Goblin Slayer

Volumen 5

Capítulo 6: Corona de Goblins

Parte 4

 

 

*Fwoosh* Fue en ese momento cuando una ráfaga de fuego se elevó desde un rincón del castillo en ruinas.

—¡¿ORARAGA?!




—¡GROAB!!

Incluso los crueles goblins, leales principalmente a su propia avaricia, se sorprendieron de ello, haciendo sonidos de confusión.

El combate a muerte con la segunda ola había terminado; ahora estaban en la tercera ola. Alrededor de ellos, quince o dieciséis goblins se detuvieron en seco al ver que sus provisiones ardían en llamas.

—Bien.

Goblin Slayer no desperdició esa oportunidad. Ya estaba saliendo del camino a lo largo de la muralla del castillo, gritando órdenes. —¡La antorcha, tírala hacia adelante! ¡Ahora!

Noble Fencer agarró la antorcha que era su arma, mirando al suelo durante un instante. Y luego, esta vez con decisión y no de forma reactiva, lanzó la pequeña llama de mano.

A estas alturas, incluso ella sabía a lo que apuntaba. La antorcha cayó formando un arco, y lenguas de llamas comenzaron surgir a lo largo del camino. La gasolina que Goblin Slayer había tirado antes se convirtió en un muro de llamas, bloqueando completamente a los goblins.

—¡¿GROAA?!

Una desafortunada criatura atrapada en la explosión se convirtió en una antorcha viviente; golpeó el suelo por un momento antes de quedarse quieto.

Ante su terrible muerte, los goblins no iban a intentar saltar a través de las llamas, por muy enojados que estuvieran. Algunas historias hablan de coraje que no teme ni siquiera a la muerte, pero esta era la cosa más alejada de la mente de los goblins.

—Veintinueve. Ya es hora. — Goblin Slayer tiró su garrote embarrado de cerebros y cogió la espada del cadáver del goblin a sus pies. La sujetó, intentó algunos movimientos y luego asintió. —Nos retiramos. Prepárate para…

—¡Goblin Slayer-san! — La sacerdotisa gritó una advertencia. Sin ella, la aventura de Goblin Slayer probablemente hubiera terminado allí. Él batió la espada instintivamente, y esta salió volando de sus manos en una lluvia de chispas. Una línea blanca se trazaba a lo largo de su esternón, entre su casco y su armadura.

—¡Maldita sea…! — Goblin Slayer saltó atrás instantáneamente; hubo un destello de aluminio frente a él. No era una espada encantada, ni una hoja sagrada. Y sin embargo, eso no habría estado fuera de lugar en la mano de un héroe.

—¡GRAAORRRN…!

Un goblin estaba allí, humo salía de su armadura y flamas de sus ojos. Había saltado a través del muro de fuego; era como un mensajero de los dioses, enviado para abatir a sus enemigos en nombre de sus hermanos.

Goblin Slayer Volumen 5 Capítulo 6 Parte 4 Novela Ligera

 

Con su espada de aluminio en la mano derecha y un escudo en forma de lágrima en la izquierda, parecía la imagen de un guerrero santo.

El paladín goblin.

—Llegas tarde —, dijo tranquilamente Goblin Slayer. Enderezó su espada, que había sido reducida a la longitud de una daga. Era su postura habitual: escudo alto, caderas bajas, muñeca girando hasta que su espada apuntara a su enemigo. —Pero esperaba a que eventualmente aparecieras.

—¡GAROAROB…! — El paladín goblin movió sus manos cargadas de equipamiento en extraños gestos, haciendo una señal desconocida. Era bastante fácil inferir que estaba haciendo una muestra de alabanza al Dios, que residía en la luna verde.

—¡Haa…ahh…ahh…! — Cuando Noble Fencer se dio cuenta de quién era, se le escapó un grito ahogado. La marca en su cuello ardía tan caliente como el fuego. La señal del Dios del Conocimiento Externo comenzó a latir. Había empezado a hincharse, como si fuera a estallar en cualquier momento…

Con esa imagen en su mente, las rodillas de Noble Fencer empezaron a temblar. Y sin embargo, nunca apartó la vista de una sola cosa: la espada plateada que sostenía el goblin.

Eso es mío. Mío… me la robaron…

Y esta fue apuntada a sus (se sorprendió al ver que usaba esta palabra) compañeros.

—¡Ahh…n-n-no…!

Unos sonidos de pasos se acercaron. Los goblins, animados por la apariencia de su campeón, habían rodeado las paredes mientras se acercaban.

No había escapatoria. ¿Habían acorralado al paladín o habían sido acorralados por él? ¿Terminaría todo aquí?

¿Qué debo hacer? ¿Qué debería…?

—Date prisa. — Una tranquila y casi mecánica voz cortó a través de su confusión. —Te conseguiré tiempo.

—¡Sí, señor! — La sacerdotisa respondió inmediatamente en tono resonante.

Noble Fencer se mordió el labio. Un goteo de sangre salía de su nuca; podía sentirlo corriendo por su cuello.

Pero ella estaba bien. Estaba segura de ello. Ella se pondría bien.

—…Cierto.

Las acciones que las dos chicas tomaron a continuación fueron diametralmente opuestas.

Palabras de poder verdadero salieron de la boca de Noble Fencer. —¡Tonitrus…oriens…! ¡Trueno… álzate!

La sacerdotisa, por su parte, rezó a la diosa, pero no invocó un milagro: —Madre tierra que rebosas de piedad. Concédenos seguridad a quienes somos débiles…

Esto era porque Goblin Slayer les había dicho a ambas que confiaría en ellas.

Confía en que una proteja a la sacerdotisa. Confía en que la otra utilice Protección en el momento adecuado.




—¡IRARAGARU!!!

—¡Hrk!

El paladín goblin entró en acción, balbuceando una oración a sus extraños dioses. El golpe de su espada fue rápido y agudo, golpeando fácilmente el escudo que Goblin Slayer había levantado para enfrentarlo.

¡Golpear humano!

Los goblins en su conjunto tienden a ser de baja estatura. Exceptuando a los hob-goblins, ellos carecen de fuerza física. La espada de aluminio, sin embargo, ayudó a compensar eso. En la mano de esta criatura, Goblin Slayer vio que eso era algo de lo que había que tener cuidado. Si fue potenciada por milagros del Dios del conocimiento Externo, la armadura típica bien podría ser inútil contra ella.

Una armadura encantada podría ser un asunto diferente, pero a Goblin Slayer no le gustaban esas cosas. La misma situación en la que se encontraba dejaba claro lo que podía suceder si tales objetos caían en manos del enemigo.

—Hmph.




El manejo de la espada de Goblin Slayer era indiferente pero magistral. Bloquear las hojas no serían la clave aquí; él podía darse cuenta de que eso no tendría sentido. Tendría que golpear la espada de su oponente desde arriba, forzándola hacia abajo, y luego usar su espada acortada para apuñalar en cualquier abertura.

No era algo que hicieran los aventureros, era una técnica más adecuada para un duro y mortal duelo en las afueras de algún pequeño pueblo. No esperaba que el paladín goblin, que muy probablemente había aprendido su esgrima estudiando a los aventureros, pudiese responder.

Pero incluso para Goblin Slayer, este oponente era demasiado peligroso como para simplemente intentar forzar su entrada. Recibió un golpe con su escudo, saltando muy atrás, y luego lo apuntó con su espada, las armas del oponente se dirigieron a él. Empujó la espada hacia abajo, saltó hacia delante con fuerza, dejando que el impulso lo llevase, dando una estocada.

La diferencia en tamaño corporal, en potencia física y equipamiento, estrategia y experiencia, puso fin al encuentro de forma decisiva.

Pero no a la batalla. Eso lo decidiría algo totalmente diferente: dos delicadas jóvenes luchando contra quince goblins entrantes.

Una mirada a las crueles sonrisas de los monstruos dejaba en claro la codicia, las fantasías, en esos pequeños cerebros.

—Heh-heh.

Y sin embargo, a pesar de eso, a pesar de todo lo que ocurría a su alrededor, la sacerdotisa tenía una pequeña sonrisa en su rostro.

El hombre que protegía la espalda de la sacerdotisa. Él le había confiado su espalda a ella: ella lo conocía, y él nunca hacia su lucha más dura en situaciones como ésta. Ni tampoco había hecho que ella usara sus milagros en momentos como estos.

Así que ahora no era el momento. Llegaría el momento de Protección, pero no era éste.

Lo que significaba que lo que ella necesitaba hacer ahora mismo era idear un plan de escape tan rápido como pudiera.

Miró rápidamente a través de su equipamiento y sacó un objeto en particular, como ya habían discutido de antemano. A su lado…

—¡Iacta! ¡Y cae!

…el hechizo Rayo se completó.




Dibujó una línea directa desde la palma de la mano extendida de Noble Fencer hasta… Bueno, uno esperaría que fuera al paladín goblin, ¿no es así?

—¡¿AGARABA?!

—¡¿GORRRBBB?!

Pero no. Su ataque golpeó a la horda que se acercaba.

—¡Ee-yaaaahhh!

En ese instante, el campo de batalla se volvió blanco. Hubo un tremendo ruido de ráfagas de aire, de tal forma que uno podía imaginar que así era como sonaba el aullido de un Drake de Trueno, y luego el rayo cayó al suelo. (Nova: Es otra manera de llamar a un Dragón, pero generalmente en los mundos de fantasía se refiere a un ser draconico, pariente de los dragones pero de menor tamaño)

Los goblins azotados por el destello se hincharon y explotaron, gritando.

Usar un poderoso hechizo contra enemigos muy amontonados era una táctica habitual. El humo blanco, que llevaba el hedor acre de la carne cocida, se elevó, mezclándose con el humo del fuego. Noble Fencer no pudo resistir un pensamiento pasajero: que este lugar era el infierno encarnado.

—¡Toma eso…!

La sonrisa en su rostro era insegura, por supuesto era un intento de parecer fuerte; pero no había duda alguna de que las chicas lo habían hecho. La sacerdotisa pasó una mano por su rostro cubierto de hollín y sudor, y gritó, —¡Goblin Slayer-san! ¡Está bien!

—¡……!

La reacción de Goblin Slayer fue inmediata. En su mano hizo girar la espada rota para tomarla en un agarre inverso, y luego, sin dudarlo un instante, la lanzó hacia el paladín goblin.

—¡GARARAI!!

Creyendo que esto era solo un pequeño truco demasiado ingenioso, el paladín levantó su escudo y desvió la espada. Pero también bloqueó su propia línea de visión.

Fue sólo un instante. Pero era todo lo que necesitaba Goblin Slayer.

—¡¿Hwah?!

—¡Ah!

Las dos jóvenes gritaron: de repente se encontraron siendo sostenidas, cada una bajo uno de los brazos de Goblin Slayer mientras este saltaba con gracia desde las almenas.

Era justo antes del amanecer; una suave luz comenzaba a extenderse por toda la tierra. Ellos flotaron a través del espacio.

Un viento frío y mordaz recorrió la piel de las chicas, como un cuchillo afilado.

Entonces la sensación de flotar, de caer, fue detenida tan abruptamente como si hubieran golpeado el suelo.

Pero no lo habían hecho. La mano de Goblin Slayer agarró algo con firmeza.

La caja de herramientas del aventurero.

Hubo un leve sonido de respiración agitada en el interior del casco de acero. Goblin Slayer, al parecer, tenía una sonrisa inusual en su cara. —Se dice: “nunca salgas de casa sin ella”.

El gancho y la soga.

Algo que la sacerdotisa –una aventurera de rango Obsidiana, sólo un escalón arriba en la escalera de aventuras– llevaba consigo religiosamente. El gancho estaba enterrado firmemente en el muro de la fortaleza, la cuerda colgaba hacia el exterior; ¿qué mejor ruta de escape podía haber?

—¡IGARARAROB!!

Levantaron la vista para encontrar al paladín goblin asomándose por encima de la pared, bramando, su expresión estaba retorcida por la ira.

Los goblins vivían principalmente bajo tierra. Asumieron que el paladín goblin nunca antes había visto a alguien escapar saltando desde un lugar alto.

Los monstruos no pudieron contraatacar inmediatamente, pero su repugnante inteligencia era más que suficiente para ponerlos a trabajar en desalojar el gancho.

Tampoco no es que Goblin Slayer los dejara, por supuesto. Con la sacerdotisa y Noble Fencer aferrándose a él, una a cada lado, él apoyó sus pies contra la pared y comenzó a descender en una serie de grandes saltos. Sus movimientos eran rápidos y seguros, obviamente el producto de un entrenamiento intensivo.

Goblin Slayer Volumen 5 Capítulo 6 Parte 4 Novela Ligera




 

—¿N-No somos pesadas…? Preguntó la sacerdotisa.

—Un poco.

La pregunta se le había escapado y ella frunció un poco el ceño ante la respuesta. Se sonrojó y sintió un poco de enojo hacia él. Era natural que una chica de su edad le respondiera: —¡Se supone que tienes que decir, “no, son perfectamente ligeras”!

—¿Es así?

—¡Lo es!

—Ya veo.

Goblin Slayer asintió, aunque las posibilidades de que realmente entendiese por qué ella estaba disgustada eran escasas.

Casi en el instante en que Goblin Slayer puso los pies en el suelo nevado, la cuerda fue cortada, cayendo a sus pies. Él la recogió y envolvió alrededor de su hombro.

—Te la devolveré más tarde. — Era un momento extraño para pensar en tales sutilezas sociales, pero tan característico que incluso Noble Fencer sintió una leve sonrisa en su cara.

Pero esto aún no había terminado.

—¡IGURARARARARABORR!!

El paladín goblin, loco de ira, emitió un grito que resonó por la montaña, golpeando la nieve de las murallas. Con muchos crujidos y traqueteos, la gran puerta principal comenzó a abrirse.

Tenían que moverse rápidamente, o se encontrarían de nuevo donde habían empezado.

—… ¿Dónde están los otros? — Preguntó Noble Fencer.

—Estarán aquí pronto.

Y así fue. Hubo un crujido cuando el suelo cubierto de nieve comenzó a elevarse, y luego el resto del grupo surgió de debajo de la tierra.

—¡Phew! ¡Ahhh! ¡Voy a estar muy cansado de los túneles goblins cuando esto termine! Exclamó el chamán enano, saliendo del agujero como un topo.

—Arriba —, dijo él, volviendo al túnel y tomando la mano de alguien. Sin una pequeña muestra de delicadeza, ayudó a la elfa a salir a la superficie.




—No bromees —, dijo ella, desempolvándose y frunciendo el ceño. —No puedo creer que los enanos puedan vivir bajo tierra. ¿Están seguros de que no son parientes de los goblins?

—Levanta esas largas orejas y escúchame, yunque de dos mil años. Hay cosas con las que puedes bromear, y cosas con las que no puedes.

—¿Dos mil años qué? ¿Quieres empezar una guerra, hombrecito?

Y ellos estaban afuera discutiendo. Eran sus bromas habituales, pero habían empezado tan repentinamente que Noble Fencer se había perdido por completo.

—…Ehmm. Ahem…

—Todo acorde al plan —, dijo Goblin Slayer.

—¡Así es! —, dijo una cabeza escamosa, saliendo del suelo. Parecía bastante enorme, pero se arrastró afuera con facilidad. —No te preocupes. Su estado puede parecer triste, pero ellas están ilesas.

A pesar de lo intimidante que parecía, el sacerdote lagarto también parecía feliz. Dos prisioneras demacradas colgaban debajo de cada uno bajo sus brazos, cuatro en total. Él tenía la fuerza física suficiente para moverse sin esfuerzo a pesar de llevarlas a todas, y los primeros auxilios que se les habían administrado a las mujeres también eran ejemplares. Parecía que, de hecho, no había necesidad de temer por sus vidas.

—Gracias a Dios… — La sacerdotisa soltó un suspiro aliviada, lágrimas salían de sus ojos. —Estaba preocupada por todos ustedes. ¿Están heridos?

—¡Ni un rasguño! — Dijo la elfa, interrumpiendo brevemente su discusión con el chamán enano. Infló su pecho con orgullo. —¿Qué hay de ti? No sufriste, ¿verdad? Quiero decir, a manos de Orcbolg…

—Oh… Ha-ha-ha-ha. No. Estamos bien. Ningún problema en absoluto.

—Bien. — La elfa asintió satisfactoriamente al ver la valiente sonrisa de la sacerdotisa. Luego miró a Goblin Slayer y finalmente a Noble Fencer. La batalla había terminado; la chica estaba cubierta de sangre y polvo, pero miraba a la ranger con ojos brillantes.

La elfa movió lentamente sus orejas, y luego sonrió como un gato.

—Lo hiciste, ¿eh?

Golpeó a Noble Fencer en el hombro con su puño. La chica puso su mano en el lugar, parpadeando. Entonces miró hacia abajo, como para ocultar las lágrimas en sus ojos, y dijo simplemente, —Sí.

—Bueno, puedes ver que esto no es ningún problema para nosotros —, dijo el chamán enano, acariciándose la barba con orgullo y riéndose.

Y de hecho, esa era la verdad.

El hechizo Túnel podría haber parecido sólo una forma de mover rocas y tierra, pero sin él, no podrían haber salvado a las prisioneras. Tampoco podrían haberlo hecho sin la fuerza del sacerdote lagarto que sacó a las chicas. El carecer de los agudos sentidos de la elfa arquera, podría haber generado luchas contra muchos más goblins.

Ellos habían robado las armas de los goblins, destruido sus provisiones, salvado a las prisioneras y luego atacado a los monstruosos habitantes de la fortaleza. Goblin Slayer solo podía imaginar cuánto tiempo y problemas le habría costado hacerlo solo.

—Ahem, bien entonces, Corta Barbas, — dijo el chamán enano, entrecerrando los ojos. —¿Qué le pasó a tu espada?

—La tiré.

La contundente respuesta provocó una sonrisa del enano y un… —Eso es lo que yo pensaba. Bueno, escoge la que quieras. Son todas cosas de goblins, pero eso debería sentarte bien.

—Gracias, eso ayuda. Aunque probablemente la tire de nuevo.

—¡Ahh, no te preocupes!

“Son sólo armas recuperadas de todos modos.” Sacó un paquete de espadas, las armas que habían robado antes de la armería.

Así que los goblins las habían robado y se las habían quedado por un tiempo, sólo para que los aventureros se las robaran de nuevo. Goblin Slayer lo encontró un pensamiento bastante extraño. Escogió un arma cuya hoja tuviera la longitud que le resultaba más familiar. La metió en su vaina sin dudarlo. No había duda de que se sentía un poco raro sin armas.

—Así que todo lo que nos queda por hacer es recuperar la espada de esa chica, ¿no? — Dijo el chamán enano.

—Correcto. — Goblin Slayer sacó un frasco de su bolsa: una poción de resistencia.

Abrió el corcho y se lo bebió de un solo trago. El calor que se extendió por todo su cuerpo se sintió bien.

Había guardado este ítem, algo que la recepcionista le había dado antes de irse, para un momento especial.

Goblin Slayer miró a sus compañeros: A la sacerdotisa, la chica que tenía fe en él. A la elfa mayor, que se quedaba junto a él en las buenas y en las malas. Al chamán enano, en quien se podía confiar en las circunstancias más extremas. Al sacerdote lagarto, a quien confiaba su seguridad en la batalla. Y a Noble Fencer, que había dado todo de sí para llegar hasta este momento.

Cada uno de ellos estaba cubierto con barro, sangre y ceniza, pero aquí estaban.

Luego miró hacia el horizonte. La ciudad fronteriza estaba lejos al sur. La granjera estaba allí, esperando que volviera a casa. La recepcionista también estaba allí.




Había más y más cosas en su vida que él no podía hacer solo.

Este pensamiento cruzó por su mente, seguido poco después por la conclusión de que esto estaba, muy probablemente, bien para él.

En ese caso, sólo había una cosa que hacer.

Lo mismo de siempre.

—Vamos a matar a todos los goblins.

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