Goblin Slayer

Volumen 2

Capítulo 10: Las Ruinas de la Ciudad y Trampas Mágicas

Parte 3

 

 

No pasó mucho tiempo antes de que todo pareciera terminado, como si todo hubiera muerto.

Este lugar donde un fino polvo marrón se elevaba en el aire, ¿había sido realmente un templo unos momentos antes?




Ahora, cualquier indicio de lo que había sido estaba cubierto de tierra y restos, rocas y escombros. Donde debería haber estado el techo, sólo había un nido de raíces retorcidas. Luz tenue del sol, o más bien ahora, la luz de la luna y las estrellas, se filtraban a través de ellos.

Era de noche, a principios del verano. Se decía que las estrellas que brillaban sobre ellos eran los ojos de los dioses que miraban desde lo alto del cielo. Vigilaban este lugar, pero ahora no había nada que atestiguara a sus antiguos habitantes.

Excepto tal vez, solo tal vez, los terribles cuerpos de goblin que se podían ver entre los escombros.

…No.

Ahí estaba el espejo.




En medio del altar devastado había un monte de escombros donde una vez pudo haber estado un altar. En su cima se sentaba un enorme espejo, reflejando la luz de las estrellas en el cielo.

Entonces, se escuchó un golpe.

— ¡Pfah!




Sonó una dulce voz, y la montaña de escombros se desmoronó levemente.

Una roca fue empujada a un lado, y haciendo un túnel estrecho a través de la tierra salió… una elfa.

Era la elfa arquera, con su rostro sucio de polvo.

— ¡Por los dioses, Orc…Orcbolg! ¡¿En qué estabas pensando?!

Se retorció como un gato que había caído en el agua, con sus orejas recostadas. Una fina capa de polvo parecía ser lo peor que llevaba. La sacerdotisa, que se arrastró tras ella, suspiró suavemente. Tosió varias veces, escupiendo suciedad de su boca.

—E…eso fue sorprendente…

— ¿Sorprendente? ¿Así es como lo llamas?

—Supongo que… ya estoy acostumbrada a ello.

— ¡Oh, por…!

La elfa se acercó para ayudar a la sacerdotisa, todavía tosiendo polvo.

Los ojos del sacerdote lagarto se movieron en la escena mientras se arrastraba afuera; entonces, se sentó pesadamente. —Santo cielo… Es nuestra buena suerte tener un espejo Portal en el momento justo.

Mientras suspiraba, el guerrero colmillo de dragón que estaba a su lado agitó la cabeza, con un toque de ingenio artístico.

El altar seguía en pie. Por eso todos ellos seguían vivos… Pero había una cosa extraña.

La suciedad y el polvo se amontonaban a su alrededor, pero el altar en el centro estaba despejado.

La razón era el espejo, que el guerrero diente de dragón estaba ahora sosteniendo solo. Sostenido por el guerrero y el sacerdote lagarto, había transportado los escombros que caían a través de su Portal. Si no hubiera sido así, los aventureros habrían estado tan muertos como los goblins a su alrededor.

—Absorbió todos los escombros. Es una pena que sea tan pesado. Dijo el sacerdote lagarto.

—Bueno, hiciste la mayor parte del trabajo, Escamoso. El chamán enano salió y golpeó al sacerdote lagarto con una carcajada. —Supongo que es un poco grande para un escudo, ¿no?

Finalmente pudo beber sin interrupción. No perdió tiempo en sacar su copa y tomar un trago. Sus mejillas estaban pálidas por la presión que sus hechizos habían puesto en su espíritu, pero el beber algunos espíritus alcohólicos rápidamente restauró un saludable sonrojo.

—Tengo que decir, sin embargo, que me siento un poco mal por los del otro lado.

Sólo los antiguos sabían exactamente cómo usar este artefacto igualmente antiguo. Era imposible decir quién había traído el artefacto aquí, pero seguramente esto era un mal uso del Portal.

El espejo conectó un nido de duendes con el subsuelo de la Ciudad de Agua, ¿por qué eso conducía a esas ruinas?

—Tal vez así es como la gente se movía entonces. ¿Eh, Corta barbas?

—No me interesa.




Ahí estaba Goblin Slayer.

El último en salir de la montaña de escombros, no mostró signos de fatiga, hablando calmada y fríamente. Estaba cubierto de polvo y salpicaduras de sangre, pero su casco de acero de aspecto barato y su mugrienta armadura de cuero estaban como siempre.

La sacerdotisa, que finalmente se había puesto de pie con la ayuda de su bastón, apretó los labios al verlo.

—Tenemos mucha suerte de no estar debajo de la ciudad.

—Si así fuera, habría pensado en otra cosa.

Ella infló sus mejillas con un gemido. Él era, por supuesto, inalterable.

El casco de acero de Goblin Slayer giró hacia los lados, vigilando la zona.

Miró la exasperación de la sacerdotisa, la jovial mirada del sacerdote lagarto, y al chamán enano, que brillaba cada vez más rojo mientras bebía.

Y finalmente, llegó a la elfa, quien le clavaba puñales brillantes, o quizás flechas, a través de ojos.

—Oye. Él dijo.

—… ¿Qué?

—Sin fuego, sin agua, sin veneno, sin explosión.




Sonaba un poco impresionado consigo mismo.

A la luz de la luna, una sonrisa apareció en el rostro de la elfa. Una sonrisa traslúcida y bella como si fuera de vidrio.

— ¿Orcbolg?

— ¿Qué?

—Eres un idiota. Y le dio una patada que hizo que Goblin Slayer volviera a los escombros.

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