Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 4

Capítulo 2: Bendiciones, Reuniones y Promesas

Parte 9

 

 

«Así que es por eso que vamos a maltratarte un poco. Solo un poco, un poquito”, dijo un matón a la chica.

Los hombres que bloqueaban el camino y se reían lascivamente incluían a Más Tonto y Tontísimo. Su grupo, separado de Tonto, había rodeado a la chica y a su acompañante.

No necesitaban poner en palabras exactamente qué tipo de venganza tenían en mente después de capturarla. La vulgar lujuria en sus ojos lo decía todo.

Pero la chica no les prestó atención a los hombres mientras se llevaba una rebanada de manzene a los labios.

«… Mm, agridulce. De hecho, por dentro es una manzene. Me veo obligada a concluir que el payaso de antes simplemente no los tiñó de rojo como una especie de broma. ¿Entonces las manzenes son de hecho de este color? Estoy sorprendida.»

Al respondió: «Oye, ah, princesa, ¿te das cuenta lo que está sucediendo aquí?»

«Lo que sea que tengas que decir, dilo claramente. No me gusta las indirectas”.




«Bien, seré directo y lo diré. Hay dos manzenes, así que ¿una de ellas es mía?»

«¡Ja! Qué absurdo. Ahora escucha esto, fui yo la que atrapó las dos manzenes que lanzó el payaso. En consecuencia, ambas son mías».

«Es de sentido común que si tienes dos cosas y también dos personas, entonces cada uno de ellos debería tomar uno».

La indiferencia tanto del amo como del sirviente llevó la ira de los rufianes a su límite. Con clara malicia, cada uno sacó su espada mientras comenzaron a estrechar el círculo para atraparlos.

Al le preguntó a la chica: «Entonces, Princesa. ¿Qué pasa con lo que quiere el mundo que te rodea?»

«Mi elección es la elección del mundo. Deberías tener esto en mente, Al. »

«Lo intento.»

La chica asintió con satisfacción ante las palabras de Al y continuó mordisqueando su manzene. Sus mejillas se relajaron ante el sabor agridulce, trayendo una sonrisa angelical sobre su hermoso rostro. Y como si estuviera arrancando las alas de un insecto con una inocencia angelical, declaró con naturalidad: «Ahora estoy de muy buen humor – En consecuencia, puedes perdonarles la vida».

Escuchando estas palabras, Al puso su mano sobre el mango de la gran espada envainada horizontalmente detrás de su cadera. Hubo un lento ‘shing’ – el sonido de una espada siendo sacada de su funda. Con eso como música de fondo, dijo,

«-Sí, sí, madam.»

La sonrisa bajo el oscuro yelmo era vívida y feroz.

5 1 voto
Calificación de este Capítulo
Mantente Enterado
Notificarme
guest
0 Comentarios
Respuestas en el Interior del Texto
Ver todos los comentarios