Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 3: El Bosque del Rey de los Elfos

Parte 1

 

 

El lugar era extraño, espeluznante.

El sol estaba emergiendo, una ligera luz que venía desde el extremo del horizonte. El cielo, que era visible a través de las ramas, era de un azul intenso.




Goblin Slayer hurgó en su bolsa de objetos a la luz del alba. De la sencilla área de dormir detrás de él, más allá de alguna red para insectos, salieron suaves gemidos y suaves ronquidos.

Eran el Sacerdote Lagarto y el Chamán Enano, ambos aún dormidos. El enano podría no levantarse hasta el desayuno, pero el hombre lagarto se despertaría al amanecer.

En cuanto a las mujeres, la Sacerdotisa ya estaría despierta y rezando junto a su cama. La Chica del Gremio se despertaba a la misma hora cada día, que era antes del desayuno; dijo que era lo más conveniente para su trabajo. La Vaquera también se despertaría pronto.

La Arquera Elfa Superior había tomado un temprano turno de guardia así que planeaba dormir hasta que alguien la despertara.

Un grupo que no dejaba que sus hechiceros descansaran lo suficiente era un grupo que pronto sería destruido. Por esa razón, la Arquera Elfa Superior y Goblin Slayer intercambiaban los turnos de guardia. Y daba la casualidad, que ha Goblin Slayer le gustaba hacer el último turno.




Desde la medianoche hasta el amanecer, él no tenía ganas de dormir. La oportunidad de dejar que alguien más observara desde el atardecer hasta el anochecer, mientras él descansaba, era algo nuevo este año, un pequeño…

“Lujo, quizás”. Él metio algunas hierbas aromáticas a través de la visera de su casco y las masticó. Un sabor amargo se extendió desde su garganta hasta su cerebro, estimulando su concentración. Mordió las hojas duras por segunda vez.

Sí, el lugar era espeluznante.

Goblin Slayer ajustó el agarre de su espada para poder desenfundarla en cualquier momento.

¿Se agruparían los goblins y nos atacarían en medio del día?

Atacar a un grupo de aventureros armados, quizás asumiendo que el elemento sorpresa superaría cualquier disparidad en armamento.

¿Era posible?

Sobre todo, había que considerar la manada de lobos. Los goblins ya eran bastante malos, pero tenían un gran número de jinetes. Imagínense los recursos que se necesitan para sustentarlos.

Y sin embargo, son capaces de hacerlo.

Comida. Establos. Equipo. Y diversión… sí, diversión.

¿Por eso atacaban los botes?

Estaban situados directamente al lado de la aldea de los elfos. ¿Por qué habían realizado una operación tan elaborada?

¿Para qué? ¿Qué estaban planeando?

Goblin Slayer masticó la hoja una, dos, tres veces más.

Sus pensamientos llegaron en una ráfaga de ideas inconexas, burbujeando y luego desapareciendo.

De repente, una voz gritó.

“¡Despierten, de pie! ¿Dónde creen que están, granujas?”

Una ráfaga de viento a través del bosque trajo esa pregunta hacia ellos.

Goblin Slayer sacó su espada y se puso en pie. Pero se encontró con una espada de obsidiana.

Con gran enfado, miró al dueño del arma.

Alguien estaba parado en un punto elevado, habiendo rasgado la red para insectos. El sol estaba a su espalda, pero estaba claro que él estaba…

“¿Un elfo?”

“Ciertamente. Y este es nuestro territorio”.

El que hablaba con tanto orgullo era un elfo guerrero, joven y hermoso… como son todos los elfos. Llevaba una armadura de cuero, un arco, y tenía un carcaj de flechas con puntas en forma de capullos de flor en la cadera.

Pero lo más llamativo era la armadura que protegía su cabeza. Era un brillante casco hecho de mithril.

El elfo con el brillante casco miró a Goblin Slayer sombríamente, con una expresión sospechosa.

“… ¿Realmente luchas con esa espada?” preguntó el elfo.

“Contra los goblins, sí”, contestó tranquilamente Goblin Slayer.

La aguda mirada del elfo pasó de la espada con su extraña longitud al escudo redondo, luego a la sucia armadura de cuero y luego al casco metálico de aspecto barato.

“Eres un guerrero bárbaro, ¿no? Y un enano…”

“…Y un hombre lagarto, a su servicio.” El Sacerdote Lagarto, que se había sentado mientras tanto, juntó las palmas de sus manos en un extraño gesto. El Chamán Enano, que acababa de levantarse, estaba sentado allí y no intentaba ocultar su disgusto. Ser atacado por elfos mientras dormía era la máxima humillación para un enano.

El elfo miró a cada uno de los tres por turnos, habiendo averiguado más o menos quiénes eran y qué eran.

“Así que, aventureros…”

“Más o menos”.

“… Ya veo. ¿Fueron ustedes quienes lucharon contra los goblins ayer?”

Goblin Slayer asintió con su sucio casco.

“Ya veo”, dijo el elfo, sus ojos entrecerrados y su mano deslizándose sobre su espada. “Acabamos con los que dejaron atrás.”




Ante eso, Goblin Slayer gruñó. Eso significaba que su intento de propagar la enfermedad en el nido se había visto frustrado. Por otro lado, los goblins que escaparon habían sido asesinados. Tal vez fue algo bueno, entonces.

El elfo no sabía qué decir ante su actitud no intimidada.

“…Sólo tengo una pregunta que hacerte”, dijo bruscamente.

“¿Qué pasa?”

“La flecha que atravesó uno de los goblins parecía pertenecer a uno de los nuestros.”

El elfo con el casco brillante sacó el proyectil en cuestión. Tenía una punta en forma de capullo de flor. Estaba cubierto en oscura sangre de goblins, pero la punta estaba defectuosa, colgando de forma inclinada.

“Sabemos, sin embargo, que esta chica nunca usaría un virote tan burdo.”

“……”

“Dime lo que le hiciste. Tu respuesta puede decidir tu destino en mis manos…”

Goblin Slayer no dijo una palabra, pero el Sacerdote Lagarto y el Chamán Enano se miraron el uno al otro y se encogieron de hombros.

“Tú debes ser el que cantó un poema épico en vez de una canción de amor.”

“Ciertamente, parece que fue ese mismo amor el que te enderezó.”

“…¡¿Qué?!” El elfo con el casco brillante fue sorprendido por sus palabras. Agarró con más fuerza su espada, como si estuviese listo para usarla en cualquier momento. Su pálido aspecto, el orgullo de su pueblo, se volvió instantáneamente de un color rojo rubí, y tembló violentamente.

Gracias (づ ̄ ³ ̄)づ

“¡S-Sucio gusano…! ¡¿En qué parte del mundo se…?!”

“La chica que buscas”, dijo Goblin Slayer con un suspiro inusual. “Es esa de ahí, ¿no?”

“¡Hrk….!”

En un abrir y cerrar de ojos, el elfo salió volando como una flecha.

“Hija de Starwind, ¡¿estás ahí?!”




Saltó varios metros en un solo y elegante salto; cuando encontró el refugio, arrancó la red de insectos sin dudarlo.

“¿Sí?”

“¿Eh?”




“…Ah.”

Él rapidamente frunció el ceño. Ante él estaban tres mujeres jóvenes… mujeres jóvenes que, despertadas por la conmoción de afuera, se habían preparado rápidamente para ver lo que estaba sucediendo.




Tres personas, seis ojos, se abrieron de par en par para mirar al elfo intruso.

Estaban en medio de una aventura, por supuesto, y nadie en esa posición se pondría un pijama para dormir. Pero eso no significaba que estuvieran felices de que un extraño las viera descansar.

Y había una cosa más.

En un rincón del área de dormir, una bola de mantas se movió y se retorció.




“…¿Qué está pasando? El sol apenas ha salido…”

La Arquera Elfa Superior bostezó, se estiró como un gato y salió arrastrándose de debajo de sus cobijas. Ella frotó sus ojos, se rascó la cabeza, y miró a su alrededor vagamente.

“¿Buh? ¿Hermano mayor? ¿Qué, viniste a buscarme?”

“……”

La Sacerdotisa parecía que estaba a punto de llorar, Vaquera estaba frunciendo el ceño y la Chica del Gremio tenía una sonrisa suave en su cara.

El elfo con el casco brillante tragó saliva pesadamente.

Luego retrocedió rápidamente, como jalado por una cuerda, mientras las chicas empezaban a gritar ruidosamente.

“…Buen trabajo de guardaespaldas”, dijo cuando aterrizó, tosiendo una vez. “Aprecio que hayan traído a mi cuñada hasta aquí. La compensación estará lista para ustedes. Honorables viajeros vuelvan a casa sanos y salvos”.

“Estos son mis amigos, hermano.” La Arquera Elfa Superior sacó su cabeza del refugio y lo miró con enfado, pero el otro elfo solo se encogió elegantemente de hombros.

“…Así son los elfos, ellos sólo…”

Pero cualquier comentario grosero que estuviera destinado a acabar con esa frase no se oyó, incluso el Chamán Enano tenía el sentido común suficiente como para guardárselo para sí mismo.

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