Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 3: El Asesino de Goblins Va a la Capital

Parte 2

 

 

«¡Oh! Señor Goblin Slayer!» Él vio la cara de la Chica del Gremio iluminarse cuando entró en el Gremio.

Era temprano en la mañana.




Los aventureros que habían alquilado habitaciones en el Gremio se estaban filtrando hacia la taberna desde el segundo piso, metiéndose el desayuno en sus bocas. Sin embargo, no había demasiado, ya que los documentos de las misiones ni siquiera habían sido publicados todavía; la atmósfera del lugar entero era relajada y lenta.

La única excepción eran los miembros del personal en las habitaciones traseras, que se apresuraban a hacer el trabajo administrativo. Estaban preparando documentos, preparando publicaciones, comprobando la caja fuerte, confirmando información relevante, etc.

En medio de todo esto, la Chica del Gremio encontró un momento para saludar a Goblin Slayer mientras el entraba al edificio.

«¡Tu invitado ya está esperando!»

«Ya veo. ¿En el segundo piso?»




«¡Así es! Er, yo…» La cara alegre de la Chica del Gremio se nubló. O quizás sería más apropiado decir que su sonrisa preparada simplemente vaciló por un momento.

Ella se calló como si no pudiera decir lo que venía después. Goblin Slayer inclinó su cabeza un poquito. «¿Qué pasa?»

Sus trenzas rebotaron como la cola de un cachorro: ¡boing! La Chica del Gremio inclinó la cabeza disculpándose.




«Siento mucho lo de la misión de la última vez.»

«La última vez…»

«La… ya sabes, la de los goblins de mar». La Chica del Gremio apenas podía pronunciar las palabras. Ella acababa de recibir su informe ayer.

Goblin Slayer tuvo que pensar un poco en esto, pero al final, incluso él pareció darse cuenta de lo que ella estaba diciendo. «Ah,» dijo él, asintiendo. Luego procedió a sacudir la cabeza. «No me molesta.»

Con esa declaración fenomenalmente breve, Goblin Slayer se dirigió a las escaleras. Ni siquiera se dio cuenta de que la Chica del Gremio puso su mano en su corazón aliviada cuando comenzó a escalarlas.

Descubrió que iba a la misma sala de reuniones en la que había sido presentado por primera vez a las personas que ahora eran miembros de su grupo. ¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces? Con la fugaz comprensión de que ya había pasado más de un año, abrió la puerta.

Mientras lo hacía, la mujer que estaba de pie junto a la ventana en el otro lado de la habitación levantó la cabeza y lo miró.




«Así que has venido», dijo ella.

Su voz contenía tanto calor que parecía que podía derretirse en cualquier momento. El sol brilló a través de la ventana que tenía detrás de ella, y los labios que se asomaban desde debajo de su capucha sonrieron suavemente.

La mujer se quitó la túnica, y olas de cabello dorado emergieron como el mar. Sus ropas blancas y escarpadas exponían alegremente las líneas voluptuosas de su cuerpo… la misma Madre Tierra podría verse así.

La piel que sus vestiduras revelaban era perfectamente blanca, casi translúcida, como si no hubiese sido tocada por el sol. Eso significaba que el tinte rosa en sus mejillas probablemente no era sólo por la luz. Casi parecía una cortesana… y había templos que tenían prostitutas sagradas.




Ella podría haber puesto a cualquier hombre que la mirara en la palma de su mano, y sin embargo, sus ojos estaban cubiertos con una faja negra. En su mano, ella sostenía la espada que apuntaba hacia abajo y la balanza que eran el símbolo de la rectitud y la justicia. La forma en que ella casi se apoyaba en ellos, la forma en que susurraba, transmitía una ansiedad intensa.

«¿Te he… molestado?»

«No.»




La Doncella de la Espada. Ese era el nombre de la clériga de la frontera a la que Goblin Slayer respondió en voz baja y plana.

«¿Se trata de goblins?»

«Sí, precisamente. Te lo ruego, ayúdame… O debería decir…» Su seductora y sensual voz era casi un susurro mientras agitaba la cabeza. «…¿mátalos

«Por supuesto», dijo él con la rapidez del ataque de una espada.

Sus labios se suavizaron en la más leve de las sonrisas, su aliento se calentó. Su cabello se derramó sobre su expansivo pecho, pequeñas olas ondulando a través de él.

«¿Dónde están? ¿Qué tan grande es el nido?»

«Hay algunos… detalles especiales que deberías saber.»

«Dime.»

La Doncella de la Espada hizo un gesto hacia Goblin Slayer para que se sentase, como si él y no ella fuese el invitado. La forma en que se sentó era casi violenta; por el contrario, cuando ella se agachaba, era con la mayor gracia. Ella se movió un poco, poniendo su amplio trasero en el lugar correcto, y luego acerco la espada y la balanza hacia ella.

«La ubicación es…. Disculpa, ¿podrías traerme un mapa?»

«Claro, claro, lo tengo listo», contestó una clériga mayor. ¿Cuánto tiempo había estado allí? Esta mujer casi parecía fusionarse con las sombras de la esquina de la sala de reuniones.

La clériga extendió el mapa sobre la mesa sin apenas hacer ruido a pesar de sus voluminosas vestiduras.

Ella es una especie de monje, sin duda, pensó Goblin Slayer y luego inmediatamente movió su mirada. Ella no tiene nada que ver con los goblins.

La Doncella de la Espada debe haber adivinado lo que él estaba pensando, ya que ella soltó una callada risita. «Es una de mis ayudantes. Un guardaespaldas, también…. Aunque dije que no necesitaba una.»

«Por muy hábil que sea, milady arzobispo, incluso usted podría estar en peligro viajando sola. ¿Qué más podíamos hacer?»

Boo. La Doncella de la Espada parecía que estaba casi haciendo pucheros… pero luego tosió suavemente, un poco avergonzada. «En cualquier caso, los goblins están apareciendo…»

Ella pasó un dedo por el mapa suavemente, casi como una caricia. De alguna manera, trazó las carreteras de forma experta, a pesar de que tenía los ojos vendados.

«…aquí, en la carretera que va de la ciudad del agua a esta y hacia la capital.»

«La carretera…»

«Es aterrador. El camino no se ha vuelto intransitable todavía, pero…»

…casi lo es. ¿Qué pensaría una persona normal si escuchara la evaluación de la Doncella de la Espada?

«Hrm,» Goblin Slayer gruñó mientras miraba a la Doncella de la Espada, cuyos hombros temblaban. «¿Conocemos la naturaleza del nido, su tamaño o cualquier otro detalle?»

«Testigos presenciales sugieren una veintena de goblins, todos con el mismo tatuaje. No sabemos dónde está el nido, pero…» La voz de la Doncella de la Espada bajó, como la de un niño contando un sueño especialmente perturbador. «…los informes decían que estaban montados sobre lobos.»

«Ya veo”, dijo suavemente Goblin Slayer y luego volvió a gruñir mientras pensaba.

Se habían encontrado con jinetes antes, en la selva tropical, en una batalla en la que los dos grupos se dispararon entre sí a lo largo de un acantilado. Había sido muy difícil acabar con ellos en esa ocasión….

«Mi señora arzobispo está obligada a participar en un consejo que tendrá lugar pronto en la capital.» Suspiro. Las palabras de la ayudante parecían destinadas a complementar la explicación de la Doncella de la Espada y quizás también a aclarar un poco las cosas. Quizás no podía soportar la idea de que uno de los grandes protectores que había traído la paz a la frontera fuera percibido como temeroso de meros goblins. O quizás era por genuina compasión hacia señora a la que servía. «La misión, entonces, no es técnicamente una matanza de monstruos, sino un trabajo de guardaespaldas privado.»




«¿Habrá otros guardias?»

«Ninguno. No sólo porque la urgencia de la conferencia no ha permitido que haya tiempo para hacer esos arreglos».

¿Por qué no usar soldados, o dejar que los militares manejen las cosas? Cualquier pregunta tan punzante de un aventurero sin duda habría herido a la Doncella de la Espada hasta la médula. Su acólita, al parecer, protegía no sólo el bienestar físico de su señora… sino también su estado emocional.

En cualquier caso, la respuesta de Goblin Slayer fue tan limpia como un corte en la madera: «No me importa. Sospecho que son vagabundos sin nido. Una tribu errante». Miró fijamente el mapa, calculando la distancia y la dirección de la capital en su cabeza.

Él nunca había estado en la capital. Pero, hubo un tiempo en su vida en el que tampoco había estado nunca en esta ciudad.

Era poco probable que el mapa fuera exactamente igual a la realidad. Se aseguraría de que sus planes incluyeran tiempo para reaccionar ante cualquier situación sobre el terreno.




«Si los encontramos, los mataremos a todos, y eso será el final de todo.»

«No sabía que había goblins así.»

«Los hay. A veces se les llama goblins del campo». Goblin Slayer asintió con firmeza, luego pensó un momento y añadió una importante aclaración. «Pero un goblin de mar es una especie de pez.»

«Bueno.» Era difícil de creer. Aun así, la boca abierta de la Doncella de la Espada sugería una especie de incredulidad… ella rápidamente la cubrió con sus manos. Si sus ojos hubieran sido visibles, bien podrían haber estado muy abiertos y parpadeando.

«Tengo que pensar que casi cualquier aventurero podría habernos ayudado a lidiar con unos cuantos goblins.» Aparentemente la acólita también dudaba, aunque por diferentes razones. Ella miró a Goblin Slayer… o más precisamente, a la placa de rango Plata que colgaba de su cuello.




Este aventurero con la armadura sucia era el que había enterrado a la blasfema criatura en las alcantarillas de la ciudad del agua. No podía dudar de sus habilidades. Simplemente pensó que quizás llevar a alguien de su nivel era un poco excesivo.

«Mi señora arzobispo, sin embargo, ni siquiera considerará contratar a nadie más que a usted», dijo.

«Es en él en quien más confío», dijo la Doncella de la Espada, frunciendo los labios con si hiciera un puchero.

«No tiene remedio», se podía oír a la acólita comentar. Parecía una hermana mayor que cumplía con el capricho de su hermana menor.

Goblin Slayer las miró intensamente y luego habló en voz baja. «Llamaré a mis amigos», dijo, usando una palabra que apenas creía que estaba pronunciando. «No tomará mucho tiempo.»

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