Seiken Gakuin No Maken Tsukai (NL)

Volumen 8

Capitulo 7: El Rey Del Vacío

 

 

El aire se agitaba debido al calor. Llamaradas ardían en los límites del bosque de miasma. El Castillo Sangre de Hierro era ahora un cráter gigantesco, con una lanza en su centro.

Una sola lanza había destruido toda la zona.

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Los tres Reyes Demonio se encontraban a poca distancia del punto de impacto, rodeados por una barrera en forma de cúpula.

“Si hubiera sido un impacto directo, no creo que mi hechizo hubiera logrado bloquearlo”. Dijo Leonis, levantando el Báculo de los Pecados Sellados.

“¿Eso es… una lanza?” Preguntó Veira.

“Percibo una vasta cantidad de mana procedente de ella”. Susurró Rivaiz, fascinada. “Parece un arma de los dioses”.

Restos de muros de piedra cubrían el suelo devastado. El Templo de la Diosa había sido erradicado.

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(Brionac, la Lanza Divina. Sólo él es capaz de lanzar un arma así).

Leonis dirigió su atención al cielo. Brillando en la insondable oscuridad había una forma gigantesca y grotesca. El Rey del Vacío flotaba en lo alto, con incontables Void esperándole.

“Así que el destino nos ha llevado a encontrarnos de nuevo…” Leonis fulminó con la mirada al héroe caído. “Mi maestro, Shardark el Maestro Espadachín”.

“… ¡¿Shardark?!” Los ojos dorados de Veira se abrieron de par en par. “Leonis, ¿qué quieres decir? ¿Es realmente el Maestro Espadachín de los Seis Héroes?”

Leonis asintió, sintiendo que una gota de sudor frío se deslizaba por su cuello. Shardark Shin Ignis, un Void Lord que comandaba los Void. Su forma había cambiado desde el enfrentamiento en el Séptimo Assault Garden.

Tras absorber dioses y demonios, se convirtió en un monstruo malformado. De su mitad inferior se hincharon ocho patas, cada una perteneciente a una criatura distinta. Asimismo, de su mitad superior habían crecido ocho manos, cada una de las cuales empuñaba un arma de Clase-Mitológica.

La única parte de esta aterradora pesadilla viviente que se parecía al hombre que fue era su pálido y apuesto rostro. Sin embargo, uno de sus ojos estaba aplastado, resultado de una herida que Leonis le había infligido.

(… ¿Qué está haciendo aquí?)

El Maestro Espadachín había descendido al Séptimo Assault Garden como un Void Lord para fusionarse con una deidad guardiana de la Orquídea Sakura. Tras una feroz batalla con Leonis, se había retirado a un desgarro en el espacio cuando Leonis había despertado al poder de su Espada Sagrada y le había disparado entre los ojos.

(Así que si está aquí después de desaparecer en esa fractura en la realidad…)

Parecía que la hipótesis de Leonis de que los Void se originaron en este mundo era correcta. Esa era una pieza importante de información sobre las criaturas que de otra manera serían completamente desconocidas.

(Aunque ahora no es el momento de celebrarlo).

Leonis levantó el Báculo de los Pecados Sellados. “Ese es definitivamente el Maestro Espadachín de los Seis Héroes. Tras sucumbir al vacío y convertirse en Void Lord, ha estado fusionándose indiscriminadamente con cualquier ser que ha considerado digno”.

“¡Shardark Shin Ignis!” Gruñó Veira, con una voz cargada de sed de sangre. Sus dracónicos ojos dorados brillaban amenazadores. Cientos de sus dragones habían perecido a manos de este héroe.

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“¿Qué hace aquí el Maestro Espadachín?” Preguntó Rivaiz con calma. “No lo sé”.

¿Había sido atraído este héroe caído por la voz de la diosa? ¿O tal vez era el resultado de la resonancia de Dáinsleif…?

“¡∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞…!” El aullido del Void Lord Shardark sacudió el aire.

“¡Aquí viene!” Leonis gritó.

*¡Whoooosh!*

La gigantesca forma del Maestro Espadachín descendió como un cometa, haciendo estallar otro cráter más pequeño en la tierra.

“Hechizo de Gravedad de Octavo-Orden… ¡Vira Zuo!

*¡Vnnnnnn!*

Una esfera de gravedad se formó en el aire, aplastando al Maestro Espadachín contra el suelo. Pero eso fue todo lo que consiguió. Incluso el hechizo de gravedad más fuerte sólo podría detenerlo momentáneamente.

“Te aplastaré de un solo golpe… ¡Drag Zelga!

“Invernada de espadas, hojas heladas de hielo demoníaco… ¡Sharianos!

Veira entonó un hechizo en lengua de dragón mientras Rivaiz lanzaba un hechizo de hielo de Octavo-Orden. Una fuerza en espiral que se clavó en el suelo y una tormenta de espadas de hielo giratorias envolvieron el gigantesco cuerpo del Maestro Espadachín. La vorágine de poderes de los Reyes Demonio hizo volar los Void circundantes en un instante.

“Incluso el más fuerte de los Seis Héroes no puede esperar enfrentarse a tres Reyes Demonio a la vez… ¡¿Qué?!” La sonrisa confiada de Veira se desvaneció rápidamente.

“∞∞∞∞… ¡ ∞∞∞∞∞∞∞…!”

Shardark balanceó uno de sus brazos, apartando el polvo a su alrededor con un enorme martillo, un arma de Clase-Mitológica. Arrojó el martillo sin esfuerzo. Ningún hechizo defensivo ordinario podía bloquearlo.


“Salgan de las sombras, cadáveres del Reino de las Sombras… ¡Gran Muro de la Muerte!

Innumerables huesos reforzados por mana se reunieron para formar un grueso muro de huesos. Este era un hechizo original del Rey No Muerto, que no existía en el sistema mágico. Sin embargo, el mazo giratorio atravesó cada capa de la barricada, dirigiéndose a toda velocidad hacia Leonis.

(¡Mis preciosos huesos!)

Antes de que Leonis tuviera tiempo de lamentar la pérdida, el gran martillo estaba sobre él.

“¡Hahhhhhhhhh! ¡Puño de Arrastre!”

Veira lanzó un puñetazo cargado de mana, que se estrelló contra el costado del mazo y lo desvió de su trayectoria. Pasó a toda velocidad junto a Leonis, apenas sin tocarle el rostro, y se estrelló contra el suelo con un ruido atronador.

“Qué monstruo… Sólo apartarlo me costó todo lo que tenía…”

“Y eso después de que el muro de huesos amortiguara gran parte de su impulso. Es más poderoso de lo que fue en vida”. Dijo Leonis.

“Y la hechicería apenas le afecta también”. Señaló Rivaiz.

“Efectivamente”. Leonis asintió. “Shardark no podía usar la hechicería en vida. Se centraba exclusivamente en el manejo de la espada. Pero al evolucionar, absorbió dioses capaces de blandir magia sagrada”.

Había bloqueado el ataque de Veira y Rivaiz con un hechizo sagrado.

(Sensei, una vez me llamaste monstruo por convertirme en el Rey No Muerto, pero tú te has vuelto más monstruoso de lo que yo nunca fui). Leonis frunció el ceño.

Si los tres Reyes Demonio hubieran estado al máximo de sus fuerzas, habrían destruido esta plaga sin esfuerzo. Pero el más fuerte de ellos, el Rey Demonio de los Mares, había perdido a su otra mitad, el Leviathan.

Leonis estaba en el cuerpo de un niño de diez años, lo que redujo su destreza física y recortó su mana a un tercio de su capacidad original. Utilizar a Blackas en su forma de [Tirano Negro] le ayudaría, pero ahora mismo no podía invocar a su hermano de armas del Reino de las Sombras.

La única que podía librar un combate decente era Veira, el Rey Demonio Dragón. Pero incluso en su caso, sus ataques eran principalmente de naturaleza mágica, lo que la hacía poco adecuada para enfrentarse al Maestro Espadachín. Y la resistencia innata a los hechizos de un dragón era casi insignificante contra Shardark.

(Tenemos que retirarnos, pero darle la espalda no será prudente…)

Leonis no creía que saber cuándo huir mancillara el honor de un Rey Demonio. Después de todo, sólo a través de innumerables derrotas el Rey No Muerto había encontrado el camino hacia la supremacía. Por desgracia, retirarse aquí sería demasiado arriesgado. Si lo intentaban, uno de los tres Reyes Demonio… Leonis, Veira, o Rivaiz… seguramente sería asesinado.

Además, mientras que Leonis no veía la huida como una deshonra, el Rey Demonio Dragón y el Rey Demonio de los Mares podrían ser demasiado orgullosos para huir.

El Rey del Vacío rugió y cargó hacia ellos. Con sus ocho patas, robadas a dioses y demonios, apartó a patadas los restos del Castillo Sangre de Hierro, y cada uno de sus pasos era un trueno.

“Leo. Voy a entretenerlo, así que cúbreme”. Dijo Veira con una sonrisa feroz antes de transformarse en su verdadera forma.

“¡Graaaaaaaaah…!”

Un gigantesco dragón carmesí apareció, envuelto en llamas escarlata, y se enfrentó a la carga del Maestro Espadachín.

*¡Thud!*

La colisión provocó una onda de choque que irradió en todas direcciones. La tierra voló por los aires, obligando a Leonis a protegerse el rostro de los fragmentos. Agarrando a su oponente de frente, Veira abrió sus fauces y exhaló aliento de dragón abrasador a quemarropa.

Las llamas rojas consumieron la mitad superior de Shardark. Su protección divina no se activó. Las garras del dragón desgarraron la carne del Maestro Espadachín.

A pesar de ser golpeado directamente y de estar expuesto al fuego incandescente, el Maestro Espadachín se negó a detenerse. Utilizó el gran escudo que portaba para golpear la cabeza del dragón rojo, haciéndola retroceder.

Shardark lanzó una gran espada.

“¡Sharia Sheiz!”

Una cuchilla de agua surcó el aire, cortando los dedos de Shardark. “Estamos cazando algo grande. Debemos atacarlo desde tres direcciones”. Gritó Rivaiz mientras volaba por los aires.

Leonis esprintó por el suelo, entonando un hechizo avanzado.

(Si tan sólo pudiera usar la Espada Demoníaca, sería capaz de derrotarlo).

Dáinsleif permanecía encerrada en el báculo, sin agitarse. Shardark había absorbido a uno de los Reyes Demonio y, debido al juramento que Leonis había hecho a la diosa, era incapaz de ejercer el poder de Dáinsleif contra uno de sus compañeros Reyes Demonio.

(La Espada Demoníaca no es mi única baza, pero…)

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Mientras corría por el desierto, Leonis apretó sin querer su mano derecha. Su Espada Sagrada, la Excalibur XX… Leonis ya había manifestado ese poder desconocido una vez para derrotar al Void Lord Shardark. Sin embargo, no era un poder que pudiera usar libremente. Al igual que Dáinsleif, consumía todo su mana y su resistencia, por lo que sólo podía utilizarlo en situaciones de todo o nada.

“Ustedes que consumen vida, ofrezco mi alma como sacrificio para atraerlos… ¡Coloso Calavera!

Los huesos destrozados esparcidos por el suelo repiquetearon y se retorcieron, convergiendo ante Leonis. Se juntaron, formando una escultura de hueso de treinta melte de altura.

“Es placentero contemplar así a mi maestro…” Leonis sonrió maliciosamente, sentándose sobre la mano de la estructura. Miró a Shardark, que seguía luchando con el dragón rojo. “Espada Sagrada, Excalibur XX… Activate”. Leonis recitó las palabras mientras se concentraba en las yemas de los dedos.

Partículas de luz convergieron, manifestándose para formar una Espada Sagrada con forma de pistola. Sin embargo, ni un instante después, chispas negras salieron despedidas de su mano derecha. El dolor recorrió el cuerpo de Leonis, y la Espada Sagrada a medio manifestar se dispersó.

“… ¡¿Qué?!” Leonis hizo una mueca y miró su mano. El extraño patrón que Rivaiz llamaba maleficio apareció en su piel.

(¡¿Ha sellado mi Espada Sagrada?!)

Leonis intentó manifestar la Espada Sagrada de nuevo sin éxito. “¡∞∞∞∞…!”

Shardark golpeó a Veira contra el suelo y cargó contra la estructura ósea.

“Tsk… Hechizo de Décimo-Orden, ¡Meld Gaiez!

*¡Bwoooosh!*

Un pilar de llamas blancas estalló, quemando la noche, pero no hizo nada para detener el avance de Shardark.

(¡Ese maldito monstruo!)

Leonis levantó la mano y, un instante después, unas cadenas emergieron de la oscuridad y se enroscaron alrededor de Shardark. Se trataba de uno de los Arc Seven, un arma asesina de Reyes Demonio creada por los dioses… el Grillete del Vil Dragón, Ragva Zol.

Estas cadenas habían detenido el frenesí de Veira en la capital cuando enloqueció, y el Arc Seven era excepcionalmente potente contra los Reyes Demonio. Además, Ragva Zol tenía una maldición que lo hacía más fuerte contra los dragones. Las ataduras detuvieron la carga de Shardark.

(¡Lo sabía!)

Shardark se había fusionado con algo más que un Rey Demonio. Como uno de los Seis Héroes, fue bendecido por Luminous Powers05 y se había fusionado con incontables formas de vida para lograr una evolución continua. Naturalmente, había buscado adquirir un dragón en      algún momento. Y mientras Shardark se congelaba en su lugar…

“¡Graaaaaaaaaaaaah!”

… Veira le disparó un rayo de calor argénteo, mientras Rivaiz lanzaba desde arriba un hechizo de hielo de Noveno-Orden, la Ventisca de Escarcha Demoníaca… [Hield Berzed].

“Estalla, oscuridad… ¡Arzam!” Leonis siguió con una ráfaga de hechizos de Décimo-Orden.

*¡Boom, boom, boom-boom-boom!*

El mana destructivo estalló, iluminando el mundo como un sol al mediodía.

Los numerosos ataques del trío de Reyes Demonio silenciaron al Rey del Vacío. Se encontraba en medio de un rugiente fuego carmesí, con el cuerpo gravemente herido.

*Crack*

Una fisura atravesó el espacio. “… ¡¿?!”

*Crack, crack, crack…*

Las fracturas se expandieron rápidamente, engullendo la zona cercana en poco tiempo.

Leonis tragó saliva con nerviosismo. (¿Lo… hicimos…?)





Desde luego, no habían causado una herida mortal. El Rey del Vacío no iba a perecer por esto. Sin embargo, durante la lucha en el Séptimo Assault Garden, Shardark se retiró a un desgarro en la realidad después de recibir un disparo de la Espada Sagrada de Leonis.

¿Quizás no podía mantener su forma después de recibir cierto grado de daño?

  1. Poderes Luminosos o Potencias

O tal vez había un límite de tiempo en el que podía luchar.

*¡Crack… crack… crack…!*

<Diosa… Apóstol… ¡ ∞∞∞∞…!> Shardark dijo algo parecido a palabras.

“Oh”. Dijo Leonis irónicamente, enarcando una ceja. “Me sorprende que aún puedas hablar, sensei”.

*¡Crash, clink, crunch!*

Shardark hizo volar las cadenas de Ragva Zol.

<Los Apóstoles de la diosa… deben… ser destruidos…> “¿Qué…? ¿Qué estás diciendo?”

“Rey No Muerto, estoy preparando un poderoso ataque. Detenlo por mí”. Declaró Rivaiz desde arriba.

“¡¿Entiendes lo que me estás pidiendo?!” Refunfuñó Leonis desde lo alto de la escultura de hueso.

El manto de agua de Rivaiz brilló, y una esfera semitransparente de agua rodeó su cuerpo.

“¡∞∞∞∞∞∞∞∞…!”

Shardark aulló, balanceando la Ragva Zol. “… ¡Tch!”

Las cadenas golpearon contra el Coloso Calavera, destrozando su brazo en pedazos.

(¡El Coloso Calavera es un arma de asedio! ¡¿Cómo puede destrozarlo tan fácilmente?!)

Tras ser derribado de la escultura, Leonis lanzó por reflejo un hechizo de gravedad para descender con seguridad al suelo. Desde arriba le llovían gigantescos trozos de hueso. Esperaba que la escultura le distrajera mientras disparaba con su Espada Sagrada, pero el plan fracasó.

Si Leonis hubiera tenido a Blackas con él, habría podido luchar de otra manera. También estaba su tercer sirviente, aún encerrado en el Reino de las Sombras, aunque esa era una opción peligrosa.

(Aunque nunca conté con que no pudiera manifestar mi Espada Sagrada).

Leonis miró su mano derecha. No podía ver el patrón hexagonal, pero aún no había desaparecido. Leonis era un experto en maldiciones, pero esto no era magia ordinaria. Nunca había visto un patrón así.

(Qué fastidio…)

Chasqueando la lengua, Leonis salió corriendo a través de la oscuridad. No tuvo que intentar sentir la presencia de Shardark, dado que su forma gigante sacudía el suelo a cada paso.

“Espada Desgarradora del Mal… ¡Zolgstar Mezekis!” Leonis se dio la vuelta y agitó su brazo, recurriendo al Reino de las Sombras.

Varias docenas de espadas surgieron del aire y se dirigieron hacia Shardark. Eran copias hechas con fragmentos de uno de los Arc Seven. Su poder era inferior al original, pero seguían siendo eficaces contra los Reyes Demonio.

Sin embargo…

*¡Clangggg!*

… Shardark barrió la oleada de espadas con un solo golpe de su espada. Y entonces, para sorpresa de Leonis, cogió algunas de ellas para blandirlas como propias.

(Ningún arma es eficaz contra él…)

Incluso después de haber sido reducido a una monstruosidad del Vacío, la autoridad de Shardark como uno de los Seis Héroes, que le fue otorgada por Luminous Powers, seguía vigente. Su capacidad para manejar todo el armamento del mundo se extendía incluso a las Arc Seven.

Del único ojo de Shardark, que permanecía fijo en Leonis, brotó fuego azul. Lanzó las copias de la Zolgstar Mezekis contra el chico. Ningún hechizo podía hacer frente a este ataque.

“¡Grahhhhhhhhhhhhh!”

Un enorme dragón rojo cerró sus gigantescas fauces sobre el brazo de Shardark, aplastándolo.

“¡¿Veira?!”

“¡Siente la venganza de los Dragones de la Cordillera del Dragón Demoníaco!”

Las garras de la poderosa criatura, envueltas en llamas, desgarraron la piel endurecida del Rey del Vacío. El miasma negro brotó como la sangre. Shardark blandió las espadas Arc Seven, clavándolas en el cuello de Veira, pero sus escamas de dragón las desviaron con facilidad.

“¡Subestimas al Rey Demonio Dragón si crees que puedes hacerme daño con imitaciones!”. Rugió Veira, agitando su cola como un látigo para golpear el

cuerpo de Shardark. El Maestro Espadachín perdió el equilibrio y su enorme figura cayó al suelo. Aprovechando la oportunidad…

“Escucha mi rugido, tonto… ¡Dei Argh Dragray!

… Veira hundió sus garras en Shardark, deshaciendo su protección divina mientras pronunciaba un hechizo en lengua de dragón.

*¡Bwooooooooooooooosh!*

Antes de que Veira pudiera atacar de nuevo…

“¡Grahhhhhhhhh!” Ella rugió en agonía.

… El brazo de Shardark emergió del fuego, arrancando una de las alas del Rey Demonio Dragón. Shardark se levantó y agarró al dragón por uno de sus cuernos.

Luego usó otro brazo para intentar clavarle una lanza en la garganta. “¡Veira!” Leonis gritó.

“Ya es suficiente. Retirate, Rey Demonio Dragón, podrías quedar en medio de esto”. Leonis escuchó a Rivaiz declarar.

“Hmph… Desde luego te has tomado tu tiempo”.


Veira volvió a su forma humanoide para escapar del Maestro Espadachín. “Almas heladas, dormiten en el palacio eterno… ¡Rei Zava Cocytus!

Una prismática barrera brillante de hielo empujó contra la gigantesca forma de Shardark. Rivaiz invocó un poderoso y muy avanzado hechizo de ruptura de límites de Onceavo-Orden. Era una magia exclusiva de los Sprites marinos. Les permitía atrapar a los objetivos dentro de un bloque de hielo formado de mana, forzando al cautivo a un sueño eterno.

La resistencia a hechizos de Shardark era impotente ante esta magia. La barrera de hielo lo mantuvo en su sitio.

Sin embargo, el triunfo fue sólo momentáneo. El único ojo de Shardark seguía ardiendo y brillando en el entorno de cero absoluto del bloque de hielo. Si los tres Reyes Demonio no aprovechaban esta oportunidad, perderían la posibilidad de acabar con el Rey del Vacío.

Leonis ya estaba preparado para cantar el hechizo. Veira se había arriesgado para dar el tiempo necesario, y Rivaiz proporcionó el momento oportuno para desatarlo. Leonis no podía permitirse desperdiciar esta oportunidad.

Apuntó a Shardark con la punta del Báculo de los Pecados Sellados, concentrando en él su mana.

Escucha la canción de la ruina. Cenizas a las cenizas, polvo al polvo.

La tragedia que todo lo devuelve a su origen, una vez más, desciende sobre nosotros solemnemente.

Leonis no había cantado un hechizo de ruptura de límites… un hechizo de Onceavo-Orden o superior… desde que se reencarnó. Los hechizos de ese nivel requerían cantos más largos, lo que significaba que no había muchas oportunidades de usarlos en combate directo. Sin embargo, la mayor razón por la que había evitado lanzar uno era la tensión que el uso de tanto mana tendría en su cuerpo actual.

(Sin embargo, ningún hechizo ordinario funcionará con él…) Leonis apretó los dientes. De la punta del báculo que tenía en las manos brotaron intensas chispas.

“Ngh… Ahhh…!”

La descarga de mana le quemaba en la punta de los dedos. Cada nervio de su cuerpo gritó de dolor.

(¡Como sospechaba, esta forma no puede soportarlo…!) Unos dedos delgados se deslizaron sobre los de Leonis. “¡¿Veira?!”

“¡Te prestaré mi mana, Leo!” Dijo Veira, de pie detrás de él con una sonrisa.

El mana de Leonis circuló a través de Veira y luego hacia su báculo. El báculo brilló, rebosante de poder mágico.

 

***********************************************************************************

 

 

“¡Que mi furia queme el mundo, acelerando el momento de la ruina…!” Justo cuando la barrera de hielo que cubría a Shardark se rompió…

“Hechizo Destructor de Onceavo-Orden… ¡Meld Magnus!

*¡Boooooooooooooom!*

… Una luz destructiva cubrió el mundo. Un enjambre de Void que surgió de un desgarro en el espacio se evaporó al instante. Y…

*Crack, crack, crack…*

… Las grietas alrededor del Void Lord Shardark se multiplicaron. “… Leo… nis…”

“… ¡¿?!”

Dentro de las llamas rojas, el Void Lord… pronunció su nombre. “¿Eres… el… sucesor…?”

Por un momento, Leonis creyó ver que el ojo de su maestro recuperaba el intelecto que poseía cuando aún pertenecía a un héroe. Shardark alargó la mano, como si quisiera agarrar algo, y luego se desvaneció en un desgarro del espacio.

*Crack, crack, crack…*

La fractura que se tragó a Shardark empezó a corroer el suelo. Creció, amenazando con tragarse el cielo. El mundo se rompía, transformándose en un palacio de cristal hecho añicos.

Los ojos de Leonis se abrieron alarmados mientras miraba hacia arriba.

(… ¡Eso es…! ¡¿Podría ser?!)

“¡Leo, tenemos que correr!”

“¿Por qué te entretienes? A este paso, ¡nos alcanzará a nosotros también!”

Veira y Rivaiz le advirtieron, pero Leonis se quedó quieto y habló con convicción. “Deberíamos dejarlo. Probablemente…”


“¡¿Huh?! ¡Leonis!”

El dosel del cielo se desmoronó… y el mundo se invirtió.

El entorno cambió de inmediato.

Leonis sacudió ligeramente la cabeza y miró a su alrededor. No estaba en el cráter donde se alzaba el Castillo Sangre de Hierro, sino en un bosque lleno de árboles densos. La luz del sol empezaba a colorear el tenue cielo.

“… ¿Dónde estamos?” Susurró Veira detrás de él. Al darse la vuelta, Leonis vio a la chica de cabello carmesí que lo miraba con expresión confusa.

“¿Nos han vuelto a arrojar a otro mundo?” Preguntó.

“… No. Este es probablemente nuestro mundo original”. Leonis respondió. “Vi las estrellas a través de la grieta en el espacio…”

“¿Las estrellas?”

“Sí…” Leonis asintió y miró al cielo visible a través del dosel del bosque.

La Estrella de la Calamidad brillaba ominosamente mientras los cielos se iluminaban. Entrar en esa fractura de la realidad había sido una apuesta arriesgada.

(Pero conseguimos encontrar el camino de vuelta).

Habían fracasado en su intento de perseguir al Diablo del Inframundo, pero había pocas alternativas.

“Rey No Muerto, ¿adónde ha ido a parar el Maestro Espadachín?” Rivaiz descendió del aire, con su manto de agua ondeando.

“Si no está aquí, tal vez utilizó el desgarro para viajar a otro lugar”. Respondió Leonis, negando con la cabeza.

Los Void probablemente utilizaban esas fracturas para atravesar libremente las dimensiones, pero si ese era el caso… no tenía sentido que aparecieran y desaparecieran de forma tan irregular, como la niebla. Si los Void pudieran moverse con tanta facilidad, la humanidad ya se habría extinguido.

“¿Por qué el Maestro Espadachín de los Seis Héroes… apareció allí?” “… Buena pregunta. No lo sé”.

Shardark definitivamente había reaccionado a la voz de la diosa, pero lo que había ido a hacer allí no estaba claro. Quizá hacía tiempo que había perdido todo sentido de la vida y se había vuelto loco por el vacío que carcomía su alma, y por eso se había sentido atraído por este vestigio de su antigua némesis.

“¿Qué era ese mundo…?” Murmuró Rivaiz.

Un cielo rojo. Un desierto que se extendía sin fin. Enjambres de incontables Void. Leonis especuló que ese mundo era la fuente de los Void, pero ¿qué hacían allí las ruinas de la ciudadela del Rey Demonio de las Bestias? ¿Y por qué oía la voz de la difunta diosa…?

Leonis empuñó por reflejo el Báculo de los Pecados Sellados. El Diablo del Inframundo y el Duque Christaria. La Azure Hold. El Mundo del Vacío. La voz de la diosa. Las ruinas del Castillo Sangre de Hierro que no deberían estar allí.

Algo conectaba todas estas piezas.

(Azra-Ael debe tener la respuesta).

Por ahora, Leonis estaba de vuelta en su mundo, y otro asunto exigía su atención.

(No puedo dejar mi reino desatendido por mucho tiempo).

No estaría bien dejar a Blackas y Shirley a cargo de todo. Leonis pensó en su sirviente. Habían pasado sólo unos días, pero se sentía extrañamente nostálgico.

(Después de todo, se lo prometí). Leonis sacó su terminal del bolsillo. “Muy bien. ¿Dónde estamos?”

Intentó activar el dispositivo, pero no le proporcionó ninguna información sobre los alrededores. Los dispositivos mágicos de esta época no servían de mucho a menos que estuvieran al alcance de un Assault Garden.

“Si buscas una ciudad humana, la encontrarás por ahí”. Dijo Veira, señalando hacia el amanecer.

“¿Estás segura?” Preguntó Leonis.

“Claro que lo estoy”. Respondió el Rey Demonio Dragón, sonriendo y llevándose las manos a la cintura. “Los dragones vuelan observando las posiciones de las estrellas”.

“¿A qué distancia está?”

“Bueno, no sé tanto”.

“Ya veo”. Leonis asintió. “Entonces debo regresar a la capital. Desconfío de los planes de Azra-Ael, pero tengo una promesa que cumplir”.

“Hmm. Apuesto a que esa sirviente tuya está preocupada por ti”. Se burló Veira.

“Iré tras el Diablo del Inframundo”. Decidió Rivaiz. “Debo reclamar mi Leviathan”.

“Yo también. Aún tiene la Azure Hold… Aunque por lo que sabemos, Azra- Ael y la Azure Hold no están en este mundo”. Veira comentó.

“Si su objetivo es reunir a los Reyes Demonio, tendrá que regresar. Sabiéndolo, deberíamos inspeccionar las tierras donde duermen los Reyes Demonio restantes”.

“Cierto”.

“Tienes razón. Buscaré el lugar de descanso del Rey Demonio de las Bestias”.

“De acuerdo. Avísanos si encuentras algo”.

Leonis invocó a su Dragón Calavera del Reino de las Sombras y saltó sobre su lomo. “No se descuiden. No se sabe lo que puede estar planeando Azra- Ael”. Advirtió a las otras dos.

“Hmph. La próxima vez lo reduciré a cenizas”. Declaró Veira. El Dragón Calavera batió sus alas y despegó hacia el sol.

Era de noche. Tras terminar sus ejercicios del día, Lyseria regresó a su habitación del hotel, donde se quitó la ropa de entrenamiento y se puso solo ropa interior. Luego se desplomó en el sofá.

“C-Creo que… estoy acabada…”

Se quejó de forma poco habitual, con el cabello revuelto. Normalmente, Lyseria no actuaría de forma tan indisciplinada, incluso sin que nadie la observara. Pero estaba completamente agotada tras varios días de riguroso entrenamiento.

Además de las sesiones de entrenamiento del Decimoctavo Pelotón, que la propia Lyseria había programado, también tenía que pasar todas las mañanas y tardes sufriendo lecciones especiales. Peor aún, su instructor era bastante implacable.

Lyseria había mejorado en el manejo del Vestido del Verdadero Ancestro y en el control de su circulación de mana, pero no podía decir por cuánto o si importaría.

Tumbada en el sofá, Lyseria se retorció inquieta y se giró para mirar la lámpara de mana que iluminaba la habitación.

“¿Cuándo volverá Leo-kun…?” Murmuró.

Habían pasado cuatro días desde que abandonó la capital. Le había enviado mensajes todos los días, pero no había recibido respuesta. Lyseria guardaba una taza de pudín en la nevera, esperándole en caso de que volviera.

“Leo-kun…”

Lyseria jugó con los botones del sofá, apretándolos. Agarró un cojín que usaba como almohada y hundió sus colmillos en él.

Con las mejillas hinchadas, concluyó: “No es suficiente”.

Lyseria estaba frustrada. Dio vueltas en el sofá, aún abrazada al cojín. Finalmente, sus ojos se posaron en la ventana entreabierta. La cortina bailaba con la suave brisa. Fuera, el sol se ponía y las luces de neón del casino empezaban a brillar.

La chica se quedó mirando la oscilante cortina. Hacía sólo unos días que se había ido, pero ella le echaba mucho de menos…

(Una vez que Leo-kun vuelva, voy a chuparle un montón de sangre).

Lyseria abrazó el cojín con fuerza. Su mana crepitó, haciendo palpitar su corazón.

*Ba-dump. Ba-dump. Ba-dump*

(¿Huh? M-Me estoy sintiendo, algo así como… ¿Huh?) Pensar en él hizo que sus mejillas se sonrojaran. (N-No… Leo-kun es, bueno, tiene diez años… Eso no es…)

El corazón de Lyseria latía como un tambor, y sintió que se le calentaba la cara.

“… ¡!”

El pomo de la puerta hizo clic.

“¡¿Leo-kun?!” Lyseria se incorporó de inmediato.

“Lo siento, no soy el chico. Soy su sirvienta favorita, Seria ojou-sama”.

La puerta se abrió, revelando a Regina en un uniforme de sirvienta. Adoptó una pose extraña y adorable, balanceando sus coletas.

“… Oh. Eres tú, Regina”. Los hombros de Lyseria se desplomaron con evidente decepción.

“Vera, Seria ojou-sama, esa reacción me rompe el corazón”. Murmuró Regina desapasionadamente.

“Ah, n-no, ¡lo siento! ¡Me alegro de que estés aquí, Regina!”

La sirvienta se encogió de hombros. “Hmm. Bien, la perdonaré. De todos modos, es hora de la reunión”.

“Ah, cierto. Voy a prepararme”.

Lyseria se levantó del sofá y se puso rápidamente el uniforme. Mientras se ponía la falda, volvió a mirar por la ventana. Por supuesto, no había nadie. Sólo estaba la cortina ondeando suavemente.

(Leo-kun…)

Una pequeña sombra se alzaba sobre la azotea del Shangri-la Resort. Shirley se había quitado el disfraz de Leonis y vestía su atuendo habitual de sirvienta.

“Leonis-sama…”

Tenía las manos juntas, como rezando, mientras observaba la puesta de sol. Siempre que Leonis partía a la batalla, Shirley esperaba en el balcón de la Death Hold para rezar por la seguridad de su maestro.

Confiaba en su victoria, pero eso no significaba que no estuviera preocupada. Después de todo, en la actualidad, su maestro estaba en el cuerpo de un niño.

(Y su oponente esta vez es el Rey Demonio de los Mares, considerado el Rey Demonio más fuerte…)

Incluso con toda su fe en Leonis y sus poderes, Shirley no podía evitar preguntarse si esta vez volvería ileso.

“¿Estás preocupada por Magnus-sama?” Preguntó una voz tranquila.

Shirley se dio la vuelta y su mirada se posó en un lobo negro de ojos dorados, de pie a la sombra del sol poniente.

“Lord Blackas…”

Blackas se detuvo junto a Shirley, dirigiendo sus ojos hacia el horizonte.

“Mi amigo está seguro de volver a su reino. Todo lo que podemos hacer es creer en él”. Dijo.

“Sí, tiene razón…” Shirley se inclinó en señal de reverencia.

“Por cierto, Shirley, si Magnus-sama llegara tarde al Festival de la Danza de la Espada Sagrada, te corresponderá a ti asistir como su doble”.

Ella asintió. “He hecho los preparativos necesarios”.

Shirley había estudiado a fondo las reglas para prepararse. Un festival de combate humano era un juego de niños para alguien con las habilidades de un asesino Septentrion. Podía ganar de una forma no demasiado espectacular o perder de una forma no demasiado aplastante.

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La chica no tenía intención de perder el combate, pero tampoco planeaba luchar activamente. Una demostración innecesaria de su fuerza atraería una atención indebida hacia Leonis.

“Espero que no pase nada, pero los tontos insignificantes que se interponen una y otra vez en el camino de Magnus-sama podrían aprovecharse de la celebración. Tenlo en cuenta”.

“Sí, entendido”.

Los Void no eran la única facción misteriosa de este mundo. Antiguos oficiales de los Ejércitos de los Reyes Demonio, como Nefakess y Zemein, habían reaparecido en esta época y conspiraban contra Leonis. La propia Shirley había sido atacada y sufrido una vergonzosa derrota a manos de uno de sus asesinos demoníacos.

(No dejaré que vuelva a ocurrir…)

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Con determinación en el corazón, Shirley tocó el anillo que llevaba en el bolsillo. Leonis se lo había dado. Era capaz de invocar al ser más fuerte de los Ejércitos de los Reyes Demonio.

Ya lo había usado una vez, así que la magia se había desvanecido, pero seguía siendo un tesoro muy preciado.

(Leonis-sama, por favor… Cuídese). Rezó Shirley, con la mirada fija en el horizonte.

Los días en Camelot iban y venían. El entrenamiento especial se intensificó a medida que se acercaba el Festival de la Danza de la Espada Sagrada. Afortunadamente, todos mostraron claros signos de mejora y madurez.

En poco tiempo, llegó el día del evento.

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