Goblin Slayer

Volumen 8

Capítulo 2: Corta-Barbas Va al Mar del Sur

Parte 3

 

 

“Ejem, la misión de los goblins del mar, ¿cómo les…?”

“No eran goblins.”

- Gracias ( ◠‿◠) -

“Entiendo que es más fácil llamarlos así…”

“No eran goblins.”

“Así que, la misión…”

“No eran goblins.”

“…fue cancelada. Lo entiendo.”




“Porque no eran goblins.”




Goblin Slayer Volumen 8 Capítulo 2 Parte 3 Novela Ligera




 

El Gremio de Aventureros era animado y bullicioso, como siempre.

La Chica del Gremio encontró su sonrisa un poco tensa ante la presencia del sucio casco metálico de Goblin Slayer. Ciertamente ella no tenía la intención de engañarlo, ni de contarle ninguna mentira, pero estas cosas sucedían a veces. Diferentes regiones o razas tenían nombres poco ortodoxos para cosas que eran difíciles de analizar. No era la culpa de nadie.

Ella miró a su colega en el siguiente asiento en busca de apoyo, pero no había señales de ayuda. Sola y desamparada, la Chica del Gremio tuvo que recurrir a las preguntas y respuestas estándar.

“Entonces, ¿se resolvió el asunto de los duendes marinos… lo siento, con los hombres con agallas?”

En lugar de sentarse allí y poner excusas, ella haría su trabajo. Ella haría todo lo posible para salvar su buen nombre y redimir su honor, como si su futuro como novia estuviera en juego.

“Sí”, dijo Goblin Slayer asintiendo, pero luego casi inmediatamente agitó la cabeza. “…En realidad, espera. Terminamos cazando un monstruo llamado no sé qué.”

“Entonces, ¿podría describirme ese monstruo en detalle?”

“Era largo”, dijo él. Después de pensarlo un momento, añadió: “Era un pez.”

La Chica del Gremio abrió una copia desgastada del Manual de Monstruos y hojeó las páginas. Siempre, era así; tratar de seguir sus descripciones de monstruos era tanto virtualmente imposible y algo divertido.

Creo que eso es lo que ella me dijo una vez, pensó la Sacerdotisa, sentada y observando desde lejos en la taberna. Se puso la manga hasta la nariz y la olfateó. “Creo que todavía huele a agua de mar…”

“No sólo lo crees… realmente es así”, se quejó la Arquera Elfa Superior, con sus oídos caídos, desanimada. Este tipo de cosas eran más duras para un elfo, maldecido con sentidos extra-agudos.

“¿Estás bien?” Preguntó la Sacerdotisa, mientras olfateaba distraídamente su propio cabello. “Me bañé y me cambié de ropa…”

“No creo que se te quite por un tiempo”, dijo la Arquera Elfa Superior. “Y esto no ayuda.”

Ella miró hacia una gran bolsa que estaba en medio de la mesa. El olor a océano que emitía era casi palpable. El Chamán Enano, sentado ante él, sonrió ampliamente. “¡Esos hombres con agallas son muy generosos!”

Dentro de la bolsa había perlas blancas y negras, corales rojo fuego, conchas de tortuga translúcidas, conchas de espiral de color arco iris y una brillante hélice blanca.

Cierto, no era dinero, pero era una recompensa sincera de la gente pez. Incluso después de reemplazar el barco arruinado, que originalmente habían tomado prestado de la aldea de pescadores, los aventureros todavía tenían todo esto. No era precisamente una fortuna, pero era suficiente si querían divertirse por un tiempo.




“Ugh, y tú te preguntas por qué la gente llama a los enanos codiciosos…”

“Bah, ya es suficiente. ¡No entenderías la belleza de esto, Orejas Largas! Estás de acuerdo, ¿verdad, Escamoso?”

“Ja-ja-ja-ja-ja-ja. Bueno, si amasar una fortuna es lo suficientemente bueno para los nagaS, no puedo quejarme.” El Sacerdote Lagarto levantó la cola para llamar a la camarera y pidió queso y vino. Estaba claramente de buen humor, movió sus ojos con entusiasmo, mientras sacaba algo grande de la bolsa. “Yo considero que esta es nuestra mayor ganancia.”

“Wow…” Los ojos de la Sacerdotisa brillaban de asombro, ¿y quién podría culparla? Una hermosa piedra preciosa rayada tallada en forma del cráneo de un animal llamó su atención. La tocó con un dedo tembloroso, pero en realidad era roca y no hueso….

“Esto es una piedra preciosa… ¿no?”




“Ciertamente, aun así. Es la mandíbula de una terrible naga, convertida en ágata por el paso de incontables años”. El Sacerdote Lagarto sostenía el cráneo con el orgullo de un niño mostrando un tesoro; era un lado de él que la Sacerdotisa raramente veía.

“Hmph, eres como un niño…” la Arquera Elfa Superior hinchó sus mejillas y lanzó un suspiro de obvia molestia. Por supuesto, no estropeó el ambiente amistoso.

“Jeh, jeh-jeh… A los chicos ciertamente les gustan este tipo de cosas, ¿no?”

“Eh, tienen la suerte de haber hecho algo de dinero. Yo no me quejaría”.

Entonces en la mesa aparecieron la Bruja y el Lancero… o mejor dicho, el Guerrero Pesado.

“Bueno, esto es inusual”, comentó la Arquera Elfa Superior.

“¿Ustedes dos han formado un grupo temporal?” preguntó la Sacerdotisa.

El Guerrero Pesado se encogió un poco de hombros. “No. Sólo estamos esperando.”

Ahora que lo mencionaba, la Sacerdotisa vio a la Caballera junto al tablero de misiones, murmurando para sí misma mientras comparaba las misiones: “Podríamos tomar la del minotauro, pero la de la hidra también es buena… Espera, aquí hay una de una manticora…”

El Chico Explorador y los demás estaban con ella; la Sacerdotisa lo oyó refunfuñar: “Decídete de una vez.”

“Y él, está por allá”, dijo la Bruja, señalando la recepción con su pipa.

El Lancero, ignorando por completo todas las otras ventanillas perfectamente abiertas y sin aventureros esperando, se había puesto en fila en el mostrador de la Chica del Gremio. La expresión de desagrado en su cara provenía, quizás, de la conversación que estaba escuchando, en la que estaba involucrado Goblin Slayer. Sin embargo, cuando otras mujeres del personal o aventureras le llamaban, como lo hacían de vez en cuando, él respondía con una sonrisa….

“Parece popular”, dijo la Sacerdotisa.

“Sobre, eso…” La Bruja, que había sacado su pipa de la nada, le dio a la Sacerdotisa una mirada severa.

Erk….

La Sacerdotisa sintió que su corazón latía a pasos agigantados; puso una mano en su pecho.

¿Sería capaz de tener este efecto en la gente algún día? Iba a tardar mucho tiempo en llegar….

“Corta-barbas podría aprender un par de cosas de él. Hacerse más simpático”.

“¿Qué? De ninguna manera. Ni siquiera puedo imaginarme a un Orcbolg alegre y sonriente”, gimió la Arquera Elfa Superior. El Chamán Enano, aparentemente satisfecho con su conteo del tesoro, lo estaba poniendo de nuevo en la bolsa.

La Sacerdotisa trató de imaginarse a Goblin Slayer con una sonrisa alegre en su cara y se encontró riendo. “Si es un poco difícil de imaginar.”

“Sí. Orcbolg es…”

“¿Qué soy?”

“…exactamente quién eres.” La Arquera Elfa Superior movió su mano como diciendo no te preocupes por eso, hacia Goblin Slayer, que había aparecido repentinamente. Parecía que había terminado de hablar con la Chica del Gremio.

“Ya veo”, dijo él sin ningún rastro de sospecha. Entonces el casco de metal se volvió para mirar al Guerrero Pesado y a la Bruja. Era imposible ver su expresión detrás del visor. “¿Qué es lo que desean?”

Y ese era Goblin Slayer.

El Guerrero Pesado sonrió irónicamente, mientras que la Bruja soplaba humo de olor dulce entre sus labios, sin preocuparse por toda la conversación. Uno tenía que evitar leer cualquier cosa entre líneas de lo que dijera la silenciosa y casi mecánica voz. Ninguna habilidad ayudaría con eso, sólo experiencia fría y dura.

“Sólo estamos matando el tiempo y saludandolos”, dijo el Guerrero Pesado.

“Tengo una… cita, después de esto.”

“Ya veo”, asintió Goblin Slayer y añadió más suavemente: “Ten cuidado”.

El Guerrero Pesado sonrió un poco y luego le dio a Goblin Slayer una palmadita en el hombro con su gran y ancha mano antes de irse. “Si eso es lo mejor que puedes hacer, lo tomare.”

Gracias (づ ̄ ³ ̄)づ

“Ves, tú…” La Bruja levantó su voluptuoso cuerpo de su silla. El aromático humo dejaba un rastro detrás de ella, atrayendo los ojos de la Sacerdotisa en su dirección. La jovencita albergaba una secreta esperanza de que algún día podría ser como la Bruja… tanto como aventurera como mujer.

Goblin Slayer inclinó un poco su cabeza, sopesando el significado exacto de las palabras que le habían dicho. Sin embargo, no llegó a ninguna conclusión en particular, desestimando el asunto con un “No importa”. Tenía mucho que hacer.

“Dividamos la recompensa”, dijo él, casi tirándose en una silla y mirando a su grupo. “Cada uno de nosotros tomará lo que quiera, y el resto lo convertiremos en dinero en efectivo y lo dividiremos en partes iguales. ¿Está bien eso?”

“Lo encuentro totalmente satisfactorio”, dijo el Sacerdote Lagarto, asintiendo sombríamente y haciendo un gesto peculiar con las palmas de las manos. “Dicen que incluso los piratas en el mar no se pelean por lo que toman. ¿Por qué entonces los aventureros deberían hacerlo?”

“Apuesto a que quieres esa cosa de hueso, ¿verdad?” dijo la Arquera Elfa Superior. “Yo, me quedo con esto.” Ella alargó la mano con sus delgados y pálidos dedos y agarró un cristal dorado traslúcido… el caparazón de tortuga.

“Cuidado, elfo… tus manos son tan rápidas como tus oídos son largos.” El Chamán Enano descubrió que sus dedos rechonchos eran demasiado lentos para detener a la Arquera Elfa Superior, quien se rió triunfalmente y sacó su pequeño pecho.

“Quejas, quejas. No diré que el primero tiene preferencia, pero ¿hay alguien más que quiera esta cosa?”

“Bueno…” La mirada del Chamán Enano barrió el grupo. “…Me parece justo. Pero, ¿qué vas a hacer con él?”

“¿Hmm? Quizá se lo envíe a mi hermana. Las cosas del mar son muy raras en el lugar de donde vengo”.

“Estoy segura de que le encantará”, dijo la Sacerdotisa, provocando un “¡Gracias!” y un feliz movimiento de las orejas de la Arquera Elfa Superior.

La elaborada ceremonia de bodas celebrada en las profundidades de la selva tropical todavía estaba fresca en la mente de la Sacerdotisa. Al mismo tiempo, sintió una oleada de arrepentimiento. Miró al suelo durante un segundo y luego extendió su mano.

“…Tomare esta perla, entonces. Quiero ofrecérsela a la Madre Tierra”.

No estaba segura de cómo compensarlo… y aunque había recibido palabras de perdón, todavía quería hacer algo.

El Chamán Enano, notando cómo se veía la Sacerdotisa, resopló para indicar su disgusto. “Creo que podrías soportar ser un poco más egoísta…. Bueno, no es algo que me incumba de todos modos.” Luego tomó la hélice en su mano callosa, acunándola suavemente. “Esto servirá como un buen catalizador. La hélice es mía. Corta-barbas, ¿qué hay de ti?”

“…¿Yo?”

Él parecía tremendamente sorprendido. El casco no se movió, sino que permaneció fijo en la bolsa del tesoro. La Sacerdotisa lo miró con una sonrisa.

Para ir a una aventura, derrotar a un monstruo, recibir una recompensa y luego dividirla. Todos tenían diferentes maneras de manejar la división del botín, y ella había oído que algunos simplemente lo convertían todo en dinero en efectivo y luego compartían lo que recibían, pero….

Sólo había una razón por la que su corazón bailaba como lo hacía.

Este debe ser el tipo de aventura normal que él deseaba.

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