Goblin Slayer

Volumen 5

Capítulo 5: Asalto a la Mazmorra

Parte 1

 

 

—¡No estaba de acuerdo con esto!

—Ah… Ah-ha-ha-ha-ha…

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A la mañana siguiente, la elfa estaba bajando por el sendero de la montaña, encerrada en una jaula de madera. La sacerdotisa estaba a su lado, sonriendo incómodamente. Ambas iban vestidas con harapos.

Las largas orejas de la elfa se agitaban con rabia; ella agarró los barrotes de la jaula y les dio una sacudida.

El palo que atravesaba la parte superior de la jaula para poder llevarla era, al igual que sus trajes, una parte integrante para hacer que los “prisioneros” parecieran realistas.

Goblin Slayer Volumen 5 Capítulo 5 Parte 1 Novela Ligera

 

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—¡¿Por qué tenemos que ser prisioneras de batalla?!

—Porque yo y los otros nunca lo seríamos.

Con los hombres como cautivos, el acto ya no sería convincente. Goblin Slayer no dio ninguna otra opción.

Él había teñido su siempre mugrienta armadura de negro de pies a cabeza; era un espectáculo muy extraño. Podría haber pasado por el espíritu de un soldado muerto que acaba de volver de la tumba.

—¡Oh! ¡Oh! ¡La tonta dama aventurera comienza a quejarse de nuevo! — dijo un enano de aspecto malvado que llevaba la jaula desde el frente. —Maestro monje, quizás deberíamos darles una lección…

—¡Heh-heh-heh! Finas ofrendas ellas serán al dios del conocimiento. Te dejaré hacer lo que quieras con ellas. — La respuesta vino de un monje lagarto oscuro que caminaba adelante, sonriendo maliciosamente. Él había estado muy entusiasmado desde que preparó su disfraz y se había pintado la cara y las escamas, usando pigmentos para cubrirlas con diseños extraños.

La elfa alta se mordió el labio con un gruñido y cambió de objetivo.

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—¡Oye, sabes que está bien si te enojas un poco!

—Oh, creo… que me he acostumbrado a este tipo de cosas… — La sacerdotisa, sentada en una esquina de la jaula abrazando sus rodillas, sonrió frustradamente. La expresión, combinada con su esbelto cuerpo y su delicada belleza, la hizo parecer la imagen misma de una prisionera. Una buena actuación. Por supuesto, el verdadero problema era que no era una actuación en absoluto.

—……

La jaula tenía otra habitante, alguien que no había dicho una palabra. Era Noble Fencer.

Ella también estaba sentada en un rincón de la jaula con sus piernas presionando su pecho, donde miraba fijamente al espacio y no movió ni un músculo.

Su bella piel, sin embargo, había perdido su brillo; sus labios rosados se habían vuelto azules.

La sacerdotisa se le acercó lentamente, moviéndose a gatas.

—Um, ¿no tienes frío…?

—……Estoy bien —, dijo Noble Fencer.

Normalmente, eso podría haber sido suficiente para disuadir a la sacerdotisa, pero esta vez ella sólo rio un poco.

Fue una mejor respuesta que “Seguro”“Ya veo”“¿En serio?” o “Muy bien, entonces”.

Ella pensó en cómo él había sido cuando se conocieron por primera vez; él no habría dicho más que una de esas palabras.

—Yo tengo frío… así que me mantendré cerca de ti, ¿de acuerdo?

—……Haz lo que quieras.

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Noble Fencer miró hacia otro lado. La sacerdotisa asintió, aunque la luchadora no pudo verla, y luego puso sus rodillas como la otra chica.

El camino nevado parecía muy largo. La jaula se balanceaba de un lado a otro con la ventisca.

Estaban marchando hacia la fortaleza que se elevaba sobre la montaña nevada. No era algo que fuera fácil o agradable para las mujeres llegar a pie.

Entonces… ¿estaban tratando de ser amables haciéndonos actuar como prisioneras?

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Estaba la “insensibilidad”, y luego estaba la insensibilidad, pensó la sacerdotisa, que se aferraba suavemente a los hombros de Noble Fencer.

¡Achoo! — Alguien estornudó delicadamente por el frío.

Ella intentó cubrirse su rojo rostro y boca, pero ya era demasiado tarde. Las afiladas orejas de la elfa habían captado la dirección del sonido, y ahora la miraba con una sonrisa. Noble Fencer estaba mirando a la sacerdotisa de una manera que no era muy femenina.

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—Yo… no pude evitarlo. Hace frío aquí afuera.

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—……Sí. Así es —, murmuró Noble Fencer, pero había indicios de una sonrisa en los bordes de sus labios. La sacerdotisa estaba segura de ello.

Ohhh…

Parte de ella estaba orgullosa de haber provocado esa reacción, pero le daba vergüenza considerarlo un golpe de suerte.

—Pero tienes razón —, dijo la elfa, el color de su rostro no era inspirador. —Hace mucho frío aquí afuera, especialmente con esta ropa. — Sus orejas temblaban sin descanso. —Creo que se me van a congelar las orejas.

—No lo llaman la montaña nevada por nada —, dijo Goblin Slayer desde fuera de la jaula. Hizo una señal al chamán enano para que se detuviera. Luego metió la mano en la bolsa de objetos y sacó una manta, aunque su utilidad contra el frío era mínima.

—Es un viento helado —, dijo el chamán enano. —¿Qué dices, Escamo- er, monje?

—Yo mismo debo vestirme abrigadamente para no quedarme inmóvil. — El hombre lagarto quien llevaba su ropa normal, aumentada con una capa muy pesada. Entrecerró un poco los ojos. —Algunos dicen que los temibles nagas fueron aniquilados por el frío.

—Debilidad racial, ¿eh? Entonces, no hay forma de evitarlo. ¿Qué tal si prendemos fuego y calentamos nuestros huesos?

El chamán enano metió la mano en su bolsa de catalizadores para coger un pedernal, junto con una o dos grandes piedras.

—Llama danzante, gloria de la salamandra. Concédenos una parte de lo mismo.

Tan pronto como entonó las palabras, las piedras en su mano comenzaron a brillar suavemente desde dentro. El lanzamiento de ‘Encender’ consumió uno de sus hechizos, pero ninguno de ellos lo consideró un desperdicio.

—Las piedras no arderán, sólo se calentarán, así que… ¡ay! ¡Caliente, caliente! Es un buen hechizo.

—Tengo muy malos recuerdos de ese hechizo —, dijo la elfa, cubriendo reflexivamente su pierna. El chamán enano resopló.

—Si no te gusta, no tengo que darte uno.

Poco después, las rocas estaban agradablemente calientes; el chamán enano las envolvió en tela con una mano experta y las colocó en la jaula. Incluso la elfa, que no parecía muy contenta hacía un momento, aceptó una piedra, parpadeando.

—Er, gracias. Eres muy considerado, para ser un enano.

—¡G-Gracias…! — Dijo la sacerdotisa.

—……

Cada una de las tres tuvo su propia reacción. El chamán enano simplemente golpeó su barriga con un “¡No es nada!”, causando que la elfa suspirara.

—Podrías ser un poco más abierta acerca de tus sentimientos —, dijo el enano.  —No obstante. Corta Barbas, ¿tienes algo para nosotros?

—Hmm. Tenía la intención de esperar hasta que llegáramos al castillo, pero… — Agarró un puñado de algo de su bolsa de objetos y lo sacó tranquilamente. Lo tiró dentro de la jaula, donde la sacerdotisa lo atrapó.

En su mano había varios anillos pequeños, cada uno con una gema azul.

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—Esos anillos tienen el hechizo Respiración sellado en su interior —, dijo calmadamente Goblin Slayer. Este era un hechizo que permitía respirar libremente.

Sobre el único lanzador de hechizos en quien podía pensar la sacerdotisa, que podría ser capaz hacer trucos como éste, era la bruja. Incluso el pensamiento de la exuberante maga hizo que la sacerdotisa se diera cuenta de su propio cuerpo demasiado delgado.

Ella los dejó a un lado y dijo, —Goblin Slayer-san, si nos estás dando anillos para respirar bajo el agua, ¿eso significa…?

En el fondo de su mente, la sacerdotisa imaginaba esas ruinas que habían visitado, las que estaban gobernadas por un ogro. Goblin Slayer había usado un pergamino inscrito con el hechizo Portal para lanzar un chorro de agua a alta presión transportado desde el fondo del mar hacia el monstruo.

—Que entonces tienes un pergamino —, dijo la sacerdotisa.

—Los anillos no funcionarán por mucho tiempo —, dijo secamente Goblin Slayer. —Pero ayudarán a aliviar el frío, incluso aquí en la nieve.

—¡Increíble! ¡¿Por qué no lo dijiste antes, Orcbolg?!

La elfa aplaudió, movió sus orejas, y con una gran muestra de alegría puso el anillo en su dedo.

—¡Mmmm! —, dijo ella. Evidentemente, era cierto que el anillo ayudaba con el frío. Tal vez tenía sentido, en cierto modo: después de todo, la nieve era sólo agua helada.

—El anillo por sí solo no hace mucho, pero combinado con la piedra del enano, estoy bastante cálida —, dijo la elfa.

—Oh, uh… Déjame intentarlo, entonces… — Con mucha reticencia, la sacerdotisa se puso el anillo. En el momento en que lo hizo, el frío fue mitigado en todo su cuerpo, como si se hubiera sepultado bajo una manta.

—¡Oh! — exclamó ella involuntariamente. —¡Esto es increíble!

—¿No es así? — Dijo la elfa, cerrando los ojos y luciendo orgullosa como si a ella se le hubiera ocurrido la idea de los anillos.

El chamán enano, escuchando esto, rio.

—Oye, ¿qué? — refunfuñó la elfa, haciendo pucheros.

—Dios mío… — La sacerdotisa suspiró y miró a Noble Fencer a su lado. Ella se encontró con una contundente mirada y con unos ojos helados. —Toma, ¿por qué no pruebas un anillo también?

—………No lo necesito —, contestó Noble Fencer, agitando su cabeza tan fuerte que su dorado cabello se sacudió violentamente. —No tengo frío.

—Vamos, ¿cómo puedes decir eso?

De repente, la sacerdotisa recordó a las chicas más jóvenes en el Templo. Era el tipo de cosas que habrían dicho en voz alta (cualesquiera que fueran sus razones) cuando salían en invierno con las vestiduras más finas, incluso cuando sus narices goteaban con mocos.

Gentilmente, la sacerdotisa tomó la mano de Noble Fencer. Como era de esperar, estaba muy fría.

—Toma, te ayudaré a ponértelo.

—……Ya te lo dije, no estoy… ¡achoo! — Estornudó, y luego rápidamente apartó su mirada de la sorprendida sacerdotisa. —……No tengo frío.

—…Claro, claro. — La sacerdotisa luchó para suprimir una risa. —Me aseguraré de que todos lo sepan. Pero aun así voy a ponerte este anillo.

—…Hrm.

Y así, no aceptando un no por respuesta, la sacerdotisa deslizó el anillo en el dedo de la chica.

Las piedras azules brillaban en las manos de las chicas.

—¡Heh! Supongo que ya no puedo huir ahora que llevo esto puesto. — Incluso la elfa parecía estar entrando en el juego, riéndose mientras ella hablaba.

—……

Noble Fencer permaneció en silencio y taciturna, sin prestar atención a los demás, aunque las tres permanecieron cerca de las cálidas piedras. El efecto de calentamiento concedido por sus anillos con las bonitas piedras azules podría no durar mucho tiempo, pero los anillos en sí aún quedarían.

—Heyo, chicas, ya basta de charla. Vuelvan a lucir asustadas. — El chamán enano trató de parecer tan amenazador como pudo con la esperanza de estimularlas en su acto.

—¡Vamos, enano, no tienes que estropear el momento!

—¿Momento? Habla por ti misma, Orejas Largas. ¿Qué clase de esclavos se mostrarían riendo y chismorreando?

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Cuando él lo dijo así, ella no pudo responder muy convincentemente. La elfa frunció sus labios, enfadada, pero se quedó callada.

—Toma la delantera —, dijo Goblin Slayer. —Mi visión nocturna es muy pobre.

De hecho, sería bastante inusual que un agente del caos llevara una antorcha. Goblin Slayer tomó el palo de la jaula en su hombro, ahora siguiendo al sacerdote lagarto.

—Déjamelo a mí. Es mejor que me sigas de cerca, mi caballero errante. — Con un siseo sibilante y gutural, el sacerdote lagarto avanzó a pasos sombríos.

La gran puerta negra de la fortaleza estaba casi ante ellos, era imposible pasarla por alto en la montaña nevada.

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