Nejimaki Seirei Senki (NL)

Volumen 1

Capitulo 4: La Ciencia De La Pereza De Ikta Solork

Parte 4

 

 

Sin embargo, en sus sueños, sintió que la tortuga lloraba. Era como una tortuga al momento de desovar.

Usando por segunda vez en el día el punto de encuentro convenido para los momentos en que tuvieran que huir, el Capitán Sariha estaba más allá del pánico y la furia, más bien su estado era casi como de trance.

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―Nii-san, te voy a remojar la cabeza.‖

―…‖

Preocupado por su hermano mayor, que tenía pintura manchando toda su cabeza, Sushuraf derramó agua de su cantimplora para lavarlo. Sariha por su lado no dijo nada mientras lo hacía. Yatori encontró muy irónico que el hombre que sólo había cometido errores como comandante supremo, ahora estuviera mostrando un comportamiento ejemplar como ‗muerto en acción‘.

―Primer Teniente Sushurafg, el tiempo para la batalla simulada pronto terminará. ¿No va a enviar la señal de rendición?‖

Mientras lo evaluaba con la mirada, Yatori hizo una sugerencia pertinente. Pero al momento  en  que  las  tres  sílabas  de  la  palabra  ‗rendición‘  salieron  de  su  boca,  el Capitán Sariha pegó un alarido, olvidando su buena decisión de actuar como un cadáver.

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―¡¿Rendirnos?! ¡No me jodas! ¡¿Quién se va a rendir?!‖

―Capitán, no necesito decirlo, pero el comandante supremo en este momento es el Primer Teniente Sushuraf.‖

―¡Al diablo si crees que voy a escuchar lo que dice una estúpida Suboficial! ¡No me daré por vencido!… ¡Hasta que les dé de palos a Toruru y a Ikta Solork, nunca me rendiré!‖

Al ver a su oficial superior dando de gritos y escupiendo saliva, Yatori trató de persuadirlo usando un tono suave.

―Capitán, por favor escuche. En todo caso, la batalla simulada está por terminar. Si no enviamos la señal de rendición, sólo lastimará su honor, ya que será conocido como ‗el comandante que ni siquiera supo que había perdido‘. Al menos creo que recibir un deshonor tal en una práctica contra reclutas y novatos, no era su verdadera intención como Capitán, ¿o sí?‖

―…‖

―Ahora, puede terminar la batalla simulada diciendo:  ‗estaba completamente acorralado, pero la última retirada fue un éxito‘. Al reconocer su derrota, puede dar muestras de generosidad; ¿lo comprende?‖

La voz de Sariha perdió toda su fuerza, y una sombra descendió sobre su rostro cabizbajo. Yatori completó su comentario con una frase simple.

―Por favor, dennos su sabia decisión como comandante supremo.‖

Aun cuando lo seguía llamando así, mientras ocultaba el rostro, los hombros de Sariha temblaron, y no dijo nada.

Sin embargo, si mirabas con atención, las gotas de agua caían por las solapas de su uniforme del ejército, desde su rostro inclinado.

Yatori  suspiró  y  se  alejó,  sentándose  en  un  árbol  caído  que  estaba  cerca.  ‗Me pregunto qué habría hecho Ikta de estar aquí…‘ pensó de repente. ¿Habría golpeado a su estúpido compañero de conversación donde más le dolía?

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―No podrías haber hecho nada, ¿sabes? Ese tipo, es implacable con los hombres atractivos, así que…‖

Mientras murmuraba eso y sonreía, se oyó un sonido metálico que parecía venir de ningún lado.

Aquellos que entendieron el significado del sonido, siendo Yatori la primera, mostraron su sorpresa y de uno en uno se fueron poniendo en pie.

―¿Una señal de rendición? ¿Por qué ellos…? No, no es sólo eso…‖

Acallando el clamor de sus soldados con una mirada rápida, Yatori se concentró en escuchar. Era como si varias señales con significados diferentes se estuvieran repitiendo. No era sólo una señal sonora normal, esto era en verdad…

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―Ya veo… no entiendo todo, pero tengo lo principal.‖

En vez de pensar demasiado, debían actuar. Tomando esa decisión de acuerdo a su intuición natural y su dinamismo, hizo que los soldados de su pelotón, confundidos por la presente situación, se alinearan frente a ella.

―Excluyendo a las 28 personas a quienes les perdimos la pista, tenemos un total de 12… es algo débil, pero no hay nada que pueda hacer.‖

―¿A dónde vas, Yatorishino?‖

Antes de que solicitara permiso para partir, no fue Sariha, sino Sushuraf quien vino a preguntarle. Aunque al principio estaba ligeramente sorprendida, Yatori, considerando que él había tomado el comando supremo, dada la condición de Sariha, le informó.

―Yatorishino Igsem, con menos de 20 soldados, ahora se dirige hacia el oeste.‖

―¿La señal justo ahora?‖

―Sí. No pude comprender por completo, pero en todo caso, me temo que se trata de una situación de emergencia.‖

―Entendido. Lleva contigo lo que queda de mi pelotón, aunque la mayoría de ellos están exhaustos. ¡Hey!‖

Cuando Sushurafg comenzó a hablarles en voz baja, los soldados de rifles de aire que se habían sentado como protesta, se levantaron y se unieron al final de las filas de Yatori. Ante esa ayuda completamente inesperada, ella abrió los ojos y miró al gigantesco Primer Teniente.

―Si te retrasan durante el viaje, abandónalos.‖

―Naturalmente, acepto este privilegio, pero… ¿Por qué me permite hacer esto?‖

―Tú salvaste a mi hermano durante la primera batalla. Te estoy agradecido por eso.‖

Sus palabras eran cortas, pero había en ellas una razón simple que satisfizo a Yatori. Ella envaró su espalda y se inclinó ante el Primer Teniente; y dando una mirada final a Sariha, comenzó a correr a la vanguardia de sus soldados.

―¿Qué fue ese sonido que se escuchó recién?‖

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Los 15 antiguos guardaespaldas, avanzando por el bosque, se habían extrañado mucho por el sonido metálico de significado desconocido que sonaba a lo lejos. Ellos pensaban que tendría algún significado, pero no podían distinguirlo sin importar lo mucho que se concentraran.

―Ignórenlo. Aun si notaron la desaparición de Su Alteza, la Princesa, las unidades en entrenamiento apenas habrán terminado con la batalla simulada, y les falta un sistema de comando. No me imagino cómo podrían perseguirnos de forma exitosa.‖

Llevando ahora en su brazo a la Princesa, que había circulado por todos sus subordinados, el Capitán Ison declaró su punto de vista objetivo. Su voz siempre era baja y sin vacilación. El comandante siempre era así porque lo había aprendido de su reverenciado oficial superior, hace mucho tiempo.

―Sólo un poco más y llegaremos al camino principal. Allí nos esperan caballos, como lo habíamos convenido. Entonces habremos logrado nuestra misión.‖

―Así es… Sólo un poco, un poco más…‖

Ison sabía que los corazones de sus subalternos flaqueaban. Ellos no estarían pensando que su misión acabaría en un rato, sino que todo acabaría. Él no creía que eso fuera posible.

―Si les es tan doloroso ver a la Princesa, entonces no lo hagan. Todos tendrían que haberse preparado desde un principio.‖

Las estrictas palabras del Capitán aquietaron a sus subordinados, cuyo ánimo vacilaba entre la lealtad y la justicia. Eso los mantendrá a raya, juzgó Ison. Su predicción estaba cimentada en largos años de experiencia; sin embargo, esto era…

―¡Disparen!‖

Aproximadamente al mismo tiempo que su seca orden, balas de rifles de aire y flechas de ballestas vinieron volando hacia ellos desde todos los ángulos. Sangre y jirones de ropa cayeron en el suelo, y una o dos personas desafortunadas perdieron el pie y cayeron de bruces.

Pero gracias a la divina protección de su armadura ligera, los restante 13 soldados salieron ya sea ilesos o con heridas ligeras. Juzgando que las fuerzas enemigas serían reducidas en tamaño, Ison tomó una de las flechas que había caído a sus pies, y la miró atentamente.

―Puedo imaginarlo… en lugar de puntas de metal afilaron la punta de las flechas de madera, ¿no es así?‖

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Ison se percató de muchas cosas en pocos segundos.

Las fuerzas enemigas eran menores en número que un pelotón, y la mayor parte de sus miembros habían salido de divisiones distintas a las de rifles de aire. Era obvio por las circunstancias que eran tropas en entrenamiento, y sus armas no estaban hechas para un combate real. Su plan para compensar esto, era el afilar las flechas de ballesta.

Al parecer, los usuarios de rifles de aire estaban disparando bolas de pintura, sólo aumentando la presión del aire al mismo nivel que si usaran balas reales, pero el poder de penetración de las bolas de pintura era poco, y su fuerza insuficiente.

Como si la compostura del Capitán se les hubiera contagiado, el resto de los guardaespaldas no parecían agitados, incluso al recibir el asalto. Rodeando al Capitán y a la Princesa en un círculo, prepararon sus rifles de aire y apuntaron sus cañones uniformemente en todas direcciones.

―Su número es inferior al de un pelotón, y puedo adivinar que no son soldados de rifles de aire. Es muy poco probable que sean soldados Médicos. Si fueran soldados de iluminación, usarían la oscuridad del bosque en su ventaja y tratarían de cegarnos usando haces intensos. Por tanto, son un pelotón de balística que ha perdido algo de sus fuerzas… ¿No es cierto, Suboficial Yatorishino Igsem?‖

Su fría mirada hizo que los soldados que se ocultaban en la oscuridad de los árboles se estremecieran. Sin impresionarse por esa reacción, Ison continuó.

―Muy bien, realicen una segunda descarga. Incluso si una o dos personas mueren…‖

―Esta vez, ustedes sabrán nuestra posición, ¿no es así?‖

La voz alcanzó a Ison junto al sonido de unas suelas de zapato al chocar con la tierra. En el mismo instante, la hoja de una espada se apoyaba al lado de su cuello.

―Pero también tiene este método para conocer mi posición. El uniforme de soldado le queda bien, pero ¿no está llevando su gorra demasiado abajo?‖

―¿Así que nos estabas esperando en la rama de un árbol? Para saltar sin vacilación en medio del enemigo, eso sí que es heroico, Suboficial Igsem.‖

Ison no estaba perturbado aún en esas circunstancias, pero como era de esperar, no se podía decir lo mismo de sus subordinados. Impactados ante la chica que de repente había aparecido en medio de su círculo, se asustaron y trataron de girar sus rifles de aire, pero Yatori no se los permitió.

―¡No se muevan! Si tan sólo un rifle apunta hacia mí, la cabeza de su líder caerá.‖

―Entonces, que mi cabeza caiga a tu gusto. Les ordeno a todas mis tropas, giren de inmediato y dispárenle a la chica.‖

El Capitán Ison no mostró ninguna duda; pero de nuevo, parecía que ninguno de los subordinados que lo rodeaban estaba dispuesto a obedecer esa orden con el mismo ánimo. Era como si un dios de la muerte estuviera acechando por los alrededores.

―Apenas escapó de morir… Parece que aunque usted piense de esa forma, ellos no creen que sea correcto que muera. Es complicado, pero supongo que eso probablemente debería hacerlo feliz, Capitán Ison Hou.‖

El Capitán Ison maldijo por su error de cálculo. Pensando un momento, pronto llegó a una conclusión simple.

―Estamos en un punto muerto. Pero en tu caso, tu jugada es completamente desesperada, ¿no lo crees?‖

―No soy la única que no está jugando limpio. Es lo mismo en su caso.‖

―Yo también estoy tirando por la borda todo lo que tengo, pero tú estás dando un mejor espectáculo que el mío.‖

Ellos continuaron con su plática en una atmósfera llena de tensión, como si estuvieran cruzando espadas. Sin embargo, algo cambió de pronto. La Princesa, que había estado dormitando en la espalda de Ison, abrió los ojos ante la voz de Yatori, la cual ya se había acostumbrado a escuchar.

―¿Esa es Yatori…? ¿Dónde…?‖

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―Saludos, Su Alteza, la Princesa. ¿Le hicieron algo extraño estos tipos?‖Frotando sus adormilados ojos, y mirando a su alrededor, la Princesa gradualmente recordó las circunstancias en las que estaba, y cuando se dio cuenta del círculo dispuesto a luchar que las rodeaba, entonces miró a Yatori con un rostro que parecía estar al borde de las lágrimas.

―Todo está bien, Su Alteza; permanezca en calma. Es igual que cuando cayó del barco; pronto estará con nosotros.‖

―P-Pero… Solork está…‖

Su esperanza secreta se desvaneció al recordar su anterior ansiedad. Yatori sonrió gentilmente.

―Ikta vendrá pronto. Discúlpeme, yo estaba impaciente. Si sólo hubiera abierto los ojos un poco más tarde, él se había coordinado perfectamente con el despertar de Su Alteza.‖

Viendo la sonrisa de Yatori, la Princesa pronto se lamentó de su comportamiento infantil. Completamente rodeadas por soldados portando armas, bajo circunstancias en las que un milímetro de negligencia sería intolerable, de todas las cosas, ella seguía preocupada por alguien más. Cuánto valor había necesitado, cuánta carga se había forzado en los hombros de la chica del cabello de fuego. Su Alteza, la Princesa, ni siquiera podía comenzar a imaginarlo.

―…Hmm… Si Su Alteza, la Princesa ya ha despertado, entonces es un buen momento para hablar de nuestros motivos, ¿no?‖

Ison fue el que lo propuso. Al no saber su intención, Yatori puso una expresión muy seria.

―¿Motivo? ¿Quiere decir la razón por la que secuestraron a un miembro de la realeza, aun siendo soldados que habían jurado lealtad al Emperador?‖

―Sí, la razón por la que abandonamos nuestro orgullo de soldados, y cometimos este crimen.‖

No había ninguna inflexión en su voz. Incluso cuando había llegado la hora de hablar de sus creencias, aun así él seguía siendo el mismo.

―Entonces, se los diré… Nosotros, los 15 de nosotros, incluyendo a los dos caídos, todos fuimos discípulos del Teniente General Hazaaf Rikan.‖

La que reaccionó con más fuerza ante el nombre mencionado fue la Princesa, que permanecía en la espalda de quien hablaba.

―¿Qué… dijiste… justo ahora?‖

―El Teniente General Hazaaf Rikan, que sufrió la muerte en batalla al final de una ardua pelea en la Fortaleza Oriental, unos tres meses atrás, era nuestro antiguo maestro. Eso fue lo que dije, Su Alteza, la Princesa. Cada uno de nosotros ha servido bajo muchos oficiales superiores durante nuestra carrera militar, pero nunca hubo un mejor comandante que él. Eso es algo que siempre estaremos dispuestos a declarar.‖

―No me digas… su motivo es…‖

La voz de la Princesa tembló. El Capitán Ison giró para mirarla, aunque ella aún estaba a su espalda. 

―Así es, Tercera Princesa. Algo que siempre lamentó uno de nuestros antiguos maestros, que fue convertido en sacrificio humano para compensar los errores del gobierno, ¡FUE QUE NO FUE CAPAZ DE CUMPLIR NI UNA DE SUS INSIGNIFICANTES ÓRDENES!‖

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Ison gritó. Por un instante traicionó su fachada inhumana, y explotó en un momento completamente imprevisto. La Princesa, que sintió esa fiera intensidad a través de todo su cuerpo, entró en un estado de pánico y comenzó a forcejear en la espalda de Ison. Pero en lo que se refiere al estado de las cosas, el cambio fatal no fue ese, sino…

―Por fin dejaste ver una falla en tus defensas, Suboficial Yatorishino.‖

―…?!‖

Ella había aguantado el súbito exabrupto, pero se había distraído por la condición de Su Alteza, la Princesa, que había entrado en pánico. En ese momento, Yatori había permitido que su concentración, la cual no podía perder bajo ninguna circunstancia, se relajara por un momento…

Él enterró la punta de la espada en su palma. Sorprendentemente, Ison había empalado voluntariamente su mano en la hoja para evitar el movimiento del sable.

Adicionalmente, antes de que la daga auxiliar pudiera ser utilizada, sostuvo el brazo izquierdo de Yatori con la mano restante. Sacando de balance el cuerpo de su oponente, hizo caer a su enemigo al piso mostrando una gran habilidad en artes marciales.

Como si señalara la derrota de su portador, la daga auxiliar que resbaló de la mano de Yatori, resonó mientras caía al piso.

Además de aprovechar el mínimo momento de debilidad, él tenía un corazón de acero, que no dudaba en actuar cuando aparecía la oportunidad. Al final, posiblemente esa era  la  razón  del  fallo  de  esta  ‗Igsem  de  la  espada‘,  cuyo  orgullo  era  el  ser  los  más fuertes en combate cercano.

―Verás, por naturaleza no me gusta elevar mi voz… Pero aun así, puedo intentarlo de vez en cuando.‖

―…keh…‖

―No hay necesidad que apunten sus armas, camaradas; puedo estrangularla con mis manos, así que sigan vigilando los alrededores. Y a su espíritu de fuego compañero, si te mueves, mataré a tu ama.‖

Shia, que se había deslizado de su bolso, se enfrentó a Ison y estaba listo para liberar sus llamas de su ‗cámara de fuego‘, pero se detuvo en seco. Por decirlo llanamente, este era el perfecto control de un soldado que estaba perfectamente al tanto de los patrones de pensamiento de un espíritu.

―Su Alteza, la Princesa, tampoco trate de huir de mi espalda a pesar de que ya no la sostenga. Aunque sea irrespetuoso, apreté el cordón de sus ropas mientras dormía. Incluso si trata de escapar, sería un esfuerzo en vano.‖

―¡B-Basta! ¡Suelta a Yatori!‖

Sin mostrar temor y tratando de salvar a Yatori, que estaba en un predicamento, aferrándose al enemigo, el valor de la Princesa era algo digno de alabarse. Ella movió sus manos hacia el rostro del Capitán desde su espalda, y le marcó su piel desesperada con las uñas. Sin embargo, sus ataques eran fútiles ante alguien que por voluntad propia había apuñalado su mano con el sable, así que él no movió ni una ceja.

―Gah… Su… Alteza…‖

Con la arteria carótida de su cuello siendo presionada, la conciencia de Yatori gradualmente se debilitaba por la falta de oxígeno. Pero como si no pudiera esperar por una muerta tan prolongada, la presión de las manos del Capitán se había incrementado. La mano derecha del Capitán, habiéndose liberado del sable a la fuerza, detuvo el cuerpo de la Princesa, que no podía sólo observar y había saltado de su espalda, sin siquiera pensar en el cordón de sus ropas.

Uno podía escuchar los crujidos y sonidos de los huesos de su cuello. De seguro, este era el instante en que había estado más cerca de la muerte… cuando de forma completamente inesperada, la frente del Capitán Ison comenzó a gotear sangre.

―…Nn…?‖

Perdiendo la sensación de sus brazos y piernas, el cuerpo del Capitán Ison comenzó a sacudirse violentamente. La fuerza abandonó su mano izquierda, que habría roto las vértebras cervicales de su oponente con un empujón final… En ese instante, Yatori, que había sido mantenida de espaldas, abrió los ojos y saltó con toda su energía. Casi instintivamente, tomó su sable y su daga auxiliar, que reposaban en el piso, y entonces…

―¡¡¡AAAAHHH!!!‖

Un viento sangriento los envolvió. Yatori, volviendo de los umbrales de la muerte, clasificó a todos los que estaban al alcance de sus hojas, exceptuando a la Princesa, como sus enemigos, y convirtiéndose en una ráfaga de espadas, comenzó a eliminarlos.

En dos segundos, cuatro personas habían perdido la cabeza, y en cinco, la mitad de los guardaespaldas restantes caían en un baño de sangre. Su pelotón luego relataría la historia como testigos… en ese momento, las espadas que blandía Yatorishino Igsem excedían los límites humanos.

Un latido después de su resurrección, los soldados ocultos en las sombras de los árboles circundantes comenzaron su carga. No había objeto en que ellos pelearan cuerpo a cuerpo con los antiguos guardaespaldas que ya habían sido despedazados por Yatori. Mejor apuntaban a los ojos o a los huecos en sus armaduras con las flechas de sus ballestas… cuando vacilaban, eran eliminados de uno en uno por las hojas de las dos espadas de Yatori.

No habían pasado ni dos minutos desde que comenzara la pelea, y ya habían sido aniquilados… Después de eso, sólo la chica del fiero cabello rojo, parada como en trance en un charco de sangre, y Su Alteza, la Princesa, cuyo cuerpo también estaba bañado por completo en sangre, permanecían en el centro del campo de batalla, rodeadas por los horrorizados soldados de su pelotón.

―¿N-No estás herida, Yatori-sa-…?‖

―¡Hey, ¿qué diablos pas..? ¡¡Woah!!‖

Corriendo uno detrás del otro, vinieron Torway (que había rescatado a Yatori de su predicamento con un magnífico disparo lejano) y Matthew; pero incluso ellos se quedaron sin palabras ante la visión de su amiga completamente cubierta por el rojo de la sangre.

―A-Alteza… ¿está bien?… Gracias… a Dios.‖

Los resecos labios de la espadachina demoniaca expresaron esas palabras humanas con gran dificultad. Con eso, Yatori por fin se dio cuenta de que ya no había enemigos que necesitara matar rodeándolas. Trató de guardar las espadas en sus fundas, pero éstas se habían perdido durante el curso de la batalla. Trató al menos de liberar sus manos, pero como si estuvieran fundidos a las empuñaduras, sus deds no se movieron.

―Qué es esto… las espadas no…‖

―Ya…Yatori.‖

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Aun la Princesa recién rescatada, estaba aterrada ante su figura. Estaba aterrada, pero al mismo tiempo, pensó que no podía haber nada tan hermoso, tan conmovedor, tan noble. Ella era ese par de hojas. Para proteger a su ama, ella era ese par de espadas de puro acero forjado, siendo ese su mayor deseo como alguien que llevaba el título de ‗Caballero Imperial‘.

Nejimaki Seirei Volumen 1 Capitulo 4 Parte 4 Novela Ligera

 

―Whoa…  tan  llamativa  como  siempre,  ¿no  crees?  No  podré  comer  tomate  por  un tiempo, luego de ver esto.‖

Sin embargo, ahí estaba el joven, despreocupadamente parándose dentro del círculo rojo mientras se quejaba. Su respiración agitada y piel sudorosa delataban que había llegado corriendo hasta aquí a toda velocidad.

―¿Ik…ta..?‖

Cuando la chica del fiero cabello rojo volvió la mirada, Ikta levantó su mano casualmente.

―Hola, Yatori; hay algo importante que debo decirte. Aunque quizás ya lo sepas, en este momento estás toda roja, ¿sabes?‖

¿Qué voy a hacer si esto falla? El no pensar en lo absoluto antes de hablar era uno de los puntos sorprendentes de Ikta. Y extrañamente, las bromas que hacía en medio de situaciones extremas, eran capaces de calmar los corazones de las personas.

―Ja-ja… E-El rojo está  bien,  pero…  lo que  no soporto es  el hedor a metal de  pies a cabeza…‖

―¿Hedor a metal? No, eso no tiene nada que ver con estar roja. Eso es porque te estás aferrando a esos trozos de metal en ambas manos.‖

Diciéndolo como si fuera obvio, Ikta se paró frente a Yatori y gentilmente comenzó a dar masaje no en los dedos engarrotados a las empuñaduras, sino en los músculos del antebrazo. Después de hacerlo por un minuto, la fuerza abandonó sus manos rígidas, y las espadas que prácticamente se habían integrado con ellas, se separaron de sus palmas y cayeron.

―Bien, las tengo. Eso es suficiente por hoy.‖

―G-Gracias… pero justo ahora… creo que estoy muy cansada.‖

Diciendo eso con una sonrisa amarga, ella cayó hacia adelante, recargando su cuerpo contra el de Ikta, y perdió la consciencia.

Sin importarle que ella estuviera cubierta en sangre mientras ayudaba a sostenerla, el joven murmuró como si estuviera disgustado.

―Tú siempre trabajas demasiado duro, ¿sabes? Te digo que debes ser más relajada sobre estas cosas, pero en verdad no me escuchas, ¿verdad?‖

Confiándola a sus soldados, Ikta volvió por segunda vez al centro del mar de sangre. La Princesa, abrazando sus piernas, tenía la esperanza de que hablara con ella, pero su objetivo estaba en otra parte.

―Sigue vivo, ¿no es así? Oiga, el de ahí, ¿aún puede hablar?‖

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Las palabras de Ikta se dirigían al Capitán Ison, que yacía colapsado de bruces. A decir verdad, Su Alteza, la Princesa, estaba dolida por el orden de sus prioridades, pero en todo caso, su atención estaba en el soldado moribundo.

―…Ya no puedo ver nada, pero sí, de algún modo… Tu voz… eres el Suboficial Solork, ¿verdad?‖

―Y usted es el líder de los guardaespaldas, Capitán Ison. ¿Podría explicarme esta situación?‖

Encontrando insoportable que Ikta le preguntara la razón al Capitán Ison, la Princesa interrumpió con sus propias palabras.

―Parece que ellos eran discípulos del Teniente General Hazaaf Rikan… todos ellos, los 15.‖

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