Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 3

Capítulo 1: El Reinicio de Subaru Natsuki

Parte 7

 

 

«Me siento mal»

―¡Oh, Ramchi! ¿Me viste? Lo estoy haciendo bastante bien con un cuchillo de cocina después de un solo día de aprendizaje, ¿eh? ¡Tal vez mi talento está despertando!




«Me siento mal, me siento mal»

―¡Remrin, mira, mira! ¡En este momento, mis dedos están milagrosamente imbuidos de la habilidad que hace que mi trabajo sea tan fino como pudiese ser posible! ¡El poder de la ilusión!

«Me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal.»

―¡Encontrarme con Emilia-tan realmente sacude mi corazón! ¡Es demasiado pecaminoso! ¡Me siento tan culpable!

«Me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal.»




Él mantuvo una sonrisa clavada en su rostro mientras seguía tratando de sonar alegre. Luchó contra todas las tareas encomendadas, atacando resueltamente los problemas sin temor al fracaso, y cuando terminó, vagó buscando por más cosas que hacer.

Él tenía que hacerlo. Necesitaba hacerlo.

No tenía un solo segundo que perder. Era como un videojuego donde simulabas en tu cabeza todos los posibles resultados de un evento en particular. Tenía que manejar las banderas del evento. Esa era su especialidad, ¿verdad? Cuanto más encontraba, mejores serían sus probabilidades.

«Debería ser capaz de hacerlas sonreír más. Debería ser capaz de hacerlas reír más.»

Sus acciones fueron exageradas sin sentido. Trató de convencerlas de que era un tonto inconsciente. Intentó no hacerlas pensar que era inútil. Su cabeza giró y giró, pensando en el peso de sus acciones.

Subaru vigilaba constantemente todo lo que parecía remotamente fuera de lo común. No podía permitir que su guardia bajara por un instante, ni siquiera un segundo.

«No puedo cometer un error. No puedo. No puedo.»

Las campanas de alarma sonaron sin parar en su cabeza al repetir las cosas una y otra vez.

«Peligro, peligro», anunciaron.

No había avanzado ni un centímetro desde que llegó a este otro mundo, pero sintió que su sensibilidad al peligro, al menos, se había agudizado.

―¿Ves, Ramchi? No estoy perdiendo el tiempo aquí. Estoy haciendo mucho trabajo. Casi suficiente para que mi superior pueda volver a su habitación y tomar una siesta, ¿sabes?

Eludió la situación con una propuesta irregular, pasando por alto las cosas, con una sonrisa encantadora.

Se preguntó si realmente podría hacerlo. ¿Podría Subaru Natsuki realmente pasar esto? No les había dado razones para dudar de él, ¿verdad? Puso diez, no, cien veces más atención, no sólo frente a Ram, sino también a Rem.

Jugó Subaru Natsuki, borrando lo antinatural con lo natural.

Era sencillo. Todo dependía de él. Tenía que prestar la mayor atención a lo que realmente pensaba alguien que vivía en la mansión, bañándose en inocencia y falta de moderación, tanto que parecía un cerdo perezoso que tomaba lo que se le daba.

En cuanto al mundo, no sabía nada, no podía hacer nada, no notó nada, y eso era todo lo que había para él.

Siguió vagando, con su sonrisa encantadora como una máscara.

Estaba dentro de la mansión. No sabía quién saltaría o cuándo. Su tiempo libre no era libre. Pasó todo su tiempo libre examinando sus acciones pasadas y formando planes para lo que haría en las horas venideras.

―Wh … o … a …

Repentinamente sintió la necesidad de vomitar.

Un leve gemido se deslizó por la comisura de su boca, pero la sonrisa de Subaru no vaciló en absoluto.

Mantuvo su expresión firme, saltando mientras caminaba, bailando prácticamente mientras se deslizaba en la habitación más cercana. Y se acercó al lavabo de la habitación cuando…

―… Blehhch. Uuogh, uuuuughnn…!

El contenido de su estómago ya vacío se derramó.

Vomitó cada pedazo de comida y bebida que había entrado en su cuerpo. En ese momento, todo salió como un ácido estomacal amarillo enfermizo. Y el dolor interno que le había hecho vomitar todo continuó ardiendo.

Las náuseas no desaparecerían. Bebió agua corriente hasta que estuvo lleno, luego lo expulsó inmediatamente después. Lo repitió varias veces, su estómago se hinchaba como si estuviera limpiándose.




―Haaah… haaah… haaah…

Subaru se secó la boca con la manga, con el rostro pálido y la respiración entrecortada.

La presión lo estaba matando. Si él continuaba con esto sin ningún tiempo para descansar su mente, sentía como que desperdiciaría el tiempo y expiraría solamente por eso.

Quería reírse de sí mismo por ponerse en esta situación, pero ni siquiera una débil sonrisa se formaría en sus labios.

Todo lo que brotaba de su pecho era ansiedad y desesperación.

«¿De verdad lo estoy sacando?»

El tiempo que se había llevado bien con todo el mundo fue durante ese primer bucle, cuando no supo nada.

Desde el segundo bucle, había estado tan obsesionado con el primer bucle que esto le causó problemas en su trabajo y en sus relaciones personales. Ésa era probablemente una razón importante por la que no había ganado la confianza de las hermanas.




En consecuencia, Subaru estaba usando el primer bucle como su modelo esta vez. Dicho esto, había fallado en el segundo bucle intentando copiar el primero. Eso significaba que tenía que hacer las cosas mejor que la primera vez.

Significaba que, todo lo que tenía que hacer era poner todo su empeño en cualquier trabajo que encontrara delante de él y hacerlo bien.

―Pero eso todavía sólo me da cincuenta puntos… No puedo obtener cien si no descubro quién es el hechicero…

Simplemente evadir la muerte por las manos de las hermanas no protegería a Subaru de la amenaza del hechicero.




En la mañana del quinto día, alguien en la mansión estaría llorando. Podría ser sobre Subaru; podría ser sobre Rem.

Subaru realmente quería obtener información sobre el hechicero, para entregarla a los demás y que pudieran planear un contraataque, pero no pudo. Incluso si sugirió cursos de acción, no confiaron en él lo suficiente como para actuar sobre ello todavía; tampoco podía revelar la fuente de su información.




Y Subaru saborearía un poco del infierno si rompía la prohibición de hablar con otros sobre el Retorno de la Muerte.

El dolor lo asustaba, pero lo que más le aterrorizaba aún era encontrarse con las yemas de los dedos de esa nube negra.

Tenía que ganar la confianza de los demás y exponer la identidad del hechicero.




El tiempo era lo suficientemente corto como para que se sintiera como si las paredes estuvieran cerrándose.

Tenía que hacer algo, pero estaba corriendo por un callejón sin salida.

La noche anterior, había sido retenido, cautivo por ese vórtice de impotencia, incapaz de conseguir un poco de sueño, sin respuesta. Se sentía impotente, teniendo razones bien fundamentadas para su ansiedad, pero no podía encontrar ninguna solución para ello.

Había pagado con su vida para volver, pero allí estaba él, un tonto incapaz.

―Ah, maldita sea… estoy siendo patético.

No podía fallar aquí. Su espalda estaba contra la pared.

Incluso si era una vida que él había tirado, una vida que debía haberse terminado, él tenía miedo de perderla otra vez.

Era la quinta vez. Incluso Subaru no era lo suficientemente optimista como para pensar que podría volver una vez más.

Su espíritu estaba hecho trizas por su mente continuamente siendo golpeada. Si no estaba al borde, no habría tomado la decisión de luchar con todas sus fuerzas.

Simplemente carecía de coraje. Él era mediocre. Ordinario en todos los sentidos.

Cuanto más aprendía la pequeña persona que era, más crecía para despreciarse.

―Estúpido, estúpido. Este no es el momento de quejarse y llorar…

Si tenía tiempo para quejarse, entonces tenía tiempo para mover su frívola boca y dar una mejor impresión.

Sacudido por sus náuseas, Subaru dio unas palmadas de auto-reproche en sus mejillas tiesas y salió de la habitación de huéspedes.

Era su tiempo libre ahora, pero no tenía un momento para descansar. No podía perder un segundo en reposo.

Tenía que encontrar el lugar al que Ram y Rem se habían ido y…

―Finalmente te he encontrado.

Estaba ordenando sus pensamientos cuando oyó que alguien le llamaba desde atrás.

Cuando miró hacia atrás, vio a Emilia allí de pie, respirando ligeramente.

El instante en que Subaru fijó los ojos en Emilia, su mente hizo ‘clic’ y cambió sus engranajes.

Se olvidó de todo el dolor en su estómago, el dolor en su pecho, y el sentimiento sofocante, disipando todo hacia Emilia. Sus mejillas se curvaron en una sonrisa.

―Oh, Emilia-tan llamando a mi nombre. Estoy feliz, avergonzado… ¡es tan raro! ¡Tu palabra es una orden! Voy a pasar por el fuego y el agua para ti, ¡Incluso por donde los vendedores de botines!

Subaru empujó sus emociones al fondo de su mente por Emilia, con mucha más energía de lo que era necesario.

Se enorgullecía de sus rápidas reapariciones, pero Emilia tuvo una reacción diferente a lo que él tenía en mente al verlo. Esperaba una mirada exasperada y un suspiro o algo así, pero en cambio…

―… Subaru…

―Espera, ahora, si eres la Emilia-tan que conozco, deberías ser… ¡Espera!
¡¿Eres una impostora?! Pero, ¡¿podría alguien realmente copiar a una hermosa chica envuelta en un conjunto tan adorable?!

Su ridículo humor invitó al asombro, pero la reacción de Emilia a esto incluso fue silenciada.




Desafiando todas sus expectativas, Emilia miró a Subaru, sus ojos estaban llenos de… lástima.

«Esto no es bueno, sus instintos le advirtieron.»

―¿Eh? Te has callado. Esto no es una especie de broma que estás jugando con un tipo que se deja llevar por las tangentes [4], ¿verdad? ¡Sabes, como yo!

«‘Esto está mal’», dijo una voz dentro de su cerebro, una y otra vez.

Emilia no estaba conmocionada ni enojada; simplemente miraba fijamente a Subaru con ojos dolorosos.

«Me pregunto si la máscara de comediante que estoy usando se resbaló de alguna manera.»

La preocupación instantánea se abrió camino cuando Subaru recordó al pequeño gato que siempre estaba flotando al lado de Emilia. Ese gato era también un espíritu capaz de leer los pensamientos subconscientes de los demás.

Fue entonces cuando Subaru se dio cuenta de lo que pasaría.

La encantadora sonrisa en su rostro se desvaneció, reemplazada por una mirada como la de un niño temeroso de ser regañado.

Que gracioso. Ella había visto a través de él una y otra vez mientras Subaru intentaba en un esfuerzo por esconderlo todo. Más que eso, Emilia era la última persona que él quería que se diera cuenta de ello; su pequeño poco de orgullo que tenía al intentar engañar a alguien fue destruido.

Un silencio cayó entre ellos.

Subaru ya no podía encontrar palabras para decir. Emilia parecía que estaba tratando de encontrar algo, sin éxito.

«Estoy decepcionando a Emilia. No quería que eso sucediera, por encima de todo.»

Pero Subaru no sabía qué excusa podía formar. Abrió la boca varias veces, deteniéndose cada vez, incapaz de encontrar las palabras correctas.

Al ver fallar las palabras de Subaru, Emilia murmuró abruptamente «correcto» para sí misma, en silencio antes de continuar.

―Subaru. Ven conmigo.

―… ¿Ah?

―Sólo vamos.

Emilia agarró el brazo de Subaru, arrastrándolo hacia el cuarto de huéspedes justo al lado de ellos. Subaru volvió a mirar la habitación que acababa de dejar. Pero Emilia dejó pendiente a Subaru mientras ponía sus manos sobre sus caderas y miraba alrededor de la habitación. Cuando señaló al suelo, su voz sonó como una campana de plata, como siempre.

―De acuerdo, Subaru. Siéntate.

Él siguió su dedo que apuntaba hacia abajo. El piso alfombrado pertenecía a una habitación que nadie estaba usando, pero que, no obstante, se limpiaba regularmente. Por supuesto, era lo suficientemente suave para dormir en él, pero…

―Si voy a estar sentado, ¿por qué no la cama o una silla? ¿Por qué el piso especifica…

―¡Sólo siéntate ya!

―¡Si, con gusto!

Atemorizado por el fuerte tono que ella nunca había usado, Subaru se agachó hacia el suelo sin dudarlo y se sentó adecuadamente sobre sus rodillas. Emilia asintió, aparentemente satisfecha, y se paró a su lado.

Naturalmente, esto dejó a Subaru mirando a Emilia desde una posición sumisa, pero pensamientos malintencionados nunca se le ocurrieron. En su lugar, estaba tratando desesperadamente de averiguar cuáles eran sus intenciones.

La voz de Emilia sonó tranquilamente de su garganta.

―…Bueno.

Parecía haberlo dicho en su propio beneficio. Emilia respiró hondo y se sentó justo al lado de Subaru, arrodillándose de la forma en la que él estaba.

El corazón de Subaru latió por Emilia, que se encontraba a poca distancia, pero su mirada de reojo hacia su pálido rostro no podía decirle qué estaba pensando. Se dio cuenta tardíamente que sus mejillas estaban enrojecidas; incluso sus orejas estaban rojas.

―Esta es una ocasión especial, ¿de acuerdo?

―¿Eh?

Algo presionó contra la parte posterior de la cabeza de Subaru más rápido de lo que él pudo hacer para expresar sus dudas. Ya de rodillas, su cuerpo no ofrecía resistencia mientras se inclinaba hacia delante, hasta que una sensación muy suave lo golpeó.

―La posición es un poco extraña, y, mm… me da cosquillas.

Algo se movió por debajo de su cabeza cuando oyó la voz de Emilia, que sonaba bastante temerosa desde lo alto.

Sorprendido, levantó la vista; lo que vio ante él hizo que sus ojos se abrieran.

Justo encima de él, el rostro de Emilia estaba tan cerca que casi se tocaban. Sus ojos reflejaban una hermosa cara que estaba invertida. Subaru lo comprendió tardíamente,

«Oh, estoy boca abajo mirando hacia ella.»

Esta distancia, su posición invertida, la suave sensación debajo de su cabeza…

Subaru buscó en su mente términos para describir lo que ocurría y encontró exactamente uno.

―¿Regazo de… almohada?

―Es embarazoso, así que por favor no lo digas en voz alta. Y no se te permite mirar de esta manera. Cierra tus ojos.

Ella le dio a su frente un golpe ligero, usando la palma de su mano para cubrir sus ojos, obstruyendo su campo de visión.

Sin embargo, Subaru movió la mano de Emilia y apartó las palabras.

―Emilia-tan, eres la mejor cuando estás avergonzada… pero ¿qué es esto?
¿Cuándo hice algo para ganar una recompensa como esta?

―No necesitas actuar en este momento.

Ella volvió a golpear su frente. Pero esta vez Emilia dejó su mano en ella, acariciando el pelo de Subaru con sus dedos. Él entrecerró los ojos ante la sensación de cosquilleo.

―Tú me pediste que te dejara descansar en mi regazo cuando estuvieras cansado, ¿verdad, Subaru? Así que eso es lo que estoy haciendo. No será así todo el tiempo, pero hoy es especial.

―¿Especial? Vamos, ni siquiera es el final del segundo día aquí. Mi cuerpo no es lo suficientemente débil como para estar exhausto así de rápido…

―Puedo decirte que estás abrumado solo mirándote. No me dirás lo que pasa, ¿Verdad? No creo que esto haga que todo sea mejor, pero… es lo único que puedo hacer, así que…

Su mirada compasiva se le hizo difícil sacarla de su mente. Sus dedos habían despeinado su cabello negro; ella comenzó a acariciar suavemente su frente como si fuera un niño pequeño.

Subaru se echó a reír e intentó alejarse de los dedos de Emilia.

Se había prometido mantenerse fuerte delante de ella. Decir que todo esto era un malentendido. Decir que no haría nada tan indecoroso y poco genial como esto.

―Ha-ha… Emilia-tan, tú, haciendo eso… por… mí…

Sin embargo, su voz era estridente. Su garganta se trabó, y las siguientes palabras no salieron.

Subaru no podía cambiar los engranajes de su mente cuando sentía sus suaves dedos acariciándole la frente.

―Estás cansado, ¿verdad?

―Yo… todavía puedo hacer… más. Estoy totalmente… bien…

―¿Has tenido problemas?

―Estás siendo tan amable conmigo, quiero decir, voy a sonrojarme. Si sigues haciendo eso, yo… voy a… Ha-ha…

La respuesta de Subaru a la breve pregunta sonó como completas mentiras. Incluso él podía decir que sus palabras sonaban huecas y vacías.

Entonces Emilia acercó suavemente su rostro al de Subaru.

— Ha sido difícil para ti, ¿verdad?

―…!

Ella sonaba como si le compadeciera. Parecía que simpatizaba con él. Parecía que lo cuidaba.

Eso era todo lo que necesitaba para que las paredes de Subaru colapsaran.

Se desmoronaron, se cayeron y se destruyeron al mismo tiempo.

Todas las emociones intensas que había intentado mantener encerradas, no habían desaparecido en lo más mínimo y salieron corriendo.

―Fue difícil. Fue realmente, duro. Estaba muy asustado. Estaba muy triste, lo suficiente como para pensar que iba a morir. ¡Me dolió tanto…!

―Sí.

―Yo… lo intenté. Realmente lo intenté. Hice todo lo que pude. ¡Traté desesperadamente de hacer todo bien…! ¡Lo hice! En serio, en serio. ¡Nunca he intentado hacer algo tan difícil!

―Sí, lo sé.

Re Zero Kara Hajimeru Isekai Volumen 3 Capítulo 1 Parte 7

 

―Es porque me gusta estar aquí… ¡Este lugar, es precioso para mí…! Por eso me moría de ganas de tenerlo de vuelta. Tenía miedo. Tenía tanto miedo de volver a ver ese día… y lo odiaba. ¡Me odié por eso!

No podía controlar sus emociones.

La explosión inicial había hecho estallar la represa de par en par, un diluvio de lágrimas que arrugaban la máscara sonriente sobre su cobarde rostro.

Las lágrimas no paraban. Tenía la nariz moqueada. Su boca estaba inundada en algún tipo de líquido extraño mientras los sollozos de Subaru se hacían más difíciles de escuchar con cada momento que pasaba.

Era una lástima verlo: un hombre adulto con la cabeza en el regazo de una chica, llorando a más no poder. Era lo suficientemente patético como para que pudiera morir, pero el calor que lo llenaba podría matarlo también.

Emilia hizo un suave sonido de comprensión mientras escuchaba a Subaru llorar.

No había manera de que realmente entendiera lo que le decía. Y, sin embargo, la amabilidad de su voz alivió el corazón de Subaru.

No entendía por qué. Tal vez sólo quería que fuera así.

Pero era cierto sin embargo que Subaru se sentía salvado por su calidez.

Y así, una corriente de lágrimas fluyó de Subaru mientras seguía llorando en el regazo de Emilia.

Lloró, lloró, se lamentó, y en algún momento, los sollozos se desvanecieron en la distancia.

El único ruido que llenó la habitación después de eso fue el sonido de un sueño tranquilo.

 

 


[4] Cambiar de tema sutilmente ante una pregunta incómoda.

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