Kumo Desu Ga Nani Ka?

Volumen 6

V3: El Hombre Tras la Desgracia

Parte 2

 

 

“Está bien, tengo hambre. ¿Qué hacemos?”

Ariel mira alrededor. Siguiendo su ejemplo, miro a nuestros alrededores, también, pero no veo ningún sitio donde podamos comer.




De hecho, todo lo que veo son personas.

Estamos en un pueblo ahora mismo.

Este es evidentemente el pueblo más grande de la región; desde aquí, no debería tomarnos mucho tiempo alcanzar la capital.

Como resultado, este pueblo está muy animado y lleno de gente.

Las multitudes son tan densas que cuando Merazophis me lleva en brazos, no puedo ver más allá de los transeúntes.




“He estado en este pueblo antes. Hay un restaurante que recuerdo que era bastante bueno; ¿nos dirigimos hacia allí?”

“¡Genial! ¡Te seguimos!”

Los ojos de Ariel brillas mientras sigue a Merazophis. Parece estar ansiosa por probar su restaurante recomendado.

Es difícil de creer que esta persona sea un señor demonio.

“Por aquí.” Merazophis nos lleva por un callejón.

Cuanto más avanzamos, menos personas veo alrededor de nosotras, hasta que parece que estamos entrando en una tranquila zona residencial.

Entonces giramos en un callejón aún más estrecho, hasta llegar a una puerta sin distintivos.

Cuando Merazophis abre la puerta, suena una campana para anunciar nuestra llegada.

A pesar del exterior modesto, el interior del edificio se ve como un verdadero restaurante.

“Guau. ¿Cómo descubriste este sitio?”

“Mi señor era amigo del señor de este pueblo. Quien me habló de este lugar.”

Su explicación improvisada hace que mi corazón dé un vuelco.

Suena como si el señor de este pueblo hubiera conocido a Merazophis. Si era amigo de mi padre, no hay forma en que no conociera a Merazophis.

Quizás esa persona aceptaría a Merazophis.

Mientras ese pensamiento me distrae, Merazophis y Ariel toman asiento.

Merazophis me coloca en el asiento junto a él. Es una silla para adultos pero aun así me puedo sentar bien.

Aunque no estoy segura de su funcionaría igual para un bebé normal.

Justo cuando estamos sentados, un señor mayor aparece de la parte trasera del restaurante.

“¿Podría tomarles la orden?”

“Dos especiales del chef y algo que sea fácil de comer para un bebé, ¿si pudiera ser?”

“Por supuesto.”

Con eso, el señor mayor desaparece de nuevo.

Somos los únicos clientes en una sala más bien oscura.

No hay camareros ni nada que ver, tampoco, así que parece que el hombre está llevando el restaurante por su cuenta.

No es un gran hombre de negocios, ¿no?” preguntó Ariel dudosa.

“No creo que el beneficio sea una prioridad para él.” Merazophis sonrió secamente. “Ese era el propietario. Me han dicho que solía trabajar para el señor en cuestión. Es bastante talentoso. Pero se retiró debido a la edad. Sin embargo, él todavía quería seguir cocinando, por lo que decidió abrir este pequeño restaurante en un lugar apartado.”

“Ohh, ¿entonces el sólo cocina de vez en cuando?”

“Precisamente. Por lo tanto, se presume que sólo aquellos que lo conocen vienen a este restaurante.”

Eso tiene sentido, no hay cartel en la puerta, así que si no sabes de esto, dudo que te des cuenta de que hay un restaurante en el interior.

Él lo debe mantener como una especie de hobby ahora que se ha retirado de su trabajo principal.

Así que el dinero es secundario.

Hay todo tipo de formas de vivir, ¿no?

Tal vez incluso para Merazophis o para mí…

“¿Pasa algo, joven señorita?”

“¡Oh! No, no es nada.”

Respondí automáticamente para disipar las preocupaciones de Merazophis.

No puedo hacerlo.

No puedo preguntarle si quiere ser libre.

Merazophis no parece convencido con mi respuesta, pero no presiona en el asunto.

Porque la puerta del restaurante se acaba de abrir, y otro cliente ha entrado.

El tintineo de la campana atrae todas nuestras miradas a la puerta.

El recién llegado es un hombre mayor, quizás un poco más joven que el dueño del restaurante.

No quiero quedarme mirando por mucho tiempo, así que me giro, sólo para ver a Ariel observando al hombre con la sonrisa desapareciéndole de su cara.

Inmediatamente, un escalofrío me recorrió la espalda.

Ella no está usando la habilidad de Intimidación, y no está en su modo sanguinario como la he visto antes.

Pero definitivamente está lista para luchar.

Esa es la sensación que tengo, al menos.

“Con permiso.”

Ignorando la mirada de Ariel, el hombre se sienta.

En la mesa justo al lado de nosotros, aunque haya montones de sitios vacíos.

La razón se aclara con las siguientes palabras de Ariel.

“Cuanto tiempo sin vernos.”

La sonrisa vuelve a la cara de Ariel, y saluda al hombre de una forma amistosa.

¿Entonces se conocen? Eso explicaría por qué se ha sentado al lado nuestro.

Pero a juzgar por la reacción inicial de Ariel, no creo que ella esté necesariamente demasiado feliz de verle.

“Efectivamente. Qué bueno verle otra vez. ¿O debería decir que es un placer conocerle?”

Esto es extraño. ¿Por qué él diría algo así si ya se conocían?

“Sirve cualquiera de las dos, ¿verdad?”

Merazophis parece tan desconcertado como yo por las palabras del hombre, pero a Ariel no parece importarle.

“Entonces, ¿a qué debo este honor, Señor Pontífice de la Palabra de Dios?”

Las palabras de Ariel tardan un momento en asimilarse, así que no reaccioné de inmediato.

“¿Podría tomarle su orden?”

Para bien o para mal, el chef resurge apresuradamente de la parte trasera antes de que nadie pueda hacer otro movimiento.

“Tomaré lo que sea que ella haya pedido, por favor.” El pontífice hace un gesto a Ariel.

“Por supuesto.”

Sin enterarse de la tensión en el aire, el dueño del restaurante vuelve a la cocina.

Echo otro vistazo al pontífice.

Parece ser un señor simpático y mayor totalmente normal.

Sus ropas no son nada en especial, tampoco, y lejos de ser exageradas como uno podría esperar de los ricos, realmente él es bastante sencillo.

Si no me lo hubieran dicho, nunca habría imaginado que ese hombre es el cabecilla de la religión de la Palabra de Dios, la religión más grande en el mundo.

Francamente, incluso después de haber escuchado a Ariel decirlo, todavía me cuesta creerlo.

¿Qué estaría haciendo alguien tan importante aquí sin un simple guardia?

“Bastante descuidado por tu parte mostrarte ante mí sin un escolta, ¿no crees? Sin mencionar, que estás en territorio enemigo.”

Ariel señala exactamente lo que estaba pensando.

“No se preocupes. Hay pocos que conozcan mi cara.”

“Bueno, yo te reconocí.”

“Aun así, no tendría sentido que me preocupara por eso. No hay cantidad suficiente de seguridad que pueda defenderme de usted, después de todo. En tal caso, no importa si me encuentro con usted solo o con guardias a mis espaldas. Yo seré la única víctima si eligiera atacarme.”

El pontífice habla con tanta naturalidad como si estuviera hablando del clima.

Lo cual solo hace que sea más difícil comprender completamente sus intenciones.

Solo después de que Ariel lance un suspiro exasperado me doy cuenta de qué significan esas palabras.

El pontífice está diciendo que no le importa si muere.

Y a juzgar por la actitud de Ariel, no sólo no está mintiendo—sino que lo dice en serio.

Él ha venido aquí solo para encontrarse con alguien que podría matarle fácilmente, simplemente porque es más eficiente que traer a los guardias.

No puedo imaginarme la cantidad de valor se necesitaría para hacer tal cosa.

Mientras proceso todo esto, el humilde señor mayor ante mí empieza a parecerme un personaje mucho más misterioso e inquietante.




Por primera vez, le reconozco como el pontífice de la Palabra de Dios, un papel que ningún hombre común podría tomar.

“Déjame preguntarte de nuevo. ¿Qué es lo que quieres? ¿No has venido solo para una charla amistosa, ¿verdad?”

“En efecto.”

El pontífice asiente a las palabras de Ariel, como si estuviera reflexionando sobre algo.

Brevemente, su mirada se vuelve hacia Merazophis y hacia mí.

“Supongo que no tiene sentido tantearnos mutuamente andándonos por las ramas. Muy bien. Tengo tres puntos a discutir. El primero es que me gustaría que dejara de involucrarse con la religión de la Diosa.  La segunda es solicitarle que comparta cualquier información que pueda tener de los elfos. Y la tercera se refiere a sus dos compañeros de aquí.”

¿Quiere hablar de nosotros?

Apenas puedo seguir el ritmo de lo que está sucediendo.

Al mirar impotente a Merazophis, veo su rostro con una expresión sombría.

Es casi como la mirada que tenía cuando estaba enfrentándose a aquel elfo asesino en la mansión.

La cara de alguien mirando al enemigo.

Así es. La persona delante de nosotros es un enemigo.

Él es el líder de la religión de la Palabra de Dios, quien cooperó con Ohts para ayudar a destruir nuestro pueblo natal.

Detrás de Potimas, el hombre ante mis ojos es quizás nuestro enemigo más evidente.

“Ya veo. Muy bien escuchémoslo desde el principio, entonces.”

“Con respecto al primer punto, Ohts está planeando una nueva invasión.”

“¡¿Qué?!” Merazophis deja escapar una exclamación de sorpresa ante esa información.

Ignorándolo, el pontífice continúa. “Naturalmente, nosotros los de la Palabra de Dios estaremos ayudándolos también. Por lo tanto, sería muy inconveniente para nosotros si usted participara en la batalla en el bando de Sariella.”

No puedo evitar estar enfadada.

Merazophis parece sentirse igual, juzgando por lo apretado que está su puño debajo de la mesa.

Estoy segura de que está mucho más furioso de lo que yo lo estoy, pero simplemente mira en silencio sin más arrebatos, así que yo debo hacer lo mismo.

Nuestra mejor apuesta aquí es que Ariel maneje las cosas.

“Hmm. Suena como una solicitud bastante beneficiosa para ti.”

“Si pudiera hacer una solicitud adicional sería aún más beneficiosa, estaríamos muy agradecidos si nos entregara a esa subordinada suya que causó la batalla más reciente—el monstruo araña blanco al que la gente llama la Pesadilla del Laberinto.”

Casi dejo escapar una pequeña exclamación en ese mismo momento.

No estoy segura de que parte me hizo reaccionar así, pero enseguida me mordí la lengua.

Aun así, escuchar que Blanca aparecía en la conversación definitivamente me sorprendió.

“¿Y eso por qué, solo por curiosidad?”

“Esa criatura es la razón por la que estalló la guerra. No podemos dejarla libre sin más.” El pontífice hace una pausa. “A no ser que ya esté muerta, en tal caso, mucho mejor.”

Su expresión no cambia en lo más mínimo.

Sin embargo, sus palabras suenan más afiladas que antes.

“¿Pensaba que no ibas a tratar de sondearme?” respondió Ariel con suavidad.

¿Sondearla? ¿Qué quiere decir?

El pontífice se ríe. “Dije que no tenía sentido, pero nunca dije que no lo fuera a intentar.”

“Eres un sinvergüenza, ¿no es así?”

Ariel suspira de nuevo.

“Quieres saber mi relación con la Pesadilla del laberinto y si ella, o yo misma, vamos a ayudar a Sariella de ahora en adelante. Eso es lo que andas buscando, ¿cierto? Podrías haber preguntado en lugar de tratar de provocarme a que lo diga.”

La voz de Ariel suena entre aburrida e irritada.

El pontífice estaba tratando de obtener información de ella a través de hacerle demandas irrazonablemente agresivas.

Pero por supuesto esa clase de trucos no funcionan en Ariel. Ella pudo ver lo que tramaba a través de sus intenciones con facilidad.

¿Cómo de tonto se ha de ser para intentar algo tan básico contra ella?

“Oh vaya. Parece que he fallado.”

El pontífice no parece particularmente decepcionado.

En cambio, me mira—o más precisamente, a Merazophis.

Así que no estaba atento a las reacciones de Ariel. ¡Estaba atento a las reacciones de Merazophis!




Teniendo en cuenta los antecedentes de Merazophis, no hubiera sido sorprendente que hubiera estallado con las palabras del pontífice.

Incluso si no, él podría al menos haber reaccionado de un modo que le permitiera al pontífice adivinar cierta información.

Me equivoqué al asumir que este hombre era tonto.

Él sabe lo que está haciendo después de todo.

Miro a Merazophis, advirtiéndole silenciosamente de que no haga ningún movimiento revelador.

Evidentemente, él ha llegado a la misma conclusión que he llegado yo, porque me mira directamente a los ojos y asiente levemente.

“En primer lugar, Dustin, esa cosa no es mi subordinada.”

Ariel eleva la voz ligeramente mientras se dirige al pontífice.

Dustin debe ser su nombre, supongo.

“Aunque probablemente ya te lo habrás imaginado. De todos modos, en lo que respecta a eso, tengo las cosas bajo control. Eso es todo lo que puedo decir sobre ese asunto en particular.”

Las palabras de Ariel son demasiado imprecisas para realmente ser consideradas “información”.

A penas ha dicho nada de nada, pero el pontífice asiente satisfecho aun así.

“Si dice que tiene las cosas bajo control, Lady Ariel, entonces eso es todo lo que necesitaba escuchar. Sin embargo, tengo curiosidad sobre como todo esto podría afectar a Sariella en el futuro. ¿Tiene algo que decir al respecto?”

“No planeo hacer nada más en Sariella. Solo me detendré a visitar la capital y luego me iré a casa. A no ser que alguien meta las narices donde no debe mientras tanto, eso es todo.”

“No temáis. No tengo la intención de hacer nada que provoque su ira.”

“Sí? No estoy segura si dejarme convencer por eso. Ya fallaste al controlar las cosas una vez. Además, esas cosas que estás usando…”

“Le aseguro que mi control en los reinos es perfectamente estable. Sin embargo, es cierto que intrusos inesperados y no deseados han causado problemas con anterioridad. Por eso, me disculpo sinceramente.”

“Ajá. Así que hablas en serio esta vez, ¿eh?”

“Siempre hablamos en serio. Simplemente debemos asegurarnos de que nuestros planes sean aún más herméticos esta vez. Por lo que nos gustaría evitar cualquier factor comodín.”

“Ya veo. ¿Así que ese comodín soy yo, aunque ya lo sabes, y Potimas, supongo?”

“Así es.”

Ariel y el pontífice continúan su conversación.

Por más que lo intente, hay algunas palabras claves e imprecisas e información omitida que se me hacer difícil comprender completamente.

Las partes que tienen sentido para mí giran salvajemente por mi cabeza.

Estas cosas pueden tener un efecto importante en mi futuro y en el de Merazophis, después de todo.

“Entonces para mi primer punto, consideraré que no tiene intención de trabajar con Sariella. Por el segundo punto, sobre los elfos, tal vez sea mejor que lo discutamos junto al tercero. Es decir, ¿quién es exactamente la niña que los elfos tienen como objetivo?”

Los ojos del pontífice están directamente sobre mí.

Él sigue teniendo la expresión de señor amable pero su mirada en penetrantemente afilada.




Merazophis levanta una mano como si me quisiera proteger de esa mirada.

Me está dando la espalda ahora mismo, así que no puedo ver su rostro, pero estoy segura de que su expresión es muy siniestra.

A pesar de eso, el pontífice continúa mirándome.

“Naturalmente, no estoy pidiendo un nombre como por ejemplo, digamos, Sophia Keren. Lo que quiero saber es quién es en su interior. ¿Acaso, por alguna causalidad, tiene los recuerdos de su vida anterior?”

Completamente sorprendida, recupero el aliento.




Nunca podría haber esperado que el adivinara correctamente algo tan improbable.




Puedo decir que mi reacción le ha demostrado que estaba en lo correcto, porque por primera vez, su expresión vacila.

“Cielos. No lo creía probable, pero… ¿es cierto? ¿Eso quiere decir que hay un bug en el sistema?”

La actitud relajada del pontífice se escapa por la ventana.

Su expresión parece angustiada, pero no habla más por el momento.

El cambio repentino me sorprende, pero no tanto como el inesperado vocabulario que utilizó.




¿Sistema? ¿Bug?

¿Qué significa eso?

“¿Hola, coleguita? Vuelve a la realidad, ¿quieres?”

Ariel levanta las cejas ante el silencioso pontífice.

“Le ruego que me disculpe. Parece que estoy condenado a nunca escapar de este mal hábito no importa las veces que renazca.”

“No es bueno pensarse demasiado las cosas, ¿sabes? ¿Por qué no simplemente dejas la mente en blanco y te relajas un poquito?”

“Si pudiera hacer eso, sin duda que lo haría.”

El pontífice sonríe con desdén.

Siento como si estuviera viendo su expresión real por primera vez.

“El sistema está operando con normalidad. No te preocupes por eso.”

Justo después de que Ariel hablara, el chef emerge desde la parte trasera con platos en mano.

El pontífice cierra la boca antes de hablar y mira en silencio mientras el hombre sirve nuestros platos.

El dueño del restaurante coloca silenciosamente la comida en nuestra mesa, se retira hacia atrás y luego sale con más platos. O está sintiendo la atmósfera actual o no la ha notado en absoluto.

En cualquier caso, repite el proceso unas pocas veces más, alineando todo tipo de platos en la mesa.

Su experiencia como el jefe de cocina del señor está clara: Tan sólo echándole un vistazo a cada plato, puedo decir que son frescos y deliciosos.

Un aroma rico y tentador llena mis fosas nasales.

Pero a diferencia de la comida de todos los demás, el plato frente a mí es sólo comida de bebé, una papilla de verduras o vete a saber.

Sabía que esto iba a pasar, pero sigue siendo un poco deprimente.

“Bueno, no querremos que nuestra comida de enfríe mientras tenemos nuestra seria conversación. Vamos a comer primero, ¿de acuerdo?”

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