Goblin Slayer

Volumen 2

Capítulo 5: Adelante Hasta la Muerte

Parte 2

 

 

Su investigación en las alcantarillas fue más fácil que el día anterior. Esto se debía en parte a que tenían una mejor comprensión de los caminos, pero más que eso, habían cambiado su método.

Goblin Slayer había decidido evitar completamente cualquier encuentro con los goblins. Caminó con su paso despreocupado, sosteniendo la antorcha y escabulléndose como un gato. La elfa parecía que lo igualaba; sus pisadas eran tan ligeras como una pluma. A veces pasaban por encima de las patrullas de los goblin; en otras, elegían rutas sin goblins.




La sacerdotisa, chamán enano y sacerdote lagarto los seguían por los pasillos.

—Nunca pensé que vería el día en que dejarías ir a un goblin, Orcbolg. Susurró la elfa.

—No los voy a dejar ir. Respondió, apretándose contra la pared y asomándose a una esquina. Primero cortaremos la cabeza. Mataremos al resto después de eso.

—Me pregunto si será otro lord goblin o un ogro. Murmuró ansiosa la sacerdotisa, pero Goblin Slayer sólo agitó la cabeza y dijo: —No lo sé.

Los goblins estaban en el fondo de la jerarquía de monstruos. Casi cualquier tipo de criatura podría estar dirigiéndolos. Un elfo oscuro, algún tipo de demonio, incluso un dragón.




—Supongo que no nos servirá de nada quedarnos aquí preguntándonos al respecto. Sacó el mapa doblado de su bolso y lo abrió ágilmente con sus garras. Gracias a su excelente visión nocturna, heredada de sus antepasados, podía leerla incluso sin luz.

—Creo que aún no hemos visto la sombra de la cola del que está detrás de esto.

—Lo que quieres decir… Dijo el chamán enano —es que tenemos que seguir avanzando.

—Ir más río arriba, para ser exactos. Goblin Slayer se había parado y sostenía la antorcha sobre el mapa para leerlo. Trazó un camino con un dedo usando guantes de cuero. Siguió la vía navegable, pasando el lugar de su batalla al azar el día anterior.




—Sus botes venían de más lejos, río arriba de las aguas residuales. Es seguro asumir que tienen una base en alguna parte en esa dirección.

—Si seguimos avanzando río arriba… eso significa que terminaremos fuera de este mapa, ¿cierto? El dedo blanco de la sacerdotisa siguió a Goblin Slayer a lo largo del papel.

El mapa que Sword Maiden les había dado era sólo de las alcantarillas de la ciudad, después de todo. Mostraba sólo una fracción de las vastas ruinas que se extendían bajo la ciudad de agua.

— ¿Estaremos bien?

—No haremos nada estúpido.

La sacerdotisa ajustó su agarre sobre su bastón, incapaz de calmarse, pero Goblin Slayer fue decisivo.

No estaba claro si eso era por consideración hacia ella. Pero al ver su semblante inmutable, las tensas mejillas de la sacerdotisa se relajaron, y ella sonrió.

—Cierto, así es. No hagamos nada tonto o estúpido.

Agarró con firmeza su bastón, obligó a sus rodillas a no temblar, y miró hacia delante.

—Río arriba, ¿eh? Así será. La elfa continuó, con las orejas rebotando, sin momento de desganas, y el resto del grupo le siguió.




Un poco más tarde, justo cuando llegaron al borde mismo del mapa, el aire cambió notablemente. El sencillo corredor de piedra terminó en una galería cubierta de pinturas murales. El pavimento cubierto de musgo se convirtió en mármol agrietado. Hasta el agua pasó de contaminada a limpia. Obviamente esto ya no era una alcantarilla.

—Aquí hay rastros de hollín.

Goblin Slayer, estudiando intensamente las pinturas murales, levantó la antorcha y señaló hacia un lugar cerca del techo.

La elfa se paró de puntillas para echar un vistazo.

— ¿Quieres decir que solía haber luces?

—Hace mucho tiempo. Goblin Slayer asintió, limpiando un poco de hollín de su dedo. —Los goblins tienen una visión nocturna excelente. No usan luces.

—Hmm…

El sacerdote lagarto se inclinó hacia la pared y le dio a una de las pinturas un rasguño con su garra pensativamente. Humanos, elfos, enanos, rheas, hombres lagartos, hombres bestias; todas las razas que tenían palabras fueron representadas con equipamiento completo, los ancianos y jóvenes, hombres y mujeres.

—Guerreros o soldados… no.

Sus trajes no eran lo suficientemente uniformes como para ser soldados. Mercenarios, tal vez, o…

—Aventureros.

—He oído que solía ser bastante animado alrededor de estas zonas. Dijo el chamán enano, de pie a un lado y siguiendo las pinceladas de cerca con sus ojos. La pintura, desgastada durante muchos años, se desprendió al más mínimo roce. —Este estilo de pintura no ha estado vigente desde hace cuatro mil quinientos años.

—Oh… Dijo la sacerdotisa, mirando hacia arriba y a su alrededor — ¿podría ser…?

La galería cuidadosamente construida. Las figuras pintadas. El agua clara. Parecía un lugar que ella conocía muy bien. Tranquilo, silencioso, no debe ser invadido. No es un templo…

—… un cementerio, ¿quizás?

Catacumbas.

Eso es lo que era, estaba convencida. Tocó las pinturas, a las personas, con su delicada mano. Eran aquellos que habían luchado por el lado del orden en la Era de los Dioses, y este era su lugar de descanso. Se puso de rodillas en duelo por todos los que habían venido antes y se sujetó a su bastón.

La elfa se colocó delante de la sacerdotisa mientras ella oraba por el descanso de estas almas, como si las protegiera. Sus hombros se desplomaron.

—Ahora es un nido de goblins.

Sus palabras evocaron una punzada de dolor mientras resonaban durante un momento y luego se desvanecieron. Para los elfos, que vivieron miles de años, ni siquiera la Era de los Dioses parecía tan lejana. O tal vez se conmovió por estar en medio de las tumbas de los guerreros que su madre y su padre le habían contado en las historias.

—Al final hasta los valientes han sido denigrados, ¿huh?

—Eso no importa ahora.

Goblin Slayer cortó las oscuras cavilaciones de las chicas. Rápidamente escaneó el área, y cuando quedó satisfecho de que no habría amenaza inmediata de goblins, se puso en camino con un energético trote.

La reacción se parecía mucho a él. La elfa y la sacerdotisa se miraron la una a la otra.

— ¿Qué piensas de eso?

—Supongo que… sigue siendo nuestro Goblin Slayer.

La respuesta de la sacerdotisa fue una mezcla de resignación y cariño.

La elfa se levantó con gracia y siguió al guerrero; la sacerdotisa corrió tras ambos.

—Hrm. Nadie nunca acusó a Corta barbas de excesiva paciencia. Les siguió el chamán enano con un resoplido. —Probablemente asustarás a esos pequeños demonios con sólo aparecer.

—Eso sería un problema. Dijo Goblin Slayer en voz baja. —Odio cuando corren.

El grupo sonrió pálidamente ante su respuesta excesivamente seria, y la aventura estaba de vuelta en marcha, en las catacumbas.

Aquí la arquitectura era diferente de las alcantarillas. El camino se torció confusamente, volviéndose hacia atrás sobre sí mismo, ramificándose, como un laberinto. Desde arriba, las catacumbas podrían haber aparecido como telarañas.

—Deben ser construidos así para confundir a los monstruos que deambulan, para que no molesten a los guerreros muertos. Explicó el chamán enano silbando de lo impresionado que estaba. Incluso los mejores canteros enanos no habrían encontrado fácil crear salas como estas. —Peregrinar por este lugar como un espíritu perdido… sería un destino cruel.

—Sí, porque quita a uno del círculo de la muerte y el renacimiento. Dijo el sacerdote lagarto. —Pero este lugar ya ha caído en manos de los goblins.

No había duda de que el lugar se había convertido en un semillero del caos.

—Sobre todo… Murmuró el sacerdote lagarto, añadiendo algunos trazos con carbón al mapa de piel de oveja — el dibujo de un mapa no se puede hacer a medias. Cada uno de nosotros debe permanecer vigilante.

—Bueno, esta habitación primero, supongo.

Sosteniendo su bastón con ambas manos, la sacerdotisa levantó la mirada hacia la gruesa y pesada puerta. Era de ébano del cielo nocturno, trabajado con un borde de oro, y parecía desafiar el fluir del tiempo. Milagrosamente aun por estar en un lugar tan húmedo, la puerta no mostraba signos de putrefacción o desgaste. Estaba claramente encantado con algo de magia milenaria. Aparte de un toque de óxido alrededor de la cerradura, no tenía ni un rasguño.

—No está cerrado. Dijo la elfa. —Y parece que no hay trampas, al menos no en la puerta misma. Terminó de inspeccionar la cerradura, asintió ligeramente con la cabeza y dio un paso al costado. —Esta no es mi especialidad. Así que no me culpes si las cosas van mal.

—Aquí vamos. Declaró Goblin Slayer, y luego pateó la puerta de la cámara funeraria.

Los aventureros entraron en el salón como una avalancha.




Una vez ellos estuvieron adentro, el chamán enano colocó una cuña bajo la puerta para mantenerla abierta. Él siempre tenía la herramienta a la mano para cualquier situación inesperada, y la forma en la que él la usaba sugería una larga familiaridad.

El sacerdote lagarto mantenía su arma en alto para proteger al chamán enano de cualquier emboscada. Mientras el chamán enano trabajaba, era el trabajo de la elfa examinar la habitación.

La cámara funeraria era de unos diez pies cuadrados, con nueve baldosas en hileras de tres. La elfa giraba para escanear la habitación, con una flecha lista en su arco…

— ¡Mira eso!

— ¡Qué horrible!

La elfa y la sacerdotisa tragaron fuertemente, con expresiones de abierta repugnancia en sus caras.




La habitación estaba vacía excepto por varios ataúdes de piedra. En el centro, una forma se vislumbraba a la tenue luz de la antorcha. Alguien estaba atado, como si lo hubieran puesto deliberadamente.

La forma parecía ser una figura humana, con la cabeza colgada casadamente, una mujer de pelo largo. Llevaba una armadura de metal descolorida. Tal vez era una de las aventureras que habían ido antes que ellos y no habían regresado.

— ¡Goblin Slayer!

—No hay otra opción.

Con el permiso de Goblin Slayer, la sacerdotisa se acercó a la mujer cautiva.

Se arrodilló y preguntó: — ¿Hola? ¿Hola? ¿Estás bien? No hubo respuesta.

La mujer ni siquiera miró en dirección de la sacerdotisa. Su cabeza simplemente colgaba ahí.

¿Había perdido toda su fuerza? ¿O estaba…?

— ¡Y…yo intentaré curarte!

La sacerdotisa dejó a un lado sus temores de lo peor y comenzó a orar a la Madre Tierra para que la sanara.

—Oh Madre Tierra que rebosas de piedad, pon tu venerada mano sobre…

Con una suave sacudida, el pelo de la mujer cayó al suelo, justo delante de la sacerdotisa, mientras levantaba las manos para invocar el milagro.

Los ojos vacíos la miraban fijamente.

Era una persona.

Era.

Un esqueleto polvoriento, vestido con la piel de una mujer que presuntamente había sido desollada viva.

— ¡Está mal! Esto… ¡esto está todo mal!




La sacerdotisa dio un gritó ahogado.

En el mismo instante, la entrada se selló con un estruendo.

La cuña traqueteó por el suelo, burlándose de ellos.

— ¡Hrr!

El sacerdote lagarto inmediatamente cargó hacia la puerta con su hombro, pero no se movió.




— ¡Esto es un problema! Creo que la puerta ha sido bloqueada.

— ¡Ven aquí, Escamoso! ¡Tal vez tú y yo juntos…!

El sacerdote lagarto y el chamán enano se estrellaron contra la puerta con todas sus fuerzas. Rechinó, pero no cedió. No mostraba ninguna señal de apertura.

— ¡GROOROOROROB!!

— ¡GORB!! ¡GORRRRB!!

Voces chirriantes resonaban desde el otro lado del muro de piedra, burlándose de las inútiles luchas de los aventureros.

La elfa se mordió el labio.

— ¡Goblins!

—Así que nos atraparon. Escupió Goblin Slayer molesto.

Deberían haberlo esperado. Los goblins no podían pasar por alto a un grupo de aventureros que entraban ilegalmente en su casa.

Arrinconar a una presa cautelosa era difícil. Era mucho más fácil tenderles una emboscada, una trampa. Los goblins sabían que ningún aventurero dejaría a una mujer en problemas.

De vez en cuando, todo el ingenio cruel en sus pequeñas cabezas podría sobrepasar incluso a un humano. Esto, junto con su fertilidad, fue lo que les había permitido sobrevivir durante tanto tiempo.

— ¡No…!

Estaban atrapados. La realidad dejó a la sacerdotisa sin palabras. Sus rodillas temblaron, sus dientes castañearon, y pensó que sus piernas podrían fallar. La tragedia de esa primera aventura surgió en su mente.

—Cálmate.

La reprimenda fue tan desapasionada como siempre. No era para mantenerla en su miedo, sino para romperlo. Asintió con fiereza, como si se aferrase a sus palabras. Su rostro estaba pálido, y algo brillaba en las esquinas de sus ojos. Si él no hubiera estado allí o si ella hubiera estado sola, seguramente se habría desmayado.




Y eso habría significado la muerte, o algo mucho peor.

Pero junto a ella estaba Goblin Slayer, con su guardia levantada, su arma lista.

—Aún estamos vivos.

El canario comenzó a trinar ruidosamente.

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