Boogiepop And Others (NL)

Volumen 6

Capitulo 1: El Flautista A Las Puertas Del Amanecer

 

 

Boogiepop And Others Volumen 6 Capitulo 1 Novela Ligera

 

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Echoes caminaba por la ciudad. Tenía los ojos vacíos, el pelo revuelto y los botones desabrochados. Avanzaba tambaleándose.

El cielo estaba oscuro. Hacía más frío que durante el día. El aire era claro, sin humedad. Se acercaba el amanecer.

―…………

Echoes movió sus piernas hacia adelante, como si estuviera impulsado por alguna fuerza externa, aturdido. No tenía ni idea de adónde iba. Sólo sentía que caminar era mejor que quedarse quieto.

Las calles estaban tranquilas. Nada se movía, salvo una suave brisa, pero no producía ningún sonido. Los pasos de Echoes producían los únicos sonidos que lograba oír.

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―…………

Echoes dejó de caminar. Miró sin comprender lo que le rodeaba.

¿Cuánto tiempo llevaba aquí? No lo recordaba. Este no parecía ser el lugar donde debería estar.

Nada se movía. No había nadie alrededor.

Había innumerables fracturas en el pavimento. Los escombros se amontonaban por todas partes. La mayoría de los edificios estaban destrozados, derrumbados o a punto de derrumbarse.

Era un paisaje desolador.

―…………

Sin embargo, no había gritos de dolor. No había cuerpos destrozados. No había gente en ninguna parte.

En su lugar, sólo había edificios en ruinas hasta donde él podía ver.

Por todas partes encontró destrucción. Ni una sola vez encontró algo que se moviera, ni oyó voces, ni vio señales de vida.

Incluso ahora, el único movimiento provenía del aire antes del amanecer que pasaba a su lado.

―…………

Echoes comenzó a caminar de nuevo. Mientras caminaba, trató de recordar. ¿Qué estaba haciendo aquí?

No debería existir. Su cuerpo se había convertido en partículas, se había disuelto en la nada. Entonces, ¿por qué estaba vagando sin rumbo por estas ruinas?

―…………

Siguió caminando.

Ya había vagado así antes, pero entonces tenía un propósito. Y hubo una chica en la calle que le tendió la mano.

Ella ya no estaba aquí.

No había nadie.

***

Mientras caminaba, el cielo comenzó a aclararse. Estaba amaneciendo.

―…………

Miró sin comprender la débil luz.

Y entonces, desde algún lugar lejano, oyó música. No se trataba de una emisión mecanizada, sino de un delgado silbido que tocaba alguien cercano.

―¡…………!

Echoes corrió en dirección al sonido.

Corrió y corrió, pasando ruina tras ruina, el sonido cada vez más fuerte, más claro. No había otros sonidos, por lo que la débil melodía había recorrido una distancia considerable.

Por fin, Echoes llegó a lo que debió de ser una estructura muy grande, a juzgar por el tamaño de la montaña de escombros: el cadáver de un edificio.

Una sombra negra estaba sentada en la cima de la montaña, silbando para sí misma. Llevaba un gran sombrero con forma de tubo de chimenea negro y su cuerpo estaba envuelto en una capa negra. Su rostro pálido estaba pintado de negro.

De perfil, el rostro parecía bastante solitario.

―…Ah ―dijo Echoes. No estaba seguro de si la persona era hombre o mujer―. ¿Quién eres?

La sombra se volteó hacia Echoes.

―Espero que el silbido no te haya molestado ―dijo, con inocencia fingida.

La voz era como la de un niño, y a la vez como la de una niña.

―No, para nada ―dijo Echoes, negando con la cabeza. Decidió hacer una pregunta diferente―. ¿Qué haces aquí?

―Podría preguntar lo mismo. ¿Quién eres? ¿Por qué estás aquí, en el mundo después de la destrucción?

―Me llamo Echoes ―dijo.

―¿Oh? ―dijo la figura encapotada, frunciendo los labios―. ¡Así que tú eres Echoes!

―…¿Me conoces? ―preguntó Echoes, sorprendido.

El desconocido respondió con calidez:

―Eres amigo de Kamikishiro Naoko, ¿verdad? La persona que vino aquí desde otro lugar.

―Estoy impresionado ―dijo Echoes―. Así es.

La figura oscura se encogió de hombros.

―Kirima Nagi y Niitoki Kei me hablaron de ti. Parece que tenemos mucho en común ―Luego ladeó la cabeza―. También he oído hablar de tu misión. Así que, Echoes… cuéntame. Al final, ¿qué elegiste?

Echoes se limitó a negar con la cabeza.

―No lo sé.

―¿Oh?

―Yo… ―Echoes comenzó, y luego dudó por un momento―. …Antes no podía hablar con la gente. Creo que ahora sólo puedo hacerlo porque sólo soy una sombra. Sólo soy un eco de mí mismo, que perdura. No soy realmente el que se llamaba Echoes. Por lo tanto, no sé lo que decidió. Su decisión se dirige a algún lugar muy lejano, alejándose a toda velocidad por siempre.

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La figura encapotada asintió.

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―Eso tiene sentido. Eso explica por qué estás aquí en esta distorsión. Estabas vagando por las brechas del espacio, y por casualidad te sincronizaste con esta.

―¿Quién eres?

―Mi nombre es Boogiepop.

―Tienes un nombre extraño.

―Como tú. Pero el tuyo es un buen nombre, muy poético ―dijo Boogiepop, guiñando un ojo.

Echoes puso cara compungida.

―El método por el que me gané este nombre no fue tan agradable.

―Pero no todos tus recuerdos de ese nombre son desagradables, ¿verdad? Había gente que te llamaba felizmente por ese nombre.

Echoes negó con la cabeza.

―Ese no era yo. Esos recuerdos felices pertenecen al verdadero Echoes, que se fue hace tiempo. Yo sólo soy un eco de él. No he hecho nada para ganarme el honor de ser amado.

―Ya veo… tú tampoco lo tienes fácil, ¿verdad? ―dijo Boogiepop, comprensivo.

―¿Y tú? ¿Cómo llegaste a tener tu nombre?

―Oh ―dijo Boogiepop, con una extraña expresión torcida, medio sonriente, medio burlona―. Es una larga historia. ¿Tienes tiempo para escucharla, Echoes-kun?

Echoes sonrió con pesar.

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―El tiempo ya no tiene sentido para mí. Puedo escuchar todas las historias que tengas que contar.

―Ya veo. Entonces déjame empezar hablándote del espantapájaros.

―¿El qué?

―El espantapájaros. Un hombre de paja que se utiliza para alejar a los

cuervos…

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