Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 9: Mano de los Goblins, Signo de Destrucción

Parte 4

 

 

«Señor del juicio, Príncipe de la Espada, Portador de la balanza, ¡muéstranos tu poder!»

***

 

 

…los goblins fueron volados en todas direcciones.

«¡¿GOOROGB?!»

«¡¿GBB?! ¡¿OROG?!»

Un destello púrpura de electricidad.

El aire hervía mientras la hoja del juicio descendía desde arriba sobre los goblins, barriéndolos. El cielo, que había estado envuelto en nubes oscuras, de repente brillaba como el mediodía, con un Drake Eléctrico gruñendo sobre él. Casi no había sonido, solo lo suficiente como para hacerles estremecer los oídos… verdadera majestad divina.

«¿Qué…?»

«Bueno, ahora…»

La Arquera Elfa Superior solo podía mirar boquiabierta, mientras que el Chamán Enano suspiraba exasperado. «Ya veo… el martillo y el yunque», dijo el Sacerdote Lagarto con un movimiento su cabeza. «Así que esto es lo que querías decir.»

«¡¿GOOROGB?!»

«¡¿GBBOOG?!»

Los goblins, luchando por huir, fueron golpeados uno tras otro por rayos que cayeron como la lluvia.

En medio de todo esto, la Sacerdotisa miraba directamente hacia ella.

«Todos, los goblins no son nuestros enemigos.»

Ella, de pie sobre las murallas de la ciudad, tenía su silueta contra el azul pálido del cielo del amanecer.

«No ellos, sino la sucia comunidad, los No Oradores que buscan el ingreso de los Demonios del Caos en este reino.»

Una bella mujer, acompañada por un caimán blanco, una bestia sagrada.

La carne de su cuerpo voluptuoso estaba apenas cubierta por sus delgadas vestiduras blancas. Su cabello dorado brillaba bajo el sol. El bastón de la espada y la balanza, que ahora sostenía en reversa con la hoja hacia arriba, era la señal de la rectitud y la justicia de la ley.

Si uno se imaginara al Dios Supremo como una deidad femenina, bien podría verse así.

La única imperfección posible era la banda oscura alrededor de sus ojos. Y sin embargo, no hacía nada para estropear su belleza. De hecho, tal vez la banda sólo acentuaba lo impresionante que era.

«Cierto aventurero me dijo esto.» Contra su generoso pecho ella apretaba un trozo de papel que llevaba una antiestética mancha como si fuera una escritura sagrada. «Juzga a todos y cada uno de ellos mientras vivían.»

Un gran grito en respuesta vino de las puertas de la ciudad. Entonces los sacerdotes guerreros vinieron como una tempestad, literalmente pisoteando a los goblins. La espada y la balanza gimieron, y los monstruos fueron inducidos a arrepentirse… cuando sus cráneos fueron aplastados.

 

«¡Oh diosa de la batalla! ¡Danos la victoria!»

«¡Oh, Madre Tierra, abundante en misericordia, por el poder de la tierra, danos seguridad a los débiles!»

«¡Señor del juicio, Soberano de la balanza, Príncipe de la Espada, que se haga la luz….!»

«¡Dios mío, el viento errante, que todos en nuestro camino sean buena fortuna!»

«¡Vigilante de la Vela, haz brillar una humilde llama en las sombras de nuestra ignorancia! ¡Que la oscuridad nunca caiga!»

 

Las figuras apresuradas, invocando los nombres de sus dioses diversos, no eran ciertamente ni el ejército ni los aventureros.

Eran simplemente la fuerza de lucha del templo, que saltó para obedecer a una sola palabra de un gran clérigo.

El resultado de esta batalla ya no estaba en duda. Uno de los héroes que había luchado contra el Señor de los Demonios estaba ahora presente. La mazmorra más profunda y horrible de todo el mundo no podía transmitirles ningún temor. Un puñado de goblins, mucho menos. No había forma de que los aventureros pudieran perder.

Los goblins, que pensaban que habían rodeado a sus enemigos y ahora se encontraban abrumados, comenzaron a gritar y a correr. Quizás tenían en mente huir hacia la mazmorra. Pero él se encontró con ellos con el arma en la mano, como siempre.

«Sí, se lo dije», dijo Goblin Slayer. Sonaba como si estuviera viendo algo muy brillante. «Pero el resto dependía de ella.»

Oh….

La Sacerdotisa parpadeó.

Ahora ella estaba segura de que podía verlo. Ella no debería haber sido capaz de verlo, pero lo hacía.

La espada y la balanza levantadas por la Doncella de la Espada temblaban.

Sus labios se movían levemente, sus dientes se golpeaban entre sí una y otra vez.

La razón por la que se apoyaba en ese caimán era porque no tenía la fuerza para mantenerse en pie.

Pero…

Pero ahí estaba ella.

Con el sol de la mañana a sus espaldas, su color mezclado con el oro de su cabello, ella realmente parecía una diosa. Débil debido al miedo, apenas capaz de mantenerse en pie, con el terror tiñendo su expresión… y sin embargo, se enfrentó a los goblins.

La Sacerdotisa se dio cuenta de que los ojos de la Doncella de la Espada estaban fijos directamente en él.

Esa fue la respuesta; esa fue la razón.

La Sacerdotisa se dio cuenta de que su mano seguía aferrada a la suya y se sonrojó. Ella quiso desenredar sus dedos… pero dudo, suavemente aparto su mano de la suya y, finalmente, alejo su mano.

Ella fue humillada, patética, lastimosa… y sin embargo.

Quiero ser…

…una fuente de fuerza para él.

Ese día, ella guardo en su corazón la más pequeña de las oraciones.

Un día, juró, que lo sería.

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