Kumo Desu Ga Nani Ka?

Volumen 4

S8: La Aldea de los Elfos

Parte 1

 

 

En lo profundo de las montañas de la región de Sariella se encuentra una caverna escondida.

En la parte trasera de esta caverna hay una sala secreta disfrazada detrás de un callejón sin salida.




En esta sala secreta en la caverna escondida, un lugar considerablemente difícil de encontrar, hay un punto de teletransporte que conecta con la aldea de los elfos.

Está tan oculto que nunca lo habríamos encontrado sin la guía de la Srta. Oka.

Incluso con Apreciación, no pude ver ninguna pista de su existencia, así que dudo que nadie pueda encontrarlo sin saber exactamente dónde está.

“Debéis mantener la existencia de este lugar en secreto, por supuesto.”

Todos asentimos.

Una poderosa barrera protege la aldea de los elfos, lo que hace que sea imposible entrar a menos que se usa un punto especial de teletransporte.

En otras palabras, esta es una de las pocas entradas a la aldea de los elfos. Si se revelara su localización podría conducir a intrusos no deseados.

Lo más probable es que nadie a parte de los elfos y sus más cercanos confidentes se suponga que lo sepan.

Es probable suponer que la Srta. Oka tampoco nos mostrara dónde está.

El hecho de que nos haya traído aquí parece la prueba de que ella confía profundamente en todos nosotros, pero la advertencia de Katia seguía en lo más profundo de mi mente.

Katia dijo que no debíamos confiar en la Srta. Oka demasiado.

Pero ella realmente parece confiar en nosotros, al menos desde mi perspectiva.

Sinceramente, no sé qué hacer.

Por ahora, sigo en el ambiguo estado de confiar en nuestra profesora mientras albergo algunas dudas.

“Ahora, procedamos.”

La Srta. Oka activó el punto de teletransporte.

La luz inundó la sala y nos envolvió a todos, y mi visión se deformó brevemente.

Una vez volvimos a la normalidad, ya no estábamos en la caverna.

En su lugar, estábamos dentro de un edificio circular.

Había varios círculos de teletransportación en el suelo, como el que acabábamos de usar.

Sin embargo, los detalles del edificio no son importantes en este momento.




Porque tan pronto como llegamos, no encontramos rodeados a punta de espada.

Varios elfos sostenían sus espadas contra nosotros.

“¡Por favor, espera! ¡Yo los traje aquí!”

La Srta. Oka se interpuso entre nosotros y los elfos, quienes parecían listos para atacar en cualquier momento.

En lugar del leguaje humano, la Srta. Oka estaba hablando en el lenguaje de los elfos.

Lo estudiamos en la academia, así que más o menos puedo entenderlo.

Sin embargo, sólo puedo hablarlo despacio y con frases cortas. Dudo que pudiera intervenir en una situación tan apremiante como esta.

“¿Nombre?”

“Filimøs Harrifenas.”

El hombre que parecía ser el capitán se dirige bruscamente a la Srta. Oka.

“La hija del jefe… ¿Y por qué has traído humanos aquí?”

“Son reencarnaciones y camaradas del héroe. El ejército del imperio está de camino a aquí en este momento. Los traje para que nos ayudaran a luchar.”

La explicación de la Srta. Oka pareció aplacar al hombre, pero éste aún no bajaba su espada.

“Ya veo. Sin embargo, no podemos permitir que los humanos entren en la aldea. Si van a participar en la batalla como nuestros aliados, pueden luchar fuera de la barrera.”

“No harán tal cosa. Estas personas son mis invitados. No los lanzaré al peligro.”

“Hija del jefe. No voy a repetirme. Envíalos de vuelta a través del punto de teletransporte inmediatamente.”

La Srta. Oka y el hombre parecían estar en total desacuerdo.

Claramente, los elfos eran aún más cerrados de lo que pensaba.

A este ritmo, definitivamente no nos van a dejar entrar en el pueblo.

“Baja el arma, por favor.”




Justo cuando la tensión parecía que iba a estallar, la voz de un hombre llega desde la entrada.

Tan pronto como vimos al hablante, todos nos quedamos congelados.

“¿Potimas?”

Sólo la Srta. Oka murmuró el nombre del hombre con incredulidad.

De hecho, delante de nosotros estaba Potimas, el jefe de los elfos al que aparentemente Sophia había asesinado.

“Estás en lo cierto. ¿Es que has olvidado la cara de tu padre?”

Aunque sus palabras parecían de broma, la cara de Potimas estaba seria.

Pero la Srta. Oka, Hyrince y yo lo vimos muerto.

Vimos a Sophia arrojar su cabeza recién cortada al suelo ante nosotros.

Esa visión espantosa no parecía una farsa o una ilusión.

“¿Pensé que habías muerto?”

“Se necesitaría más que eso para matarme. Bajad las espadas.”

Se dirigió a los soldados para darles la orden.

Los soldados obedecieron fielmente, bajando sus espadas y dando un paso atrás.

“Bien, entonces. Bienvenidos a la aldea de los elfos.”

A pesar de sus palabras, no parecía acogedor en absoluto.

Honestamente, estaré bastante cauteloso con él.

Parte de esto es la extrañeza de que un hombre el cual pensaba que estaba muerto de repente apareciera justo en frente de mí, pero hay algo más en él que es raro y sospechoso de una manera que no puedo identificar bien.

A parte, cualquiera que de repente usa Apreciación en alguien a quienes acaba de conocer probablemente los está menospreciando.

Esta es la segunda vez que me he encontrado con este hombre.

La primera vez fue antes de que fuera a la academia, cuando apareció escoltando a la Srta. Oka.

Su actitud fue horrible entonces también. Se presentó a sí mismo y a la Srta. Oka, entonces se fue sin esperar a escuchar mi respuesta.

Mientras hablaba, una sensación extraña me invadió, pero asumí en ese momento que tan solo era una respuesta física a lo incómodo que me hacía sentir su actitud.

Más tarde, Katia identificó esa sensación extraña como la incomodidad que se siente cuando alguien usa Apreciación contigo.

Usar Apreciación en alguien sin su consentimiento es considerado una violación de la etiqueta muy grosera.




Entre eso y su actitud estirada, estaba claro que no nos consideraba dignos de su consideración. Como si no nos reconociera como personas.

Incluso ahora, parecía que nos está viendo más como herramientas de guerra que como invitados, pro lo que su mirada me hacía sentir muy incómodo.

“Venid. Prepararemos una modesta recepción para vosotros.”

Con estas breves palabras, Potimas se dio la vuelta y salió de la sala.

Lo seguimos a toda prisa.

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