Goblin Slayer

Volumen 2

Capitulo 1: Aventuras y Vida Cotidiana

Parte 2

 

 

Era tarde. El sol estaba recién pasado de su cenit* y pronto comenzaría a hundirse. (Su punto más alto)

El primero en darse cuenta de su regreso fue el dueño de la granja.

Un pequeño camino corría hasta el pueblo, al lado de los campos, ahora coloreados con la puesta del sol.

Caminó despacio con su valiente e indiferente paso. Como siempre, llevaba su sucio casco y armadura de cuero, su espada de extraña longitud, y su pequeño escudo redondo.

El dueño había estado reparando una cerca cuando sintió un olor a óxido, entonces se puso de pie.

—… has vuelto, dijo en breve.

Asintió, caminando hacia el dueño. —Sí. Terminé mi trabajo.




—Ya veo…

El dueño agitó la cabeza de manera inofensiva al hombre y miró hacia el casco, que ocultaba lo que la misteriosa figura estaba pensando.

El dueño no tenía nada que decirle a esta persona que conocía, o creía conocer desde que el dueño era joven.

De hecho, el dueño encontraba difícil lidiar con este hombre. Podía entender al hombre, no quería echarlo, pero tampoco era alguien que el dueño quisiera cerca.

— ¿Sabes cuántos años ya han pasado? Murmuró sin saberlo.

Cuando los goblins atacan tu aldea, es como una fuerza de la naturaleza, como un acto de los dioses.

Entonces, el hombre sólo había tenido una opción: huir. Pero no sólo se había salvado a sí mismo, sino que ahora estaba luchando.

— ¿No fue suficiente?

— Sí… Asintió como si lo entendiera.




— Entonces no exageres… me da pena esa chica.

—… tendré cuidado. Respondió con un poco de vacilación.

Esto era lo que lo hacía tan difícil, pensó el dueño.

Si fuera un hombre que no se preocupaba por nada, el dueño no habría necesitado preocuparse por él.

Tal vez sabía lo que estaba pensando el dueño, pero continuó con su voz brusca.

—Lo siento. Me gustaría arrendar el establo.

—… es lo de siempre. No te preocupes por los detalles, sólo haz lo que quieras.

Parecía soportar esta respuesta tan ruda sin preocuparse y simplemente pasó junto al dueño.

En la granja propiamente dicha, se fue detrás del establo. Pasando un montón de pastos secos. Había un establo tan viejo que había sido abandonado hace mucho tiempo.

Las tablas habían sido golpeadas contra las paredes y el techo, para remendar los agujeros en ellas. Era algo muy duro, sin duda, pero fue el trabajo de sus manos, lo había hecho sin protestar.

La granjera, la hija adoptiva del dueño y su amiga de la infancia, había insistido en que ella lo haría, pero él sentía que como inquilino, sólo tenía sentido que él hiciera el trabajo.




— ¡Oh! Justo cuando iba a abrir la puerta, una voz había sonado detrás de él con excitación infantil. Se giró y vio a una joven que le señalaba con el dedo, la granjera. Corrió hacia él, con el pecho rebotando, y agitando los brazos.

— ¡Bienvenido a casa! Cielos, al menos podrías avisarme cuando vuelvas.

—No quería molestarte.

—No me molesta saludar.

— ¿Verdad? Él asintió con calma; la granjera le presionó con su dedo índice.

— ¡No! Así que, ¡salúdame bien!

No dijo nada durante un momento, y luego asintió lentamente.




—… estoy en casa.

—Así está mejor. Bienvenido a casa. La granjera sonrió, y su era tan radiante como el sol.

—Te oí la primera vez.

Abrió la puerta con un chirrido y entró en el establo.

La granjera lo siguió, pasando por la puerta.

Se detuvo y giró la cabeza, mirando la cara de su viejo amigo. — ¿Cómo estuvo el trabajo…?

—Estoy en una especie de descanso.

— ¿Oh?

— ¡Sí!

Él no parecía especialmente interesado. Tiró su bolso al suelo; luego tomó un pedernal y prendió la luz de una vieja linterna que colgaba de una viga.

El establo se parecía a una cueva.

Una estera se extendía en el suelo, y la habitación albergaba unos estantes estrechos y una variedad de misteriosas monedas sueltas. Botellas, hierbas, un arma extraña con forma de cruz rota, viejos libros escritos en letras indescifrables, la cabeza de alguna bestia… y muchas cosas más que la granjera no podía adivinar.

Ella sospechaba que incluso la mayoría de los aventureros no podrían comprender lo que eran muchos de esos objetos.

—Ten cuidado.

—Claro, claro…

Ella le dijo mientras se movía alrededor de la colección, y luego se sentó pesadamente en medio del suelo. Él tomó la espada de su cadera y la dejó a un lado, envuelta y todo, y luego empezó a desarmar ruidosamente su armadura.

La granjera se arrodilló junta a él, mirando por encima de sus hombros.

—Oye, ¿qué estás haciendo?

—Reparando las abolladuras de mi casco, cambiando las bisagras de mi armadura, arreglando mi cota de malla, afilando mi espada y puliendo el borde de mi escudo.

—El resto lo entiendo, pero… ¿el borde de tu escudo? ¿Qué diferencia hay?

—En el momento justo, puede ayudar.

—Huh…

Sus movimientos eran diligentes y delicados. Con un martillo, él reparaba y reemplazaba los accesorios de metal, formó eslabones de cadena de alambre doblado, y afiló su espada y escudo con una piedra de afilar.

Un arma podría ser reemplazada por algo tomado de un goblin, pero la armadura era un asunto diferente. Era extremadamente inusual ver a un duende con un yelmo de metal que pudiera proteger su vida. Y aunque encontrara uno, no tendría tiempo para quitarse su casco y ponerse otro.

Un golpe desafortunado en la armadura en la parte baja de las piernas tenía muchas probabilidades de ser fatal. Eso hizo de este trabajo su obra más importante, su salvavidas más importante.

La granjera miraba cada uno de sus movimientos con un ojo y una sonrisa que sugería que ella se estaba divirtiendo.

—… ¿encuentras esto interesante?

—Supongo. Siempre me gusta ver lo que te traes entre manos, se rió y movió su pecho apropósito. — ¿Y? ¿Cómo te fue en tu aventura?

Ella se acercó a él, sus ojos brillaban. Tenía un dulce olor a leche.

En un tono completamente diferente, él respondió.




—Habían goblins.

—Oh, ¿en serio?

—Sí. Él respondió rápidamente, aun trabajando. Luego, agregó —Bastantes.

La granjera miraba fijamente a su espalda, entonces…

— ¡Yah!

Él dejo salir un suspiro cuando  sintió repentinamente algo pesado y suave en su espalda.

La granjera se le acercó y se le echó encima desarreglando su pelo.

Goblin Slayer Volumen 2 Capítulo 1 Parte 2

 

Sus manos se quedaron inmóviles; se volvió hacia ella con una mirada sospechosa. — ¿Qué pasa?

— ¡Nada! Sólo quiero felicitarte por un trabajo bien hecho. Dijo con naturalidad.

—Tendría cuidado si fuera tú.

— ¡Aww, está bien!

—No está bien.

— ¿Pasó algo interesante? ¿Qué clase de lugar era?

Se quedó en silencio. Quizás pensó que lo que pudiera decirle no le serviría.

Montó su escudo recién pulido en la pared, y luego fue a revisar los estantes. Sacó varias botellas, una bolsa y una mezcla, luego abrió una botella con las manos enguantadas. Dentro había restos de una serpiente.

Ignorando a la granjera mientras murmuraba “ugh” por detrás de él, puso la serpiente en el mortero.

—No lo toques. Te dará un sarpullido.

—Claro… Así que, um…

—Eran ruinas en un bosque.

—Ruinas… Entonces, ¿fuiste a matar goblins?




—No. Sacudió la cabeza. —… fui invitado por otros.

Ella asintió con interés, mientras él añadía la mezcla al contenido de una botella a otra.

La serpiente, luego un polvo rojo, una especie de especia. Hierbas secas. Todos irritantes. Ni siquiera hizo mediciones exactas; el proceso le era tan familiar. Aplastó todo en el mortero hasta que se mezcló todo.

—… parece que alguna vez fue una ciudad de algún tipo.

— ¿No sabes su nombre?

—Lo siento. No me importaba.

—Bueno, supongo que hay muchas ruinas por aquí. Esta es la frontera después de todo.




Una vez que quedó satisfecho de machacar completamente a la serpiente, comenzó a hurgar un estante cercano.

Trajo un huevo, la cáscara decía que venía de la granja. Tenían gallinas, pero no ponían huevos todos los días.

Vertiendo cuidadosamente el contenido en polvo del mortero en el huevo a través de un agujero en su parte superior. Cuando lo hizo, murmuró —Ahora que lo pienso, había una gran…

— ¿Uh-huh? Dijo la granjera con un movimiento de cabeza.

—Una gran raíz de árbol sobresaliendo.

— ¿Cómo de grande es grande?

—Más o menos tan alta como tú. Fue un trabajo duro escalar.

—Huh. Eso es realmente increíble.

Fue una valoración infantil y, a su manera, algo asombroso. Había vivido la mayor parte de su vida en la granja, nunca había ido más lejos que el pueblo; nunca había visto algo así. Ahora era él quien sabía más del mundo que ella.

Eso la dejó un poco triste, pero feliz también.

—Y había goblins. Añadió mientras envolvía el huevo relleno en papel de aceite y lo sellaba. Su tono era desinteresado pero gravemente serio. —… fue extraño. Estaban inusualmente bien equipados.

La granjera se golpeó la barbilla pensativamente antes de decir — ¿Crees que huyeron de la batalla aquí?”

—Si así fuera, al menos habrían puesto un guardia.

—Hmm… Bueno, si no lo entiendes, estoy segura de que yo tampoco voy a entenderlo.

Ella gimió, luego extendió los dos brazos con un “ahhhh” se giró sobre su espalda en el suelo.

Cerca del techo oscuro, la linterna ardía y crujía.

—Te vas a ensuciar.

—No me importa. Contestó la granjera con una carcajada.




Entonces… —Oye. Dijo ella, rodando hacia el otro lado para poder mirarlo. — ¿Y si te tomas un descanso mañana?

—No. Sacudió la cabeza silenciosamente mientras metió el huevo en su bolsa. —La recepcionista del gremio me llamó

— ¿Ah, sí? Eso es una pena.

Asintió. —Puede ser un trabajo de goblins.

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