Goblin Slayer

Volumen 3

Capítulo 6: Los Siete Poderes

Parte 3

 

 

Para los goblins, esta noche tormentosa era un regalo de arriba.

La noche era su amiga, y la oscuridad su aliada. El trueno era su tambor de guerra.




El elfo oscuro, posicionado detrás de ellos como su dirigente, compartía sus sentimientos.

Llevaba un chaleco de cuero sucio bajo un abrigo pesado por la lluvia. Una fina espada descansaba sobre su cadera.

Su piel podría haber tenido el color de la arrogancia, con orejas puntiagudas como espigas, y su pelo plateado, pero aun así podía haber pasado por un aventurero. Un elfo oscuro de buen corazón podría aparecer muy raramente.

El arma que sujetaba, sin embargo, disipaba cualquier duda.

Era una cosa retorcida con un intrincado patrón esculpido en ella. De un vistazo, se parecía más bien a un candelabro.




¿Quién pudo haber hecho tal cosa? Incluso ahora, eso estiró sus dedos como para agarrar algo.

Y si todo esto no fuera suficiente, resplandecía con la luz de la vida, pulsando. Ningún partidario del orden desearía retener tal objeto.

— ¡GOBOR!

— ¡GROBR!!




—Mm. No me importa. Continúen el avance, ¡pisotéenlos, destrúyanlos!

El elfo oscuro asintió plácidamente mientras uno de sus adorablemente estúpidos goblins daba un informe.

Las criaturas eran excelentes soldados de a pie, pero eran particularmente inapropiados para cualquier otra cosa.

Por supuesto, con armas y armaduras simples y una posición en primera línea, eran más que suficientes para invadir a los agentes del orden.

— ¿Dices que parece que hay aventureros delante? Querido tonto. Temblando por unas sombras.

Esta era una de las ciudades donde se reunían los aventureros. Era ciertamente posible que algunos pudieran estar allí. Por eso había llegado deliberadamente la noche después de un festival.

—Pero… ¿podría ir bien para mí…?

¿Quién iba a dudar del regalo de los dioses del caos?

Con el objeto maldito que tengo, invocaré al antiguo Hecatoncheir [2], el gigante de cien manos.

Hecatoncheir, líder entre los temibles gigantes encontrados en el libro de monstruos que muchos creían que los dioses del caos sostenían. Una criatura creada para luchar cuando los dioses comenzaron a hacer las piezas para sus juegos de guerra.




Había oído cómo, con el poder de sus incontables brazos, había derribado a los dioses del orden.

¡Ah, Hecatoncheir! ¡Hecatoncheir! El elfo oscuro realmente temblaba por la emoción.

Sus acciones harían más definitivo el día de la victoria para las fuerzas del caos.

Desde que recibió el regalo, no había escatimado esfuerzos.

Y sin embargo… él no podía escapar a la sensación de que había un defecto en su plan.

¿Pero por qué debería sentirse así? ¿Qué lo causaba?

¿Era porque las comunicaciones con sus escuadrones del este, oeste y norte habían sido misteriosamente cortadas?

¿Era porque el disgustado aventurero que había contratado para causar confusión en la ciudad parecía haber dejado de lado por completo su trabajo?

¿O era que todas las mujeres que había ordenado secuestrar a sus goblins como sacrificios vivientes le habían sido arrebatadas?

¿Podría haber sido un error que este objeto maldito llegara a él?

—… ¡No! Gritó tan fuerte como pudo, como para eliminar sus dudas.

—El dado ha sido lanzado. Ahora no queda nada más que avanzar.

Sólo tenía treinta goblins con él bajo su mando personal. Pero sólo eran señuelos.

Goblins se acercaban por las otras direcciones. Todo simplemente para nublar los ojos de los aventureros.

La verdadera misión estaba literalmente en sus manos.

Mientras sostenga esa maldita cosa, la fuente del poder de Hecatoncheir, no había nada que temer.

Él aguardaría su momento. Cada hora, cada segundo, sin desperdiciar nada.

Él oraría a los dados. Buscando una persona más, una gota de sangre más.

Hasta que el Hecatoncheir despertó.

—¡Hrk…!

Entonces sucedió.

Sus sentidos, tan agudos como los de cualquier elfo, captaron algo malo. Un olor.

Un hedor, de hecho, que atravesó sus ojos y nariz. Algo podrido… No… ¿El olor del mar?

La lluvia y el viento eliminaron todo sonido, y ahora traían una niebla negra que borraba la poca luz que había.

Llegó en el viento, cubriendo su campo de batalla.

— ¿Una cortina de humo? No… ¿Gas venenoso?

Inmediatamente se cubrió la boca, pero desafortunadamente, sus goblins no eran tan inteligentes. El humo los envolvió, y comenzaron a gritar y llorar.

— ¡M…maldito seas! ¡¿Se hacen llamar aventureros, pero esto es lo que hacen con sus enemigos…?!




El elfo oscuro notó que su agitación aumentaba, incapaz de contener un resoplido de enfado. Esta no era una táctica que los aliados de la ley y el orden emplearan. Pero tampoco era todo lo que estaba reservado para ellos.

Guerreros esqueleto emergieron de la nube, blancos pálidos frente al humo negro, y atacaron a los goblins.

 

 


[2] En la mitología griega, los Hecatónquiros o Hecatónqueros (en griego, Έκατόνχειρες Hekatonkheires o Έκατόνταχειρας Hekatontakheiras: ‘los de cien manos’), conocidos también como Centimanos (del latín Centimani), eran gigantes con 100 brazos y 50 cabezas, hijos de Gea y Urano.

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