Goblin Slayer

Volumen 3

Capítulo 3: El Festival de la Cosecha Trae Sueños

Parte 4

 

 

Ahora, dejemos atrás la estatua de la rana afuera y sigamos al tendero dentro mientras entra a la taberna por más limonada.

—No meteré mi nariz demasiado lejos, pero… El sacerdote lagarto mordisqueó gustosamente una salchicha frita cubierta de copiosas cantidades de queso. No era grosero en la cultura lagarto hablar mientras se disfrutaba de la comida.

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—Me pregunto si irá bien… Por supuesto, espero que sí.

—Ahh, las cosas en este mundo resultan ser las mejores ocho o nueve veces de cada diez. Dijo el chamán enano, golpeando su barriga como un tambor mientras tomaba un trago de su fuerte bebida y proclamaba. — ¡Está bien! Miró hacia un lado con una sonrisa astuta y dijo. —Lo que realmente me preocupa es…

La última persona en la mesa, La elfa mayor, miraba como si estuviera cazando presas.

—Grrr…

— ¿De qué estás quejándote, Orejas Largas?

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— ¡Porque! Golpeó la mesa, señalando fuera de la taberna mientras sus orejas se movían furiosamente. — ¡Intenté eso antes, y no conseguí ni uno solo!

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—Todo lo que eso significa es que disparar y lanzar son cosas diferentes.

— ¡No es justo! ¡Soy una elfa mayor! ¡Somos descendientes de los dioses!

Entonces tomó un trago desesperado de su limonada.

Había gastado una moneda de bronce tras otra, y al final terminó comprando su propia bebida. Era la limonada más amarga que había bebido nunca.

—Bueno, así es el mundo. Mi señorita exploradora y Goblin Slayer tienen diferentes talentos.

El tono del sacerdote lagarto sugirió que estaba hablando con una niña. Y el chamán enano estaba encantado de añadir su opinión.

— ¿Seguro que no es sólo que estás herida por perder contra Corta barbas?

Sniiiiff… N-no estoy herida.

El sacerdote lagarto siseó con diversión mientras la elfa decía las palabras entre dientes.

—…Oh, espera un segundo.

La elfa de repente revoloteó sus orejas sorprendida, levantando la cabeza y volviéndose hacia la ventana.

— ¿Pasa algo malo, señorita exploradora?

—Mira afuera. Se están moviendo.

Ella tenía razón. Los dos estaban dejando el juego de lanzar las bolas atrás.

La granjera arrastraba los pies con pesar, mientras que Goblin Slayer caminaba con tanta audacia como siempre.

—Um, están diciendo… “Saluda a la recepcionista de mi parte” y “Sí”.

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¿No puede pensar en algo más amistoso que decir?

La elfa hinchó sus mejillas molesta, jugando con su vaso de limonada, ahora cubierto de lágrimas.

El chamán enano acarició su barba, aparentemente divertido por esto.

—No puedo pensar en un uso más tonto para las orejas de un elfo.

— ¿Oh? ¿No sabes nada de cultura humana, enano? La elfa le dio una inusual y confiada sonrisa, con sus orejas erguidas. —Si puedes hacer tonterías, demuestra que tienes recursos suficientes para permitirte el lujo.

—Me suena como la excusa de alguien que se vio tan atrapado en lo que estaba haciendo, que olvidó su cartera en algún lugar.

—Eso no tiene nada que ver con esto.

— ¡Por eso odio a los elfos! Siempre tratando de ocultar sus problemas.

—Palabras fuertes cuando los enanos sólo piensan en el dinero.

Y entonces los dos amigos empezaron otra vez en uno de sus habituales discusiones.

El sacerdote lagarto los miraba con placer, golpeando su cola contra el suelo. Llamó a una camarera cercana.

— ¡Disculpe, señorita camarera!

— ¡Si, señor!

La atenta respuesta vino de una padfoot—una chica bestia. Sus manos, pies y oídos eran los de un animal. Ella se le acercó.

—Mi. Naturalmente, los ojos del sacerdote lagarto se abrieron un poco al reconocer a la chica que estaba allí, riéndose entre dientes.

—Disculpe, pero ¿no es usted una de las chicas del Gremio?

—Oh, sí. Tengo dos trabajos. La chica padfoot escondió su sonrisa con una bandeja, pero no pudo ocultar su risa. —Mire a su alrededor. Todos están tan ocupados hoy, que aceptarán toda la ayuda que puedan conseguir.

—Ya veo, ya veo. Me alegro de que esta marea creciente parezca estar levantando su barco también. El sacerdote lagarto asintió seriamente, usando una de sus afiladas garras para indicar el menú en la pared. —Pediré otras dos o tres de tus salchichas fritas. Y si pudieras asegurarte de que el queso sea especialmente abundante.

—Claro, claro, claro. Por cierto, si quiere, también tenemos salchichas con hierbas.

—Ah, ¿hierbas, dices?

—Y otros con cartílago.

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— ¡En serio!

— ¡Además algunos rellenos con queso!

— ¡Oh, dios mío!

Ni que decir, sus ojos nunca habían brillado tanto.

Así, la hora del almuerzo pasó sin incidentes.

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