Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 9: Mano de los Goblins, Signo de Destrucción

Parte 3

 

 

Por supuesto, nada de eso significaba que todo había terminado.

«¡Él…. va para allá!»

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«¡Oh, por el…!»

Más goblins los estaban esperando cuando el ascensor llegó al primer piso.

«¡GROORB! ¡¡¡GBOOROGB!!!»

«¡¡¡GBBOROOROB!!!»

Había menos que antes, eso era seguro. Estos deben haber sido el remanente de aquellos que no habían destruido antes, o de lo contrario los monstruos hubieran subido de los pisos inferiores.

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«¡¡GOOBOGB!!!»

«¡Por qué… tú…!» La Sacerdotisa balanceo su bastón tan fuerte como pudo, manteniendo a raya a los goblins con sus horribles expresiones.

La Arquera Elfa Superior soltaba flechas sin parar… pero en comparación con sus disparos normales, sus movimientos parecían tan deslucidos y lentos como los de una Porcelana. También se le habían acabado las flechas con punta de capullo; ahora ella dependía de las de metal oxidado que les robaba a los goblins.

«¡Me… duele…!»

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«¡¿GOOBOG?!»

Y sin embargo, era suficiente. El goblin tropezó hacia atrás con una flecha en el ojo y se derrumbó.

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«¡Cinco!»

Casi al instante, Goblin Slayer saltó sobre otro enemigo.

«¡¿GBBOOGB?!»

Él usó su escudo para detener el garrote que empezaba a elevarse, desviando el impacto y empujando a su enemigo antes de acercarse. Restringiendo la fútil resistencia de la criatura con el escudo, Goblin Slayer apuñaló con su espada la garganta del monstruo antes de retorcerla violentamente.

«¡¿GOO?! ¡¿GROGB…?!» El goblin murió ahogándose con su propia sangre.

«Con ese son seis», murmuró Goblin Slayer. La Sacerdotisa y la Arquera Elfa Superior, ambas respirando con dificultad, se miraron la una a la otra.

La habitación estaba llena de cadáveres de goblins, incluyendo los de la batalla anterior que no habían sido despejados. Goblin Slayer pisó los cuerpos mientras su casco de metal giraba. «¿Cómo está esta área?»

«Todo bien», dijo la Arquera Elfa Superior con un débil movimiento de sus orejas. «Creo. No estoy tan segura como me gustaría.»

Su voz estaba llena de fatiga. Inclinó su hombro izquierdo contra la pared para compensar que su brazo derecho colgara sin fuerzas a su lado.

«…Llamaré a los demás, entonces.» La Sacerdotisa habló con valentía, pero aunque no estaba herida, se veía mucho como la Arquera Elfa Superior. Estaba tan cansada que arrastraba los pies, tambaleándose cuando se acercó a la puerta; dio un pequeño grito cuando invocó la fuerza para abrirla. «Está bien ahora», dijo ella.

«Ah, lo siento por eso…»

Desde el otro lado de la puerta que la Sacerdotisa mantenía abierta surgió el Chamán Enano, con la cara flácida. Tenía el enorme cuerpo del Sacerdote Lagarto sobre sus hombros, junto con el cuerpo mucho más pequeño de la princesa.

«Mil… disculpas… Si tan sólo pudiera hacer que mi cuerpo… se moviera un poco más…» La voz del Sacerdote Lagarto estaba difusa mientras trataba de disculparse. Había recuperado un poco de su fuerza… pero sólo un poco. Sus movimientos estaban obviamente dañados después de sobrevivir a la explosión de magia helada. Por no decir que alguien además de un hombre lagarto lo habría hecho mejor….

«No… Lamento no tener más poder», dijo la Sacerdotisa, moviendo la cabeza. Se refería tanto a la fuerza física como al poder de su fe. Si tan solo la diosa le concediera un milagro de curación más eficaz….

Si tan solo pudiera aun tener el enfoque y la vitalidad para mantener una oración profunda que conecte su alma con el cielo.

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Quizás el Chamán Enano entendió lo que ella estaba pensando, porque una cansada sonrisa apareció en su cara barbuda. «Me pregunto si podrías llevar a estos dos sin importar cuánta fuerza tuvieras.»

«Pero…»

«Los músculos humanos y los de los enanos no son lo mismo, muchacha, no importa cuántos tengas.»

En otras palabras, este era su momento para brillar.

Incluso a la luz de su consejo, la Sacerdotisa no pudo evitar sentirse agobiada por su propia debilidad. Todavía frunciendo sus labios, revisó al Sacerdote Lagarto y a la princesa. Era lo máximo que podía hacer en ese momento.

El Sacerdote Lagarto siempre había tenido mucha fuerza vital, pero la princesa, mucho más débil y agotada, estaba en peligro. La Sacerdotisa tocó suavemente la mejilla de la niña, y la princesa pareció susurrar algo en respuesta.

«Gracias» y «Lo siento».

Ella susurraba las palabras una y otra vez, como si estuviera hablando consigo misma, y a veces la Sacerdotisa podía distinguir también Hermano Mayor, Padre y Madre.

La Sacerdotisa miró a la princesa. Tenían casi la misma edad, o quizás la princesa era incluso un poco más joven que ella. La Sacerdotisa, a punto de cumplir dieciséis años, cerró los ojos como para suprimir algo.

Hace un año y medio, ella había sido igual que ella. Ignorante, inocente, impotente y, sobre todo, estúpida.

¡Ella es… yo…!

La Sacerdotisa abrazó el cuerpo maltratado de la princesa.

¿Qué había sido capaz de hacer desde entonces?

¿Había algo que pudiera hacer por esta chica ahora?

¿Podría serle útil él en lo absoluto…?

«Nada es inútil.» La voz grave la cogió por sorpresa, y ella levantó la vista. Goblin Slayer miraba atentamente a su alrededor, pero estaba de pie cerca de la pared. Era inusual, para él. «Simplemente debes trabajar con lo que tienes.»

«…Creo que lo que quiere decir es, no te preocupes. Aunque él podría aprender a expresarse un poco más claramente». La Arquera Elfa Superior, a pesar de su cara pálida y sudorosa, tenía lista su habitual reprimenda para Goblin Slayer. Ella se ponía rígida de vez en cuando, y presionaba una mano hacia su costado. Con suerte sólo sería un moretón. Porque si estuviera roto…

«Ustedes dos», dijo la Sacerdotisa, luchando por calmar su temblorosa voz. «¿Están los dos bien?»

«Sí», contestó Goblin Slayer asintiendo con la cabeza. «Puedo continuar.»

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«Oh, estoy bien», agregó la Arquera Elfa Superior, pero luego cerró los ojos y miró hacia abajo.

Bien no era una palabra que pareciera describir a ninguno de los dos.

Así que la Sacerdotisa simplemente dijo: «Está bien», y se quedó callada.

Después de unos minutos de descanso, sin ninguna señal de ninguno de ellos, los aventureros se pusieron a trabajar una vez más. No podían permitirse quedarse aquí por mucho tiempo.

Nadie habló. Pero todos sabían lo que les esperaba después.

Doblaron una esquina del pasillo, subieron las escaleras un escalón a la vez, como si estuvieran rellenando espacios en una cuadrícula, en dirección a la superficie. Lucharon a medida que avanzaban; la carga sólo les tomó uno veinte o treinta segundos. Sin embargo, a pesar de su descanso, se sintió como si les hubiera llevado una o dos horas.

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Y finalmente, por fin, llegaron a la cima de esa larga, larga escalera, donde….

«¡GOOROGB…!»

«¡GOOBOGR! ¡GBOG!»

«¡GRROOR!»

«¡GBBG! ¡¡¡GROORGB!!!»

Goblins. La Sacerdotisa se encogió de hombros, su cara era una mezcla de miedo, resignación, y preparación.

El patio frente a la mazmorra estaba lleno de pieles verdes. Les sonreían a la Sacerdotisa y a la Arquera Elfa Superior, obviamente imaginando cómo iban a rebajar a las mujeres y a los demás aventureros. Tenían armas de todo tipo… ¿Cuántas había? ¿Veinte, treinta? ¿Cuarenta, cincuenta?

«…Bueno, eso es parte del recorrido,» dijo el Chamán Enano sin mucho entusiasmo. «No fuimos muy sutiles sobre cómo lidiamos con la mano de ese gran demonio. De lo contrario, podríamos haber salido de aquí sin ser notados».

«…Es lo opuesto de lo normal», dijo la Arquera Elfa Superior con una risa seca. Tenía la misma expresión en su cara que cuando habían sido abrumados por los goblins en las alcantarillas. «Parece que somos nosotros los que vamos a ser asesinados…»

«¡Mazmorras para un dragón, túneles para un troll y un abismo para aventureros! Jeh-jeh-jeh!»

«Esto tiene sentido», dijo el Sacerdote Lagarto y se levantó inestablemente de la espalda del Chamán Enano.

«¿Estás de una pieza, Escamoso?»

«Cuando encuentre mi muerte, ciertamente será sobre mis pies», contestó el Sacerdote Lagarto. Hizo un gesto salvaje con sus mandíbulas, mostrando sus colmillos. Debe haber significado que estaba listo para cualquier cosa… de hecho, los hombres lagarto siempre estaban listos para cualquier cosa. Su gente siempre lo veía como un buen día para morir. «Entonces, ¿tenemos algún plan, mi señor Goblin Slayer?» Sonaba muy complacido; sus ojos giraron.

Durante todo esto, los goblins avanzaban sobre ellos paso a paso. Estaba claro que no tenían intención de lanzar una carga repentina. Estaban disfrutando de la vista de los aventureros que retrocedían hacia la entrada de la mazmorra. Fue un absoluto placer verlos en el lugar acostumbrado de los goblins, mirando hacia aquí y hacia allá. Era un bálsamo para el corazón, ver a aquellos que normalmente los cazaban reducidos a tan lamentables circunstancias.

Con mayor razón, esta era la oportunidad perfecta para enseñarles una lección, para herirlos, embarazarlos, comerlos.

Esas mujeres no parecían muy carnosas. Morirían rápidamente. Eso o disfrutarlas mientras duraran.

No, pueden ser disfrutadas tanto vivas como muertas. Solo hay que retorcerles el cuello y divertirse con ellas después de eso.

Espera, enterrarlas hasta el cuello y ver quién puede enviar sus cabezas volando lo más lejos posible con el golpe de un hacha… eso sería divertido.

«¡GOOBGBGBOG!»

«¡GRROOR! GRBB!»

«¡¡GGGGROORGB!!»

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Los goblins se acercaron, con las horribles sonrisas aún en sus caras.

Goblin Slayer no dijo nada.

» Goblin Slayer, señor…»? La Sacerdotisa se le acercó, mirando su yelmo.

Ella sintió que debía decir algo en este momento. Pero ella no sabía qué. Había demasiados pensamientos, demasiadas cosas que quería decir; era todo lo que podía hacer para hacer retroceder la sensación de que todo se iba a desbordar.

Así que finalmente, ella solo miró hacia el casco con ojos temblorosos.

Era una cosa barata de metal.

Era imposible ver la expresión oculta detrás de la visera, pero….

«La nación no actuará por este asunto, ni el ejército.»

«…Cierto.»

Goblin Slayer buscó preparar su postura, sin perder la atención. Comprobó el ancho de la entrada de la mazmorra, se hundió en una postura profunda, y preparó su arma.

Había encontrado un lugar donde los goblins no podrían usar sus números a su favor.

Tenía la intención de encontrarse con ellos de frente.

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No se había dado por vencido.

«Presumiblemente, ni siquiera desean ser informados de que un miembro de la familia fue secuestrado por goblins», dijo él, y su casco se movió muy levemente. Su mirada se volvió hacia la princesa.

Cierto. La Sacerdotisa asintió con la cabeza.

Se oyó un tintineo. Vino de su sonoro bastón: sus manos temblaban. La agarró más fuerte, pero el sonido no desapareció. Sus dientes también castañeteaban.

«¡Goblin Slayer….señor…!»

A pesar de lo tonto que parecía, sintió que tenía que hacerlo.

Ella extendió su pequeña mano hacia su áspera y enguantada mano, casi como si se aferrase a él.

Él no le apartó la mano.

En vez de eso, aun mirando a los goblins, dijo: «Esto es matar goblins.»

Los goblins se acercaban.

La Arquera Elfa Superior preparó las últimas de sus flechas.

Los goblins se acercaban.

El Chamán Enano dejó suavemente a la princesa en el suelo y desenvainó su hacha.

Los goblins se acercaban.

El Sacerdote Lagarto extendió ampliamente sus manos y su cola, adoptando una postura imponente.

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Los goblins se acercaban.

La Sacerdotisa se mordió el labio y se puso de pie, su sonoro bastón era sostenido en una de sus manos temblorosas.

Los goblins se acercaban.

El aventurero… el hombre del casco metálico de aspecto barato y la armadura de cuero sucio, con un escudo redondo atado a su brazo y una espada de una extraña longitud en la cadera… dijo: «Pero si no lo…»

Los goblins…

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