Goblin Slayer

Volumen 2

Capítulo 8: Descanso Momentáneo

Parte 4

 

 

Así, la sacerdotisa y Goblin Slayer se separaron del lancero y la bruja, terminaron sus compras y regresaron. El largo día de verano se acercaba al crepúsculo, el sol rojo de la tarde arrojaba largas sombras. Incluso en una silueta exagerada, la sacerdotisa sólo se le acercó a los hombros.

—……

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Ella lo miró distraídamente a él… o al casco que ocultaba su expresión.

¿Lo alcanzaré alguna vez?

La placa de rango que colgaba de su cuello era obsidiana. El noveno grado. Muy lejos de su rango plata

Se llamaba Goblin Slayer porque contra lo único que peleaba eran los goblins. Habían pasado meses desde que ella lo conoció. Había algunas cosas que ella comprendía ahora, pero había otras que ella no entendía. Y había algunas cosas que él le había enseñado, y otras que no.

—… Oh.

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Al salir de su ensueño, se dio cuenta de que ya habían llegado a su destino.

El burbujeo del agua era muy fuerte ahora, y cuando ella miró hacia arriba, estaba el Templo del Dios de la Ley.

Y tres aventureros totalmente equipados.

Una sonrisa se extendió por el rostro de la sacerdotisa. Al atardecer, parecía una rosa floreciendo.

— ¡Todos! Han vuelto.

— ¡Mejor que lo creas! “Sheesh”, ¡eso fue duro! La elfa saludó con la mano, pareciendo cansada pero despreocupada. —Cuando volvimos a la superficie, aún no habían regresado. Entonces…

—Naturalmente, estábamos hablando de en donde podríamos encontrarlos. A su lado, el chamán enano acarició su blanca barba y golpeó su prominente vientre. —Bueno, tuvimos unas cuantas solicitudes cercanas. Déjanos contarte en la cena.

— ¡Aguanta, enano! ¡No se permite hablar de trabajo a la hora de comer! ¡No está permitido!

— ¡Oh, todo está prohibido contigo! ¿Cómo esperas conseguir a un hombre así?

— ¡Hrn…!

La elfa le preguntó qué quería decir con eso, con sus orejas caídas.

El chamán enano, por supuesto, tenía una respuesta lista, y pronto lo hicieron como siempre.

—Cielos. Siempre es bueno ver que ustedes dos se llevan tan bien.

Cuando se conocieron por primera vez, la sacerdotisa había tratado de detener estas discusiones, pero ahora estaba acostumbrada a ellas.

Goblin Slayer miró hacia sus alegres burlas, pero pronto miró hacia otro lado.

—Dime. ¿Qué solicitudes cercanas? … ¿involucraron goblins?

—Me temo que no es una historia que se cuente mejor estando aquí de pie. Dijo el sacerdote lagarto, que retumbó en su garganta y golpeó su cola contra el suelo. —Hablemos dentro del Templo.

—Bueno, en ese caso… La sacerdotisa se interrumpió con una idea. Pasó el bulto que sostenía al sacerdote lagarto, quien se extendió para cogerlo. Eso contenía su equipamiento personal, junto con provisiones para el grupo. Tendrían que revisarlo todos juntos. —Haré la cena esta noche. Hablemos después de eso.

—No tengo ninguna objeción. ¿Goblin Slayer?

—A mí tampoco me importa. Respondió calmadamente.

La sacerdotisa apretó sus labios. Este fue el momento de la verdad.

—Bien, Goblin Slayer. Durante la cena, tienes que hablar de otra cosa que no sean goblins.

—Hr…

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— ¡Ha! ¡Ha! ¡Ha! Los ojos del sacerdote lagarto giraron alegremente en su cabeza, y se tocó la lengua con la nariz. —Hay que respetar las peticiones de los compañeros de viaje. Vamos, ustedes dos, vamos a entrar.

La elfa y el chamán enano se quedaron en silencio cuando siseó como siempre.

El sacerdote lagarto les abrió la puerta en lugar de esperar adentro. La sacerdotisa hizo que avanzaran, pero:

—¿…?

—……

De repente se dio cuenta de que Goblin Slayer, junto a ella, se había detenido donde estaba.

En las largas sombras que arrojaba el sol carmesí, se quedó solo. Parecía un niño cuyos amigos se habían ido a la deriva mientras estaba atrapado en sus juegos.

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La sacerdotisa no estaba segura de lo que le venía a la mente la imagen.

— ¿Goblin Slayer? ¿Nos vamos?

—…Sí… Murmuró cuando ella le llamó. —Hmm.

—Compañeros. Pasó la palabra desconocida por su boca. —… supongo que lo son.

Luego, Goblin Slayer y la sacerdotisa los siguieron lentamente, a sus compañeros.

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