Goblin Slayer

Volumen 3

Capítulo 3: El Festival de la Cosecha Trae Sueños

Parte 3

 

 

Era casi mediodía cuando una voz les llamó a los dos. — ¡Bueno, si no es el viejo Gob Killer (Goblin Slayer)!

La grajera levantó su cuello para ver quién era, mientras se preocupaba acerca de qué hacer con su anillo.

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No reconocía la voz relativamente aguda, pero el destinatario parecía que sí los conocía.

El casco se giró para mirar directamente al joven explorador, que los señalaba.

Junto a él estaban la chica druida, el guerrero novato y la sacerdotisa aprendiz.

La granjera se dio cuenta de que los jóvenes aventureros incluso pasaban sus tiempos libres juntos.

—Whoa, tío, ¿estás en una cita con la granjera?

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— ¡Hey, deberías ser más educado con alguien mucho mayor!

El guerrero novato parecía molesto, pero la sacerdotisa aprendiz le tiró de la manga.

¿Gob Killer? Déjaselo a un niño para que se le ocurra un apodo como ese. La granjera sonrió.

Ella sonrió ante su casco en un gesto deliberadamente significativo.

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— ¿Una cita? Me pregunto. ¿Qué te parece?

—Espera. Dijo Goblin Slayer sin rodeos. —Sólo tengo veinte años.

Su sonrisa se amplió. Él no lo había negado.

— ¡¿Quéééé?!

Los chicos dieron gritos extraños, y finalmente la granjera no pudo contenerse más.

—Claro que lo es. Pero nadie lo sabe desde que siempre lleva puesto ese casco.

—…Es una medida necesaria.

Su voz sonaba un poco más brusca de lo habitual.

Él estaba haciendo pucheros. El día de la granjera seguía mejorando.

Todos decían que no sabían lo que estaba pensando porque no podían ver su cara. Pero para alguien que lo conocía desde hace tanto tiempo como ella, era bastante fácil.

—Um, ¿podrías… ayudarnos? La sacerdotisa aprendiz les preguntó con vacilación.

Vwip. El casco de acero de Goblin Slayer se volvió hacia ella. — ¿Son goblins?

—No, en absoluto. Umm…

— ¿No son goblins?

Su apagada respuesta dejó a la chica druida mirando a su alrededor con incertidumbre.

Junto a ella, el joven explorador dijo. — ¡Eres bastante tonto, hombre! Y engreído. — ¡De ninguna manera algún goblin aparecería por aquí!

—Lo harán.

— ¡¿Huh?!

—Los goblins vendrán.

— ¡¿En serio?!

Sí. ¿Qué? ¡De ninguna manera! De un lado a otro dieron vueltas. La granjera los miraba con una especie de indefensa diversión.

—Que los chicos sean chicos. ¿Necesitaban algo?

Se agachó hasta el nivel de los ojos para ver a la chica druida y a la sacerdotisa aprendiz.

Se miraron la una a la otra, luego al pecho de la granjera, acentuado por el brazo que ella descansaba bajo él.

Entonces cada una se miró a sí misma y suspiró. Lo suficientemente fácil de entender.

—No se preocupen. Seguirán creciendo.

—…Eso no es muy tranquilizador.

—Sí, sigue siendo aún…

Los rostros de las dos se volvieron rojos e inquietos, mirando fijamente al suelo. La granjera sonrió por dentro mientras les daba una palmadita en la cabeza. —De todos modos, ¿qué tienen en mente?

Las chicas asintieron, luego miraron hacia atrás y señalaron hacia la entrada de una taberna que había detrás de ellas.

Una enorme multitud se había reunido allí, y en medio del círculo había una pequeña mesa. Encima de la mesa había una estatua de una rana con la boca abierta.

Un borracho estaba parado en una línea blanca dibujada en el camino, sosteniendo un puñado de bolas de plata.

— ¡Hrah! ¡Yaah! Haaah!

Tiró las pelotas una tras otra, pero no sirvió de nada. Cada una rebotó en la mesa y cayó al suelo.

El dueño de la tienda, parado junto a la estatua, recogió las bolas con gran facilidad y dijo en voz alta.

— ¡Vamos, diez bolas por una moneda de bronce! ¡Un acierto y consigue una taza de cerveza! ¡O limonada para los niños y las niñas!

—Las bolas no entrarán. Dijo el joven explorador con un resoplido.

Había estado entrenando con el grupo del guerrero blindado, pero aún era un niño. Quince años era la edad mínima para convertirse en un aventurero, y esa habría sido su edad hace muchos años para este chico, pero aún no podría haber cumplido los veinte años.

La granjera se dio cuenta de que debía haber mentido sobre su edad, pero no sentía ninguna inclinación a mencionarlo.

—Sí. Creo que esas bolas de plata están amañadas.

—Calma, calma, chico. Eso no es gracioso.

El aprendiz guerrero habló medio en broma mientras entregaba una moneda de bronce, y el dueño respondió con una sonrisa y un tono que sugería que ya habían tenido esta conversación antes.

Entonces los dos chicos lanzaron las pelotas uno tras otro, pero no se acercaron al blanco.

Un gran suspiro… vino de las chicas.

—…Ellos se ven atrapados en estas cosas tan fácilmente.

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—Los chicos apestan, ¿huh?

Ellas no eran mucho más maduras, pero trataron de fingir que lo eran. La granjera escuchó las quejas de las chicas con un —Uh-huh, uh-huh.

Chicos. Están tratando de parecer geniales.

—…Y las chicas quieren que lo hagan. Dijo ella, mirando a su viejo amigo.

La expresión detrás del casco de acero era, como siempre, imposible de ver y sin embargo fácil de adivinar.

— ¿Qué cosa?

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— ¿Danos una demostración?

—Hrm.

Goblin Slayer miró a los cuatro niños y a la granjera.

Luego, con un pequeño gesto de asentimiento, sacó una moneda de bronce de su bolsa y se acercó al dueño de la taberna.

—Tendero.

— ¡Si señor!

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—Uno, por favor.

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Lo que pasó después fue casi demasiado rápido para que el ojo lo siguiera.

Rodó las bolas alrededor de su palma con un clink, y luego las lanzó dentro de la boca de la rana.

No había nada inusual en su técnica.

Simplemente tenía su marca. Pero era preciso y rápido.

Uno entró. Dos. Tres, cuatro. Entonces cinco y seis.

Durante varios segundos, las bolas rodando dentro de la estatua de la rana crearon un sonido muy parecido a ribbit.

— ¡Wow!

—Whoa…

El asombro en las caras de los niños era evidente.

Y no sólo los niños.

Los espectadores exclamaron apreciativamente y comenzaron a aplaudir.

¡Heh! La granjera infló su amplio pecho casi como si fuera ella la que hubiera hecho esa impresionante exhibición.

La gente creía que sólo era bueno para matar goblins.

Pero eso no era verdad. Había más en él que eso.

—Caray, señor, ¿no podías haberte detenido? ¿Por mi bien?

—No.

Mientras que él dijo su respuesta profundamente seria al dueño, la granjera le dio una palmadita de felicitación en la espalda.

—Siempre fuiste bueno en estos juegos, incluso cuando éramos niños.

—Sí.

Había también una taberna en su pueblo natal, aunque la estatua no había sido una rana, sino una mujer con una jarra de agua. En cada festival, había ganado tres tazas de limonada para ella, él y su hermana.

Ahora que lo pienso, lo recuerdo practicando haciendo rebotar piedras en el río antes de cada fiesta.

Se dio cuenta con un torrente de afecto de que él siempre había sido el tipo de persona que se preparaba a fondo.

— ¡Bien hecho, hombre! Dijo un camarero. — ¿Seis limonadas? ¡Ahora mismo!

—Sí.

Bajó su casco una vez, como siempre.

Luego se volvió hacia los muchachos y les explicó en un tono moderado.

—Y eso es lo que debes hacer.

—…B-bien.

—Ahora inténtelo.

Goblin Slayer pasó las cuatro bolas de plata restantes a los jóvenes.

El joven explorador tomó dos, a la vez frenético y estoico.

— ¿N…no tienes otro consejo?

—Práctica.

Eso fue todo lo que dijo.

—Bleh. Se quejaron los chicos. Goblin Slayer les asintió con la cabeza y se puso de pie seriamente.

— ¡D-dale tu mejor tiro!

— ¡Hey, tienes que lanzar mejor que eso!

— ¡Ha-ha-ha-ha! Aww, no seas tan duro con él.

Así las chicas vieron a los tres chicos…

—Oh…

La granjera se dio cuenta de que no estaba mal pensar en él con esa palabra.

¿Era extraño?

No, no lo era. Realmente no lo era.

Por supuesto, habían pasado diez años desde entonces. Era mucho tiempo para generar experiencias. Ella había aprendido tantas cosas como él.

Pero todo eso era sólo una acumulación.

Las raíces siguen siendo las mismas.

Era un principio en el que ella creía… No, era algo que ella esperaba que fuera cierto.

— ¿Bebida?

—Claro, gracias.

Ella tomó el vaso frío de su mano. Era agua de pozo con limón y miel.

Esa refrescante sensación fría, pensó, no había cambiado en diez años.

—Oh, sí. Dijo, fingiendo que se le había ocurrido algo mientras veía a los niños arrojar decididamente las pequeñas bolas por el rabillo del ojo. —Ya que lo conseguiste para mí, ¿por qué no me lo pones? El anillo.

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— ¿Dónde?

Miró intensamente sus dedos desde el pulgar hasta el meñique.

—Lo quiero en… mi dedo anular. Dijo, empezando a arrepentirse de haber dicho algo.

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—… ¿Qué te parece?

— ¿En cuál mano?

— ¿Qué quieres decir con, en cuál? La…

La mano izquierda.

Ella agitó su cabeza, de alguna manera incapaz de pronunciar las palabras.

—Dere…

Tomó un respiro y buscó en su bolsillo, sacando el anillo con la mano izquierda.

—Mano derecha… por favor.

—Muy bien.

Y entonces le puso el anillo en el dedo sin una pizca de ceremonia.

Lo levantó hacia el sol, y brilló intensamente.

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Goblin Slayer Volumen 3 Capítulo 3 Parte 3

 

Bueno, supongo que tendré que quitármelo cuando trabaje.

Pero al menos durante el festival, podría dejarlo puesto.

Con el sabor agridulce de la limonada en su boca, la granjera decidió divertirse tanto como pudiera.

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