Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 2: Corta-Barbas Va al Mar del Sur

Parte 4

 

 

Era de noche en la granja, y los cerdos resoplaban irritados mientras se atiborraban de bellotas. Tal vez eran infelices porque sabían que se convertirían en carne cuando fueran lo suficientemente grandes… o tal vez sólo querían más comida.

«Bien, bien, come».

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El dueño de la granja evidentemente había concluido que sería esto último, porque les permitía un poco más de alimento. Después de todo, pronto sería el festival de la cosecha una vez más, y luego el invierno estaría sobre ellos. Afortunadamente, tenían tanto cerdos como pollos, la leche de las vacas era buena y no había habido problemas con las cosechas. Parecía que iban a estar a salvo otro año más.

«…Cielo santo.» Se limpió la cara con la toalla colgada del hombro y suspiró. Le dolía todo el cuerpo.

De alguna manera, él y su sobrina habían manejado esta granja juntos durante los últimos diez años, pero él estaba empezando a sentir su edad. Y si ara así de duro con ambos trabajando, ¿qué tan difíciles serían las cosas para su sobrina cuando estuviera sola?

Tal vez era el momento de contratar algunos peones….

«Ah, pero…»

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Los posibles granjeros aquí en la frontera eran todos vagabundos apáticos, y no había forma de que los dejara acercarse a su sobrina. Preferiría contratar a un aventurero de alto rango del Gremio; al menos tendrían pruebas de que alguien confiaba en ellos….

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«Suspiro…» El dueño dejó escapar otro largo respiro. Su dolor de cabeza número uno acababa de llegar. «…Así que has vuelto.»

«Sí, señor. Acabo de regresar.»

El hombre, con su casco metálico de aspecto barato y su mugrienta armadura de cuero, se detuvo justo al lado de la carretera e inclinó la cabeza.

Goblin Slayer. Así lo llamaban… pero el dueño de la granja aún no sabía realmente cómo se veía.

«¿Goblins otra vez?»

«Sí, señor… Bueno, en realidad no. Aunque se suponía que implicaba la matanza de goblins».

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Era algún otro monstruo.

El dueño se dio por vencido rápidamente al tratar de obtener más información del lacónico joven.

Su sobrina podría ser la única que alguna vez vería lo que había detrás de esa visera.

«Um, ¿está….?»

«En la casa, creo.» El hombre mayor suprimió el torrente de emociones en su corazón. «… No la hagas esperar demasiado.»

«Sí, señor…. Creo que puedo ayudarle mañana.»

«…¿De verdad?» El dueño miró a los cerdos y asintió.

Al oír los pasos que se alejaban detrás de él, emitió un tercer suspiro.

No importaría si viera su cara. Él aun no tendría más sentido para mí.

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***

 

 

«¡Oh, bienvenido a casaaaa!»

Una alegre voz saludó a Goblin Slayer mientras abría la puerta de la casa. Un momento después, detectó el dulce olor de la leche hirviendo.

Goblin Slayer entró en la cocina con el sonido de pasos apresurados. Encontró la mesa ya puesta, esperando a que la comida estuviera lista. Y ahí estaba su vieja amiga, de pie en su delantal, dándole la bienvenida.

«Oí que te ibas al sur, pero volviste a casa muy rápido esta vez. ¿Has almorzado?»

«Todavía no». Goblin Slayer sacudió una sola vez su cabeza en respuesta a la pregunta de la Vaquera. Jalo una silla y se sentó pesadamente; el asiento crujió… ¿fue por el peso de su armadura?

«Bien. Terminaré de preparar esto ahora mismo. Ahora sólo necesitamos pan y… ¿tal vez queso?»

«Sí, por favor.»

El queso se había estado vendiendo bien recientemente, la Vaquera le informó alegremente y luego se volvió hacia la olla.

Él giró el casco para mirar a la chica, de espaldas a él. Las ventas estables eran en gran parte gracias a que su amigo hombre lagarto compró gran parte de su producto.

La olla burbujeaba mientras hervía su contenido. Él vio cómo ella lo agitaba. De repente, ella lo miró por encima del hombro.

«Sabes… que no me importaría que comieras con tus amigos de vez en cuando, ¿verdad?»

«…» Goblin Slayer se quedó en silencio durante un momento y luego gruñó suavemente.

«¿Es demasiado problema?»

«Hmm….»

Ella se volteo para seguir cocinando, así que él no podía ver su cara más de lo que otras personas podían ver la suya.

La Vaquera comenzó a trabajar la olla con mucho esfuerzo, como para distraer su atención de algo.

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Después de un largo rato, susurró, «…Realmente… no me importaría, ¿está bien?»

«…Ya veo.» Goblin Slayer soltó parte de su aliento.

Unos cuantos minutos más tarde, la Vaquera anunció: «Ya está hecho», y le entregó un plato de estofado.

«Te ayudaré», dijo él, empezando a levantarse, pero ella lo mantuvo alejado con un «Oh, no te preocupes». Parecía muy animada de alguna manera.

Él y la chica sentada frente a él ofrecieron sus oraciones a los dioses y luego corearon: «¡Buen provecho!».

La Vaquera sonrió mientras lo veía recoger el estofado con su cuchara y devorarlo. Así eran las cosas cada vez que él venía a casa a comer. La familiar escena la hizo sonreír; a veces ella hacía las comidas sólo para disfrutar este momento.

«Te traje un regalo.»

Pero eso

…así no era como solía ser esta escena, y la Vaquera se encontró parpadeando.

«¿Un regalo? ¿Qué, en serio? ¡No puede ser!»

«Hablo en serio», dijo Goblin Slayer y entonces empezó casualmente a buscar algo de su bolsa de objetos. La forma en que buscaba dentro de ella parecía algo violenta; no era la forma en que uno normalmente se comportaba cuando le hacía un regalo a alguien. De hecho, toda la idea de poner un regalo en una bolsa de artículos diversos le parecía sospechosa.

Pero es algo muy de él.

Se rió para sí misma, con cuidado de que él no se diera cuenta.

«Aquí tienes.»

Sonaba tan exasperado que retener su risa se hizo aún más difícil.

«¿Qué es?»

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«Una concha».

Sacó su mano de la bolsa y en la palma de su mano reposaba una concha con un arco iris remolinado sobre ella. Brillaba a la luz del sol como una joya.

«¡Oh…!» exclamó la Vaquera, y era comprensible que así fuera. «Espera, ¿de verdad puedo quedarme con esto? ¿Fuiste al océano en este trabajo?»

«Sí.» Su contundente respuesta planteó una nueva pregunta: ¿a cuál de sus preguntas respondía?

La Vaquera le quitó la concha con cuidado, como si manejara algo muy delicado, y se la puso en la palma de su mano. Entrecerró los ojos ante la forma en que la luz brillaba en ella, y a través de sus ojos semicerrados, pudo verle sentado en silencio.

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«Había un pez», dijo él finalmente, y después de pensarlo mejor, añadió: «Uno muy largo».

¿Debería intentar pedirle detalles, o qué? Argh, no… quería preguntarle, pero esto venia lo primero.

«¡Muchas gracias! ¡Lo atesoraré!» Dijo la Vaquera, apretando la concha contra su amplio pecho y sonriendo. Él asintió en silencio, y ella se levantó, dirigiéndose directamente a la cocina.

Ella bajo una vieja caja que estaba en el estante más alto y la abrió para revelar una colección de lo que podría haber sido basura. Pero puso la concha dentro como si fuera un tesoro precioso y volvió a cerrar la tapa.

«Ahí, estará seguro…. Sí, así no lo perderé.»

«Ya veo.»

La Vaquera se puso de puntillas para poner la caja de vuelta en su sitio y luego se limpió el sudor de la frente como si acabara de terminar un trabajo muy difícil. Cuando regresó al comedor, le había traído una taza de vino de uva. Normalmente, ella no habría sonreído al beber a primera hora de la tarde, pero pensó que estaría bien solo por hoy. Seguramente.

«¿Qué tal mañana?»

«No tengo trabajo.»

Ella puso la taza sobre la mesa; él la tomó con un movimiento casual y se tomo todo el contenido.

Pronto el plato de estofado también estaba vacío; entonces ella le preguntó: «¿Quieres más?», él sólo respondió: «Sí, por favor».

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Él la siguió con los ojos mientras ella se movía para conseguirle más comida, y luego dijo en voz baja: «Ayudaré en la granja».

Esa era la intención de Goblin Slayer. Lo más probable es que la Vaquera hubiera esperado lo mismo. ¿Qué haría entonces? ¿Qué hacer? Él recordó lo que le había dicho su tío. Esta fue su respuesta.

La conversación fue agradable, y luego se puso el sol, y su tío regresó, y cenaron, pasaron un tiempo inusualmente alegre juntos, y luego se fueron a la cama.

Una noche perfectamente normal. Como siempre era después de que él regresaba a casa. Esperaban que el día siguiente fuera un día libre perfectamente normal.

Pero no iba a ser nada de eso.

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