Re:Zero Ex (NL)

Volumen 2: La Canción de Amor del Demonio de la Espada

Capítulo 2: Segunda Estrofa

Parte 3

 

 

Wilhelm reflexionó amargamente que cuando Roswaal había dicho que las cosas eran mejores para “todos”, esto aparentemente no lo había incluido.

El escuadrón no podía evitar complacer una petición personal de alguien tan importante. Así que Wilhelm estaba entre los que acompañaban a Roswaal, al igual que Grimm, una de sus personas menos favoritas en el mundo. Otros dos miembros del escuadrón también fueron elegidos para ir con ellos a investigar los círculos mágicos, lo que en total formaba una unidad de seis si se incluía a Roswaal y su guardaespaldas. Los dos escuadrones restantes, encabezados por Bordeaux y Pivot respectivamente, se ocuparon de establecer un perímetro.

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—Pareces alguien que perdióóó una apuesta —, dijo Roswaal.

Después de una pequeña discusión, Wilhelm se encontró a sí mismo en la vanguardia de su grupo, pero su puchero perpetuo no inspiraba mucha confianza. Y su trabajo sólo se hizo más frustrante cuando Roswaal siguió conversando alegremente con él mientras intentaba concentrarse.

— ¿Estás tan aaansioso como para cortar personas?

—No hables de las personas como monstruos. No es que quiera matar a nadie. Quiero encontrar un oponente con el que valga la pena para luchar. Y si no hubiera tenido que cuidarte todo el día, podría haber tenido la oportunidad de hacerlo.

—Algunos dirían que esa respuesta suena bastante monstruosa. De todas formas, lo mejor que podrías haber esperado al ser alguien de seguridad es un poco de acción defensiva… De alguna manera dudo que eso sea suficiente para ti.

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—Bueno, no lo tienes todo planeado. No sabes de lo que estás hablando.

—Eres bastante directo, ¿nooo? Bueno, no es que tuviera algún problema con eso.

Roswaal se llevó la mano a la boca y se rio. Wilhelm sólo podía fruncir el ceño.

No vieron nada inusual, pero tampoco había nada que valiera sus esfuerzos. La batalla había reformado la topografía; los árboles habían sido derribados, la tierra verde se había quemado y ahora era negra. Armas rotas y armaduras vacías llenaban el área. La guerra había dejado su huella.

— ¿Duele mirar? —, dijo Roswaal.

—No especialmente —, contestó Wilhelm.

—Supooongo que no me sorprende. No pareces de ese tipo.

—…Bueno, tú tampoco.

—Por el aaamor de Dios, podrías estar a un paso delaaante mí.

Quizás a Roswaal no le gustaba el silencio, porque parecía intervenir en cada oportunidad. Wilhelm ya había decidido que tendría que vigilarla de cerca. Por la forma en que se comportaba Carol, se dio cuenta de que ella era una luchadora capaz, pero fue Roswaal, con su fuerza desconocida, quien exigía más cautela. Le habían dicho que era una especialista en magia, pero no creyó ni por un segundo que eso era todo lo que había acerca de ella.

Uno podría haber esperado que Carol se opusiera más que nadie a la actitud brusca de Wilhelm, pero Grimm la había mantenido ocupada todo el tiempo. Dándose cuenta de que ella y Wilhelm sólo discutirían si se les dejaba solos, Grimm decidió entablar una conversación constante con ella. La conversación parecía ir bastante bien, lo que le facilitó las cosas a Wilhelm.

— ¿Así que estás diciendo que originalmente no ibas a estar de guardia hoy?—Grimm estaba preguntando.

—Así es —, dijo Carol—. Originalmente, la persona a la que sirvo iba a venir como guardaespaldas. Pero surgió algo, así que tuve que venir en su lugar. Me temo que es muy inconveniente para Lady Mathers —. Ella sonaba angustiada.

Grimm no estaba seguro de cómo responder. —Oh, um, pero estoy seguro de que si tu amo hubiera venido, alguien como yo sólo estaría a sus pies. Estoy seguro de que eso habría sido aún peor…

No le importaba a Wilhelm. Mientras Grimm mantuviera a Carol hablando, era suficiente. Si la conversación no llegaba a él, no tenía intención de involucrarse.

Sólo la mención de alguien aún más poderoso que Carol captó su atención. De hecho, había una clara posibilidad que Carol hablara humildemente de sí misma mientras exageraba las capacidades de su amo, pero aun así…

—Creo que oí que te llamaron Wilhelm, ¿no es asííí? —dijo Roswaal.

—…Sí, así es.

—Qué boca tienes. ¿Supongo que tienes habilidades a la altura?

—…

— ¿No te gusta presumir? Biiien, el líder del escuadrón y su asistente no dudaron en darte el trabajo más importante. Es una señal de lo mucho que se confííía en ti. Me da grandes expectativas.

Ignorando al silencioso espadachín, Roswaal casi saltaba a lo largo del camino, con los dedos entrelazados detrás de su cabeza; parecía lista para empezar a tararear en cualquier momento.

Mirando a su alrededor, ella dijo, —Parece que llegaremos pronto.

Mientras hablaba, ella y su escolta llegaron a la cima de una colina. Por debajo, podían ver el tenue contorno de una forma geométrica. La tierra había sido desgarrada en algunos lugares, y partes del sello estaban enterradas, pero era el círculo mágico que Wilhelm había visto el día de la batalla.

—Bueeeno, me pregunto qué encontraremos —, inmediatamente Roswaal se deslizó por la colina para ver más de cerca. Carol corrió detrás de ella, y Grimm, a su vez, se quedó cerca de Carol. Wilhelm se encogió de hombros y, junto con los otros dos miembros del equipo, vigiló desde la cima de la colina.

Wilhelm no había sentido otra cosa viviente aparte de ellos en todo el día, y eso no cambió ahora. No sabía dónde estaban Bordeaux y los otros, pero no estaban cerca. Hasta ahora, el día sólo había traído aburrimiento.

—…Ahora lo veo —, dijo Roswaal—. Pensé que esto podría ser lo que estaba pasando cuando lo oí por primera vez. Ellos se tomaron su tiempo para preparar esto. No habría sido posible si tanto el estratega como la persona que lo llevó a cabo no fuera muy, pero muy experta en magia. Esto podría ser una amenaza para todo el reino.

— ¿E- es eso cierto? ¿Son estos círculos mágicos tan poderosos como dices?—preguntó Grimm.

—Los círculos mismos son peligrosos, por supuesto, pero lo que es más amenazante es el hecho de que el enemigo tiene más de un usuario mááágico altamente capaz. Tendrías que estar un poco loco para pensar en cubrir todo el campo de batalla con círculos mágicos. Pero eso significa que podrían hacer lo miiismo en otro lugar.

— ¡¿C-cómo…?!

Grimm parecía más intimidado de lo que la evaluación de Roswaal aseguraba. Se quedó allí temblando ante una situación hipotética. Definitivamente no fue hecho para ser soldado.

Se mantuvo frotando su nuca y miraba a su alrededor, como si tuviera un mal presentimiento que no podía quitarse. Finalmente, se volteó y llamó a Wilhelm.

— ¡Wilhelm! ¿No tienes una sensación extraña?

—No —, contestó Wilhelm con indiferencia al desesperado chico —. Tu mente sólo te está jugando una mala pasa…

Mientras hablaba, Wilhelm dejó que su mirada se desviara hacia el fondo de la colina, donde vio una flecha volando por el aire, dirigiéndose directamente hacia donde Roswaal estaba agachada en el suelo.

— ¡…!

El juicio de Wilhelm fue instantáneo, su acción sólo un poco más lenta. Desenvainó la espada en su cadera más rápido de lo que el ojo podía ver y la arrojó para que se plantara en el suelo justo al lado de Roswaal, y la hoja recibió la flecha en lugar de ella. El tintineo cuando la flecha rebotó en el acero alertó a todos sobre la emboscada.

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¿Pero por qué Wilhelm no había notado nada?

Él bajó corriendo por la colina, gritando:

— ¡Emboscada! ¡Todos, listos! — recuperó su espada de la tierra y la alzó; en su visión periférica, pudo ver a Carol y a Grimm preparando también sus armas. Los otros dos miembros del escuadrón tardíamente empezaron a bajar la colina, pero Wilhelm les hizo un gesto para que se quedaran en la cima. Luego, comenzó a escanear el área, hasta que vio algo.

—…Miren allí.

Directamente enfrente de la colina, una figura solitaria con un arco estaba arrodillada. Sin prisa, sacó otra flecha y tensó la cuerda, para luego, sin dudarlo, disparar.

—… —Wilhelm desvió el proyectil con su espada, y luego fijó su mirada en el oponente. A su lado, Grimm aparentemente no podía creer lo que estaba viendo.

— ¿Th-Tholter…?

El atacante era, o fue una vez, su amigo, el arquero Tholter Weasily.

Ahora, a Tholter, uno apenas podía soportar mirarlo. Ya casi no era humano. Faltaba la mitad de la carne de su cara, revelando hueso y un globo ocular redondo. Pus fluía de sus heridas mientras que la carne cruda estaba repleta de gusanos. El espectro podrido estaba cubierto solo con trozos de tela y una armadura rota. A la mano que sujetaba el arco le faltaban varios dedos.

— ¿Está ese cadáver… moviéndose…? —Carol, con su espada frente a ella, se había vuelto pálida al ver al muerto Tholter. El grotesco espectáculo sólo se vio agravado por su aparente imposibilidad. Sin embargo, Carol parecía estar mejor que Grimm, que estaba más que pálido y parecía dispuesto a desmayarse en cualquier momento.

—Oye, maga —, dijo Wilhelm—,… ¿eso es algo que puedas hacer con magia?

—Estás demasiado calmaaado para ser un hombre que acaba de ver un cadáver viviente. ¿Supongo que es alguien que conoces?

—Los muertos no significan nada para mí. Así que no, no lo conozco.

—Un punto de vista loable. Para responder a su pregunta… sí y no. Esto no es estrictamente el dominio de la maaagia. Es una maldición —, respondió Roswaal con un aire de auto-importancia.

Wilhelm levantó una ceja ante esto, pero no hubo tiempo para seguir con el tema. Tholter no era su único enemigo.

—…

Hubo un crujido cuando los cadáveres empezaron arañar su camino fuera de la tierra uno tras otro, a su alrededor. Algunos eran los muertos del ejército real, otros, antiguos demi-humanos. Aparentemente la maldición no era selectiva.

Ninguno de los guerreros no-muertos estaba en perfectas condiciones, pero eran casi cien, lo que les daba la ventaja. Wilhelm chasqueó su lengua, y luego Roswaal se puso en el centro de la formación, con él, Carol y Grimm rodeándola.

—Biiien, ahora —, dijo ella—, este es un desarrollo inesperado. Pensé que podrías dejarnos para salir corriendo a luchar contra ellos tú solo.

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—No creas que no me gustaría. Pero tampoco puedo dejar que te mueras. No te estaré vigilando las espaldas. Sólo reza para que esos otros dos sean útiles.

— ¡¿Qué fue eso?! ¡¿Cómo te atreves…?!

El grito de Grimm la interrumpió.

— ¡Carol, aquí vienen!

Los zombis saltaron sobre ellos desde todas las direcciones a la vez. Un enorme cadáver con una gran espada avanzaba hacia Wilhelm, junto con otro cuerpo que tenía los brazos extendidos, a pesar de no tener manos ni cabeza. ¿Cuánto daño tendrían que hacer a estos cadáveres para mantenerlos a raya?

—Como sea, es obvio que cortarles la cabeza no los detendrá.

Wilhelm golpeó con su espada, cortando las manos de la criatura con la inmensa hoja. Mientras traía su brazo hacia atrás, cortó a través de su vientre, y luego volvió a barrer la ingle cuando el cuerpo se derrumbó. Había sido cortado en seis piezas, incluyendo los dos brazos separados. Cuando las piezas llegaron al suelo, dejaron de moverse. Wilhelm hizo dos cortes diagonales en el zombi sin manos, cortándolo en cuatro pedazos; estos también se quedaron quietos.

—Sólo tienes que matarlos una vez más —, dijo él.

—Qué cálculo más extraordinaaario —, dijo Roswaal a sus espaldas. Casi se podía escuchar la sonrisa en su voz.

Wilhelm miró por encima de su hombro. Carol estaba cortando a tres no- muertos delante de ella, y Grimm la estaba apoyando con su escudo, apuntalando la línea de batalla. Los dos hombres que quedaban en la cima de la colina estaban cuidando de sí mismos, como los miembros del Escuadrón Zergev que eran, y hacían un rápido trabajo con los guerreros no-muertos que les rodeaban.

Los zombis no eran luchadores robustos. Por muy capaces que hubiesen podido ser en vida, como cadáveres, ninguno de ellos tenía mucha habilidad marcial de la que hablar. Simplemente no eran rivales para los guerreros vivos.

—Sólo estoy ensuciando mi espada. ¿Dónde está el mago que los controla?

—Aprecio tu confianza, pero me temo que hasta yo estoy tenieeendo problemas para rastrearlos. Pero, con tantos zombis para manejar, no pueden estar muy lejos.

— ¿No? Está bien, entonces.

Si se mantenían en este campo de batalla, pronto no habría más cadáveres a su alrededor, lo que significaba no más zombis. Pero Wilhelm encontró esto profundamente insatisfactorio.

—…

Evitando los ataques de los no-muertos invasores, golpeaba con su espada y los devolvía al polvo. Los guerreros no-muertos apestaban a putrefacción y se arrastraban con repugnantes salpicaduras audibles, pero Wilhelm tomó cuidadosa nota de su comportamiento.

Se abrió camino hacia el centro de la horda, donde dos zombis estaban de pie, inmóviles. Los no-muertos presionaron contra él, como si tratasen de proteger algo. Pero un corte elevado y dos patadas rápidas provocaron una segunda muerte. Trajo su espada hacia atrás y estaba a punto de dar una puñalada, cuando…

— ¡Hrk!

Un chisporroteo de llamas surgió ante él, forzándolo a saltar hacia atrás. Wilhelm cortó salvajemente el fuego que se acercaba hasta que el aire frente a él brilló, y el espacio vacío de repente se llenó de una pequeña figura humanoide.

La sangre de Wilhelm se congeló mientras observaba eso.

Era una pequeña niña con una túnica blanca.

—…No va como lo había planeado —, murmuró ella. Parecía tener unos diez años, o al menos rondaba esa edad. Tenía un largo pelo rosa claro y un rostro encantador. Aparte de sus pies descalzos y la túnica que era su única vestimenta, parecía una jovencita perfectamente normal, aunque notablemente tranquila.

Eso hizo aún más inquietante saber que un horrible demonio acechaba bajo el disfraz de una niña. Irradiaba una atroz aura abrumadora, tan fuerte que no podía ocultarla y uno podía detectarla casi instantáneamente.

— ¿Qué… qué monstruo es este? —dijo Wilhelm, casi para sí mismo.

— ¿Monstruo…? Así que estoy de hecho incompleta. Tengo un largo camino que recorrer antes de ser como mi madre —, susurró la niña con tristeza, frunciendo el ceño.

Esto provocó una asombrosa reacción de alguien cercano.

— ¿Madre? Seguramente bromeas. Pensar que esos horribles productos dañados como tú comparten algo con mi honorable maestro. No oirééé hablar de eso —. Roswaal se adelantó. Su despreocupada diversión había desaparecido, reemplazada por una mirada furiosa que fijó sobre la niña.

La niña, por su parte, parecía confundida por la ira de Roswaal.

—Lo siento. ¿Quién eres?

—Tu perdición. Te destruiré, absoluta y completamente.

—Entonces lo siento mucho. Especialmente cuando pareces seria.

La niña parecía no tener emociones, en marcado contraste con la furia en aumento y el brillo cada vez más peligroso en los ojos de Roswaal. Sin embargo, la niña lo tomó con calma, observando su entorno y señalando a los guerreros no-muertos.

—Felizmente, pude conseguir lo que vine a buscar —, dijo ella—, y no necesito molestarme más contigo. Me voy a ir ahora. Me has dado mucho en que pensar—. La niña inclinó su cabeza y su cuerpo comenzó a levantarse del suelo.

— ¡Alto ahí, tú…! —Wilhelm se lanzó sobre ella, queriendo evitar que escapara, pero los guerreros no-muertos se acercaron para detenerlo.

— ¡Fuera de mi camino…! —parecía que fue atrapado con la guardia baja por un zombi que esquivó su ataque y se movió para contraatacar. Era muy rápido, como si se tratase de una criatura diferente a las marionetas de antes.

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Podía ver que todos los zombis a su alrededor también se movían más rápidamente. Ni siquiera Wilhelm podía cortar estas cosas de un solo golpe, pero aun así no eran rivales para él…

— ¡Y-yaaaarrrgh!

—De repente… hay tantos de ellos… ¡No puedo retenerlos a todos…!

Oyó gritar a Grimm y vio que Carol también estaba herida y se movía lentamente. Tarde o temprano, todos menos Wilhelm se sentirían abrumados.

—Hemos reducido su número, pero eso probablemente ha hecho que el resto de ellos sean más poderosos. Debe haber un zombi “principal” que actúe como punto de control para todos los demás. Si lo destruimos, podríamos ser capaces de darle la vuelta a esto.

— ¿Cómo podemos saber cuál es?

—Se moverá diferente. Esa es la clave… si puedes decirlo.

Gracias a Roswaal, ellos tenían un plan, pero encontrar al zombi principal en el caos del campo de batalla no sería fácil. Wilhelm miró hacia la colina, con la esperanza de obtener ayuda de sus compañeros de escuadrón en la cima, pero se encontró con que una flecha disparada con una fuerza increíble había perforado a uno de ellos en la cadera y arrancado un trozo de carne.

Tholter era el culpable, tan diestro con fuego de apoyo como lo había sido en vida. Con un gran cuerpo que contradecía su agudeza, Tholter había sido excepcionalmente distinguido como arquero en su unidad, y su enorme arco era capaz de un inmenso poder y precisión.

Wilhelm se dio cuenta en un instante.

El zombi cuyas habilidades eran las mismas que cuando estaba vivo, Tholter Weasily, era el punto de control.

—Creo que hemos elegido a alguien que te resultará difícil de matar. Te hemos estado observando —. Este comentario desapasionado vino de la chica, que cada vez se encontraba más y más lejos. Eso solo le dio crédito a la suposición de Wilhelm.

Rechinando los dientes, contó cuántos enemigos había entre él y Tholter, y luego, prácticamente ardiendo de ira, cortó en cuatro pedazos al guerrero no- muerto que tenía delante.

Eso no sería suficiente. Wilhelm podría llegar hasta Tholter y matarlo. Pero mientras él estaba ocupado haciendo eso, sus tres compañeros se convertían en comida de zombis. Sólo había una forma de mantener intacta la línea de batalla y detener a Tholter…

— ¡Grimm! —gritó Wilhelm—. ¡Tienes que atrapar a Tholter! ¡Él es el principal!

Ellos estaban atrapados en el fondo de un tazón. De todos ellos, Grimm era el menos útil en la batalla. Cuanto más profundo fuesen, más enemigos habría, y perder a Grimm tendría el menor impacto en su fuerza general.

Grimm, con el escudo aún levantado, miró a Wilhelm, y luego a la criatura no- muerta que había robado el cuerpo de su amigo. Sacudió su cabeza una y otra vez.

— ¡Y-yo no puedo hacer eso! ¡No puedo!

— ¡Ve! ¡Tomaré tu lugar ayudando a la chica! ¡Sube a esa colina y córtale la cabeza! Es un arquero sin nadie que lo proteja. ¡Si puedes acercarte, puedes matarlo!

— ¡No se trata de si puedo ganarle o no! ¡Me estás diciendo que mate a mi amigo! —Grimm estaba prácticamente al borde de las lágrimas mientras se defendía desesperadamente de los ataques del enemigo.

Wilhelm sabía que Grimm y Tholter habían sido muy unidos. También era consciente de que Grimm había sido incapaz de usar su espada desde la aniquilación de su unidad. Y sin embargo…

— ¡Sí, lo estoy diciendo! ¡¿Y qué?!

— ¿Y qué? ¡¿Así nada más?! ¡No puedo matar a mi amigo! ¡Yo… yo no soy como tú! ¡No puedo hacerlo!

— ¿Qué parte de esa cosa es tu amigo? ¿No puedes ver a través de tus lágrimas? ¡Tu amigo está muerto y se ha ido! Esa cosa es un cadáver. Sólo se perdió un poco, ¡no debería estar aquí!

Wilhelm vio a Carol resbalar. Ella le dio un golpe al zombi que estaba a punto de atacarla. Las piezas rebotaron en la espalda redondeada de Grimm. Wilhelm le dio a él un empujón y él gritó:

—“¡Oh, no puedo, no puedo!”

— ¡Así es como siempre es contigo! ¡Pasas todo tu tiempo buscando excusas! Bueno, si tienes energía para discutir, tienes energía para ir allí y matar a esa cosa. ¡Deja de lloriquear y ve a ponerle fin!

—…

Wilhelm gritó su pensamiento implacablemente mientras hacía caer a zombi tras zombi. Sintió a Grimm enderezándose detrás de él. El chico se miró los pies y murmuró:

—Eso podría ser Tholter.

— ¡¿Y qué?! ¡Dímelo!

—Yo sólo no puedo usar mi espada más. Estoy tan asustado.

— ¡¿Y qué?!

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— ¡Todos los demás murieron, y yo viví, y no puedo soportarlo!

— ¡¿Y qué?!

— ¡No quiero morir!

Re Zero Ex Volumen 2 Capítulo 2 Parte 3 Novela Ligera

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Espalda con espalda, ellos se gritaban el uno al otro. Y entonces Grimm corrió hacia delante, con el escudo levantado. Carol corrió detrás de él para apoyarlo mientras Wilhelm se dedicaba a la sangrienta tarea de proteger a Roswaal.

Grimm corrió hacia la colina, desviando los golpes de los guerreros no-muertos con su escudo, y alcanzando finalmente a Tholter en una loca carrera.

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El inmenso arco soltó otra flecha, pero Grimm la bloqueó con su escudo, tan fácilmente como si hubiese visto tal ataque un millón de veces, y levantando su virgen espada, gritó.

— ¡Voy a vivir!

Y le dio a Tholter un golpe que, aunque lleno de miedo, le cortó la cabeza.

Y así, la batalla terminó.

***

 

 

— ¡Este es el úúúltimo! —Bordeaux estrelló su hacha de guerra contra el guerrero no-muerto con una fuerza fantástica, reduciéndolo a una colección de trozos de carne que de ninguna manera se asemejaban a un cuerpo humano. El inmenso guerrero suspiró, apoyando su alabarda sobre su hombro y quitándose los trozos de sangre pegados a su armadura.

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— ¡Bien! ¡La batalla ha terminado! Si estás muerto, ¡dame un grito!

—Eso no es posible —, contestó Pivot—. Porque, como me complace informar, todos están vivos.

Los diversos grupos del Escuadrón Zergev habían logrado romper a través de la multitud de no-muertos y unirse poco después de que Grimm destruyera a Tholter. Tanto Wilhelm, con su increíble trabajo con la espada, como Carol, que fue herida, regresaron a salvo. Incluso el miembro del escuadrón que había recibido la flecha de Tholter sobrevivió.

Por algún milagro, el escuadrón no había perdido ni una sola persona en la batalla.

—Vaya, vaya, vaaaya, qué buena exhibición. ¡Todos ustedes me salvaron!

En algún momento después de que terminara el combate, el escuadrón se sentó en el suelo mientras Roswaal los bañaba en alabanzas.

Pivot se volvió hacia ella y, ajustando su monóculo, le preguntó:

—Díganos, Miss Mathers. ¿Qué eran esas criaturas no muertas?

—Esa es una pregunta excelente. Son una señal de que hay más en esta situación de lo que parece. Tengo que volver al castillo lo antes posible. Tendremos que tener el mayooor cuidado.

— ¿El mayor cuidado…? —eso sonó sombrío. Pivote levantó una ceja. Roswaal asintió, enviando ondas a través de su pelo índigo.

—No estoy seguro de estar de acuerdo —, dijo Burdeos, cruzándose de brazos—. Es sólo un muerto viviente. ¿Cuál es el peligro?

—Los zombis son sólo el comienzo —, dijo Roswaal—. La pregunta es quién los está controlando, y quién instaló los círculos mágicos, aunque sospecho que son la misma persona.

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Bordeaux, junto con todos los que no conocían la situación, la miraron con perplejidad, mientras que Wilhelm, todavía sosteniendo su preciosa espada, frunció el ceño a Roswaal. Ella llevaba una sonrisa que sugería que tenía una idea de quién era esa persona, y eso lo molestaba.

Roswaal no se dio cuenta o lo ignoró. Ella señaló lo que quedaba del círculo mágico y dijo, —Fue la misma persona que trajo este tipo de inusual habilidad mágica a la Alianza Demi-humana y usó la maldición para controlar a los zombis. Se hace llamar… Sphinx1. Se podría decir que ella pertenece al legado de la Bruja, lo que probablemente es la forma más clara de comunicar lo peligrosa que es.

Todo el mundo, incluyendo a Wilhelm, tragó pesadamente al oír eso. Confirmó que el monstruo, Sphinx, el remanente de la Bruja, era real. La larga sombra que ella proyectó sobre la guerra estancando a las fuerzas reales y a la Alianza Demi-humana no era ninguna ilusión.

Además, la conexión formada allí con la Bruja guiaría al reino de Lugunica, al Escuadrón Zergev y, sobre todo, al propio Wilhelm a un destino inevitable.

Wilhelm Trias, el Demonio de la Espada, aún no había encontrado su destino. Todo comenzaría tres años más tarde, cuando cumpliera dieciocho.

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