Kiraware Maou ga Botsuraku Reijou to Koi ni Ochite Nani ga Warui! (NL)

Volumen 4

Capítulo Dos: Una Familia De Nieve

Parte 2

 

 

—Bienvenidos de nuevo, —dijo Luina cuando entraron en la casa.

—¡Ya estamos en casa! Brr, ¡hace mucho frío ahí fuera! —Myuke colgó su bufanda en el respaldo de una silla y se agachó frente a la chimenea. Había estado muy malhumorada cuando salió de la casa, pero el aire fresco del exterior parecía haberle despejado la mente. Volvía a ser la misma de siempre.


La sonrisa feliz de Bram probablemente había aparecido en su mente mientras elegía los pasteles, haciéndole ver lo mucho que la quería. Una vez que ella se disculpara, estaba seguro de que Bram seguiría su ejemplo, y su relación estaría casi reparada.

Esperando que la felicidad despreocupada a la que se había acostumbrado volviera pronto, Anima se dirigió a Luina.

—Algo huele fantástico. ¿Estás cocinando?

—Oh, ¿te has dado cuenta? Pensé que el olor de la leña lo disimularía.

—Me encanta el olor de tu cocina casi tanto como a ti. Por eso comer tus comidas es siempre lo mejor de mi día.


—¿Por qué no podríamos comer si te hace tan feliz? — Luina se rió.

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—No digas más; me muero de hambre. ¿Y tú, Myuke?

—Yo también me muero de hambre. Supongo que deberíamos dejar esto para más tarde, entonces, ¿eh? —propuso Myuke, sosteniendo la caja de pasteles.

—¿Y qué compraron?

—Myuke eligió algunos pasteles en miniatura para todos.

—¡Te he comprado un pastel de chocolate y una tarta de frutas!

—¡Oh, muchas gracias! ¡Esos son mis favoritos!

Al ver la sonrisa de satisfacción de Luina, Myuke celebró el éxito de su elección de pasteles.

—¡De nada! Hay dos para todos; podemos comerlos después de la comida o algo así.

—Estarán aún más sabrosos si los comemos a última hora de la tarde, cuando tengamos un poco de hambre. Estoy segura de que las otras dos volverán pronto, así que deberíamos prepararlo todo para la comida. ¿Podrías ayudarme, Anima?

—Por supuesto, pero ¿dónde están exactamente? No las he oído desde que llegamos a casa. ¡Oh, no! ¡¿Qué pasa si se han metido en el bosque?!

—No te preocupes, están arriba.

—¿Arriba? ¿Están dibujando?

—No, se están cambiando. Salimos a recoger coles para el almuerzo y las dos se cayeron de espaldas. Sus ropas quedaron completamente empapadas.

—Qué buenas chicas. Estoy muy orgulloso de ellas.

En el momento en que Anima las elogió, oyó el sonido de los rápidos pasos de Marie. Irrumpió en el comedor, seguida con lentitud por Bram.

—¡Llegaon a casa! —Se apresuró a acercarse a Anima y le abrazó con fuerza—. ¡Ayudé a Mami! Saqué una col, y, y, ¡era asíii de grande!

—Vaya, es increíble. Estoy deseando comerme la col que has recogido. También estoy orgulloso de ti, Bram.

Bram miró tímidamente al suelo. Se sentía incómoda delante de Myuke, pero el cumplido de Anima consiguió dibujar una ligera sonrisa en su rostro.

—Po-Por supuesto que ayudaría, ¿sí? De todos modos, ¿dónde está la cama? ¿Pidieron que la vinieran a entregar?

—No compramos nada.

—Oh… Bueno, a mí me da igual, ¿sí? —Se hizo la indiferente, pero su cara no mentía. Parecía aliviada de no tener que dejar de dormir con su querida hermana.

—Myukey, ¿quéeso?

—Mini pasteles.

—¡¿Pasteles?! ¡Yuju! ¡Me encantan los pasteles!

—¡Y hay dos para todos!

—¡¿Dos pa’a todos?!”

Marie saltó inmediatamente ante la promesa de pasteles. Soltó a Anima y se acurrucó junto a Myuke, mirándola con ojos de cachorro.

—Los comeremos después del almuerzo. Antes tenemos que salir a jugar en la nieve. Así sabrán el doble de bien. Lo prometo.

—¡Sí! —Marie respondió con una gran sonrisa y se sentó a esperar el almuerzo.

Con las chicas en el comedor, Anima siguió a Luina a la cocina. Ella había preparado coles fritas, huevos y tocino para el almuerzo. Los dos pusieron las porciones de cada uno en los platos, cortaron una barra de pan, llenaron algunos vasos con leche y luego llevaron el festín a la mesa.

—¡Gacias por la comida! —dijo cantadito Marie antes de que empezaran a comer.

Aunque la habitación estaba mucho menos tensa que antes, Bram y Myuke seguían sin hablarse. Probablemente Myuke se sentía demasiado incómoda para reconciliarse con su hermana en la mesa de la comida.

—¡Estaba yico!

Marie tenía que estar hambrienta; limpió su plato más rápido que nadie. Miró con deseo la caja de pasteles que había sobre la mesa, pero cumplió su palabra y no pidió ninguno.

—Gracias, Luina. Como siempre, estaba delicioso. Muy bien, chicas, dejen que yo me encargue de los platos. Salgan a jugar en la nieve; les dará más hambre para sus pasteles.

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—Yo saldré más tarde, —dijo Myuke—. Quiero dibujar ahora mismo. Marie, ¿quieres dibujar conmigo?

—¡Ah, sí! ¡Yo dibujo nosotas jugando con la nieve!

—¡No puedo esperar a verlo!

Myuke y Marie se dirigieron al piso de arriba, mientras Bram empezaba a recoger los platos.

—Puedes ir a jugar con ellas, —le dijo Anima.

—No puedo dejar que tú hagas todo el trabajo, ¿sí? Ve a descansar, Mami. Yo ayudaré a Papi, ¿sí?

Luina sí que quería hacer su parte de las tareas, pero no podía ignorar la sincera petición de Bram.

—Es muy amable de tu parte, Bram. Gracias.

Sonrojada por los elogios de Luina, Bram cogió los platos y se dirigió rápidamente a la cocina. Anima recogió los vasos y la siguió. Salieron por la puerta trasera y se dirigieron al pozo, donde procedieron a lavar los platos.

—Papi, tengo que hablar contigo de algo, ¿sí?, —dijo en tono serio en cuanto se quedaron solos.

—¿De qué se trata?

—Quiero reconciliarme con Myuke, ¿sí?

—¡¿De verdad?! ¿¡Lo dices en serio!? —se alegró Anima. Esas eran las mismas palabras que había estado esperando escuchar. Con Myuke y Bram decididas a hacer las paces, su disputa estaba segura de llegar a su fin—. ¡Vamos a decírselo a Myuke ahora mismo!

—No-No puedo hacer eso, ¿sí?

—¿Por qué no? Quieres hacer las paces, ¿no?

—¡Sí quiero! Sí quiero, ¿sí…?

—¿Te preocupa que no te perdone?

Bram asintió mansamente. Era increíblemente tentador para él decirle cómo se sentía Myuke, pero no habría tenido sentido si ella no lo escuchaba directamente de la persona en cuestión. Además, había una posibilidad —aunque increíblemente pequeña— de que se equivocara sobre los sentimientos de Myuke. Si ese fuera el caso, sin duda provocaría un desastre.

Mientras Bram le ofrezca una disculpa sincera, creo que la perdonaría de cualquier manera.

Anima estaba seguro de que Myuke perdonaría a Bram. Ella había pensado mucho en la elección del pastel, y al final se decidió por dos sabores que seguro que le encantarían a Bram, con la esperanza de que un regalo tan sincero como aquel iba a aliviar la tensión. No había duda de que quería hacer las paces.

Lo único que faltaba era que Bram se armara de valor para dar el primer paso. Sin embargo, primero tenía que averiguar de dónde vendría ese valor. Si tuviera un regalo propio para darle a Myuke, probablemente sería suficiente para darle el último empujón.

—Fui muy mala con Myuke, ¿sí? Destruí su muñeco de nieve, luego me puse terca y le dije cosas muy malas…

—No seas tan dura contigo misma; todo el mundo dice cosas malas cuando está discutiendo. Además, no es que tuvieras la intención de destruir su muñeco de nieve.

—Eso no importa, ¿sí? Lo destruí y ya está.

—Entonces, ¿por qué no construimos un muñeco de nieve juntos? —propuso Anima alegremente para intentar sacarla de su depresión.

—¿Crees que me perdonará si lo hacemos? ¿Sí…?

—Estoy seguro de que lo hará si construimos un bonito muñeco de nieve y le damos una buena disculpa.

La confianza de Anima se había contagiado claramente a Bram, ya que inmediatamente hizo una bola de nieve y la comenzó a rodar por el suelo.

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—Yo haré el cuerpo. Tú céntrate en la cabeza, ¿sí?


—¡Déjame a mí! Haré la mejor cabeza de muñeco de nieve que este mundo haya visto jamás.

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Anima empezó a trabajar en su parte del muñeco de nieve, sin dejar de vigilar la de Bram para que la cabeza no acabara siendo más grande que el cuerpo.

—Con esto debería bastar, ¿sí? Papi, ¿puedes traer la cabeza aquí?

Anima tomó su bola de nieve, del tamaño de su propia cabeza, y la puso sobre el cuerpo que había hecho Bram. Al hacerlo, había completado su muñeco de nieve, que estaba situado justo al lado del simpático muñeco de nieve que Marie había hecho el día anterior.

—Quería ponerlos uno al lado del otro para que no se sientan solos, ¿sí? —explicó Bram—. Parecen hermanas. La de Marie es la hermana pequeña y la mía es la hermana mayor. Y una hermana mayor tiene que tener el mismo aspecto que sus hermanas pequeñas, ¿sí? —Bram empezó a frotar el muñeco de nieve con las palmas de las manos. Iba a pulirlo hasta que estuviera tan brillante como el que había hecho Myuke.

—Se te van a enfriar las manos.

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—No es nada, ¿sí? Mientras termino esto, ¿podrías buscar algunos guijarros y palos para mí?

Aceptando ayudarla, Anima se dirigió a la puerta principal y se adentró en el bosque. Rápidamente buscó un par de guijarros, una hoja y dos palos, y luego se dirigió de nuevo al jardín. Cuando regresó, vio el muñeco de nieve de Bram centelleando orgullosamente bajo el brillante sol.

—Está precioso; bien hecho. Y mira, aquí tienes todo lo que necesitas.

—Gracias, ¿sí?

Bram utilizó los guijarros como ojos, hizo la boca con la hoja y clavó un palo en cada lado para los brazos. Con esas características añadidas, su muñeco de nieve estaba finalmente completo. Irradiaba la energía de una hermana mayor de confianza.

—¡Guau! ¡Ha quedado muy bien!

—Es una obra maestra, ¿sí?

—¿Lo has hecho tú?, —preguntó una voz desde atrás, maravillada por su creación.

Bram se dio la vuelta y se tensó al encarar la fuente de la voz: Myuke. Debía de estar nerviosa, pero no podía permitirse perder esta oportunidad. Dio un paso adelante cuando Anima la empujó ligeramente por la espalda.

—¡Lamento lo de tu muñeco de nieve, ¿sí?!

—¡Siento mucho lo de ayer!

Se gritaron las dos simultáneamente. Myuke le tendió entonces un dibujo, ofreciéndoselo a la totalmente confundida Bram.

—¿Y esto es…?

—Nos dibujé teniendo una guerra de bolas de nieve. Ayer no jugué contigo, así que pensé que al menos podría dibujarme jugando contigo. Estaría muy feliz de que tuviéramos una guerra de bolas de nieve … Si te parece bien después de todo lo que pasó.

—¡Claro que sí! Quiero tener una guerra de bolas de nieve contigo, ¿sí?

Ver a Bram mover alegremente la cabeza de arriba abajo puso una gran sonrisa en la cara de Myuke. Luego miró al recién creado muñeco de nieve.

—Entonces, ¿lo has construido tú?

—Papi y yo lo construimos juntos. Destruí el que hiciste ayer, y este probablemente no sea tan bueno como aquel, pero… lo intentamos, ¿sí?

—Ni hablar; ¡el tuyo es súper bonito! Mucho más bonito que el mío.

—¡¿De verdad?! Entonces, umm… Por favor, di que me perdonas, ¿sí?

—¡Sí, por supuesto que sí! Sinceramente, no sé qué me pasó ayer. No, no sólo ayer; esta mañana también fui súper grosera contigo. Y se supone que yo soy la madura… Qué chiste.

—¡No digas eso! Eres una hermana increíble, ¿sí?

—Bram… Gracias. Estoy muy feliz de que te hayas convertido en mi hermana.

Una sonrisa radiante se extendió por el rostro de Bram cuando esas palabras salieron de la boca de Myuke.

Mirando de reojo, una poderosa sensación de alivio inundó a Anima.

¡Menos mal!

Le había costado cien años de agotadores entrenamientos y batallas ser nombrado Rey Demonio, pero nunca en su vida había sentido una sensación de peligro tan fuerte como la que tenía al ver a sus hijas pelearse. En un momento dado no tenía ni idea de cómo iba a terminar, lo que le llenaba de un temor primitivo, pero por suerte, su despreocupada vida familiar estaba a punto de volver.

Mientras Anima disfrutaba de su momento de pura felicidad, a Myuke parecía habérsele ocurrido una idea.

—Ya que hay dos aquí, ¿por qué no hacemos un tercer muñeco de nieve? ¡Tres hermanas, como nosotras tres!

—¡Es una gran idea, ¿sí?! Todavía tenemos guijarros y palos, así que podemos empezar ahora mismo. Papi, ¿puedes sujetar esto por mí?

—Lo protegeré con mi vida.

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Tomó el dibujo de Myuke de manos de Bram y se aferró a él, observando a las niñas trabajar en el tercer muñeco de nieve. Con las dos trabajando en él, no tardaron en terminarlo.

—¡Ya está hecho! Este es el más grande hasta ahora, así que eres tú, Myuke, ¿sí?

—Sí, soy yo. Ahora las tres somos muñecos de nieve.

—Todas parecen muy impresionantes; bien hecho. ¿Les gustaría hacer unos para mí y para Mami también?

—¡Eso sería genial, ¿sí?!

—¡Sí, hagámoslo!

Inmediatamente se lanzaron a construir otro muñeco de nieve, disfrutando de cada momento de trabajo conjunto. Mientras estaban ocupadas en eso, Marie salió corriendo de la casa.

—¡Papi! ¡Myukey! ¡Brum! ¡Vamos a come pasteles!

—¡Oh, claro! ¡Nos trajeron pasteles! ¡Casi me olvido de ellos, ¿sí?!

—¡Elegí tus favoritos!

—¡¿Me has traído Mont Blanc?! ¡Sí!

—¡Claro que sí! También te compré una tarta de queso.

—¡Me conoces como la palma de tu mano, sí! —Bram abrazó fuertemente a Myuke—. ¡Te quiero mucho!

—¡Yo también! ¡Yo también quieo a Myukey!

Marie abrazó a las dos. Ella no sabía lo que había ocurrido mientras estaba dentro, pero al ver que sus hermanas compartían un abrazo, no pudo evitar unirse a él.

Kiraware Maou Volumen 4 Capitulo 2 Parte 2 Novela Ligera

 

Cuando finalmente dejaron de abrazarse, se abrieron paso por la puerta trasera, donde un dulce aroma les dio la bienvenida desde el amargo frío. Luina estaba de pie frente a una olla, calentando algo.

—Llegan justo a tiempo para tomar una deliciosa leche caliente.

—¡Yo ayudé! —exclamó Marie.

Bram y Myuke acariciaron a la orgullosa niña.

—Eres una niña muy buena, ¿sí?

—¡Sí, seguro que lo es! Pero hoy no ha sido la única que ha ayudado en la casa, ¿verdad? Tú también eres una niña muy buena, Bram.

—Oh, déjalo ya. No es nada comparado contigo, ¿sí?

Luina observó con una suave sonrisa cómo sus dos hijas mayores se felicitaban mutuamente. Ella no había mostrado ni un solo signo de preocupación durante los dos días que habían peleado, y probablemente había sabido todo el tiempo cómo terminaría.

«Tendré que convertirme en un padre tranquilo y sereno como ella̲», pensó Anima mientras llevaba vasos de leche caliente al comedor. Las niñas se habían sentado, pero su emoción no se había calmado lo más mínimo.

—¡Bebamos esta leche, comamos nuestros pasteles y volvamos a construir muñecos de nieve, ¿sí?

—¡Te estamos haciendo a ti y a Papi!

—¡Yo también ayudo!

—A mí también me gustaría ayudar.


Luina quería jugar con las niñas. Hacía mucho frío fuera, pero eso no le importaba; había estado encerrada en casa durante las últimas semanas. Tomar un poco de aire fresco seguro que le vendría bien, y jugar en la nieve con las niñas sería un recuerdo maravilloso para ella.

—Tendremos que hacer que el muñeco de nieve de Luina sea increíblemente bonito, —dijo Anima.

—Y tendremos que hacer que el de Anima sea increíblemente genial, —añadió Luina.

—¡Déjenlo en nuestras manos! ¡No hay nada que no podamos hacer cuando trabajamos juntas! ¿No es así, chicas?

Marie y Bram asintieron alegremente. Las tres hermanas estaban deseando afrontar el reto en equipo.

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