Goblin Slayer

Volumen 4

Capítulo 2: De Cierto Niño Pequeño

Parte 3

 

 

Goblins.

¿Qué eran exactamente esas criaturas a las que los adultos temían tanto?

El niño nunca había visto uno, así que ahora quería echar un vistazo.

¡Entonces tendré algo de que presumir!

Era la simple lógica de un niño.

Había oído que los goblins eran los monstruos más débiles. También sabía que cuando uno o dos habían aparecido en la aldea, los adultos los habían eliminado.

Si eso fuera verdad, ¿tal vez podría manejarlo? Y si pudiera…




Podría presumir aún más.

El niño caminó descuidadamente por un sendero familiar, balanceando su espada de madera.

Los humanos no habían dejado su huella en este bosque, y estaba oscuro incluso al mediodía. Los árboles crecían densamente; los olores de musgo y animales se mezclaban en el aire.

A menudo se le había advertido de lo peligroso que era, pero hoy era especialmente alarmante. Pero el peligro y la rareza eran la razón por la que venía tantas veces a jugar aquí.

—… ¿Hm?

El niño se detuvo cuando vio un conjunto de huellas desconocidas en el lugar donde siempre iba a jugar. Eran más grandes que las huellas de su amiga, del mismo tamaño que las suyas. No eran ni lobos, ni zorros, ni ciervos.

—… ¿Un goblin?

En el momento en que habló, el viento sopló a través de la hierba y las hojas.

Tragó pesadamente. De repente descubrió que tenía la boca seca y le dolía la garganta.

Las palmas del chico empezaron a sudar, y rápidamente reajustó su agarre en la espada.

— ¡S-si estás ahí, s-sal y dame…!

Actuando con valentía, aunque él no lo consideró una actuación, el niño trató de lucir lo mejor posible.




El viento sopló de nuevo, trayendo un olor fétido y húmedo.

¿Dónde está?




El chico respiró hondo, y exhaló. Eventualmente, comenzó a moverse de nuevo.

Agitó su espada sin razón alguna, despejando la maleza y ramas, y golpeando raíces.

Nada pasó. Sólo había el silencio de un bosque que se había quedado callado.

¿No hay nadie ahí?

—Pff, lo ahuyenté.

El niño se secó la frente con un movimiento exagerado y se secó las manos en la camisa. Al tocarla, se dio cuenta de que la tela estaba empapada de sudor, y su corazón latía con fuerza.

Volvió a tragar, agitó su cabeza. Levantó su voz como para tranquilizarse.

—B-bien, volvamos. ¡No querrás preocuparte hermana!

Se giró… y vio a un goblin blandiendo un garrote.

—Ee… eek…

— ¡¿GORRB?!

El goblin parecía estar casi tan sorprendido como él. Se congeló con el garrote en el aire.

La criatura era de su altura, con los ojos y la boca sucios. Piel verde pálida. Y su aliento olía como a carne podrida.




— ¡¿Un g-g-goblin?!

— ¡¿GB?!

Su espada de madera, que se había movido reflexivamente por el susto, golpeó a la criatura en la cabeza con un seco thwack.

El pensamiento que corrió a través de su cabeza fue, “¡Lo hice!” Y la sensación que corría por su tripa era, “Oh, no…”Pero eso fue demasiado tarde.

—GGGGG…

El goblin se levantó inestablemente, agarrando su cabeza. Había un chorro de sangre. El chico jadeó.

— ¡GOORBOGOOROB!

El goblin soltó un grito, sus ojos ardían, y al mismo tiempo el niño salió disparado como un conejo asustado.

Corre, corre, corre, corre. Tropezando, casi cayendo, cayendo, moviendo sus pies rápidamente, pero con dificultad. Ni siquiera sabía si estaba saliendo del bosque o entrando más profundamente en él. Una vez salido del sendero, no había forma de saber en qué dirección iba por el bosque.

— ¡Ergh… ahhhh…!

Estaba sin aliento. Estaba jadeando por falta de aire. Le picó la garganta. Le dolía todo el cuerpo. Tenía los pies pesados. Pero seguía corriendo.

No había tiempo para mirar atrás. No escuchaba la voz del goblin, pero pudo haber sido por el zumbido de sus oídos.

— ¡Oh! ¡¿D-dónde…?!

El chico había llegado a un lugar que nunca había visto.

Un claro, justo en medio del bosque. ¿Siempre ha estado ahí? Y no sólo eso, ¡pensar que habría una cueva!

Desesperadamente succionando aire para su confundida cabeza, el chico se arrastró entre los arbustos. No fue ahí para intentar esconderse. Simplemente no podía dar otro paso.

Su respiración era débilmente audible mientras luchaba por controlarla.

Entonces…

—………

Escuchó pasos atrevidos y despreocupados.

Miró en la dirección del sonido, y luego colocó sus manos en su boca para callar el “¡Oh!” que se le escapó.

Goblins.

Dos de ellos, y ninguno tenía una herida en la cabeza. ¿Eso los hacia tres?

—GORBBRB…

—¡GROB! ¡GBRROB!

Parloteaban entre ellos, balanceando los garrotes en sus manos, y luego compartieron una vil carcajada.

El niño no podía entender su idioma, pero podía adivinar lo que decían.

Porque él mismo había dicho cosas similares, entraban en calor para la lucha que se avecinaba.

— ¡Irán al pueblo!

Tenía que avisar a todos.

Sus pies se movieron sin que se diera cuenta. Y cuando sus pies se movieron, la maleza crujió.

— ¿GBRO…?

Demasiado tarde.

Horribles ojos amarillos de goblin se volvieron hacia el arbusto donde el niño estaba congelado.

Un rechoncho dedo señaló, y el otro goblin hizo una siseante y horrible carcajada. Un paso, seguido de otro. Los dos goblins se acercaron.

Los dientes del niño castañearon. De alguna manera, se las arregló para agarrar su espada de madera. Tenía que huir. Tenía que…

¿Pero cómo?

— ¡¿GBOROBR?!

Al instante siguiente, una espada salió de la garganta del goblin más alejado.

— ¡¿GORB?!

El otro goblin se volvió hacia el grito de su compañero.

Justo detrás de la criatura que arañaba el aire, y chorreaba sangre mientras caía, el chico lo vio.

Él… tenía que ser… un aventurero.

Un casco de acero de aspecto barato. Una armadura de cuero sucio. Un pequeño y redondo escudo estaba adherido a su brazo izquierdo, y sostenía una espada de extraña longitud.

No era nada parecido a los gloriosos aventureros de fantasía, o a los patanes que a veces visitaban su pueblo.

Y sin embargo era, sin duda, un aventurero.

—Ese es uno.

La voz era baja y desapasionada, casi mecánica. El chico no estaba seguro de cómo el sonido había llegado a sus orejas.

El otro goblin estaba perplejo. El monstruo miró primero el garrote que tenía en la mano, luego al aventurero, y luego a la entrada de la cueva.

Y salió corriendo hacia la entrada de la cueva.

Venganza, ira y miedo lo impulso a dirigirse hacia sus compañeros.

En ese lapso, el aventurero sacó su espada del cadáver del goblin muerto.

—Dos.

La levantó y la lanzó.

— ¡¿GOROB?!

El goblin se cayó hacia delante, retorciéndose, con la espada atravesando su columna vertebral, aunque el niño aún no sabía lo que era una columna vertebral.

Finalmente, la criatura en el suelo volvió a temblar, y luego se quedó quieto.

—Hrm.

El aventurero gruño silenciosamente y se acercó a los dos cuerpos con pasos audaces e indiferentes.

—Retiró la espada, sacando las hebras de materia gris de ella, y luego hizo un “tsk” y la tiró.

En vez de eso, el niño lo vio tomar algo así como una daga del cinturón de uno de los goblins.

— ¡Oh…!

No… no puedes… hay más… Las palabras salieron de él de repente.

— ¡Aún hay otro goblin ahí fuera!

La reacción del aventurero fue demasiado rápida. Giró, levantó la daga, y la lanzó, todo en un solo movimiento. Hubo un silbido en el viento, un grito medio formado, y un golpe de algo pesado cayendo a la tierra.

— ¡¿GBOROB?!

El goblin de antes estaba detrás de él, no muy lejos, chisporroteando y ahogándose en la sangre que brotaba de su garganta.

— ¡Oh…!

Sólo entonces se dio cuenta de lo cerca que estaba de ser asesinado.

La espada de madera se resbaló de su temblorosa mano, golpeando al suelo a sus pies.

—Son tres, entonces.

Aplastando la hierba y haciendo a un lado los arbustos, el aventurero se acercó.

Su guante de cuero abollado levantó el arma de madera del suelo, y luego se la entregó al niño.

Goblin Slayer Volumen 4 Capítulo 2 Parte 3

 

— ¿Eh? Ahh…?

—Lo siento. Mientras el confundido chico tomaba la espada, el aventurero continuó, en silencio y calmadamente, pero de forma inconfundible.  —Gracias por la ayuda.

Entró en la cueva sin mirar atrás, y el niño lo vio irse.

* * *

 

 

— ¡Por qué, tú…! ¡Y después de que te dije todas esas veces que no fueras al bosque!

— ¡Lo siento mucho, hermana!

Se había apresurado al templo e intentó ocultarlo, pero su hermana pronto se enteró de todo. Después de todo, no había otro lugar donde pudiera jugar que lo hubiera dejado tan cubierto de arañazos.

Ella lo arrastró por la oreja hasta su casa, donde soportó una tormenta de sermones, algunos primeros auxilios y luego la cena.

El ungüento que usó ardió terriblemente. Ella lo envolvió en vendajes, y finalmente le dio una buena bofetada que hizo que el niño saltara un pie en el aire.

Honestamente, él deseaba que ella fuera un poco más amable con él, pero no podía decírselo.

—Cielos y todo lo demás. Siempre dices, “Lo sé, lo sé”, pero no sabes nada.

Esos pequeños comentarios continuaron mientras comían, hasta que por fin su hermana dio un gran suspiro.

—De todos modos… al menos no estabas seriamente herido. Luego sonrió aliviada.

Realmente la preocupé.

El chico sintió una punzada en el pecho ante la idea. — ¿Um… y los goblins?




—No te preocupes por ellos. Ese aventurero se deshizo de todos ellos.




Su hermana sonrió tan brillantemente como el sol, luego frunció el ceño y señaló hacia su habitación.

— ¡Eso significa que no hay nada que te mantenga despierto por la noche, así que ve a dormir! Tu amiga volverá mañana, ¿verdad?

— ¡Oh, sí!

El chico saltó de su silla, pero con la mano en la puerta del dormitorio, se giró.

—Buenas noches, hermana. Y… lo siento.

—Buenas noches, tú… no hagas nada peligroso, ¿de acuerdo?

—…Seguro.

Abrió la puerta, entró en su habitación y la cerró detrás de él. Exhaló.

Realmente había sido largo día. Había sido perseguido por goblins, atacado por ellos, y regañado por su hermana.




Pero…

Acurrucado en su cama, el chico se dio la vuelta hasta mirar la espada de madera en la pared.

Había golpeado a un goblin con esa espada. Un aventurero la había recogido para él.

El nerviosismo y la excitación persistentes de ese momento todavía le hacía latir el corazón.

—Me pregunto… cómo será su cara.

¡Conocí a un verdadero aventurero!




No, eso no era todo.

¡Ayudé a un verdadero aventurero a vencer a unos goblins!

Eso era algo de lo que podía presumir.

Era mucho mejor que comprar ropa sofisticada en la ciudad.

Satisfecho con el resultado de su aventura, el niño cerró los ojos, ansioso por que llegara el día siguiente.

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