Seiken Gakuin No Maken Tsukai (NL)

Volumen 8

Capitulo 5: Tres Reyes Demonio En El Desierto

 

 

“Hmmm-hmmm. ♪ Hmm-hm-hmmmm ♪”.

Un encantador tarareo llenó el cuarto de baño del hotel, con el jovial sonido de las salpicaduras de agua.

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Era la mañana del tercer día del Decimoctavo Pelotón en la capital. Shirley, de vuelta a su forma original por primera vez en mucho tiempo, disfrutaba de un baño a solas.

Normalmente, se limpiaba en un manantial del Reino de las Sombras. Esta vez, sin embargo, aprovechó que se alojaba en un hotel de clase alta y decidió disfrutar de la bañera de la habitación de Lyseria.

“Hmm-hm-hmmm ♪”.

Después de pasar tanto tiempo como Leonis ayer, se sentía agotada. Por supuesto, se sentía honrada de servir como su doble, pero tener que mantener una actuación convincente era estresante.

Shirley estiró las piernas para relajar las pantorrillas agarrotadas. Los pétalos de rosa esparcidos por el agua desprendían un dulce aroma. El tiempo que faltaba para que Lyseria Christaria despertara fue un breve respiro para ella.

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(La velocidad a la que crece esa chica es asombrosa).

Hacía sólo unos meses que la hechicería de Leonis la había convertido en un no-muerto. Ya dominaba hechizos ofensivos de Segundo-Orden, una hazaña impresionante, incluso para una Reina Vampiro. Sin duda, el entrenamiento especial de Leonis y los Tres Campeones de Rognas desempeñó un papel importante, pero no cabía duda de que Lyseria poseía un potencial excepcional.

¿O tal vez sería más preciso llamarlo espíritu en bruto? Cualquiera que fuera el ejercicio, Lyseria aguantaba, lo que la convertía en una buena estudiante. La chica difería drásticamente de los nobles que Shirley conocía en el Reino de las Sombras.

(Me duele admitirlo, pero puedo ver por qué Leonis-sama está tan prendado de ella).

El entrenamiento también había agotado a Shirley. Tenía que equilibrarlo con la investigación de la capital, mantener bajo control a la Manada de Lobos Demoníacos y su trabajo a tiempo parcial en la pastelería.

(Cuando Leonis-sama vuelva, debería pedir rosquillas como recompensa especial. O-O tal vez… ¿una p-palmadita en la cabeza?)

Las mejillas de Shirley se pusieron rojas y sumergió la mitad inferior de su cara en el agua, soplando burbujas.

(Leonis-sama, ¿cuándo volverá…?)

Y fue entonces cuando…

“¿Leo-kun? ¿Estás en la bañera?”

… La voz de Lyseria llamó desde el otro lado de la puerta. “… ¡¿?!” Shirley se sobresaltó alarmada.

(¡¿Se ha levantado tan temprano?!)

La capacidad de adaptación de Lyseria era impresionante. Ayer a esta hora había estado durmiendo como un bebé.

“¡Y-Ya salgo!” Shirley cambió su voz a la de Leonis y se levantó con un chapoteo.

“No te preocupes. Sólo voy a darme una ducha rápida”. “O-Oh, ya veo… Espera, ¡¿qué?!”

La puerta corrediza sonó al abrirse para revelar a una Lyseria desnuda. Su cabello plateado ondeaba en el vapor.

“¡Ah! ¡Ahhhhh, ¿por quééééé?” Exclamó Shirley. “¡¿Por qué has entrado?!” “… ¿? Siempre me baño con Leo-kun… ¿Huh?”

Los ojos azul hielo de Lyseria se abrieron de par en par. “… ¡¿U-Una chica?!”

Shirley hizo una mueca, y se tensó desde su sitio en la bañera.

(¡P-Perdóneme, Leonis-samaaaa!)

“Heh-heh. Qué sorpresa. Nunca imaginé que fueras una chica tan linda”. Dijo Lyseria, volviéndose para mirar a Shirley mientras se arreglaba el cabello mojado con una secadora.

“Qué derrota… Vivo en las sombras, y sin embargo…” Murmuró Shirley, sentándose en la cama y acunando la cabeza entre sus manos. Habiendo considerado inútil mantener su fachada de Leonis, llevaba puesto su habitual vestido de sirvienta.

(Fui descuidada. Y también me había mantenido perfectamente oculta hasta ahora…)

La verdad era que no se había mantenido tan bien oculta como ella creía. Shirley miró a Lyseria.

(El camino del asesino dicta que tengo que hacerla desaparecer o matarla ahora que lo sabe, pero…) Los ojos color crepúsculo de Shirley brillaron peligrosamente.

La Sociedad de Asesinos a la que había pertenecido, Septentrion, tenía métodos para acabar con los no muertos… pero ella no podía eliminar a la sirviente de su maestro.

(Uuuugh… Leonis-sama se va a enfadar mucho conmigo…) Shirley volvió a acunarse la cabeza mientras se apagaba el sonido de la secadora.

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Lyseria se acercó a Shirley y la miró a la cara. “Hmm. Nos hemos visto antes en algún sitio, ¿verdad?” Preguntó.

“¡I-Imposible! Siempre me escondo en las sombras”.

“He visto a una sirvienta fantasma en nuestro dormitorio unas cuantas veces”.

Shirley desvió la mirada. “… Te estabas imaginando cosas”.

“De acuerdo. Dejémoslo así”. Lyseria sonrió y se enderezó, estirando las rodillas. “Empecemos a entrenar, Leo-kun”.

El Rey Demonio Dragón, el Rey Demonio de los Mares y el Rey No Muerto.

Tres de los Reyes Demonio que una vez sumieron al mundo en una era de terror sobrevolaban ahora este otro mundo. Después de volar durante toda la noche, todo lo que habían aprendido sobre este lugar al que el Diablo del Inframundo les había enviado era que el cielo era rojo.

Como tenía sol, era visible la diferencia entre el día y la noche. Sin embargo, la vista desde arriba seguía siendo del color de la sangre, y detrás de las densas nubes se acumulaba un espeso miasma del Vacío.

“Este es un lugar infernal”. Susurró Leonis mientras miraba la superficie desde lo alto del lomo del Dragón Calavera.

En el pasado, cuando Leonis se enfrentó a la Reina de la Oscuridad, hizo marchar a su ejército a través de la Tierra de la Muerte, situada en las profundidades de la Cordillera Terminus. Pero incluso la Tierra de la Muerte, plagada de niebla mortífera, no estaba tan desolada como este reino.

Este era un mundo donde el vacío lo gobernaba todo.

(¿Quizás los Void que aparecen en nuestro mundo tienen su origen en éste?)

Conjeturó Leonis.

Void… seres desconocidos que adoptaron las formas de monstruos de épocas pasadas. Si nacieron aquí…

(Esta podría ser una oportunidad para acabar con ellos en su origen).

El estómago de Leonis gruñó de repente, sacándole de sus pensamientos.

“¿Qué pasa, Leonis? ¿Tienes hambre?” Preguntó Rivaiz Deep Sea, inclinando la cabeza hacia un lado. “Qué curioso. El Rey No Muerto necesita comer como una persona viva”.

Leonis miró hacia atrás y vio que Rivaiz le observaba con curiosidad.

“Hmph. Y ustedes, los Sprites marinos, subsisten almacenando el mana del mar en sus cuerpos, si mal no recuerdo”.

“Efectivamente. Pero eso no quiere decir que nos abstengamos de comer. Cuando la Fortaleza Submarina aún estaba intacta, me daba un festín con los sacrificios que me hacían los habitantes de las profundidades”.

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“Oi, ¿de qué están hablando?”

Veira, que volaba por delante del Dragón Calavera, redujo su velocidad y se detuvo junto a Leonis.

“¿No te da hambre, chica dragón?”

“Bueno… ahora que lo pienso, hace tres días que no como nada”. Respondió Veira, gruñendo un poco a Rivaiz.

“¿No te habrás comido esas monstruosidades?”

“… ¿Te estás burlando de mí, Rey Demonio de los Mares? ¿Quién se comería esas cosas?”

(Aunque te recuerdo despedazando los Void con tus mandíbulas).

Leonis se preguntó si eso contaba como comérselos. Veira había estado volando sin parar desde que salió de la capital. Los Reyes Demonio no necesitaban dormir ni comer para mantenerse con vida, pero eso no los hacía incapaces de descansar.

“Hmm. Tal vez deberíamos parar a descansar”. Sugirió Leonis. “Todavía puedo seguir volando”. Dijo Veira.

“Bueno, tengo bastante hambre. Lo juro, este cuerpo humano es tan incómodo…”

Leonis se puso de pie sobre la cabeza del Dragón Calavera y utilizó el Ojo Místico de la Visión Lejana para observar los alrededores. A través de él, descubrió una colina con una vista panorámica de los alrededores.

“Aterricemos allí”.

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Cuando la noche descendió sobre este otro mundo, los ominosos cielos rojos se tiñeron de negro. Los tres Reyes Demonio estaban sentados en lo alto de una colina estéril, alrededor de una hoguera de llamas eternas producidas por hechicería.

“Leonis, ¿qué es esto?” Preguntó Rivaiz con curiosidad.

Sostenía una lata de comida en conserva que Leonis había extraído del Reino de las Sombras.

“Esto es una muestra de la sabiduría de la humanidad moderna”. Leonis explicó, presumiendo extrañamente como si fuera su propio logro mientras abría otra lata. “Intenta comerlo. Ya verás”.

Se trataba de raciones militares suministradas a los equipos de investigación en las excursiones a las Colmenas del Vacío. Antes de abandonar la capital, Leonis separó parte del Reino de las Sombras y se lo llevó consigo, encargando a Shirley la gestión del resto en su ausencia.

Dado que la capacidad de la parte del Reino de las Sombras con la que viajaba Leonis era limitada, no tenía muchas raciones, pero había suficientes para unos cuantos días.

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Los tres abrieron varios tipos de latas y las colocaron ante las llamas parpadeantes. Pescado blanco hervido, carne en conserva, judías cocidas, arroz pilaf, sopa de curry, panecillos hechos con frutos secos, estofado de judías y pudín.

“Hmm…” Rivaiz usó una cuchara para probar la carne en conserva. “Ya veo. Está deliciosa”.

“Es delicioso, pero no llena mucho”. Añadió Veira desde su lugar en el suelo. “Me pregunto si no podríamos encontrar una vaca o tres por aquí”.


Leonis levantó la cabeza. “Oh. ¿Así que los dragones comen ganado?”

“Sí. Quemamos montañas con nuestro aliento de fuego y elegimos las vacas que estén mejor asadas”.

“Los Leviathan pueden tragarse ballenas enteras”. Señaló Rivaiz.

“Las ballenas también son deliciosas”. Respondió Veira. “Pero yo no puedo tragarme una entera”.

Leonis observó la discusión de los otros Reyes Demonio con exasperación. “Olvídense de las vacas. No creo que encontremos nada vivo aquí, salvo los Void”. Dijo.

Y no podía decir si aquellas monstruosidades del vacío contaban siquiera como seres vivos. De repente, Rivaiz miró a Leonis.

“Creo que es la primera vez que te veo comer, Rey No Muerto”. Dijo.

“Ya estoy acostumbrado”. Afirmó Leonis mientras masticaba sus judías tostadas.

No le importaba mucho la comida, pero cierta chica sirviente siempre lo regañaba cuando descuidaba comer sus verduras.

“Hmm, ya veo”. Rivaiz asintió, observando con fascinación cómo Leonis se comía la comida enlatada. “Aun así, no esperaba que un maestro hechicero como tú fallara un hechizo de reencarnación”.

“… Métete en tus asuntos”. Leonis respondió.

“Después de todo, originalmente eras un no muerto. No necesitabas reencarnarte, así que ¿por qué no te limitaste a dormir durante mil años?”

“No podía hacerlo. Yo era un no muerto especial, creado por la diosa”.

Y, lo que es más, la diosa le había ordenado utilizar la hechicería para reencarnarse. Cuando Roselia Ishtaris resucitó al héroe Leonis Shealto como no muerto, su alma humana fue colocada en un cuerpo no muerto. Sin embargo, su alma de héroe no podía aclimatarse a esa nueva forma, lo que significaba que se desgastaría con el tiempo.

En cualquier caso, la pregunta de Rivaiz tenía fundamento. Leonis bajó la mirada y suspiró. Puede que fuera un hechizo muy avanzado, de Doceavo- Orden, pero a Leonis aún le costaba aceptar que había fallado. Si no hubiera tenido más remedio que reencarnarse en un humano, habría preferido un cuerpo ligeramente más maduro, por lo menos. Si hubiera renacido en su mejor momento como héroe, Lyseria y Regina no lo tratarían como a un niño.

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Tras terminar su cena de comida enlatada, los tres empezaron a discutir qué hacer a continuación.

“No tenemos ni idea de dónde está ese hombre”. Leonis se cruzó de brazos, mirando las estrellas que centelleaban en el cielo nocturno.

Todavía no sabían lo grande que era este mundo. Ir tras su objetivo sin ninguna pista sería difícil.

(Lo único que tenemos para avanzar es la Azure Hold…)

“Esta estructura es el modelo original de las ciudades humanas. Una puerta con la cual se puede alcanzar las estrellas”.

¿Qué quería decir ese hombre cuando dijo eso? ¿No era la Azure Hold sólo una fortaleza voladora?

“Veira, ¿sabías que la Azure Hold podía atravesar dimensiones?”

“N-No, no sabía nada de eso”. El Rey Demonio Dragón apartó la mirada y se enfurruñó por alguna razón. “La Azure Hold fue descubierta en las profundidades de la tierra por los Grandes Ancianos Dragón generaciones antes que yo. Investigaron sus funciones y se dieron cuenta de que era capaz de volar”.


“¿Y la usaste como fortaleza a pesar de no saber nada sobre quién la construyó?” Rivaiz frunció el ceño, exasperada.

“A los Grandes Dragones no les importan esos pequeños detalles”.

“Tal vez deberías empezar a tenerlos en cuenta, entonces”. Susurró Leonis, con los ojos entrecerrados.

 

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“Admito que la Azure Hold posee misteriosos mecanismos antiguos que nosotros, los dragones, no llegamos a comprender del todo. Uno de ellos era el Almagest, un dispositivo de observación astronómica que registraba los movimientos de las estrellas”.

Leonis conocía el dispositivo. Veira había buscado la Azure Hold en el fondo del océano porque quería utilizar el Almagest para observar los cambios de posición de las estrellas.

“Una puerta con la cual se puede alcanzar las estrellas”. Dijo Leonis.

“Creo que es seguro decir que el hombre conocía el propósito original de la Azure Hold”.

“¿Quién era ese humano…?” Gruñó Veira con amargura.

(Ahora que lo pienso, aún no se los he dicho).

“Creo que es probable que sea el Diablo del Inframundo, Azra-Ael”. “¡¿Qué?!” Exclamó Veira.

Los ojos de Rivaiz delataron su incredulidad.

“No tengo ninguna prueba real. Sólo son especulaciones”. Leonis se adelantó antes de explicar su razonamiento. Y cuando terminó…

“Ya veo. Sí, hubo ocasiones en las que el Diablo del Inframundo poseyó cuerpos humanos”. Veira asintió, convencida.

Como forma de vida espiritual, Azra-Ael tenía que reclamar la carne de otro ser vivo para mantener su forma. El cuerpo no tenía por qué ser humano, aunque parecía que el Diablo del Inframundo los prefería.

“Entonces, suponiendo que ese hombre sea Azra-Ael… ¿Qué espera conseguir utilizando la Azure Hold y a los Reyes Demonio?” Se preguntó Rivaiz.

Leonis negó con la cabeza. “¿Quién puede decirlo?”

Si lo hubiera sabido, no habría completado el cuadro. Se lo ocultó a los otros dos Reyes Demonio, pero…

(Está poseyendo el cuerpo del padre de Lyseria, el Duque Christaria).

Eso no podía ser una coincidencia. Indudablemente había una razón.

(El Duque Christaria había estado investigando a los Reyes Demonio, también…)

Había estado investigando las leyendas que rodeaban a los supuestamente fallecidos Reyes Demonio e incluso había descifrado parte del texto antiguo.

Gracias a eso, Lyseria tradujo un epitafio que casi expuso la verdadera identidad de Leonis.

(¿Invocó el Duque Christaria a Azra-Ael de alguna manera?)

En cuyo caso, ¿el Duque Christaria seguía actuando por su propia voluntad…?

(Usó el poder de una Espada Sagrada, pero…)

Las Espadas Sagradas eran un poder exclusivo de los humanos. ¿La posesión de un cuerpo era suficiente para usar una libremente?

“… ¿Leo?” Veira miró dubitativa al chico.

“No tiene sentido intentar discernir sus objetivos sin toda la información”. Decidió Leonis. “Tenemos que capturarlo”.

“Sí, supongo que tienes razón…” Veira asintió, extendiendo sus torneadas piernas en el suelo. “Pero existe la posibilidad de que haya vuelto a nuestro viejo mundo por su cuenta”.

“No, no creo que sea probable”. Afirmó Leonis, levantando la vista. “Ni siquiera el Diablo del Inframundo puede viajar tan fácilmente entre dimensiones. Cruzar solo no le resultaría demasiado difícil, pero transportar la Azure Hold requerirá una preparación considerable. Ni siquiera el Castillo del Otro Mundo, temido por su capacidad de aparecer en cualquier parte, podría moverse entre mundos sin esfuerzo”.

“En cualquier caso, tenemos que encontrarlo, y rápido”. Concluyó Veira. “Bien…”

Leonis extendió la mano hacia el cielo nocturno, con los ojos fijos en él. Alargó la mano hacia el cielo de otro mundo, donde las posiciones de las estrellas eran diferentes.

(Qué extraño…)

De algún modo, sus pensamientos se dirigieron a la sirviente que había dejado en la capital. ¿Debería decirle que Lord Christaria, su padre, seguía vivo?

Ansiaba oír su voz. Sentir el abrazo de sus brazos, sus dedos rozándole el cabello.

(Absurdo. Esto es casi como… Dios mío, qué fastidio…)

Leonis cerró los ojos. ¿Lo estaba haciendo bien Shirley como su doble? Confiaba en ella, pero no podía evitar su preocupación.

“¡El entrenamiento de hoy está completo!”

Lyseria regresó a la entrada del parque, respirando agitadamente. “… ¿Ya?” Miró a Shirley, disfrazada de Leonis. Echó un vistazo al reloj de arena de sombras que había en un banco cercano, pero sólo la mitad de la oscuridad que contenía había caído al fondo. Lyseria había terminado mucho antes que el primer día. Quizá su cuerpo se estaba acostumbrando a producir la cantidad adecuada de mana.

(Realmente es una Reina Vampiro. Este tipo de potencial es difícil de encontrar).

Shirley golpeó el suelo con su réplica del Báculo de los Pecados Sellados. “Muy bien. Avancemos al siguiente paso de tu entrenamiento”. Dijo.

“¿El siguiente paso?” Preguntó Lyseria. “Controlar tu mana”.

“¡D-De acuerdo!” Lyseria asintió enérgicamente. Por desgracia, había gastado casi todo su mana y no podía levantarse.

Tras pensárselo un momento, Shirley dijo: “Pero antes, te daré un permiso especial para succionar mi sangre”. Le tendió un dedo a Lyseria, que seguía en el suelo.

“… ¿Estás seguro?”

“No podrás seguir entrenando con tu mana agotado”.

“De acuerdo. Entonces…” Lyseria tragó saliva y se metió la punta del dedo de Shirley en la boca.

“Ow… ¡Oye, estás chupando demasiado!” “Ah, l-lo siento… No puedo evitarlo…”

“… Nngh, A-Aprende un poco de moderación”. “Pero Leo-kun siempre me deja chupar más”.

“… Es que te mima demasiado”. Shirley resopló, colocándose una mano en la cintura. Sin embargo, Lyseria continuó mordisqueando su dedo. “Nnh… Ah… Nff…” Shirley, en la forma de Leonis, dejó escapar gemidos lascivos.

Finalmente, el cabello plateado de Lyseria empezó a brillar débilmente con mana.

“Y-Ya has tenido suficiente, ¿verdad?” Preguntó Shirley.

“S-Sí… Gracias.” Lyseria parecía insatisfecha, pero Shirley no podía permitirse que le succionara más sangre.

Shirley se aclaró la garganta. “Entonces empecemos a mejorar tu control del mana. Eres una Reina Vampiro, el tipo más fuerte de no muerto”.

“… ¿L-Lo soy?” Preguntó Lyseria, confundida.

“Sí. Sinceramente, en términos de puro mana, tu capacidad ya es mayor que la mía a estas alturas”.

“¿Estás diciendo que puedo llegar a ser tan fuerte como Leo-kun?” Preguntó Lyseria, con sus ojos azules como el hielo, desorbitados por el asombro.

“No te dejes llevar”. Shirley golpeó a Lyseria en la cabeza con su báculo. “¡Ow!”

“Nuestro maestro está a otro nivel. Si tuviera que hacer una comparación entre ustedes dos, él sería el sol y tú un mosquito”.

“Un mosquito…” Lyseria se puso rígida como si la palabra la hubiera aturdido emocionalmente. “No es que yo sea tan indiscriminada a la hora de chupar sangre…”

Shirley ignoró la mansa protesta de Lyseria y prosiguió. “Quiero que invoques el Vestido del Verdadero Ancestro”.

“… ¿Huh? Pero acabo de reponer todo mi mana. ¿No se agotaría de nuevo?” “Sí, lo haría. Y esa es la cuestión”.

“… ¿?”

“Tal y como estás ahora, no has aprovechado del todo el verdadero poder del Vestido del Verdadero Ancestro. Devora el mana del portador para fortalecer su cuerpo, pero también puede hacer circular mana para intensificar varias veces la fuerza de tus hechizos”.

“H-Hmm…”

“Veo que no lo entiendes del todo. Muy bien”. Shirley suspiró y se encogió de hombros. “Por ahora, vístete”.

“Vestirme… B-Bien”. Lyseria asintió, respiró hondo y concentró el mana en su cuerpo.

La energía mágica corrió y se desbocó, y un vestido carmesí, tan rojo como la sangre, se manifestó y envolvió su cuerpo.

“Su mana es realmente abrumador…” Susurró Shirley.

“Yo… realmente no puedo mantener este estado… por mucho tiempo…” Confesó Lyseria con expresión de dolor mientras se desplomaba de rodillas.

Su mana se agotaría por completo en menos de un minuto y perdería el conocimiento.

“Permanece en este estado e intenta hacer circular el mana dentro de tu cuerpo”.

“N-No puedo… Tal y como estoy ahora, es… imposible…” Lyseria gimió de dolor.

Sus ojos azules como el hielo brillaban mientras un ansia insufrible de sangre la abrumaba.

“Oh, está bien”. Shirley dio un paso adelante y… pinchó a Lyseria en la frente con un dedo índice.

“¡Ow!” Exclamó Lyseria. “¡¿P-Para qué hiciste eso?!”

“He pinchado un punto de presión para concentrar tu mana. Aunque normalmente se usa como técnica de asesinato…”

“¿A-Asesinato?”

“Es una técnica llamada Sentencia de Muerte. Mata al objetivo pinchando un punto donde converge el mana”.

“¡¿Eh?!” Chilló Lyseria.

“No te preocupes. Ya estás muerta”. Declaró Shirley con indiferencia. “Erm…”

“Más importante aún, concentra tu mana en la frente”.

“D-De acuerdo…” Lyseria asintió, cerró los ojos y se concentró en su dolorida frente.

Su inmenso poder de Reina Vampiro se reunió allí. En poco tiempo, el mana que ardía en su interior como una tormenta empezó a circular por su cuerpo.

“Eso es, mantén este estado un rato más”. “Kuh… M-Muy bien… Aah…”

El cabello plateado de Lyseria brilló con intensidad, y sus ojos se tornaron carmesí. Sin embargo, después de que pasaran unos segundos más…

“U-Ugh… No… No puedo… seguir…”

… El Vestido del Verdadero Ancestro ondeó, el mana brotó de él como fuego.

“Ngh, ah, ahh…” Lyseria volvió a su atuendo de entrenamiento y se desplomó sin fuerzas.

Shirley se agachó. “Bien hecho. Siempre es así al principio. Añadiremos esto a tu régimen de entrenamiento habitual durante los días que quedan hasta el festival. Quiero que hagas circular tu mana en todo momento, no sólo durante los entrenamientos, para que te vayas aclimatando a sus sensaciones”.

Lyseria no dijo nada. Había perdido completamente el conocimiento.

“… Supongo que tienes agallas después de todo”. Shirley se encogió de hombros y levantó a Lyseria en brazos.

Situado en el sector administrativo de Central Garden, había un edificio con un característico tejado octogonal. Se trataba del Monasterio de Santa Eluminas, una escuela de entrenamiento de Espadachines Sagrados gestionada por la Iglesia Humana, la religión estatal del Imperio Integrado.

Era mucho más pequeña que la Academia Excalibur del Séptimo Assault Garden o la Escuela de Instrucción Militar del Segundo Assault Garden, y mantenía una política de entrenar sólo a unos pocos elegidos. Los Espadachines Sagrados que se graduaban en el Monasterio eran todos guerreros expertos que luchaban en el frente.

En el centro del edificio octogonal estaba el Salón de la Catedral, donde se reunía un grupo de cuatro. Estos estudiantes, vestidos de blanco puro, eran los representantes que participarían en el Festival de la Danza de la Espada Sagrada. Cada uno de ellos era una elite con una poderosa Espada Sagrada y abundante experiencia de combate contra los Void.

Sin embargo, no había ninguna luz en sus ojos. Permanecían tan inmóviles como los muertos. Sus Espadas Sagradas y su ferviente fe en la Iglesia Humana, las cosas que les daban su identidad, se habían desvanecido.

“Los elegí personalmente. ¿Qué le parece?” Preguntó con una sonrisa el joven obispo de pelo blanco, con la cabeza inclinada hacia la mujer que estaba de pie ante el altar de la catedral.

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“¿Y eso qué importa? Todos son simples marionetas para nosotros”. La Sacerdotisa del Vacío Iris vestía un traje negro como el carbón, que desentonaba con el ambiente luminoso de la catedral. Contempló a los jóvenes, hombres y mujeres, como si examinara a una presa, antes de posar su mirada en una chica bajita. “Pero sí, supongo. Una chica con un aspecto encantador lo hará bastante bien”.

Iris levantó la barbilla de la chica, examinándola como si fuera una joya. Después de asentir con satisfacción, se inclinó y luego… hundió sus colmillos en la garganta de la chica. “¡Ah! Ahhhh… Ah… Ahhhh…” La chica alzó la voz por primera vez. Sus manos cayeron sin fuerza a sus costados, y parecía abrumada por el éxtasis. Aceptaba plenamente este acto de vampirismo. El color desapareció de sus rasgos juveniles, su piel se secó y se convirtió rápidamente en una marioneta de piel y huesos.

“Mmm… Mha… Ha sido delicioso”.

El cuerpo de la chica, con sus miembros delgados como ramitas, cayó al suelo. Una vez saciada de sangre, Iris se lamió los labios. Y entonces…

… Se transformó en la chica cuya sangre había tomado.

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