Goblin Slayer

Volumen 2

Capítulo 5: Adelante Hasta la Muerte

Parte 1

 

 

—Entonces, ¿qué pasa con esa cosa, de todos modos?

Al día siguiente, de vuelta en las alcantarillas una vez más, la elfa miraba a Goblin Slayer con una mano en la cadera. Tenía una espada nueva en su cinturón, de un tamaño extraño por supuesto, y una pequeña jaula colgaba junto a la vaina.

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Dentro, un pajarito con plumas verdes y claras cantó alegremente. El sonido parecía fuera de lugar en las alcantarillas contaminadas.

Goblin Slayer le dio una mirada desconcertada.

— ¿No conoces este tipo pájaro?

—Por supuesto que sí.

—Es un canario.

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—Dije que sí sé. Contestó la elfa, con sus oídos hacia atrás.

A su lado, el chamán enano trató de contener una risita.

—Has estado molesta por esto desde anoche, ¿no? Dijo el enano.

— ¿No te molesta? ¡Es un pájaro! ¡Un pequeño canario!

Procedieron lenta y silenciosamente hacia las alcantarillas, a través de la oscuridad, pero su ira no se calmaba. Sus largas orejas, perfectas para explorar, rebotaban sin descanso de arriba a abajo. Por un segundo, sus ojos en forma de almendra se dirigieron hacia Goblin Slayer, que estaba detrás de ella.

—Bueno, no nos destruirá si lo tocamos, ¿no? ¿Cómo tu pergamino?

— ¿Crees que los canarios son letales para la gente?

Las orejas de la elfa dieron un gran salto, y el chamán enano consiguió que sólo se le escapara una risa entrecortada.

—G…Goblin Slayer, no creo que eso sea lo que quiso decir. La sacerdotisa irrumpió, incapaz de dejar pasar esto.

Ella arrastraba los pies medio de la columna, sosteniendo su bastón con ambas manos.

— ¿Qué?

Goblin Slayer miró hacia atrás, y la encontró mirando fijamente a su casco de metal. De repente ella se quedó sin palabras.

Había pasado una noche desde el baño. No había dormido ni por un segundo, pero cuando se levantó por la mañana…nada. Quizás todo su nerviosismo simplemente le había dado un extraño ataque de imaginación.

Sword Maiden había aparecido en el desayuno y dijo unas palabras de agradecimiento al grupo mientras pasaba. Todo indicio de la indecencia de la noche anterior había desaparecido de su porte, como si nunca hubiera estado allí.

Sí… estoy segura de que no es nada. Eso simplemente no fue nada.

Sólo un error de su parte. Por supuesto que lo fue. Tenía que ser…

— ¿Qué pasa?

—Oh, nada…

La sacerdotisa se puso rígida ante la breve y tranquila pregunta de Goblin Slayer. Respiró suavemente.

—Eso es, lo que quería decir es, ¿por qué trajiste un canario con nosotros?

Miró hacia la jaula de pájaros. La criatura de color hierba saltaba alegremente en una rama.

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—Quiero decir, es lindo, pero…

El hombre frente a ella era Goblin Slayer. No era de los que eran frívolos o irracionales a la hora de matar goblins.

—Los canarios hacen ruido cuando sienten gas venenoso.

— ¿Gas venenoso?

Goblin Slayer asintió, explicando con su típico tono desapasionado:

—Los goblins de este nido han sido educados (entrenados). No me sorprendería si hubieran puesto trampas como las que puedes encontrar en viejas ruinas.

—Ahora que lo pienso, ¿no usan los mineros humanos pájaros para detectar el mal aire bajo tierra? Dijo el chamán enano, sosteniendo su bolsa de catalizadores. —Considerando todas las cosas, los enanos están menos preocupados por el gas venenoso que por los dragones que vienen tras nuestros tesoros.

— ¿En serio? La elfa sonrió mientras miraba a la vuelta de la esquina, y luego hizo un gesto a los demás para que la siguieran.

Goblin Slayer fue tras ella, dando pasos lentos y cuidadosos. Tenía una mano en la espada. El otro sostenía la antorcha, y su escudo estaba montado en su brazo como siempre.

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—Una vez oí hablar de un reino enano que fue destruido cuando desenterraron algunos demonios subterráneos. Dijo Goblin Slayer.

—… Bueno, eso sucede de vez en cuando. Dijo el chamán enano malhumorado y luego se quedó callado. Parecía que Goblin Slayer había tocado un tema sensible.

Siempre ha sido el camino de los países caer, prosperar, pelear y caer de nuevo por cualquier razón. El mundo nunca ha carecido de tierras ricas y arruinadas.

—Ya veo. Dijo el sacerdote lagarto, con la cola moviéndose detrás de él. —Y si me permite preguntarle, Goblin Slayer, ¿de dónde ha obtenido dicho conocimiento?

—Un minero de carbón. Dijo como si fuera obvio. —Hay muchos en este mundo que saben mucho que yo no sé.

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Después de unos minutos de caminata, llegaron a un callejón sin salida, aunque no era uno natural. El camino estaba bloqueado por un cauce de agua tan ancho como un arroyo, y algo había destruido o arrastrado el puente de piedra que una vez lo había cruzado.

La elfa levantó el pulgar y levantó el brazo, mirando la distancia.

—Podríamos ser capaces de saltar, si tuviéramos que hacerlo.

— ¿Alguna otra ruta? Preguntó Goblin Slayer.

—Veamos… Hubo un crujido mientras el sacerdote lagarto desplegaba el viejo mapa. El antiguo dibujo estaba cubierto por una variedad de nuevas marcas que reflejaban los descubrimientos de los aventureros. Rastreó canales y pasadizos con su garra, y luego sacudió lentamente su cabeza.

—Este gran canal parece dividirlo todo. Aunque existe la posibilidad de que uno de los otros puentes esté intacto.

—Una pequeña esperanza. Con algo de sorpresa, el chamán enano se asomó sobre el agua y revisó el puente de piedra.

—No te caigas. Dijo la elfa, agarrándolo por el cinturón.

—Lo siento… mhm. Este es el trabajo de muchas inundaciones a lo largo de muchos años largos. No se derrumbó ayer mismo. Murmurando, el chamán enano volvió al pasillo. Mostró a todos un poco de escombros que había recogido, y luego los aplastó en la mano.

—Estaría dispuesto a apostar de que los otros puentes están en más o menos la misma condición.

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—Entonces, saltamos. Dijo Goblin Slayer sin dudarlo. —El primero en llegar lleva una cuerda. Una línea de vida.

—Y…yo tengo una cuerda. Dijo galantemente la sacerdotisa y sacó de su bolso un rollo de cuerda, completa con un gancho de agarre.

Era justo como ella ya que estaba muy bien enrollado. Y fue una evidencia de su verdadera resistencia el parecer no haber sido usado nunca.

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—Ah, la caja de herramientas del aventurero. Dijo con cariño la elfa mientras entrecerraba los ojos y miraba al bolso de la sacerdotisa.

Este era un pequeño equipo dirigido a los aventureros novatos, conteniendo todo lo que podían necesitar en el trabajo. Cuerda con gancho de agarre, varias longitudes de cadena y un mazo. Tinderbox (una caja que contiene yesca, pedernal, acero y otros artículos para prender fuego). Mochila y waterskin (especie de cantimplora). Utensilios de cocina, tiza, una daga, etc.

—Te sorprenderías de lo inútil que es la mayoría de esas cosas. Exceptuando el gancho de agarre.

—Pero cuando te aventuras, no deberías irte sin ellos.

—Huh. La elfa respiró y luego agarró el extremo de la cuerda que no tenía gancho. Tomó uno o dos pasos hacia atrás, y luego corrió tan ligera como un ciervo.

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—Así que, Orcbolg.

Saltó y aterrizó en el otro lado sin hacer ruido, y luego ató la cuerda a una de sus flechas y la clavó entre las losas.

— ¿Qué hay del pergamino Portal? ¿También aprendiste eso de alguien?

—Una vez oí hablar de alguien que intentó usar Portal para ir a una ruina hundida, y el agua los mató.

Esa mujer, es decir, la bruja en el gremio de aventureros, debe haberle contado la historia.

A una señal de la elfa, Goblin Slayer agarró el gancho de agarre y saltó a través. Hizo un sonido pesado y sordo al aterrizar, como se podría esperar de una persona con armadura completa.

—Impresionante. Dijo mientras devolvía el gancho a la elfa, que lo tiró al otro lado.

—Realmente harás cualquier cosa para matar goblins, ¿verdad?

—Por supuesto. Fue todo lo que dijo.

Debió haber decidido que las preguntas habían terminado, porque se quedó en silencio y empezó a buscar por todo el pasillo.

— ¿Puedes saltar, muchacha? Voy a tener la ayuda de Escamoso.

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—Oh, claro. Bueno, supongo que sigo yo.

A instancias del chamán enano, la sacerdotisa, que había estado mirando a su alrededor un poco vacía, cogió rápidamente el gancho. Retrocedió para empezar a correr, y luego saltó al otro lado con un pequeño grito, su expresión oscureciendo un poco.

Puso trampas y mató a niños sin vacilar; era inteligente y despiadado. Para ella, él se parecía mucho a un goblin. Quizá él lo sabía mejor que nadie.

Sin duda un día él también desaparecerá.

La gruesa y melosa voz llegó a su mente, llegó hacia ella como un río antes de desaparecer lentamente.

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