah, bueno, y se lo tragó ruidosamente.

Mientras el Sacerdote Lagarto observaba al enano, tocó sombríamente la punta de su nariz con su lengua y abrió las mandíbulas.

«Mientras residamos en su fortaleza… em, ¿es esa palabra apropiada en el caso de los elfos?»

«Este no es un lugar preparado para una batalla, pero en la medida en que nuestro líder viva aquí, no te equivocas.»

«Entonces ciertamente desearía saludar a su líder.»

Esto provocó una leve sonrisa en los labios del elfo con el brillante casco.

«Ya hay una audiencia planeada para ustedes. De hecho, todos los que visitan este bosque son como si ya estuvieran ante nuestro líder».

«……….Ahh.»

Sacerdote Lagarto entrecerró los ojos y movió su cuello. El techo, que de hecho era el fondo del enorme árbol que había sobre ellos, estaba muy lejos, iluminado por el suave resplandor de las chispas de mar.

Se oyó el silencioso crujido de las hojas en el viento, acompañado por el sonido del agua que fluía por las raíces.

Mientras un elfo no fuera asesinado y no deseara la muerte por si mismo, seguirían viviendo.

Entonces, ¿qué pasaba si uno deseaba la muerte…?

«Ya veo.»

Todo era parte del bosque. Parte de la naturaleza. Parte del ciclo. Uno simplemente se desvanecía y se unía a todo lo que ya estaba aquí.

El líder vivía aquí. Este mismo lugar era el líder.

Levantando la vista con asombro, el Sacerdote Lagarto juntó las palmas de sus manos en un extraño gesto. Aunque ellos lo veían de manera diferente, los hombres lagarto también veían el regreso al ciclo como una especie de muerte ideal.

«Ofrezco mi más sincero agradecimiento por habernos concedido el privilegio de poder tocar a quien supervisa este gran bosque.»

«Tu agradecimiento es aceptado», dijo el elfo, mirando al Chamán Enano, que había hinchado sus mejillas como para preguntar de qué se trataba todo este alboroto. «Saber que hay alguien de más allá de nuestro bosque que entiende esto es una alegría que no esperaba. ¿Puedo preguntarte… qué piensas de este lugar?»

«Oh, la breve mirada que he dado sugiere lo ocupados que están todos».




Y de hecho lo estaban.

La gran sala fue decorada con muchos tejidos en preparación para la boda, junto con arpas hechas a partir de seda de araña. Pero con la excepción de unas pocas sirvientas, no había señales de nadie allí, y mucho menos de artistas.




«¿Tiene todo que ver con la boda?»

«No todo», respondió el elfo, tomando un sorbo de su bebida de tapioca como para unir sus palabras. La copa de la que bebía era el cuerno pulido de un ciervo, y nada más, pero era una obra de arte. «Últimamente ha habido muchos susurros en los bosques. Muchos han ido a ver.»

«A ver Al Que Detiene Las Aguas, ¿quieres decir?»

«Así que hay cosas en el bosque que ni siquiera los elfos entienden», dijo el Chamán Enano con una sonrisa desagradable.

Sin dejar que desapareciera su elegante sonrisa, el elfo respondió:

«Entonces, déjame preguntarte, oh enano: ¿conoces todas las cosas que duermen en las profundidades de la tierra?”

«…entiendo tu punto,» gruñó el Chamán Enano. «Me atrapaste.»

«¡Jeh-jeh-jeh! Mi señor Goblin Slayer seguramente preguntaría si esas cosas eran obra de los goblins,» dijo el Sacerdote Lagarto, riendo alegremente y agarrando otra pata de insecto. Se le escapo el comentario de que no tendría ninguna queja si hubiera algo de queso.

«Sobre ese punto», dijo el elfo.

Sacerdote Lagarto asintió sobriamente.




«Mm. El queso es la leche de una vaca, una oveja o algo parecido, fermentada, como se dice…»

«Eso no es lo que quise decir…. ¿Es él realmente el famoso Orcbolg, el Goblin Slayer? ¿El hombre más amable de la frontera?»

«En efecto, lo es.»

«No lo parece.»

Lagarto Sacerdote giro sus ojos hacia arriba.

«Sé que puede parecer poco impresionante a primera vista. Pero, ¿qué te hace decir eso?»

«A mi prima parece que le ha caído bien», dijo el elfo irónicamente, sonando como un hermano mayor preocupado por su hermana pequeña. «Ella tiene una personalidad bastante… única, muy parecida a otra persona que conozco… Erm, supongo que no hay necesidad de escondértelo. Debería decir, que es como yo».




«¡Jo! Eso es, er, eh, Señor Novio,» dijo el Chamán Enano, sonando revivido mientras agarraba una taza de cuerno. El vino era débil, pero alcohol era alcohol. Era lo suficientemente bueno como para agitar a un enano. «¿No hay nada que puedas hacer para frenarla un poco?»

«Intentamos instruirla en artes más femeninas. Tejido, música, canciones y demás.»

«¿Y funcionó?»

«……………..Pasamos dos mil años en ese proyecto.»

«Ya veo…» Y esto es lo que tienen como resultado. Los tres se miraron mutuamente y suspiraron al unísono.

«Sigo diciendo, sin embargo, que ella no es una mala mujer.»

«Sí, ya lo sé.» La respuesta del Chamán Enano fue breve, y luego movió su brazo y agarró una pierna de su escarabajo. Exigió sal mientras la masticaba, la salsa volaba por todas partes mientras se daba un festín con la carne.

Eructó diligentemente y luego tragó más vino, luego lanzo otro eructo.

«Admito que su incapacidad para ser una dama me desagrada, y que a veces desearía que se calmara y actuara como si fuera de su edad», dijo el elfo.

Sacerdote Lagarto entrecerró los ojos.

«Hmph», resopló el Chamán Enano, como diciendo que no estaba del todo contento con esta evaluación. «Mientras ella no nos estorbe, querido Novio, estaremos felices de tenerla con nosotros».

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