Kuitsume Youhei no Gensou Kitan (NL)

Volumen 1

Capítulo 1: Aceptando la Solicitud

Parte 3

 

 

Las preocupaciones de Loren terminaron por convertirse en realidad.

Aunque ello no necesariamente significaba que hubiera habido problemas mientras montaba guardia.




Después de estacionar la carreta a un lado de la carretera y atar los caballos a ella, tuvieron una cena sencilla y, al terminar, todos se fueron a descansar a sus respectivas tiendas a excepción de Loren, quien se quedó sentado junto al fuego, vigilando.

Tras un rato, comenzó a escuchar ciertas voces que se filtraban de una de las carpas, y después de concentrarse por unos momentos, pudo entender lo que estaba sucediendo.

El ruido provenía del lugar donde se suponía Safe estaba durmiendo, y se podía distinguir claramente a dos voces femeninas haciendo sonidos obscenos mientras la carpa se estremecía ligeramente.

Loren no era el tipo de persona a la que le gustase fisgonear, pero, aun así, podía suponer con facilidad qué era lo que estaba sucediendo allí dentro.

“¿Es en serio? Que estamos en medio del campo…”




A pesar de que le desagradaba la situación, Loren no tuvo el valor para ir a quejarse, por lo que se quedó frente a la hoguera maldiciendo internamente mientras se percataba de lo incómodo que sería si fuese a pedir un cambio de turno.

La mente de Loren se encontraba ocupada pensando que, de continuar así por el resto de la noche, al grupo le sería muy difícil encontrar algo de agua en el lugar donde habían decidido quedarse.

Para Loren, el hacer este tipo de actos indecorosos en medio de una misión era un acto impensable, ya que después de haber terminado con sus ‘necesidades’, estos tendrían que utilizar su preciada agua potable para poder limpiar los remanentes de sus actos.

Además de que existía una alta probabilidad de que el interior de la tienda se humedeciera provocando que esta oliese mal.

De esperar hasta el amanecer, quizás el olor desaparezca en su totalidad; sin embargo, Loren se encontraba seguro de que para cuando llegase el momento de cambiar de turno, los olores aún permanecerían, por lo que no había razón alguna para querer meter su cabeza allí dentro.

“¿No podían haber esperado a otro momento?”

Lo que era incluso peor que el ‘acto’ en sí, es que podía escuchar dos voces femeninas diferentes.

Aquello solo podía significar que dos de las tres mujeres que acompañaban a Safe tenían ese tipo de relación con él.

Aunque podía distinguir dos tipos diferentes de gemidos, Loren, quien aún no había pasado el tiempo suficiente junto a ellos, no podía saber con certeza a quienes pertenecían.

Estaba casi seguro de que uno de ellos pertenecía a la ladrona, pero no pudo deducir de quién podría ser la segunda, por lo que pasó el resto de la noche en vela con la tonta idea de descifrar de quién se trataba.

El hombre se encontraba sentado mirando las llamas de la hoguera mientras pensaba que su situación actual no era tan mala.

Pero si alguien le preguntase si podía dormir en medio de todo ese caos, probablemente respondería que no.

Ya que, en sus días de mercenario, Loren siempre tendría a alguien ayudando a su lado.

Pero en estos momentos se encontraba solo.

Safe y las chicas no contaban debido a que Loren solo estaría junto a ellos por lo que restaba de este trabajo; además de que el tiempo que habían pasado juntos ha sido muy escaso como para poder confiar en ellos.

Su corazón se encontraba inquieto al darse cuenta de que esta sería la primera vez que pasaría el tiempo sin sus amigos.

Loren recordó el día anterior con una sonrisa amarga.

Había tenido que pasar la noche en una gran habitación de una posada barata junto a desconocidos, donde no pudo descansar en lo absoluto, sintiendo la necesidad de despertar constantemente hasta que por fin salió el sol.

Ese era el principal motivo por el cual terminó en el punto de reunión mucho antes que el resto del grupo.

Loren no tenía ningún problema con vigilar, pero mientras arrojaba una rama de árbol a la hoguera, no pudo evitar pensar en su estado actual.

Falta de sueño y cansancio.

Eventualmente, ambos causarían un retraso en sus movimientos corporales y en su capacidad de toma de decisiones.

Si bien no se encontraba en un punto crítico, era innegable que su cuerpo necesitaba descansar adecuadamente.

Sin embargo, aún no podía descansar.

En la oscuridad de la noche, Loren se encontraba pensando en que habrá sido de sus compañeros tras su última batalla, y mientras su expresión se tornaba complicada, este se consolaba mirando las llamas frente a él.

Si estaban vivos, aún existía la posibilidad de poder encontrarlos en alguna parte.

Pero, ello no parecía ser muy probable.




Ya que la última batalla en la que participó fue tan horrible que terminó por aniquilar el grupo en el que se encontraba.

“Aun así, me gustaría pensar que alguien más pudo lograrlo”.

“¿Pasa algo?”

A pesar de que había pronunciado las palabras en voz alta, no esperaba que alguien se encontrase lo suficientemente cerca como para poder escucharlas; sorprendido, se levantó tomando su espada por la empuñadura.




“¿Te sorprendí? Perdón, no era mi intención”.

Al ver que la chica frente a él vestía prendas ceremoniales de una sacerdotisa, supo de inmediato que se trataba de Lapis, la cual parecía haber estado durmiendo hasta esos instantes, y quien, al ver las acciones de Loren, había entrado en pánico mientras agitaba sus manos frente a ella.

Loren bajó la guardia al darse cuenta de que no se trataba de un enemigo, pero no podía terminar de entender por qué alguien que se supone debería haber estado durmiendo le estaba hablando en estos momentos, así que solo la miró fijamente esperando una respuesta.

“De hecho, ummm… en la tienda de al lado…”

Lapis empezó a hablar en un tono embarazoso tras observar que Loren estaba en silencio esperando una explicación del porqué ella había salido de su carpa tan temprano.

Tan pronto como Loren escuchó esas palabras, comprendió la razón por la cual la mujer había salido de manera tan cautelosa.

En otras palabras, significaba que ella no tenía nada que ver con lo que sucedía allí dentro.

A pesar de que la carpa que estaba usando Safe era lo suficientemente gruesa como para protegerles del frío, también era cierto decir que esta no podía evitar que los sonidos se filtrasen desde su interior.

Si Lapis hubiera dormido hasta la mañana siguiente, podría no haberse dado cuenta de ello, pero desafortunadamente para ella, se había despertado en el peor momento posible.

Incluso una sacerdotisa como ella podía intuir qué era lo que estaba sucediendo en la tienda de al lado tras escuchar esos sonidos; después de todo, no era necesaria mucha imaginación para poder descubrirlo y, mientras escuchaba como sus vecinos lo hacían sin parar, le resultó difícil volver a dormirse.

“Ummm, no podía dormir… así que…”

“Sí, te comprendo, es un completo desastre”.

Lapis se sentó junto a Loren, y al escuchar que este contestó con un tono exhausto, ella le dedicó una sonrisa irónica.

“¿Puedo quedarme contigo hasta que terminen o me vuelva a dar sueño?”




Loren asintió en silencio, pensando que sería imposible rechazarla después de que esta ya se había sentado.

Por otro lado, tampoco existía otro lugar donde ella pudiese tomar asiento a excepción de la hoguera donde Loren se encontraba vigilando.




Aun así, a Loren le era conveniente mantener a alguien a su lado, ya que de esa manera podría mantener alejado el cansancio; además de que, si Lapis decidiera irse a otro lugar y le llegase a suceder algo, solo podría ser culpa de él por no haberla vigilado adecuadamente.

“Puedo comprender que actúen de esa manera ya que en este tipo de trabajos no podemos saber qué nos espera el mañana, pero ¿sucede con frecuencia?”

“Me gustaría decir que no, pero ese no es el caso”, continuó, “en realidad, es algo que sucede con bastante frecuencia. ¿Sería demasiado irónico de mi parte decir que me alegro al ver que gozan de buena salud?”

Loren se sorprendió con la respuesta que le había dado Lapis, ya que, como mercenario, nunca había tenido la oportunidad de conversar adecuadamente con un sacerdote.

Él, siendo una persona que solía ganarse la vida a través de innumerables peleas en las cuales había tenido que asesinar a sus enemigos, comprendía porqué nunca pudo encontrarse con ningún sacerdote en ese tipo de ambiente tan hostil, y fue debido a ello que la única imagen que Loren tenía de estos era la de unos viejo amargados que constantemente fruncían el ceño; además, las veces en las que los vio fueron escasas, ya que solo contactaban con uno cuando algún miembro importante del grupo resultaba lesionado de gravedad, además de ser posible solo si podían permitirse pagar su recuperación.

Sin embargo, la joven que se encontraba a su lado reflejaba una imagen muy diferente a la que el hombre esperaba encontrar, y al verla suspirar mientras hablaba con un tono informal, no pudo evitar sorprenderse al descubrir la existencia de un sacerdote como ella.  

“¿Sería mucho pedir que escogieran un mejor momento y lugar para hacer ese tipo de cosas?”, continuó, “Bueno, la mayoría de los dioses enseñan a los humanos la importancia de dar a luz y multiplicarse, así que realmente no es como si estuviesen haciendo algo malo”.

“¿Cuántos dios hay? Y, ¿a cuál de ellos sirves?”

Era de conocimiento común saber que a los mercenarios no les agradaba la gente entrometida.

La razón de ello se debía principalmente a que las personas como ellos, que se ganaban la vida a través de batallas, escondían demasiados secretos que no debían de ser compartidos con los demás, y fue debido a ello que Loren siempre tuvo cuidado de no indagar demás en el pasado de alguien. 

Cada tanto surgían rumores sobre mercenarios que no supieron juzgar adecuadamente una situación y terminaron entrometiéndose demasiado en la vida de otras personas, ocasionando grandes problemas.

Pero incluso si ese fuese el caso, aún quedaba mucho tiempo hasta que saliera el sol de la mañana, por lo que pasar el resto de la noche en silencio no parecía ser muy conveniente; además, tuvo la sensación de que sería sencillo entablar conversación con alguien como Lapis, la cual tampoco parecía querer que se acabase la conversación.

“Soy una clériga que sirve a Kukuru, dios del conocimiento”. Añadió, “Ah, por cierto, deberías referirte a ellos como ‘dioses’, en plural, aunque no suelo darle importancia a cosas como esta, suele haber sacerdotes que sí son exigentes al respecto, así que deberías tener cuidado la próxima vez”.

“Gracias por avisarme. Como crecí siendo un mercenario, no tenía conocimiento sobre ello”.

“Así que ese es el caso, ¿eh?”, continuó ella, “Entonces ¿por qué elegiste convertirte en un aventurero?”

Loren frunció el ceño ante la pregunta, pero sintió que sería injusto de su parte el no responderle cuando ella ya había respondido a la suya, y después de un breve silencio finalmente respondió. 

“El grupo al que pertenecía… ya no existe”.

“Siento oír eso… no debí preguntar ese tipo de cosas”.

“No te preocupes, es algo que suele suceder seguido”.

Aunque suelen existir algunos grupos de mercenarios que afirman ser invencibles, la mayoría de ellos no cumple con esas expectativas.

Sin excepción alguna, todos estos tendrían victorias y derrotas; en ocasiones infligiendo daño y en otras recibiendolo, todo mientras aumentaban o disminuían sus números.

Pero incluso entre estos surgirían equipos que no soportaban el daño recibido y terminaban por desaparecer.

Fue debido a este principio que no fue tan impactante saber que el anterior grupo de Loren terminó por desaparecer tras quedarse con la peor parte del trato.

“Si me hubiera unido a otro grupo podría haber continuado como mercenario, pero no tenía ni un centavo cuando escapé, y la única opción que tuve disponible para conseguir dinero fue la de utilizar mi fuerza, y así es como terminé convirtiéndome en un aventurero”.

“Ya veo… Loren, ¿verdad? Te ves bastante fuerte”.

La mirada de Lapis se dirigió hacia el mandoble a un lado del hombre.




Era una espada increíblemente resistente, y Loren la había estado utilizando durante muchísimo tiempo; no tenía ningún tipo de decoración en ella, limitándose a ser una enorme y gruesa hoja de acero casi tan alta como su portador, con una empuñadura lo suficientemente larga como para poder blandirla con ambas manos, y que se encontraba envuelta con un trozo de tela. Tal y como lo parecía, era muy pesada.




En un principio le fue imposible utilizarla correctamente, pero, después de haber pasado los últimos años entrenando con esta, finalmente logró manejarla de manera adecuada.  

“¿No crees que la espada es tan grande como mi cintura?”

Loren no lograba distinguir si Lapis se refería a que la espada era realmente muy ancha o si su cintura era muy delgada, así que tomó la espada por la empuñadura y la levantó fácilmente con su mano izquierda para tratar de compararlas.

El arma en su totalidad había sido fabricada con hierro.

Lapis no pudo evitar sorprenderse al ver que el hombre frente a ella levantara un objeto tan pesado con una sola mano.




“Qué increíble… que puedas sostenerla con una sola mano”.

“Es un arma hecha para ser sostenida con dos manos, pero no siempre existía la oportunidad de hacerlo, así que me he entrenado lo suficiente como para poder balancearla con cualquiera de ellas”.

Loren se puso de pie y mientras clavaba la hoja en el suelo, dijo:

“¿Quieres compararlas?”

“Claro”.

Loren estaba bromeando, pero ya sea que fuese por el aburrimiento o no, Lapis había aceptado la propuesta con facilidad, levantándose y colocando su espalda contra la hoja del arma. 

“¿Qué tal?”, continuó, “Soy más delgada, ¿verdad?”

Tras escuchar la pregunta, la mirada del hombre alternó entre la cintura de la mujer y su espada.

No se podía ver ni una parte de su cuerpo sobresaliendo.

Eso significaba que, tal y como había dicho ella, era por lo menos una talla menor. Sin embargo, cuando continuó bajando la mirada, pudo notar como su trasero sobresalía por el borde de la hoja, pero no se podía describir como muy grande; parecía ser algo natural en las chicas de su edad.

“¿Qu-Qué piensas? Soy delgada, ¿verdad? Ummm… ¿no es así?”

Lapis comenzó a ponerse nerviosa al ver que Loren no respondía.

Kuitsume Youhei no Gensou Kitan Volumen 1 Capitulo 1 Parte 3 Novela Ligera NL

 

“Sí, eres delgada. Definitivamente mi arma es más gruesa que tu cintura”.

“Obvio-Obvio que sí, no hay manera de que no lo sea”.

‘Sin embargo, tus caderas no lo son’.




La idea de decir eso pasó por su cabeza, pero al final se contuvo de decirlo en voz alta.

Por otro lado, estaba Lapis quien se enorgulleció por el resultado, y en un intento por sonar despreocupada, continuó hablando con un tono ligero.

 

 

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