Seiken Gakuin No Maken Tsukai (NL)

Volumen 8

Capitulo 4: Los Apóstoles De La Diosa

 

 

“… Sigues buscando con los ojos. No sirve de nada a menos que las percibas con mana”.

“¡E-Entendido!” Respondió Lyseria enérgicamente bajo el sol abrasador.

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Ella y los demás se encontraban en una gran instalación de entrenamiento de armas anti-Void, parte del Shangri-la Resort y, por tanto, propiedad de la Compañía Phillet.

El ejercicio era bastante sencillo. Leonis lanzaba esferas de mana y Lyseria tenía que esquivarlas. Al principio pudo seguir el ritmo, pero la evasión se hizo más difícil a medida que aumentaba el número de esferas. Aunque se libró de los golpes directos, enseguida quedó exhausta.

“Haah, haah, haah…” Lyseria jadeó.

“¿Hasta aquí puedes llegar? Si este tipo de entrenamiento es suficiente para que tires la toalla…”

“… ¡T-Todavía no! ¡Dame más, por favor!” Gritó Lyseria, secándose el sudor de la mandíbula.

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“Bueno, tienes la actitud correcta, aunque sólo sea eso. Esta vez, creo que me pondré serio”.

“¡¿Huhhhhhh?!”

Fue   entonces   cuando   Lyseria   comprendió.   (¡Leo-kun   se   ha   estado conteniendo todo este tiempo!)

“¡Go, go, Seria ojou-sama! ¡Siga así, Seria ojou-sama!” Una voz animó desde cerca.

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Lyseria se dio la vuelta, sólo para encontrar… “¡¿R-Regina?! ¡¿Qué estás haciendo?!”

“¡Le estoy animando, Seria ojou-sama!♪ ¡Go, go, Seria ojou-sama!♪”

Regina saltaba enérgicamente con pompones en las manos. Por alguna razón, se había puesto un traje de animadora y parecía estar disfrutándolo mucho.

 

*******************************************************************************

 

 

“¡P-Para, esto es vergonzoso…!” Le reprendió Lyseria.

“En todo caso, soy yo la que debería estar avergonzada…” Contestó Regina. “¡Entonces discúlpate y déjalo ya!”

“Dando la espalda, ¿eh? Agreguemos más esferas, entonces”. Dijo Leonis, produciendo incontables esferas de mana que se dirigieron a Lyseria.

Algún tiempo después…


“Aquí, Seria ojou-sama. Una bebida”. “Gracias, Regina”.

… Lyseria, tumbada boca arriba en el suelo, aceptó una bebida deportiva de Regina y se la bebió de un trago.

Leonis se encogió de hombros. “Eso debería bastar para el entrenamiento matutino”.

“¿E-Entrenamiento matutino?”

“Eso fue sólo un calentamiento. Nuestra sesión posterior será aún más exigente”. Leonis afirmó sin piedad.

“¿Huh…?” Lyseria lloriqueó. “Leo-kun de verdad, por favor, vuelve ya…” Era bastante inusual escuchar a Lyseria lloriquear en voz alta.

“Chico, quiero descansar un poco. Estoy agotada de tanto animar”. Dijo Regina.

“Muy bien. Aprovecha para descansar”.

Inmediatamente, Lyseria se sentó. “¡¿Por qué eres tan blando con Regina?!”

Por alguna extraña razón, este falso Leonis parecía tener a Regina en alta estima.

“Nos reuniremos con Fine-senpai y Sakuya durante la tarde, ¿verdad?” Preguntó Regina.

“Sí, ese era el plan, pero…”

Sakuya había rechazado la oferta de entrenar juntas, alegando que necesitaba practicar por su cuenta. Sus métodos eran únicos, así que tenía sentido. Normalmente, pasaba las mañanas en el bosque, detrás del dormitorio Hræsvelgr, cortando las hojas que caían antes de que tocaran el suelo o saltando entre los árboles.

(El entrenamiento normal probablemente no es suficiente para ella).

Área VI de Camelot… el sector subdesarrollado. Originalmente era un módulo de expansión genérico para la construcción de las plantas de producción industrial del Tercer Assault Garden. Sin embargo, la destrucción del Tercer Assault Garden seis años atrás había puesto ese proyecto en stand- by.

En la actualidad, sólo se utilizaba como vertedero de material de construcción. El tren lineal circulaba hasta allí para transportar suministros. La gente apenas acudía a este lugar.

El Área VI parecía desierta, salvo por varios Elementales Artificiales fabricados por la Compañía Phillet, que patrullaban la zona.

Sin embargo, eso era sólo en la superficie. En las profundidades de la sección sin desarrollar había todo un mundo subterráneo. Las entrañas del Área VI servían de hogar a contrabandistas, criminales, matones, terroristas anti- realeza e incluso sectas heréticas que rendían culto a los Void.

“¿Por qué el ejército del imperio no aplasta a todas estas organizaciones clandestinas?” Se preguntaba una chica mientras caminaba por un túnel iluminado por lámparas de mana.

Su nombre era Arle Kirlesio, una guerrera elfa de hermosas orejas puntiagudas y cabello de jade recogido en una coleta. A simple vista, parecía bastante joven, pero en realidad era una heroína experimentada. Y por algún giro del destino que ni siquiera ella podía explicar adecuadamente, se había incorporado a una organización criminal.

Sakuya, que caminaba junto a Arle, le respondió: “Podría acabar con todos ellos, pero significaría sufrir pérdidas. Además, tenerlos lejos del centro de la capital y reunidos en un solo lugar hace que sean más fáciles de manejar. El ejército ha aplastado algunas sectas criminales antes, pero sólo consiguió que se dividieran en facciones más extremas y se extendieran a otros Assault Garden”.

“… Ya veo”.

Arle recordó que el grupo en el que había caído, la Manada de Lobos Demoníacos, era originalmente una organización terrorista anti-imperialista.

“Parece que ese es el lugar”. Sakuya levantó la vista de su mapa y señaló hacia delante.

Un intenso resplandor de mana neón brillaba en el extremo más alejado del túnel.

“¿De verdad vamos a entrar cargando?” Preguntó Arle.

“Sí. Sin ofender a mis senpai, pero el entrenamiento normal no es suficiente para mí. Me conviene más aprender mediante el combate real”.

“Er… Ya veo. Pero ¿por qué he tenido que venir yo también?” Arle miró a la otra chica, haciendo pucheros.

Era la primera vez que Sakuya contactaba con Arle a través de su terminal. La héroe elfo aún no estaba segura de por qué.

“Supuse que me perdería por mi cuenta, y parecía que tenías tiempo libre”. Razonó Sakuya, encogiéndose de hombros.

“N-No tengo tiempo libre. Te haré saber que he estado muy ocupada investigando la identidad del Rey Demonio”. Respondió Arle.

Por desgracia, el Rey Demonio Zol Vadis no se había puesto en contacto con la Manada de Lobos Demoníacos en los últimos días, así que sus esfuerzos habían dado pocos resultados.

“Además, eres la única amiga que tengo que conoce esta faceta mía”. Sakuya extrajo una máscara de zorro de su pecho y sonrió.

“¿Q-Qué quieres decir? E-Espera, ¿amiga?” Arle levantó las orejas. Sakuya ladeó la cabeza. “¿No somos amigas?”

“¿Huh? B-Bueno… S-Sí, ¿supongo? Creo que somos… amigas”. Arle pronunció la palabra con torpeza, y un rubor se extendió por sus mejillas.

Una amiga. En toda su vida, nunca había tenido a nadie a quien dirigirse como tal.

Arle había sido elegida al nacer por uno de los Arc Seven para asumir el deber de salvar el mundo. Su aldea la había dejado al cuidado del Maestro Espadachín de los Seis Héroes.

“B-Bueno, si tanto necesitas mi ayuda, supongo que te escoltaré…” “Gracias. No sé si es una compensación apropiada, pero…”

Sakuya sonrió, sacando un ticket de su bolsillo y entregándoselo a Arle. “… ¿Qué es esto?”

“Un ticket de espectador para el Festival de la Danza de la Espada Sagrada. Se los dan a los participantes”.

“¿Puedo quedármelo?”

“Sí. Me encantaría que vinieras a verlo”.

“H-Hmph…” Arle miró el ticket. “M-Me lo quedo. Sin embargo, no estoy segura de sí podré asistir. Quiero decir, estoy ocupada… Pero somos amigas… y todo eso…”

La pareja continuó hacia su objetivo mientras discutían sobre el próximo evento. Se toparon con una puerta metálica bloqueada tras unas cuantas cajas de suministros apiladas. Desde el otro lado se oía música a todo volumen, ruido metálico y gritos.

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“Entremos…”

Sakuya se puso su máscara de zorro del festival y entró. La habitación al otro lado de la puerta era mucho más espaciosa de lo que ninguna de las dos chicas había esperado. En algún momento, probablemente había sido un almacén de suministros. Una melodía retumbó y una multitud de gente de aspecto rudo gritó por encima del ruido.

Arle frunció el ceño, agitando sus largas orejas. “Qué ruidoso. Hace que me duelan los oídos”.

Sakuya se abrió paso entre la multitud y se acercó al centro de la sala. Allí, ella y Arle vieron un gran ring de combate iluminado por muchas lámparas suspendidas.

Se trataba de una arena subterránea donde los criminales de la ciudad se reunían para poner a prueba su valor.

“Oh, ¿qué es esto? No creo que chicas como tú deban estar aquí”. Un hombre lobo con afiladas garras agarró a Sakuya por el hombro cuando se acercaba al ring.

“Yo también quiero luchar”. Ella respondió. “Está abierto a cualquiera, ¿no?”

“¡Deja de tontear, chica! Black Fangs03 dirige este lugar”. Le gruñó el hombre lobo.

“Activate”.

Una luz plateada brilló en la oscuridad. La Raikirimaru de Sakuya cortó los bigotes del hombre lobo.

“… ¡¿Qué?!” El hombre bestia se congeló, con los ojos muy abiertos por el asombro.

El público se alborotó. Sakuya se asomó al ring, mientras Raikirimaru seguía emitiendo rayos.

“Bien, hay otros Espadachines Sagrados aquí…”

La mirada de Sakuya se posó en un hombre corpulento con una gran espada encendida con llamas. Usar Espadas Sagradas en espacios urbanos estaba estrictamente prohibido fuera de emergencias. Este hombre podía ser miembro de alguna organización antigubernamental, o tal vez sólo un adicto al combate que quería tener la oportunidad de blandir su Espada Sagrada a su antojo.

(Sea quien sea no me importa).

Sakuya subió al ring y preparó a Raikirimaru. “Ahora, ¿quién de ustedes quiere probarme primero? O tal vez…” Miró a la gente que esperaba para subir al ring. “¿Quieren venir todos a la vez? No me importa…”

Un Assault Garden cibernético, formado por terminales electrónicas… el Astral Garden. En este espacio infinito compuesto por una cuadrícula de cubos geométricos, la Reina de la Noche desplegó sus alas, surcando elegantemente por el aire.

Llevaba un seductor vestido negro que acentuaba su escote, dando a Elfine un aspecto que escandalizaría a quienes la conocían. Elfine misma había diseñado este avatar.

(No puedo dejar que Lyseria y los demás me vean así).

Aunque había llevado un disfraz de bruja durante el Festival de la Luz Sagrada, Elfine quería ponerse trajes atrevidos y sexys como Lyseria y las demás más a menudo. ¿Cómo reaccionaría aquel chico si la viera como la Reina de la Noche? ¿Le daría un vuelco el corazón, como cuando vio el provocativo disfraz de Lyseria?

(Qué idea más absurda…)

En poco tiempo, descubrió lo que buscaba en el vasto mar de información: un gato negro que saltaba de cuadrícula en cuadrícula.

“Buen trabajo, Cait Sith”.

Era un Elemental Artificial que Elfine había creado a partir de uno de los orbes del Eye of the Witch04. Le había pedido a Leonis que lo introdujera en un casino propiedad de la Compañía Phillet para que pudiera infiltrarse en la red principal del establecimiento. La base de operaciones de la Compañía Phillet estaba situada en el Central Garden de Camelot, y estaba muy bien protegida. Acceder a los registros de los Elementales Artificiales de la compañía sería todo un reto, incluso para Efline.

(Con suerte, estos datos confidenciales del casino de mi hermano me darán una forma de entrar, aunque…)

 

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Elfine acunó al gato negro en sus brazos y aceptó el cubo de información que portaba. Utilizó el Eye of the Witch para escanearlo en busca de virus y accedió a él con cuidado. El cubo geométrico se abrió y los datos de los clientes del casino se vertieron en un orbe del Eye of the Witch.

Elfine buscaba información para explicar la conexión de su hermano, Finzel Phillet, con el Proyecto Espada Demoníaca. Pero eso no era todo. También buscaba cualquier cosa relacionada con Deinfraude Phillet, su padre y el hombre que asesinó a su madre.

“¿Qué es esto…?” Había algo inusual en la lista de clientes.

Al parecer, sacerdotes de la Iglesia Humana habían visitado el casino varias veces. La religión abogaba por la eliminación de los Void, y aunque ya no predicaba la abstinencia del vicio como en otros tiempos, seguía pareciendo inusual que un sacerdote frecuentara un establecimiento de apuestas.

Los registros indicaban que varias personas entraban y salían del casino, pero los nombres utilizados eran claramente seudónimos.

(¿Es posible que todos sean la misma persona? Quizá tenga que investigarlo).

Elfine ya estaba al tanto de la participación del ejército en las primeras etapas del D Project. Si el ejército, la Compañía Phillet, y la Iglesia Humana estaban todos envueltos en esto…

(No puedo imaginar enfrentarme a esto sola…)

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Se había metido en una conspiración masiva. ¿Pero era correcto arrastrar a Lyseria y a los demás a una batalla tan peligrosa?

Elfine pensó en alguien y vio el rostro de un niño de diez años.

(Leo…)

A estas alturas, Elfine estaba segura de que no era un simple niño refugiado. Ella todavía tenía datos sobre él que debería haber enviado a la Oficina Administrativa.

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Cuando la Estampida del Vacío descendió sobre el Séptimo Assault Garden. Cuando el Arrecife del Vacío desapareció. Cuando se enfrentaron a ese misterioso Void Lord en el Tercer Assault Garden. Y cuando la Colmena del Vacío en las antiguas ruinas fue abruptamente erradicada…

Ese niño de diez años siempre estaba involucrado de alguna manera. Elfine no sabía quién era realmente ni qué pretendía.

(Aun así, tal vez él podría…)


En algún lugar, en el fondo, ella tenía una especie de expectativa de él. ¿Era la esperanza de este mundo? O tal vez era…

La hermana mayor de Elfine le había hablado de ellos hace tiempo.

… Un Rey Demonio. Una encarnación de la destrucción y el caos que abrasó el mundo antiguo.

“¿Encontraste algo interesante?” Preguntó una voz, interrumpiendo la contemplación de Elfine.

“… ¡¿?!” Los ojos de la chica se abrieron de par en par.

El cubo de datos se desvaneció en partículas de luz y cambió de forma. Ahora parecía un hada lo bastante grande como para posarse en las manos de Elfine si las estrechaba. Alzó el vuelo y revoloteó sobre ella como una mariposa, con sus alas negras esparciendo motas luminosas al batir.

“¡¿Qué?!” Gritó Elfine alarmada.

(¡¿El cubo de información ocultaba una puerta trasera de acceso?!)

“Heh-heh, encantado de conocerla, señorita. ¡Me hacía mucha ilusión!” El hada se detuvo en el aire y la miró con una sonrisa querúbica. “Me llamo Seraphim. Soy una mensajera que transmite la voz de la diosa”.

“¡Seraphim…!” Elfine se quedó helada de la impresión.

Ella conocía ese nombre. Llevaba tiempo trabajando para descubrir la verdad que se ocultaba tras ese nombre. Una entidad llamada Seraphim se les había aparecido a algunos de los Espadachines Sagrados de la Academia Excalibur, entre ellos Liat Guinness, el capitán del Séptimo Pelotón, la antigua unidad de Elfine. Seraphim les concedió el poder de las Espadas Demoníacas.

Evidentemente, Seraphim era un Elemental Artificial producido en masa por la Compañía Phillet.

“Oh, ya me conoces. Me alegra mucho oír eso”. La chica hada soltó una risita.

“Tú eres quien les dio a Liat y a los demás sus Espadas Demoníacas,

¿verdad?”

“¿Yo? ¡No! Soy incapaz de producir o conceder Espadas Demoníacas”. Contestó Seraphim. “Lo único que hago es transmitir la voz de la diosa a aquellos que buscan el poder”.

“… ¿Diosa?”

Muchos estudiantes que empuñaban las Espadas Demoníacas mencionaban oír la voz de alguna diosa, pero Elfine había supuesto que se trataba de la Elemental Artificial.

“¿Qué quieres decir? ¿No eres tú quien crea las Espadas Demoníacas?” Preguntó Elfine.

Seraphim se burló. “Ustedes, los humanos, no saben nada de las Espadas Sagradas. Siguen repitiéndose esa mentira de que proceden del poder del planeta, blandiéndolas sin saber lo que son en realidad”.

“¿Qué…? ¿Q-Qué estás diciendo?”

“Las Espadas Sagradas y las Espadas Demoníacas son lo mismo, en esencia”. El hada sonrió seductoramente y miró a los ojos oscuros de Elfine. “Dime, Elfine Phillet. ¿No deseas la fuerza?”

“… ¿Qué?”

“Ábrete a las palabras de la diosa. Si tu Espada Sagrada renaciera como Espada Demoníaca, ejercerías el poder de una verdadera bruja. Y con él, superarías a tu hermano, e incluso a ese monstruo, el Conde Deinfraude Phillet”.

El seductor susurro le hizo cosquillas en el lóbulo de la oreja. ¿Era el hada quien hablaba? ¿O tal vez era esa voz irresistible y abrumadora…?

“¡Deja de mirar dentro de mi cabeza!” Elfine fulminó con la mirada al Elemental Artificial. “¡Y no creas que puedes engañarme tan fácilmente!”

Su Espada Sagrada, el Eye of the Witch, lanzó un destello que destruyó la rejilla que formaba el espacio que las rodeaba y activó una sonora alarma.

“¡No se puede permitir que existan las Espadas Demoníacas, y eso también va para la gente que las crea!” Declaró Elfine.

“Es una lástima”. Respondió el hada desde algún lugar oculto. “Habrías sido una bruja excelente… quizá incluso un Apóstol. Volvamos a vernos algún día,

¿sí? En el mundo de la diosa…”

Una sola pluma negra revoloteó hasta los pies de Elfine.

Un palacio invertido flotaba en el vacío infinito. Era el Castillo del Otro Mundo, una estructura que pertenecía a uno de los ocho Reyes Demonio, Azra-Ael, el Diablo del Inframundo. Esta fortaleza móvil era la única base al mando de los Ejércitos de los Reyes Demonio capaz de moverse entre dimensiones.

Actualmente, su dueño estaba ausente y no podía viajar entre planos, pero seguía siendo un bastión robusto. El salón de recepciones de este castillo, un templo que se alzaba boca abajo, con el techo haciendo las veces de suelo, estaba lleno hasta el borde de ojos gigantescos.

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No, ojos no… joyas. Gemas negras pulidas como espejos. Las numerosas piedras parecidas a ojos reflejaban al único visitante de esta extraña cámara. Era un hombre alto con un traje elegante. Con unos rasgos tan apuestos, incluso se le podría calificar de hermoso.

Sin embargo, en sus ojos ardía una oscura locura.

Se trataba del segundo hijo del Conde Phillet, Finzel Phillet, líder del Proyecto Espada Demoníaca y traidor a la humanidad.

“Alégrate, astuto tonto de raza efímera, pues tus logros te han hecho merecedor de asistir a este banquete”. Declaró uno de los ojos sobre él.

“Es un honor, Apóstoles de la Diosa”. Se postró, mirando la voz resonante con asombro y respeto.

Finzel sintió como si una fría hoja colgara sobre su nuca. Su vida no significaba nada para los cortesanos de este lugar.

“Has pedido bañar tu carne en la bendición de la diosa. Convertirte en un Void”.

Otro habló desde los ojos. Era la voz pegajosa, viscosa y estancada de una mujer.

“Sí. Ése es mi verdadero deseo”.

“Si prestas tu oído a la voz de la diosa y disfrutas de su bendición, dejarás de ser un hombre y pasarás a formar parte del vacío que lo cubre todo en este mundo”.

“Ooh, qué glorioso destino. No hay honor más grande para mí”. Finzel levantó la cabeza y gritó con ansia, con los ojos de un fanático.

“¿Te convertirás en un traidor a la humanidad y entregarás tu patria a las llamas de los Void?”

“La capital no era más que una prisión para mí. Mi padre, mi hermano, las Espadas Sagradas… ninguno de ellos me reconoció. Los Assault Garden, mi mundo, ¡incluso este despreciable cascarón humano! ¡Los deseché sin un solo remordimiento!”

“Muy bien”.

Los ojos en lo alto contemplaron al hombre, y una sonora carcajada llenó la cámara invertida.

“Finzel Phillet, aquel a quien la diosa guio para traicionar a la humanidad. Te concederemos el privilegio de avanzar hasta las profundidades del templo oculto para conocer a nuestra diosa”.

“¡Ohhhh… ohhhh! ¡Tienen mi eterno agradecimiento, gentiles Apóstoles!”

“Sin embargo…” Un ojo giró sobre el hombre que lloraba de gratitud. “Eso sólo vendrá después de que hayas completado la tarea que la diosa te ha asignado”.

Finzel Phillet agachó la cabeza. “Sí, por supuesto. Los preparativos para la Creación de la Seudodiosa, el D Project y el Void Shift están completos. Seré como sus manos y sus pies, grandes Apóstoles, y cumpliré la voluntad de la diosa”.

“La voluntad de la diosa. Que este mundo renazca en el vacío”.

“La voluntad de la diosa. Que este mundo renazca en el vacío”. Finzel Phillet repitió las palabras como si fueran escrituras.

El aire a su alrededor se curvó y deformó, y su cuerpo pareció plegarse y desvanecerse. El silencio reinó en la cámara hasta que uno de los ojos flotantes se dignó a hablar.

“¿Será realmente útil, anciano?”

“No te preocupes. Incluso las espadas oxidadas tienen una utilidad. Ese hombre no habría hecho avanzar la Creación de la Seudodiosa y el D Project si le hubiera faltado devoción”.

“Pero aún queda el asunto del Maestro Espadachín renegado. Ese monstruo en incesante evolución aún vaga por ahí, buscando derramar la sangre de nuestra diosa…”

“El Dragón Divino está rastreando al Void Lord Shardark”.

“El Maestro Espadachín no es nuestro único problema. Hay otro ahí fuera, un elemento desconocido. Están tratando de reunir a los Reyes Demonio antes que nosotros”.

“El Decimocuarto Apóstol, Zemein, fue al lugar de descanso del Rey No Muerto, pero se encontró con que su antiguo maestro ya había desaparecido. Y Zemein fue asesinado poco después”.

“Están apareciendo desviaciones en la profecía”.

El espacio en el centro de la sala se deformó, y apareció una figura, un joven de cabello blanco que vestía el atuendo de la Iglesia Humana. El Void Lord Nefakess, el Decimotercer Apóstol.

Sonrió, golpeando el suelo con su bastón. “Acabo de ver a su último invitado en el camino de vuelta. Estaba muy contento por haber conseguido una audiencia con la diosa”.

“¿Cómo van sus preparativos, Lord Nefakess?” Preguntó una voz viscosa y femenina.

“Perfectamente. Ya me he ocupado de todo dentro de la Iglesia Humana”.

“¿Oh? Bien. Puedes dejarnos el resto a nosotros”.

“Por supuesto, Iris-sama”.

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Mientras Nefakess inclinaba la cabeza respetuosamente, uno de los ojos de arriba se transformó en partículas de luz, que se esparcieron por la cámara invertida como granos de arena. Las motas luminosas se unieron y adoptaron la forma de una mujer.

Aquella impresionante belleza tenía los ojos de color carmesí y un elegante cabello negro que le llegaba hasta la cintura. Llevaba un vestido negro adornado con calaveras y una túnica oscura encima. Se trataba de la Novena Apóstol y líder de la Unidad Nigromante de los Ejércitos de los Reyes Demonio, la Sacerdotisa del Vacío Iris.

Había sido comandante bajo las órdenes del Rey No Muerto, Leonis Death Magnus. Y como sacerdotisa oscura, se le había confiado el oráculo de Roselia Ishtaris.

Se lamió los labios carmesíes y sonrió seductoramente.

“Heh-heh… Espero con impaciencia el momento en que la celebración de la esperanza de la humanidad se convierta en el día en que se desate el infierno”.

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