Nidome no Yuusha (NL)

Volumen 1

Capítulo 4: Escape de la Capital Real y La Mazmorra de los Goblins

Parte 2

 

 

La tienda se encontraba cerca de la frontera, entre la calle principal y el barrio bajo, tenía un aspecto cálido y variado, con un letrero de madera que decía “Tienda de armas y armaduras Reishal”.

“¡Bienvenido! Pero lo sentimos, ya estamos cerrando la tienda. No tengo tiempo para dejarlo elegir tranquilamente, así que si lo desea, puede venir mañana…”

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En el mostrador, un niño con aspecto de aprendiz estaba atendiendo la tienda.

Ciertamente, ya que estaba anocheciendo, no era para nada raro el que estuviese cerrando. De hecho, por aquí y por allá, los bares ya comenzaban a abrir sus negocios.

“No, ya he decidido qué voy a comprar. No tardaremos mucho ya que no buscamos nada muy especial, y lo necesitamos antes de que termine el día”.

“Si ese es el caso, entonces… ¡Viejo, ven a atender a los clientes!”

De pronto, el niño al que le habían instruido cerrar la tienda, llamó al dueño de esta, mientras Minaris observaba la tienda con curiosidad.

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“¡No importa! ¡Diles que se vayan! ¡Aunque solo sea un arma o una armadura, si se toman su tiempo para elegir, no podremos cenar!”

“¡Ya han decidido que van a comprar!”

“¡Si ese es el caso, es mejor que les atiendas! ¡Si ya lo han decidido, lo comprarán de inmediato!”

El dueño, que sonaba como un anciano, parecía estar trabajando en la parte trasera de la tienda. Entonces, el chico, que hablaba en voz alta, se volteó hacia nosotros.

“Entonces, ¿qué desean?”

“Dos conjuntos de armadura para aventureros principiantes, cuatro conjuntos de herramientas de mantención, diez espadas largas y vainas. Y por favor, revísalas adecuadamente”.

“¿Todo eso? Lo siento cliente, pero ¿realmente tiene tanto dinero?”

El chico me observó con una mirada un tanto vacilante. Para comprar lo que le indiqué, se necesitaría gastar el equivalente al ingreso mensual de una persona promedio (generalmente, dos monedas grandes de plata). Ya que ahora vestíamos como simples pueblerinos, resultaba imposible evitar situaciones como esta; claramente lucíamos sospechosos.

Pude sentir a Minaris impacientarse a mi lado, por lo que con un simple ademán, le dije que se calmara.

“Está bien, claro que lo tengo, mira”.

Después de decir eso, saqué una moneda de oro y se la mostré. Entonces, con los ojos bien abiertos, el niño se disculpó.

“¡Una moneda de oro! Ah, lo siento, lo siento, siento lo que dije, fui muy grosero…”

“Oh, ¿esto? Solo es un pequeño extra que obtuve con un poco de suerte, no es que sea un aristócrata o trabaje para uno. No tienes que ser tan cuidadoso”.

Lo más probable es que al verme sacar la moneda de oro, me haya confundido con un aristócrata, o al menos, uno de sus subordinados (por mi apariencia, es algo difícil pensar que soy un aristócrata).

Algunas de estas personas (los subordinados), suelen utilizar el poder de sus amos para su beneficio, y ya que tienden ofenderse con relativa facilidad, resultan bastante problemáticos. Pueden ser reconocidos por su actitud pedante, tal como si fueran nobles, por lo que lo mejor es actuar lo más servil posible. Esto es algo sabido por todo comerciante.

“Oh, ¿en serio?”

“Estoy hablando muy en serio”.

Tras escuchar mis palabras, el ambiente tenso desapareció, y suspirando aliviado, el chico comenzó a hablar un poco.

“Ah, lo siento por dudar de usted, le traeré su encargo enseguida. Necesitará dos conjuntos de armadura para aventurero principiante, cuatro conjuntos de herramientas de mantención, diez espadas largas y vainas, ¿verdad?”

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“Sí, por favor”.

El chico se apresuró a traer lo que necesitaba desde el interior de la tienda, y al volver, lo puso todo sobre el mostrador.

“Entonces… Son dos juegos de armadura para aventureros principiantes, cuatro juegos de herramientas de mantención, diez juegos de espadas y vainas, así que… Cinco monedas de plata por dos, hacen una moneda de plata grande, dos monedas de cobre grandes, más cuatro… siete, no, ¿ocho? A ver, sí hay diez monedas de plata y cinco monedas de cobre grande… Ah, sería una moneda de plata grande, cinco monedas de cobre grande y…”

*¡Paf!*

Mientras el niño intentaba desesperadamente contar con sus dedos, un fuerte golpe cayó sobre su cabeza, emitiendo un ruido sordo.

“¿Cuánto tiempo tardarás? ¡Un cálculo como ese ya debería estar listo, tonto!”

“¿Solo por eso me vas a golpear? ¡Si me golpeas, demuestras que eres más tonto aun!”.

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“¡¿Qué?, ¿Te quieres morir, muchacho?!”

“¡Ha, si, inténtalo!”

De la parte trasera de la tienda, salió un temperamental hombre con aspecto de artesano.

Sus rasgos faciales fuertemente marcados, sumados a su oscura barba y su musculo cuerpo, le daban un aspecto bastante masculino. Es probable que se deba a la sangre enana que corría en su interior; un cuarto de sus genes, aproximadamente.

“Amo, ¿qué pasa?”

Minaris parecía haberlo percibido; complejos y entremezclados fragmentos de felicidad y tristeza brotaron por mis ojos.

Durante mi primera vez en este mundo, le conté a la princesa sobre la sangre enana que fluía por las venas del vendedor y su hijo, más yo no sabía del profundo desprecio que ella guardaba hacia los no-humanos de su reino. Como resultado, y por mi culpa, ambos fueron asesinados.

En ese entonces, confiaba ciegamente en sus palabras, por lo que caí en sus mentiras y creí que ambos habían regresado a su ciudad natal. Lamentablemente, solo me enteré de la verdad cuando las palabras salieron directamente de su boca.

Por lo general, los enanos se caracterizaban por tener grandes barbas y una baja estatura, pero debido a lo diluido que estaba la sangre enana en ambos, resultaba imposible distinguirlos de humanos comunes.

Para mi asombro, la princesa, con una gran sonrisa en el rostro, dijo que se alegraba de saberlo, que gracias a mí, supo donde se estaba escondiendo esta ‘basura’.

Conociendo lo sucedido, y sabiendo que no debería estar en esta tienda, no pude ignorar mi deseo de venir y confirmar que ambos estuviesen bien. Era algo cursi, y no podía saber si es que esta vez se pondrían en mi contra, pero al menos la última vez ninguno de ellos me traicionó.

Odio este reino y a su podrida gente con toda mi alma, pero estas personas murieron por mi culpa, ni siquiera tuvieron la oportunidad de traicionarme, por lo que solo puedo hacer esto a modo de disculpa.

Realmente no sabía si la razón por la que ocultaba estos sentimientos era porque me había presentado con una gran actitud o algo así, pero independientemente de eso, creo que el hecho de que Minaris lo haya percibido, se puede deber a nuestra venganza compartida, aunque, en primer lugar, no estoy seguro de si puede sentir lo mismo que yo siento.

“No, no es nada”.

Negué con la cabeza, pues no me era posible explicar estos sentimientos con palabras.

“Todo lo que está sobre la mesa, cuesta un total de 2 monedas de plata grande, 5 monedas de plata y 8 monedas de cobre grande. La armadura de cuero se puede ajustar, pero si no le encaja, puedo arreglarlo a cambio de una moneda de plata. No sé por qué o para que compró tantas espadas, pero cuando ya no pueda arreglar el filo con las herramientas de mantención, dependerá del daño que tenga, pero se las puedo revisar y arreglar por más o menos una moneda de plata. ¿Necesita algo más?”

“No, está bien. ¿Puedo ponerme la armadura aquí? Aparte de lo que acabo de comprar, traigo más equipaje conmigo”.

Se levantó de la mesa con la moneda de oro, y mientras yo recibía el cambio, que consistía en monedas de plata normales y grandes, dijo:

“No hay problema. Si es que no sabe cómo ponérsela, ¿quiere que le enseñe?”

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«No será necesario, ya se cómo hacerlo. Y yo le ensañaré a ella. No es tan difícil”.

El conjunto de armadura consistía en un peto de cuero promedio, un cinturón hecho del mismo material, pantalones de cuero con placas de hierro, y guantes con la misma protección en la parte posterior.

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Tras colocarme mi equipo rápidamente, tuve dificultades para entender cómo se usaba el conjunto de Minaris.

La razón por la que me negué a recibir ayuda del tendero, fue para evitar que descubriera la naturaleza de Minaris, pero parece que me perdí de algo, porque no logré entender con qué fantaseaba ella.

No quiero pensar que padre e hijo sean de aquellos que cambian fácilmente de bando, pero quiero mantener estas cosas en secreto. Se que hasta las personas más amigables, aquellas que parecen imposibles de cometer tales actos, pueden tornarse en tus enemigos si es que la situación les favorece.

“Nmmh, ¡Ah!, Sr. Kaito, mi pecho está un poco apretado”.

“Oh, lo siento, parece que puse demasiada fuerza”.

Parecía que por estar pensando en otras cosas, había apretado demasiado su armadura, presionando su pecho y pronunciándolo aún más.

Aflojé mi agarre producto de la confusión, y entonces, colocando su mano sobre mi hombro, el vendedor levantó el pulgar de la mano opuesta.

“¡Buen trabajo!”

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“¡Cállate, viejo pervertido! ¡Estas frente a tu hijo, así que contrólate!”

“¿De qué estás hablando? ¿Hay algo en frente de mí?”

Aunque estaba frente a su hijo, este anciano seguía sin tener una pizca autocontrol, tal como en mi primera vida. Pero aun así, gracias a estas situaciones es que pudimos llevarnos bien, y a pesar de su forma de ser, era un habilidoso artesano.

Una vez equipada Minaris, coloque dos de las diez espadas en su cinturón. El resto fueron fuertemente atadas y envueltas en una funda.

“Siento haber irrumpido mientras cerraban la tienda, espero no haberles hecho pasar un mal rato. Oh, si, les tengo un pequeño consejo. No sé por qué, pero el precio de los antídotos podría aumentar en el futuro, así que asegúrense de abastecerse tanto como puedan”.

“¿Ah, sí? lo tendré en mente.”

“Creo que eso sería lo más apropiado… Por cierto… siento lo de la primera vez”.

“¿Ah? ¿De qué estás hablando?”

“No, no es nada, lo dije sin pensar. Entonces, adiós, espero que les vaya bien”.

Dejé al tendero, quien me miraba con una extraña expresión en la cara, tomé a Minaris y salí de la tienda. Ya casi era de noche.

“Ya que soy su esclava y mi deber es servirle, yo llevaré el equipaje”.

“No, no quiero que luzcas como una esclava”.

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“Bueno, incluso si eso es lo que quiere, creo que aunque sea debería ser capaz de llevar mi propio equipaje…”

“No, no dejaré que una chica cargue equipaje tan pesado mientras yo me quedo con las manos vacías, llamaría demasiado la atención. Además, ya cargas una bolsa con comida, entre otras cosas, así que está bien”.

Minaris parecía estar un poco preocupada, pero decidí ignorarla.

Ya le había dejado en claro que debíamos actuar como pares e ignorar esta relación amo-esclavo, pero resultaba un tanto vergonzoso que aun así, no pudiese sacar esa forma de pensar de su mente.

Minaris es más que una simple esclava, es mi cómplice, la persona con quien planeare nuestras venganzas de aquí en adelante, por lo que sería un desperdicio si solo actuase como una pieza más en mi tablero, limitándose netamente a acatar órdenes, más aún, tras observar su maravilloso despliegue vengativo en la tienda de esclavos. A partir de ahora, para estrechar nuestra relación, tendremos que corregir esta sensación de lejanía que aún persiste entre nosotros.

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«Ya tenemos todo lo necesario para partir. Mantente alerta y observa tus alrededores, saldremos de la ciudad”.

 

 

MrFreeman: Revisado y corregido

NOVA: 2da Revisión

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