Goblin Slayer

Volumen 3

Capítulo 6: Los Siete Poderes

Parte 2

 

 

La lluvia cayó más y más fuerte a medida que el viento crecía.

La noche era profunda ahora, tan negra que apenas se podía ver más allá de la nariz.

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Esta era una verdadera tormenta.

— ¡Ho, Corta barbas! Cerca del edificio que se levantaba de la oscuridad, el chamán enano lo llamó. — ¡Encendí el horno!

— ¿Lo hiciste? Goblin Slayer detuvo sus barriles rodantes, ahora al final de su viaje, y asintió. El edificio, una pequeña estructura de ladrillo en las afueras de la granja, tenía una chimenea, pero hasta ahora no había humo. — ¿Cómo se ve?

—Estaba terriblemente húmedo. Pero nada que un poco de magia no pueda manejar.

El chamán enano acarició su barba y sonrió. Muchas de sus habilidades especiales giraban en torno de la tierra, pero los enanos y el fuego también eran amigos naturales. Era bastante sencillo para él convocar a una salamandra de fuego para encender la leña empapada.

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—La dirección del viento parece buena por ahora. La elfa agarró una araña que pasaba arrastrándose y sacó algo de seda, usándola para encordar su arco de tejo.

Todo el equipamiento de los elfos estaba hecho de cosas encontradas en la naturaleza. Podrían no tener magia para controlar los espíritus del mundo, pero desde el día en que nacían, los elfos vivían en verdadera armonía con todas las cosas. Al parecer, sentían que otras razas eran simplemente ignorantes, pero…

Eso estableció que no había gente en el mundo más adecuada para ser rangers que los elfos.

Ella sacudió sus largas y distintivas orejas y dijo —La tormenta va a estar justo encima de nosotros. Pero por ahora, estamos a favor del viento. La naturaleza está de nuestro lado.

—Muy bien. ¿Qué hay de los goblins?

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—Se están acercando. No tenemos mucho tiempo.

—Ya veo. Apurémonos. Goblin Slayer asintió, y luego se volvió hacia el chamán enano.

—Si tienes hechizos de sobra, intenta aumentar el viento. Sólo para tener una buena medida.

—El viento es el campo de los elfos. Aunque supongo que puedo conseguir algunas ráfagas…

—Por favor, hazlo.

El chamán enano respondió a la petición de Goblin Slayer sacando un abanico de su bolsa.

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La abrió con un chasquido y empezó a barrer en el aire, cantando con una voz extraña y aguda.

—Oh sílfides [1], justas doncellas ventosas, concédanme su beso más raro, bendice nuestro barco con brisas favorables.

En medio del aullido de la tormenta, una corriente más suave comenzó a hacer cosquillas en sus mejillas.

Era un hechizo sencillo para llamar al viento, del tipo que un mago podría usar cuando montaba un espectáculo para ganar unas cuantas monedas.

—Eso es lo más fuerte que puede ser. Dijo el chamán enano. —No sé qué cuanto te servirá.

— ¿Los enanos no pueden hacer nada bien? La elfa se rio, mostrando una mirada punzante al chamán.

—No me importa. Es suficiente. De espaldas al viento invocado, Goblin Slayer empezó a comprobar todos sus preparativos.

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— ¿Cómo van tus guerreros colmillo de dragón?

—Todos ya están preparados.

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El sacerdote lagarto señaló hacia los pequeños colmillos esparcidos por el suelo, y luego hizo un extraño gesto con sus manos juntas.

—Oh cuernos y garras de nuestro padre, Iguanodon, que tus cuatro extremidades sean piernas para caminar sobre la tierra.

Mientras su oración resonaba, los colmillos burbujeaban y crecían.

Finalmente, dos esqueletos de lagartos se pararon ante ellos, eran guerreros colmillos de dragón.

El sacerdote lagarto apoyó su garra-espada sobre su hombro e hizo un ruido apreciativo.

—Desafortunadamente, esto representa el alcance de mis milagros. ¿Tal vez podría pedir prestado algo con forma de armas?

—No importa. Dijo Goblin Slayer, enderezando el barril a sus pies. —Yo alquilo el cobertizo allí. Usa cualquiera de las armas dentro.

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—Gracias. Me apropiaré de una o dos de ellas.

El Sacerdote lagarto enroscó su cola, y él y sus esqueletos se alejaron hacia el edificio.

Cuando se alejó, Goblin Slayer puso de pie otro barril.

Había tres barriles en total. Eran casi tan grandes como él.

También parecían ser bastante pesados, llenos de algo dentro. Cuando él levantó el barril, este aterrizó rociando lodo. Puso salpicaduras oscuras en las vestiduras de la sacerdotisa, pero a ella no parecía importarle.

—Goblin Slayer, ¿no tienes frío?

—Si alguien debiera tener frío, creo que serías tú.

Sus delgadas ropas estaban empapadas por la lluvia, agarrándose firmemente a su delgada forma. La sacerdotisa mostraba apenas un indicio de vergüenza en la piel que apenas se veía a través de la tela, pero agitó la cabeza.

—No, estoy bien. Esto no es nada. A veces hacemos nuestras abluciones (ritual de purificación) en agua helada.

—… Todavía tienes milagros, ¿no?

—Sí, señor, no hay problema.

La sacerdotisa sonrió valientemente.

Su vestimenta estaba, de hecho, destinada a la batalla, y la Madre Tierra difícilmente discriminaría una mancha.

Ensuciar su ropa blanca pura por ayudar a otro la haría mucho más hermosa.

Agarró su mayal y asintió.

—He tenido la oportunidad de descansar desde que usé Silencio antes. Puedo manejar dos más.

—Muy bien.

Goblin Slayer usó la empuñadura de su espada para abrir la tapa de uno de los barriles.

Salió con un crujido, y un crudo hedor mezclado con el olor de la lluvia.

—Ugh. Dijo la elfa, arrugando su cara, pero la sacerdotisa inmediatamente se acercó hacia el barril.

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—Se nos acaba el tiempo. ¡Te ayudaré!

—Gracias. Por favor, hazlo.

— ¡Claro que sí!

—Rellénalos todos los de ahí dentro. Cada uno de ellos.

— ¡Lo tengo!

Había sacado un pez que había empezado a pudrirse en el sol.

Llenó sus brazos con ellos, se dirigió hacia el horno y los metió dentro.

La abrasadora llama ahora estaba rugiendo. No lo habían preparado como una forma de secarse de la lluvia.

Mientras Goblin Slayer la miraba, el chamán enano le dio un codazo en las costillas.

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—Vamos a dejar que la chica se caliente. Dijo conscientemente.

—Erk. Esto vino de la elfa. — ¿Y qué hay de mí? ¡Estoy empapada!

—Sí, sí, sí, Srta. Dos milenios. Pensé que los elfos veían la lluvia como una bendición del cielo.

— ¡A los elfos tampoco les gusta tener frío!

Y estaban discutiendo de nuevo. Era su habitual broma amistosa.

El sacerdote lagarto, que había regresado de armar a sus guerreros colmillos de dragón con azadas y hoces, giró sus ojos alegremente.

— ¿Y qué está planeando exactamente, Goblin Slayer? Su tono sugirió que esto era lo que más le interesaba.

Goblin Slayer contestó mientras preparaba su propio equipo, asegurándose de que su escudo este ajustado.

—Debería ser obvio. Una táctica básica para matar goblins.

Enderezó su casco y sacó la daga que le había robado a un goblin de la vaina en su cadera.

Cogió un trapo sucio de su bolsa, limpiando cuidadosamente la hoja.

La devolvió a su vaina, y luego cogió otra daga con su mano derecha.

Su armadura de cuero sucia, su casco sin valor, su espada que no era ni larga ni corta, y el escudo redondo de su brazo.

Con su apariencia inmutable, con su tono invariable, declaró simplemente:

—Vamos a sacarlos con humo.

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Los goblins se acercaban, serian veinte o treinta, tal vez.

El ahumadero expulsó un espeso y negro humo en la tormenta.

 

 


[1] Ninfa o espíritu elemental del aire de la mitología germánica.

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