Goblin Slayer

Volumen 3

Capítulo 6: Los Siete Poderes

Parte 1

 

 

El canario trinaba en contra de la torrencial lluvia.

Cantó una melodía desde su jaula, mientras las gotas que golpeaban contra la ventana formaban un acompañamiento.




La granjera sentada junto a la ventana. Tocó el cristal empañado con la punta de su dedo y exhaló.

Se apoyó en sus brazos. El vestido que llevaba todavía era todo lo que quedaba de su mañana en el festival.

Podía sentir el aire fresco en sus mejillas. Apareció una leve sonrisa, y ella murmuró…

—Me pregunto dónde estará tu amo ahora. ¿Qué estará haciendo?

No hubo respuesta. El pájaro siguió trinando melodiosamente.




El pájaro que él había traído a casa ese verano, ahora vivía con ellos en la granja.

Cuando ella preguntó — ¿Es un regalo para mí? Él había contestado —No realmente. Podría ser extraño a veces.

Extraño. Para él, eso incluía ir a un festival o tener una cita.

—……

Tal vez no va a volver.

Enterró su cara en sus brazos mientras ese pensamiento cruzaba por su mente.

No quería verse reflejada en la ventana. No podría soportarlo.

Apretó su mano derecha. Todavía llevaba el anillo, realmente era sólo un juguete que él le había dado.

Se había contentado con eso cuando estuvieron juntos. Pero ahora que estaban separados, no era suficiente.

Más, más, más, más.

¿Más de qué?

— ¿Siempre he sido tan egoísta?

Podía oír el sonido del retumbe de los truenos en la distancia.

Las viejas historias contaban que tales sonidos eran las voces de los dragones, pero ella no sabía si era verdad.

Afortunadamente, ella aún no había conocido a un dragón. Y esperaba nunca hacerlo.

*Rumble, rumble*. Los truenos se estaban acercando. ¿Truenos…? La granjera se dio cuenta de que el sonido se había detenido justo cerca de ella.

Eso no fue un trueno. ¿Entonces qué…?

Levantó la cabeza, confundida. Se vio en el vidrio. Se veía terrible. Y más allá de su reflejo…

Un sucio casco de acero, empapado de lluvia.

— ¡¿Qu…?! Oh… ¡¿Qué?!

Se enderezó rápidamente, abriendo y cerrando su boca.

¿Qué debería decir? ¿Qué podría decir? Palabras y emociones giraban alrededor de su cabeza y corazón.

No se le daba muy bien decir Bienvenido o ¿Estás bien?

— ¿Q…qué haces así en la lluvia? ¡Vas a pescar un resfriado!

Ese fue el saludo que decidió usar mientras abría la ventana de golpe.

—Lo siento. La luz estaba encendida, así que pensé que estabas despierta.

Comparado con su desordenado estado, él estaba tan tranquilo que la hizo enojar.

—Ha surgido algo.

— ¿Algo como…?

—Volveré por la mañana. Dijo tranquilamente, y después de pensarlo un momento añadió     —Me gustaría guiso para el desayuno.

—Uh…

Él volvería. Se estaba desviando de su camino para decirle que volvería. Y que quería comer su comida.




Este hombre… ¡Oh, este hombre!

—… ¿Guiso? ¿Por la mañana?

El calor se extendió por su pecho, y una sonrisa iluminó su cara.

¡Me siento tan calmada!

—Cuento contigo. Él dijo.

Todo lo que ella pudo reunir en respuesta fue —Dios, no tengo esperanza. Antes de que ella continuara diciendo —Si terminas quedándote dormido porque estás resfriado, me enfadaré. Así que asegúrate de levantarte a tiempo.

—Muy bien.

—…Mn.

La granjera asintió.

Él nunca mintió.

El “algo” con lo que estaba tratando sólo podía ser una cosa.

Por eso que ella no pidió nada más.

Su día de celebración había terminado. Las cosas volvieron a la normalidad. Otro día normal.

A pesar de todo lo que sentía, este no era el día para mostrar sus emociones.




—Bueno, entonces… b-bien.

Sólo había una cosa que ella podía decirle.

— ¡Haz lo mejor que puedas!

—Lo haré.

Y con eso él dio un paso, luego dos, lejos de la ventana con la habitual ferocidad descuidada en su andar.

—No salgas. Quédate con tu tío. Dijo.

Ella lo vio irse hasta que desapareció en la oscuridad.

*Rumble, rumble*. El sonido volvió a aparecer y se volvió más distante junto con él.

La granjera vio lo que era, y se rio entre dientes mientras cerraba la ventana.

—Tu amo hace las cosas más extrañas a veces.

Ella empujó la jaula con un dedo, haciendo que se balanceara suavemente. El canario cantó en protesta.

Pero por esta vez ella no le prestó atención.

La mitad de ella estaba haciendo pucheros de rabia, la otra mitad casi flotaba de emoción.

Tenía la sensación de que este no era el momento para esos sentimientos, pero también quería irse a la cama y quedarse dormida mientras los mantenía en su corazón.




Sus sueños le darían tiempo suficiente para disfrutarlos.

—Pero aun así…

Se quitó el vestido, lo dobló con cuidado para que no se arrugara, y luego deslizó su voluptuosa forma en la cama.

Obviamente él tenía algo en mente.

—… ¿Por qué demonios estaban rodando esos barriles?

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