Goblin Slayer

Volumen 3

Capítulo 1: La Luna de la Cosecha

Parte 5

 

 

Cuando Goblin Slayer dejó el Gremio, un dulce aroma lo envolvió.

¿Qué podría ser este olor?




Pero mientras se preguntaba, una ráfaga de brisa fresca se llevó el olor. Al atardecer, el calor del día desaparecía como si nunca hubiera estado.

Se acercaba la noche. Miró fijamente a un frío cielo salpicado de estrellas.

Las lunas gemelas, llenas de la promesa de una rica cosecha, brillaban con una luz que de alguna manera era metálica e inorgánica.

—Hm.

Ya era otoño.

Pero significaba muy poco para él.

Después de la cosecha, las incursiones de los goblin a las aldeas probablemente aumentarían.

Había un estilo de lucha apropiado tanto para la primavera, como para el verano, para el invierno, y sí, también para el otoño.

Examinó las silenciosas calles.

Las pancartas y banderines colgando en anticipación al festival junto con las torres de madera, arrojaban una compleja red de sombras sobre el suelo. Goblin Slayer zigzagueó entre ellas mientras caminaba.

Estas eran calles que conocía bien, pero cada vez que pasaba una sombra, reflexivamente hacia un puño.

Quizás no había nada escondido en la oscuridad. Pero los goblins podrían aparecer en cualquier momento y lugar.

No todos los preparativos eran útiles, pero uno nunca podría estar demasiado preparado. Este era uno de los principios más preciados de Goblin Slayer.

— ¡Oh, ahí estás!

Así podía tomar con calma la inesperada, pero familiar voz.

El brillante y amistoso saludo que no coincidía con la noche, aunque quizás necesitaba la luz.

—Oh, Dijo Goblin Slayer. — ¿Viniste a verme?

Era, por supuesto, la granjera

— ¡Heh-heh! Con una sonrisa en el rostro y un rebote de su pecho, ella se estampó rápidamente contra él.

—Ojalá pudiera decir que sí. Acabo de estar en la ciudad. Trabajo, ya sabes.

— ¿Es así?

—Sí, lo es. Ella asintió firmemente. El sucio casco la siguió intensamente.

— ¿Una entrega?

La granjera negó con la cabeza.

—Hablando con un cliente. El tío me dijo que lo manejara para que aprendiera sobre el lado comercial de las cosas.

— ¿Es así? Dijo otra vez, asintiendo.

El sol estaba ausente y la ciudad oscura, dejando a los dos solos en la oscuridad. La calle a las afueras de la puerta de la ciudad era aún más solitaria y oscura.

—… ¿Vamos a casa?

—Sí, vamos.

Salieron, apoyándose uno al lado del otro.

Siguieron sus propias sombras que se extendían a lo largo de las losas y silenciosamente se dirigieron a casa.

No con prisa, pero tampoco tomándose su tiempo.

 

La falta de conversación no les molestó. A veces era bastante agradable.

—Ah…

Con un silbido, el fresco viento volvió a soplar y trajo consigo esa agradable fragancia.

Goblin Slayer no podía recordar a que le recordaba esa fragancia.

Un pétalo danzaba en el aire, acompañando la brisa y el olor.

Goblin Slayer miró hacia arriba. Vio un árbol cubierto de flores doradas.

—Oh, es un olivo fragante. La granjera siguió su mirada hacia arriba y usó su mano para proteger sus ojos del brillo de las hojas. —Ya está floreciendo. Supongo que esta es la temporada.

Había sido el aroma de una flor.

—Así es. Murmuró Goblin Slayer, ahora que sabía de dónde venía el olor.




Era extraño cómo el marco de flores de color amarillo pálido hacía que incluso las lunas frías parecieran cálidas.

Cuando empezó a alejarse, de repente sintió una suave sensación rodeando su mano izquierda.

La granjera había sujetado su mano enguantada con la suya.

Ella se sonrojó lo suficiente como para ser visible, apartó sus ojos lentamente.

—Quiero decir… Podría ser peligroso, caminar mientras estás mirando hacia arriba. Está… Está oscuro.

—……

—Lo siento. ¿Yo…?

Ella miró a su cara, intentando decidir cómo tomar su silencio.

Tras un momento, Goblin Slayer, con su expresión oculta por su casco, sacudió lentamente la cabeza.

—No.

—Hee-hee.

Y la granjera se puso en marcha, llevando a Goblin Slayer detrás de ella.

Podía sentir su calor a través de su armadura. Aferrándose a esa sensación, él la siguió.

Ella lo miró por el rabillo de su ojo.

—Por cierto…

— ¿Qué?

— ¿Sabes lo que el olivo fragante simboliza en el lenguaje de las flores?

— ¿Lenguaje de las flores? Repitió Goblin Slayer, como si nunca hubiera oído esa expresión antes. —No, no sé.

—Bueno, creo que deberías averiguarlo, entonces.




Sonaba muy parecida a un niño tratando de emular a un adulto.

La granjera soltó una risita y sonrió a deliberadamente, moviendo ligeramente su dedo índice.

—Según yo, creo que te queda bien.

—…Lo tendré en cuenta.

Goblin Slayer asintió, y la granjera respondió con un “Mm” de afirmación.

¿Debería mencionarlo?

La granjera había conseguido romper el hielo.

A pesar de su casco, no era tan difícil de leer. Aun así, podría ser sorprendentemente testarudo, así que ella tendría que usar su cabeza.

—…El festival se acerca, ya es pasado mañana.

—Sí, lo es. Asintió asiduamente. —Yo mismo fui invitado.

— ¿Gwah? Se le escapó un extraño grito.

— ¿Qué pasa?




—No, yo… uh, quiero decir… ¿quién te invitó? ¿Y qué dijiste?

—La recepcionista del Gremio. Creo que la conoces.

La granjera asintió.

La recepcionista. Elegante, capaz y reflexiva. Una joven madura.

—No tenía ninguna razón para rechazarla. Les pregunté a todos los demás si querían venir, pero parece que todos tienen planes.

La granjera de repente dejó de caminar.

—… ¿Qué pasa?

—Ah… ¡Ahh-ha-ha-ha-ha-ha!

Con su mano libre jugaba con su cabello para distraerlo.

Gah. Se me adelantó…

Ya sea que entendiera o no lo que ella estaba pensando, Goblin Slayer repitió desapasionadamente: — ¿Qué?




—…Aww, no es nada. La granjera agitó su cabeza lentamente.

No es… No es para tanto. ¿No es así?

Así que no había conseguido lo que quería.

No estaba segura de que debiera dar voz a su pensamiento ahora, pero eran sólo palabras, ¿no?

—Yo también esperaba ver el festival contigo. Eso es todo.

— ¿Lo estabas?

—Sí.

Ella asintió, y luego volvieron a quedarse en silencio.

Antes de que se dieran cuenta, las losas habían dado paso a un camino de tierra, y salieron por la gran puerta principal.

En primavera, esta colina se llenaba de margaritas. Era donde los aventureros habían luchado contra los goblins. Ahora, con el invierno acercándose, todo lo que quedaba era el pasto y sus propios crujientes pasos.

 

Cuando escuchaba atentamente, podía oír el débil “liii, liii” de algún insecto, y la respiración de su vieja amiga a su lado.

El frío había aumentado, pero no tanto como para empañar sus alientos.

—…Hey.

— ¿Qué?

— ¿A qué hora es tu cita?

—A mediodía.

Las luces centelleantes de la granja estaban apareciendo a lo lejos.

Goblin Slayer mantuvo sus ojos—más bien su casco—hacia adelante mientras respondía en silencio.

—Oh. Susurró la granjera, mostrando su temblorosa mano en el pecho. —Entonces… ¿puedo pedir tu mañana?

—Sí.




— ¿Qu…?

Había estado a punto de retractarse de una petición tan atrevida, y ahora todo lo que podía hacer era mirar fijamente.

El sucio casco se mezcló con la oscuridad tan bien que apenas podía decir dónde acababa el acero y comenzaba la noche.

Al igual que ella no podía decir si él estaba siendo sincero.

Él era lo suficientemente fácil de entender, pero… ¿no proyectaba sus propios deseos en sus palabras?

La granjera tragó. Deseaba que su voz no temblara.




— ¿De… verdad?

— ¿Por qué iba a mentir?

No hubo ningún tropiezo en su voz.

Por supuesto que no era el tipo de hombre que dice una mentira tan estúpida. Ella lo sabía.

—Pero es… ¿Estás seguro…?

—Ésa no es la cuestión. Él descartó fácilmente su ansiosa pregunta. —Tú me lo pediste.

—Oh… ¿Entonces… si te parece bien?

—No me importa.




— ¡Hurra!

A la granjera difícilmente se le podría culpar por su emocionado grito, después de su respuesta.

Saltó en el aire, con su generoso pecho rebotando, y dio vueltas delante de él.

— ¡Muy bien, es una cita! En la mañana del festival.

—Sí. Abrumado, Goblin Slayer ladeó su cabeza perplejo. — ¿Te hace tan feliz?

— ¡Qué pregunta!

La granjera le recordó lo que ya debería haber sabido con una gran sonrisa.

— ¡Han pasado casi diez años desde que fui a un festival contigo!




— ¿Sí?

—Claro que sí.

—…Ya veo. Goblin Slayer agitó su cabeza con la máxima seriedad. —No me di cuenta.

Apenas podían captar el aroma de la crema hirviendo. La granjera había dejado los lácteos cocinando cuando pensó que estaba lista para ir a reunirse con él bajo el pretexto de un mandado.

Ahora la casa estaba justo delante de ellos.

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