Goblin Slayer

Volumen 2

Capítulo 10: Las Ruinas de la Ciudad y Trampas Mágicas

Parte 2

 

 

La sacerdotisa tembló mientras sus horribles voces resonaban en sus oídos. Se mordió el labio, agarró su bastón, y dijo tan fuerte como pudo:

— ¡El grande, ya viene!

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— Yo me encargo. Goblin Slayer no dudó. En el siguiente instante, cogió una daga del suelo y bajó una mano, saltando sobre la barrera.

— ¡Quédate junto al altar!

— ¡Sí, claro! Dijo el chamán enano, atrapando la honda que le tiró Goblin Slayer y lanzando una piedra.

Con el apoyo del chamán enano, Goblin Slayer voló como una flecha hacia sus enemigos.

Tres goblins estaban ante él, con armas en la mano. ¿Pero qué hay con ellos?

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— ¡Dieciocho, diecinueve… veinte!

— ¡¿GROOB?!

Con la espada en su mano derecha, dio un golpe crítico, desgarrando la garganta del goblin que estaba justo frente a él.

La criatura escupió sangre; Goblin Slayer le dio una patada, liberando su espada, que luego utilizó para romper el cráneo de la criatura que venía de su derecha.

El monstruo de su izquierda no podía lidiar consigo mismo, así que usó su escudo para empujarlo detrás de él. Tan pronto como lo hizo, una de las piedras del chamán enano vino volando.

— ¡¿GOR?!

El goblin tropezó mientras la piedra le golpeaba en el pecho, y Goblin Slayer lo apuñaló mortalmente sin pensarlo dos veces. Atrapó al monstruo en la garganta; el goblin cayó al suelo con apenas una sacudida. Goblin Slayer soltó su espada y la dejó caer con el cuerpo.

— ¡GOROOB!!

— ¡Veintiuno…!

Lanzó la daga en su cintura para proteger su retaguardia. Golpeó en la garganta de un goblin que se había preparado para embestirlo. Mientras la criatura arañaba el aire, Goblin Slayer saltó hacia él y agarró su arma.

Un garrote. Probablemente la primera arma que los humanos usaron. Nada mal.

—Veintidós… tres.

Un golpe del instrumento contundente pulverizó otro cráneo goblin, luego Goblin Slayer se fijó a un arquero en la parte trasera y envió el garrote volando hacia él.

— ¡¿GORARA?!

No fue suficiente para ser un golpe crítico. Fue un disparo de la elfa el que acabó con el arquero goblin.

— ¡Lo tengo! Exclamó la elfa. Goblin Slayer no tuvo que mirarla para saber que sus orejas rebotaban de arriba a abajo. — ¡Orcbolg, flechas!

— ¡Hmm…!

Incluso si el grupo no era exactamente psíquico, nunca estaban fuera de lugar.

Goblin Slayer echó a los goblins del camino mientras corría a través del campo de batalla para agarrar el carcaj de un arquero enemigo. Luego giró, confiando en la fuerza centrífuga para llevar el paquete a la elfa.

Pero la carga era pesada y sólo tenía un segundo para girar, por lo que apenas difícilmente podría haberla alcanzado.

— ¡Ahí!

El chamán enano saltó para recoger el carcaj, lanzándolo hacia atrás.

— ¡Hecho! Gritó.

—… ¡Eep!

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La sacerdotisa cogió el carcaj en sus brazos y se lo pasó a la elfa, devolviéndola a su elemento.

Siguió una lluvia de flechas. El poder de fuego de un elfo con un buen arco y flechas se comparaba a un hechicero. Como ella solía decir, una tecnología suficientemente desarrollada (ayudada por la habilidad) era indistinguible de la magia.

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Había algunos tontos que, como podría haber dicho el chamán enano, creían que “los hechiceros sólo lanzaban rayos”.

— ¡GROORB!!

Varios goblins estaban buscando hacer del chamán enano, su saco de boxeo, ahora que había salido por detrás de la barrera.

— ¿Cómo va, Escamoso? ¿Aún falta?

Estaban demasiado cerca para ataques a distancia. El chamán enano tiró su honda y sacó su hacha.

Los enanos eran tan duros como las rocas, después de todo. Sacudiendo salvajemente sus brazos y piernas rechonchas, el chamán enano casi rodó hacia la formación enemiga, golpeando y pateando.

— ¡Sólo… un poco… m…ás!

El altar en donde el sacerdote lagarto estaba, comenzó a romperse bajo las garras de sus pies, algunos escombros se desmoronaban.

Los hombres lagartos no sudan, pero un humano en su posición estaría empapado.

El espejo se apartaba lentamente de la pared con un sonido audible, pero claramente el sacerdote lagarto necesitaría más tiempo.

—¡…! ¡Yo ayudaré!

— ¡Gr…acias!

La sacerdotisa miró rápidamente a su alrededor, y luego se arrodilló junto al sacerdote lagarto.

Eran completamente superados en número.

Los números son la mayor fuerza de los goblins y la mayor debilidad de los aventureros.

Los monstruos se acercaban lentamente al altar, el tamaño de la horda crecía. La sacerdotisa había decidido que el tiempo era más valioso que una vista de pájaro de la batalla. ¿Pero había algo que sus delgados brazos pudieran hacer? Tenía que haberlo.

En un rápido movimiento ella atascó su bastón que sonaba entre el espejo y la pared y comenzó a usarla como palanca.

—Hr… aahh…

—…Todavía necesitan más tiempo, ¿verdad? Goblin Slayer murmuró, habiendo confiado las cosas a sus camaradas.

Él estaba solo la primera línea de defensa ahora.

Mientras una multitud de goblins colapsaba a su alrededor, Goblin Slayer cogió la espada de uno de ellos. Era un palo montado con una hoja de piedra; apenas se le podía llamar espada.

Pero Goblin Slayer nunca había sido quisquilloso con sus armas.

— ¡GORARAB…!

—Hmph.

Entonces, una enorme forma surgió ante él, el campeón goblin de un solo ojo.

Goblin Slayer Volumen 2 Capítulo 10 Parte 2

 

El horrible hueco vacío. El único imponente ojo ardía. Su horrible sonrisa. Su ira.

— ¡¡GORARARABOOBOBORIIIIN!!

Ene se instante, Goblin Slayer saltó hacia atrás casi como si estuviera cayendo.

— ¡¿GORAB?!

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Ignoró el grito del goblin con el que estaba luchando, contrayéndose a sí mismo y rodando de nuevo.

A partir de ahí, vio como el tambaleante goblin, recibió el devastador golpe del garrote del campeón.

— ¡¡GORARARAB!!

El rugiente campeón goblin se centró enteramente en Goblin Slayer. Su garrote rompió el suelo de piedra, levantando una nube de polvo y un gran ruido.

—Demasiado fuerte para tu propio bien. Escupió Goblin Slayer, y sólo fueron instantes antes del siguiente golpe.

La fuerza del campeón no era menor que la del ogro (no es que Goblin Slayer recordara esa palabra) al que se habían enfrentado antes.

Goblin Slayer quería evitar tanto los golpes críticos como fuera posible. Mantuvo su escudo levantado, empujando a través de la multitud de goblins.

— ¡¿GORAB?!

Gritos y aullidos mezclados con los sonidos de carne y huesos rotos; sucios géiseres de sangre escupidos por todas partes.

Todo causado por el campeón goblin y su garrote.

Balanceaba el arma de un lado al otro, decidido a aplastar a Goblin Slayer, pero sólo golpeaba a sus propios aliados. Los desafortunados monstruos se convirtieron en el escudo de Goblin Slayer, tristemente dando sus vidas en el proceso.

—Idiota.

— ¡¿GORAB?!

Goblin Slayer enterró su espada en el cráneo de una criatura que se escondía, soltando la empuñadura para cambiar su arma por la del monstruo.

Era una hoja oxidada que probablemente había sido robada a un aventurero; ahora, muchos días después, había sido devuelta a uno.

Goblin Slayer cortó a través de la garganta de un goblin cercano, casi como si para probar la hoja, provocando un rocío de sangre. La criatura se retorció como si se estuviera ahogando. Con su víctima todavía atravesada en su propia arma, Goblin Slayer giró y le dio una patada hacia atrás.

— ¡GOORORORB!!

El campeón goblin puso fin a su subordinado con un *smash*.Probablemente fue una muerte mejor que ahogarse en su propia sangre.

—Un goblin no debería tener la suerte de tener tal final.

— ¡GORARARAB!! ¡GORARARA!!

Golpe—un goblin roto. Polvo llovía del techo.

Golpe—un goblin lanzado al aire. Polvo caía del techo.

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Golpe. Golpe. Golpe. Cada vez, Goblin Slayer escapaba.

La auto-reflexión no estaba en el vocabulario goblin.

Sí, el campeón seguía matando a sus propias tropas, pero eso era culpa de ellos por no esquivar, o al menos del humano usándolos como escudo.

¡Qué horrible humano! ¡No sería suficiente arrancarle el ojo, ni destrozarle las extremidades, ni siquiera matar a sus amigos mientras miraba!

El enfurecido campeón olvidó convenientemente que sabía que él estaba usado a sus aliados como escudos. Se sentía frustrado porque el aventurero no se pondría de pie a pelear, pasando por alto el uso que los goblins hacen del gas venenoso.

Los goblins son estúpidos, Goblin Slayer se repitió a sí mismo, pero no son tontos.

En otras palabras, no eran tontos, pero tampoco inteligentes. Y una persona no inteligente agitando una espada es fácil de aprovechar.

Después de todo, ellos fallarían en usar su mejor arma.

Así que Goblin Slayer condujo directamente a través del campo de batalla, con el campeón siguiéndolo.

— ¡Si Orcbolg lo está alejando…!

La elfa no sólo estaba esperando y mirando.

Se subió al altar, pateando su camino a través de goblins con sus largas y hermosas piernas. Hizo un chasquido con su lengua.

Cómo odiaba usar las flechas de los goblin.

— ¡Cielos, no puedo creerlo! Dijo, medio enfadada. Sus orejas se contrajeron mientras leía el viento y hacía volar sus flechas.

No estaba, por supuesto, apuntando al campeón, sino a la chusma goblin.

— ¡¿GROB?! ¡¿GOORB?!

Incluso una flecha rudimentaria puede perforar un cuerpo, tomar una vida. Los goblins cayeron como la lluvia en una tormenta, pero su número seguía siendo inmenso.

El chamán enano enterró su hacha en la cabeza de otro, su querida barba estaba cubierta de salpicaduras de sangre.

— ¡Ho, Orejas largas! ¿No puedes disparar más que eso?

— ¡Silencio, enano! Si quieres resultados, dame mejores flechas.

— ¿Puedes interesarte en algunas lindas piedras?

— ¡Olvídalo!

Y discutieron. ¿Era esta su broma habitual, o lo hacían a propósito? Cuando ya no puedan seguir respondiéndose el uno al otro, ese sería el verdadero final. Así era con la mayoría de los aventureros.

Incluso la sacerdotisa, con su rostro de color rojo brillante mientras se esforzaba con su bastón.

— ¡Hn… Hnnnn…!

Sus brazos temblaron y se mordió el labio mientras lanzaba todo su peso corporal en su batalla con el espejo. Era todo lo que podía hacer la niña humana con su delicado cuerpo.

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El intrépido lagarto, por su parte, no escatimó ni un ápice de fuerza en su valiente esfuerzo.

— ¡Vamos… uno más… empuja…!

Aún imbuido con la bendición de su antepasado, el temible naga, sus esfuerzos estaban en el punto culminante. Respiraba ruidosamente entre sus colmillos desnudos, cada centímetro de él desde sus garras hasta su cola se había convertido en poder.

¡Screeeeeeeeyyyyeeeechhh!

Con un tremendo ruido, el espejo sagrado finalmente sucumbió a la fuerza absoluta del sacerdote.

La gran cosa descansaba en las manos del sacerdote lagarto, junto con un trozo de la pared.

— ¡Goblin…Slayer!

La sacerdotisa lo llamó. Su respiración entró en jadeos; su voz estaba débil y exhausta.

Goblin Slayer miró hacia atrás, le dio una patada al campeón y se fue corriendo.

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— ¡Coloca el espejo boca arriba! ¡Luego ponte debajo de eso!

— ¡Entendido!

Con un gruñido, el sacerdote lagarto deslizó el espejo sobre la parte superior del altar como un techo. Sabía que todo dependía de este momento.

Se puso de rodillas y apoyó su hombro contra el espejo, sin temblar.

— ¡Él viene!

Apoyando al otro bando estaba el leal guerrero diente de dragón.

— ¡ORARARAG!!

El campeón goblin dio un golpe fuerte.

Aunque no se podía esperar que los goblins entendieran exactamente lo que estaba pasando, estaba claro que algoestaba pasando.

El garrote del campeón conectó con varios goblins, que no tuvieron ni un segundo para esquivar, salpicando sus cerebros alrededor de la habitación.

Saltando hacia atrás, Goblin Slayer atacó con una lanza de mano que había tomado de un enemigo. La espada envió varios dedos del campeón girando hacia el aire, provocando un rugido resonante.

— ¡¿GARAOR?!

— ¡Ráfaga de Piedras! Uno grande, ¡arriba!

— ¿Arriba? Lo tengo

Hubo un instante de sorpresa por parte del chamán enano, pero sabía que no debía dudar.

Agarró un puñado de arcilla de su bolso. Respirando sobre ella mientras la enrollaba, gritó.

— ¡Salgan, gnomos, es hora de trabajar, ahora no se atrevan a eludir su deber, un poco de polvo puede que no les dé asco, pero mil son una piedra preciosa!

Tiró la bola de suciedad al aire tan fuerte como pudo, y se convirtió en una enorme roca ante sus propios ojos…

— ¡Luz!

— ¡Bien!

Sin distraerse por un momento por el espectáculo, la sacerdotisa respondió inmediatamente a sus palabras, a su confianza.

Sabía que esta era la razón por la que estaba aquí, y le hizo sentir tan orgullosa que pensó que su pequeño pecho podría reventar.

Ella derramó todo en la oración que conectó su alma a los dioses del cielo.

— ¡Oh Madre Tierra que rebosas de piedad, concede tu sagrada luz a los que estamos perdidos en las tinieblas…!

Era una oración pura, ofrecida por una dama frágil a costa de la energía de su propia alma.

¿Cómo podría la Madre Tierra, toda compasiva, hacer otra cosa que no sea dar luz sagrada?

— ¡¿GORORB?!

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¡Una explosión de sol!

Desde el bastón de la sacerdotisa (liberado de su función como palanca), una luz abrasadora llenó el espacio. Era probablemente más luz de la que las entrañas de estas ruinas habían visto en todos sus eones de existencia.

Los goblins gritaban como si hubieran sido quemados, agarrando sus caras y tropezando hacia atrás. Sus retinas habían sido quemadas. Y Goblin Slayer, aunque se había cubierto la cara inmediatamente, había sufrido lo mismo.

—… Hr…

— ¡Orcbolg, por aquí!

Pero sin embargo, podía oír una voz clara a pesar de la blanca oscuridad.

La elfa, que poseía habilidades más allá de las de cualquier explorador, extendió la mano.

—Lo siento.

— ¡No importa! No es que tenga ni idea de lo que estás pensando.

Con su guía, él dio uno, dos, tres pasos.

Ella saltó con gracia, y Goblin Slayer se subió al altar.

La cola del sacerdote lagarto se extendió, jalando a Goblin Slayer con seguridad bajo el espejo.

Goblin Slayer gritó: — ¡Control de Caída, bájalo!

— ¡Hrrf, por supuesto! ¡Salgan, gnomos, y déjenlo ir! ¡Aquí viene, miren abajo! Pongan esos cubos boca abajo, vacíen todo hacia el suelo.

—… Eso hace… Murmuró Goblin Slayer. Se giró, apoyado por la cola del sacerdote lagarto.

Con su mano derecha, tomó firmemente a la sacerdotisa. Su mano temblaba suavemente.

La elfa todavía agarraba su mano izquierda, lo suficientemente fuerte como para lastimarse a través de su guantelete de cuero.

El chamán enano le dio un buen golpe en la espalda. Incluso ahora, con su espíritu agotado, estaba más alegre que nunca.

Goblin Slayer miró a los goblins a través de sus claros y quemados ojos. Gritando en confusión, temor, dolor, codicia, y odio; y se tambalearon inútilmente.

— ¡¿GO?! ¡¿GROB?!

— ¡¿GRAROORORORB?!

Tan pronto como el chamán enano terminó sus complicadas invocaciones, la roca se estrelló contra el techo.

El techo que había sido sacudido por la explosión, golpeado por el monstruo del globo ocular, y sacudido por los golpes del campeón goblin.

El techo cuyas piedras habían sido sostenidas por innumerables años por las raíces de los árboles.

Pero no podría ser el mejor momento.

Y aquí, el tiempo tuvo un poco de ayuda de la masa y el peso y el poder de los espíritus.

Los gnomos, gobernantes de la tierra, dirigieron todo su poder directamente hacia abajo.

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Primero, una pequeña fractura corrió a lo largo del techo. Luego, se agrietó, y un poco de ella, demasiado pesada para que las raíces la apoyasen, cedió.

Y entonces…

—… Cincuenta… y… tres.

Un instante después, la aulladora cara del campeón goblin fue enterrada bajo una avalancha de tierra y desapareció.

Ese fue el final.

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