Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 3

Capítulo 2: Lloré y Grité y No Lloraré Más

Parte 2

 

 

Mientras se encontraba en el regazo de Emilia, todos los sentimientos desagradables y las lágrimas que se acumulaban dentro de Subaru se habían desbordado. Lo que quedaba eran los puros deseos personales de Subaru.

Él amaba a Emilia.




Antes también había pensado que la amaba, pero ahora realmente sabía lo que significaba enamorarse de alguien. Fue amor a primera vista. Solo escuchar su voz hacía que su corazón dejara de latir. Solo hablar con ella era tan agradable que se sentía como un sueño.

No podía abandonar a esta chica que se ponía en peligro por los demás.

Es por eso que la amo, había pensado, pero ahora entendía sinceramente lo que había sentido. Ella fue la primera en salvar a Subaru cuando fue invocado a otro mundo sin nadie de quien pudiera depender.

Y, cuando fue acorralado en un oscuro callejón de desesperación, había sido ella quien logró salvar su corazón agonizante. Ella había salvado tanto su vida como su corazón.

No podía pensar en vivir en un mundo sin Emilia.




Amaba pasar sus días con Emilia en la mansión. Amaba aprender todo tipo de cosas sobre el mundo. Amaba a Ram, que le había cuidado tanto a pesar de que esta tenía una lengua demasiada franca. Realmente amaba a Emilia. Amaba a Rem, quien lo insultaba con un lenguaje amable, pero siempre le mostraba cómo hacer las cosas. Él estaba envuelto por la buena voluntad hacia todos los que vivían en la mansión. Subaru quería quedarse allí para siempre.




Estos desbordados sentimientos llenaron su pecho, a punto estallar.

Pero en la otra cara de esa feliz moneda.

Amaba a Emilia. Se desesperó por carecer del poder para protegerla. La vida en la mansión se arruinaría. No sabía dónde o cuándo sería descubierto.

Temía a Ram, quien dominaba las Cuchillas de Viento, que en el bucle anterior le cortó la garganta. Estaba aterrorizado de Rem y su bola de hierro aplastante. La inquietante locura de Roswaal podría llevarlo a ordenar a las gemelas que eliminen a Subaru sin piedad. Cada vez que se despertaba, comprobaba si todavía estaba vivo, y podía sentir que él mismo se resquebrajaba bajo su constante vigilancia contra la desesperación.

Estos también eran los sentimientos verdaderos e indelebles de Subaru.

Emilia había salvado a Subaru antes de que la fricción en su mente hubiera terminado incinerándolo desde adentro hacia afuera.

Al consolarlo, Emilia había salvado su corazón que se encontraba al borde del abismo.

Pensar en ella lo llenó de vida y energía. Emilia fue lo que mantuvo bajo control su impulso de huir.

―En otras palabras, ¡E M D (Emilia-tan es Muy Divina)!

Beatrice respondió a la declaración de Subaru actuando asombrada y dirigiéndole una mueca de molestia.

―¿Has dicho algo extremadamente estúpido en este momento, me pregunto?

―De ningún modo. Estoy volviendo a poner en orden mis principales prioridades.




―Volvamos al tema que nos concierne… ¿Dices que quieres mi ayuda? ¿A qué te refieres, me pregunto?

―Sí, lo digo en serio, lo suficiente como para suplicar a Dios por ayuda. No puedo pensar en nadie más a quien pueda acudir.

En la situación actual, Emilia era, por supuesto, el miembro de la mansión en la que podía confiar más, pero también era la parte más importante de la vida de Subaru. En otras palabras, lo último que quería hacer era ponerla en peligro. Para Subaru, que normalmente priorizaba su propia vida, la vida de Emilia pesaba mucho más que la suya en una balanza.

Siendo ese el caso, tampoco podía ir a Puck en busca de ayuda, lo que dejó-

―Beako. Ella es realmente muy dulce. Y más flexible ante las situaciones de lo que parece.




―No entiendo lo que intentas decir, pero siento que te estás burlando de mí.

―Esa no era mi intención en absoluto… De hecho, como están las cosas en la mansión en este momento, eres la única en quien puedo confiar.

Por supuesto, no podía hablar de estas cosas con Ram y Rem, y mucho menos con Roswaal.

A excepción de Emilia, Beatrice era realmente la única persona en la mansión en la que podía confiar.

―Por favor. Te lo ruego.

Subaru estaba arrodillado en el suelo delante de Beatrice, inclinando la cabeza mientras solicitaba su ayuda.

Necesitaba un farol para iluminar el camino para poder poner fin a esa cadena de desesperación.

―Necesito tu ayuda. Quiero arreglarlo todo y proteger el lugar donde puedo ser feliz. Y eso no sería bueno si no incluye a todos los que viven aquí.

―…

Subaru, tocando su cabeza contra el piso, miró a Beatrice después de un largo silencio.

―… ¿Beatrice?




El conflicto interno que vio en los ojos de la chica hizo que se quedara sin aliento.

Beatrice frunció el ceño y se mordió el labio mientras miraba a Subaru. Y sin embargo, a pesar de la ferocidad de su mirada, parecía al borde de las lágrimas.

―…

Ella abrió la boca para hablar, pero su mirada vaciló cuando se vio incapaz de encontrar las palabras.

El corazón de Beatrice había sido sacudido. Tenía que hacer que ella le hablara.

―Escúchame, Beatrice. Entiendo por qué no quieres darme una mano. Para ti, soy un bicho raro y un extraño que deambulaba el otro día.

―… Si sabes tanto, no necesitas escucharlo de mis labios, ¿verdad?

―Tú eres quien me curó. Gracias. Sé que no sabes esto, pero tengo una montaña de otras cosas por las que debo agradecerte. Y aquí estoy, pidiéndote ayuda de nuevo… Es bastante patético. Es un espectáculo miserable, de verdad, pero tú eres la única que tengo.

Puso todas sus cartas sobre la mesa.

Era la forma más baja de suplicar: agresiva y egocéntrica y sin tener en cuenta los sentimientos de Beatrice en absoluto.

Con Subaru bajando la cabeza con nada más que seriedad, con solo sinceridad bajo sus mangas, Beatrice hizo un resoplido muy típico.




―Eres un gusano que se arrastra por el suelo, llorando por tu propia impotencia. ¿Tienes algo de orgullo, me pregunto?

―Sé lo que es importante para mí. Agacharé mi cabeza diez veces o cien veces y golpearé el suelo si eso es lo que se necesita.

Era demasiado débil como para obsesionarse con un orgullo de tan poca importancia.

Subaru mantuvo su cabeza agachada mientras continuaba suplicando por ayuda.

Sabía que era una manera cobarde de hacer las cosas. Durante sus cinco bucles, había continuado peleándose con Beatrice durante sus encuentros en el camino.




Así es como lo recordaba.

Beatrice actuó como si lo estuviera dejando plantado, pero…

―Puedes… levantar la cabeza.

En el momento en que la delicada voz llegó a sus oídos, Subaru creyó que su cobarde solicitud había sido dada por hecho.

Era muy consciente de su propio egoísmo y se resintió por su comportamiento insincero hacia Beatrice.

Pero incluso eso había sido necesario para que aquella chica llamada Beatrice tomara una decisión.

Así era como el hombre bastante simple llamado Subaru Natsuki lo había visto, pero…




―Bea…

―Toma esto, ¿quieres?

―¡Buah!

Pero esa miserable y sincera cara se encontró con la implacable suela de un zapato.

Subaru todavía estaba postrado cuando levantó la cabeza del suelo, con un deforme sonido de angustia haciendo eco alrededor del archivo.

Subaru permaneció en esa inclinada e incómoda posición hacia atrás, emitiendo un grito incoherente mientras ella lo golpeaba un par de veces más.

―¡Oye… esto es…!

―Podrías pensarlo cien veces y nunca comprenderías el trabajo por el que paso. No importa cuántas monedas de plata juntes, nunca igualarán el sagrado brillo de una moneda de oro. ¿Lo entiendes, me pregunto?

―Er, si obtienes unos pocos miles de monedas de plata, lo igualarán, estoy seguro. Es solo una cuestión de comparación de valores, ¿verdad? ¿O tal vez solo eres mala en matemáticas?

―¡¿Dejarías de mirarme como a una niña lamentable, me pregunto?! ¡¿Son esos los ojos de alguien que me estaba rogando?!

Y entonces, Beatrice y Subaru reanudaron sus disputas.

Fue una batalla inútil que había comenzado sin ninguna razón en particular, repetidas ocasiones en diferentes mundos. Mientras continuaba su charla familiar con Beatrice, pensó en cierto nivel que la obstinación patética dentro de él era bastante estúpida.

―Está bien, entonces, jugaré mi carta de triunfo. Si cooperas conmigo, te daré una recompensa de igual valor, ¿me escuchaste?




―¿Crees que alguien como yo sería atraída por una recompensa cualquiera que puedas conseguir, me pregunto?

―¿Qué tal esto? Debido a que salvé a Emilia en la capital, puedo pedir prestado a Puck. Y él dijo que si quiero cambiar eso por otra cosa, solo tengo que pedirlo… ¿Entiendes lo que intento decir?

La expresión de Beatrice cambió. Subaru sonrió desagradablemente mientras hacía uso de todas sus habilidades de negociación.

Ahora que había una recompensa de por medio, ella aceptó cooperar a regañadientes con Subaru.

Subaru pensó que era bastante tonto el arreglar las cosas ofreciendo a Puck en bandeja de plata. Sabía que el pequeño usuario mágico lo aprobaría, pero aun así…

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