Goblin Slayer

Volumen 5

Capítulo 6: Corona de Goblins

Parte 3

 

 

—¿Cómo se ve arriba?

La elfa disparó despreocupadamente a otro goblin, y luego miró a sus amigos.




Había goblins dentro de la fortaleza. No tantos como en las murallas, pero los suficientes para que el combate fuera inevitable. Los sonidos de la lucha que llegaban a los oídos de la elfa se intensificaron, pero se sintió reconfortada por el hecho de que no escuchó ningún grito humano.

—Estás preocupado por Corta Barbas, ¿verdad, Orejas Largas?

El chamán enano rio, sacando un odre y tomando un trago. Con los labios mojados, se limpió unas gotas y sonrió a su compañero. —Ojalá estuvieras ahí arriba, ¿no?

—No especialmente. No me preocupa Orcbolg en lo absoluto. — Ella resopló como si el sujeto la aburriese, y luego sacó otra flecha de su carcaj. —Son las otras dos las que me preocupan.

—¡Preocupada porque la chica nueva te lo va a quitar! ¡Eres terriblemente infantil!




—¡Eso no es lo que me preocupa! — Sus orejas se alzaron y miró fijamente al enano. Quizás se dio cuenta de que sus palabras habían sido un poco fuertes, porque sus siguientes palabras eran mucho más suaves, casi tímidas. —…Son mis amigas. ¿Está mal preocuparme por ellas?

—No tiene nada de malo.

—¿Huh? — La elfa parpadeó, sorprendida al escuchar que el enano estaba de acuerdo con ella tan fácilmente.

—Eres una elfa. ¡Una gran e importante amiga!

Así que él sólo se burlaba de ella después de todo. Pero entonces, él también la estaba elogiando, o eso parecía. Ella quería enfadarse, pero no se atrevía a hacerlo. Y sin embargo, tampoco podía darse por vencida y tomar eso. Ella se conformó con un gruñido y una mirada en dirección al enano, pero él la ignoró y tomó otro sorbo de vino.

—¡Ha-ha-ha! Ahora, si Goblin Slayer-dono estuviera aquí, no habría necesidad de discutir. — el sacerdote lagarto los miraba con expresión alegre, su lengua salía de su boca con un siseo.

En realidad él era el más joven de los tres, pero nunca se cansaba de ver a la elfa, que actuaba mucho más joven de lo que era.

—Ahora, entonces. No nos servirá de nada para charlar y parlotear aquí. ¿Cuánto lejos estamos?

—No muy lejos de la habitación que estamos buscando —, dijo el chamán enano, limpiándose la barba con una mano enguantada. Puso la tapa devuelta en el odre y tocó la pared. —Francamente, va a ser un trabajo más grande volver de la prisión una vez que hayamos terminado allí.

—Oh —, dijo la elfa, sintiendo una oportunidad, —Pensé que los enanos eran tan valientes como gordos. ¿No es así?

—Mírame. — Los movimientos del chamán enano eran sombríos, su sacudida de cabeza fue seria. —Me veo tan bien mientras lo hago porque soy muy valiente. A diferencia de ti. ¡Puedo oír tus rodillas temblar desde aquí!

—¡Vaya, tú…! ¡Enano! ¡Barril de vino!




—¿Qué sucede, yunque?

—¡Ha! ¡Ha! ¡Ha! ¡Ha!

Ahora, por supuesto, los tres podrían estar bromeando, pero no estaban parados perdiendo el tiempo. Menos enemigos para ellos significaba que más ataques a sus amigos. No tenían tiempo, ni la mitad de su fuerza de combate habitual. Un solo movimiento en falso nacido del pánico podría hacer que todo fuera en vano.

El hecho de que pudieran estar tan alertas y sin errores, era un testimonio de quiénes eran. Por eso no tenían tiempo para la ansiedad innecesaria. Sí, a veces era posible tener éxito a pesar del nerviosismo. Pero era crucial seguir charlando, estar relajado, hacer el trabajo como si no fuera nada fuera de lo común.

De hecho, ni un solo goblin con el que se habían encontrado se había escapado. Entre las flechas de la arquera elfa y las garras, colmillos y cola del sacerdote lagarto, ninguno de sus enemigos respiraba ya. Además de eso, la guía del chamán enano era perfecta; él les encontró las rutas más cortas y rápidas.

—Esta será. — Habían llegado a otra gran y gruesa puerta enana. El chamán enano estaba olfateando el aire como si estuviera comprobando algo, luego asintió y se volvió hacia la elfa. —Muy bien, ábrela.

—Sí, claro. Déjame hacerlo. — Ella le dio un golpecito en el hombro y cambió de lugar, luego se presionó contra la puerta. Sacó su rama-aguja y rápidamente revisó el ojo de la cerradura, buscó trampas y se dedicó a forzar la cerradura.

Mientras lo hacía, el chamán enano y el sacerdote lagarto se ocuparon de detectar a los enemigos. Cada uno de ellos sostenía su arma favorita, una espada-garra para uno, una honda para el otro, mientras escaneaban el área con atención.

Aún no había señales de goblins. Podían estar agradecidos por la forma en que los dados estaban cayendo.

—Oye —, dijo la elfa con un movimiento de sus orejas. Ella estaba trabajando con su aguja laboriosamente, finalmente produciendo un *click* de la cerradura. —¿Estás seguro de que esto va a funcionar? No es que dude de ti, pero ya ha fallado una vez…

—Tengo que admitirlo, he estado preocupado por lo mismo. ¿Qué dices, Escamoso?

—Un fracaso no significa que el plan no tenga mérito. — El sacerdote lagarto se adelantó mientras la elfa se deslizaba ágilmente hacia atrás de la puerta. Cualquiera estaría encantado de tener entre ellos a un compañero tan fiel como el sacerdote lagarto, especialmente cuando asalta una fortaleza llena de goblins.

—Siempre ha sido la estrategia de aquellos que atacan castillos inundar el lugar, pero hay otra posibilidad. — Pateó la puerta y miró a su alrededor, luego abrió sus mandíbulas y sonrió como un naga. Un barril cercano estaba llenó hasta el borde con algo: trozos de lo que parecían ser hormigas aplastadas.

—Y eso es matar de hambre al enemigo.

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