Kiraware Maou ga Botsuraku Reijou to Koi ni Ochite Nani ga Warui! (NL)

Volumen 4

Capítulo Uno: La Peor Pesadilla Del Rey Demonio

Parte 1

 

 

A la mañana siguiente, Anima se despertó por una animada charla. Se giró hacia las voces y abrió los ojos para ver a Myuke y Marie saltando emocionadas en el alféizar de la ventana.

—¡Myuke, mira! ¡‘Ta blanco!

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—¡Claro que sí! ¡Vaya, mira! ¡Incluso está nevado allí!

—¡Ah! ¡Allí también!

—¡Whoooa! ¡El mundo entero está blanco!

—¡Ejejeje!

Las dos estaban disfrutando no muy tranquilamente del espectáculo cubierto de nieve. Curioso, Anima salió silenciosamente de la cama, se acercó sigilosamente detrás de ellas y miró por la ventana. El campo de nieve estaba ligeramente iluminado por una luz tenue. Puede que fuera tenue debido a las nubes, pero como Luina seguía durmiendo, Anima supuso que debía ser muy temprano.

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—Chicas, sí que se levantaron temprano, —susurró Anima, con cuidado de no despertar a Luina.

—Ah, ¿te hemos despertado?

—No se preocupen. Aunque tienen que estar calladas.

Mami todavía está durmiendo.

Myuke asintió, y Marie se tapó la boca con las manos en respuesta a la suave advertencia de Anima.

—Puedo callad, —susurró.

—Gracias, mi niña grande.

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Él acarició el pelo de Marie aún revuelto, para el disfrute de ella. Luego, como si acabara de recordar algo, se volvió hacia la ventana y señaló el exterior.

—¡Papi, mia! ¡Mucha nieve!

—Hmm, déjame ver… ¡Vaya, tienes razón!

El campo de hortalizas estaba envuelto en un manto blanco, y las coles parecían llevar sombreritos. El bosque cercano también se había transformado por completo; las ramas, antes desnudas, estaban cubiertas de nieve, y el follaje del suelo no se veía por ninguna parte. En una sola noche, el paisaje que conocían había cambiado por completo, pareciendo algo de un mundo diferente. Era lógico que las chicas —especialmente Marie, que nunca había visto la nieve— estuvieran emocionadas.

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—Me alegra ver que ha sobrevivido a la noche.

—¡Quiero jugar! —Marie dijo alegremente, moviéndose por la emoción. Estaba tan dispuesta a salir fuera de un momento a otro que la llamada a hacerlo era probablemente lo único que la haría apartar los ojos de la ventana.

La nieve no era nada nuevo para Anima, pero para la niña de cuatro años debía de ser un mundo nuevo que explorar. Él debió experimentar su primera nevada con la misma emoción hace más de cien años. Era una hora temprana, pero no había forma de acostar a Marie con el país de las maravillas invernales esperándola afuera, así que Anima decidió en cambio vestirla.

—Tienes que desayunar antes de salir. ¿Alguien quiere ayudarme a prepararlo?

—¡Yo! ¡Taigo agua!

—Te has vuelto muy buena trayendo vasos de agua a la mesa. ¿Quieres ayudarnos también, Myuke?

—Claro que sí, pero tendré que pedirle prestada la piedra a Luina.

Luina se encargaba de cocinar para la familia, y Anima y Myuke siempre estaban allí para ayudarla e incluso para ocuparse de la propia cocina de vez en cuando. Sin embargo, por desgracia, cada uno de ellos sólo sabía hacer un único plato, por lo que, al estar la tarea principal casi siempre en manos de Luina, ésta mantenía el anillo que albergaba la piedra del lagarto de fuego en su dedo en todo momento. A él le dolía despertar a su esposa dormida, pero necesitaban la piedra si querían hacer algo de verdad.

—Luina, ¿me prestas la piedra mágica?

—¿La piedra mágica?

Sus largas pestañas temblaron mientras abría lentamente los ojos ante el susurro de Anima. Ella había sido la primera en levantarse desde que él podía recordar, pero le había empezado gustar pasar más tiempo en la cama desde que quedó embarazada.

—Queremos cocinar algo.

—¿Ya es tan tarde? Denme un segundo, enseguida bajo.

—Tú vuelve a dormir, Mami. Nosotros nos encargaremos del desayuno.

—¡Puedo haced el desayuno! Ya soy una niña gande.

—Sólo dáselas para que puedas quedarte en la cama y acurrucarte conmigo, ¿sí? —propuso Bram con sueño, antes de soltar un gran bostezo.

—¿Qué estás diciendo? —respondió Myuke con un suspiro—. Tú también bajas a ayudar.

—Pero hace frío, ¿sí?

—Acostúmbrate ahora y será mucho más fácil salir a la calle.

—¡Brum, Brum! ¡Levántate!

—Haah… No puedo decirte que no, Marie, ¿sí? —Bram salió de mala gana de debajo de las mantas, se levantó de la cama e inmediatamente se abrazó a Anima—. Papi está calentito. Quiero caminar así, ¿sí?

—Cielos, ¿cuánto odias el frío? ¿No crees que será difícil para Papi caminar así?

—A mí no me importa. Puedo caminar perfectamente con un pequeño reajuste. —Anima levantó a Bram, que apoyó cómodamente la cabeza en su hombro. Luego volvió a centrar su atención en Luina—. Te llamaremos cuando el desayuno esté listo.

—¡Asegúrate de tener el estómago caliente!

Se despidieron de Luina y bajaron las escaleras. Una vez que llegaron al comedor, Bram bajó de los brazos de Anima y se detuvo frente a la fría chimenea.

—Todavía podemos usar esta madera. Myuke, haz lo tuyo, ¿sí?

Myuke asintió, y luego se detuvo un momento. Sólo había utilizado la piedra un puñado de veces, así que debía de estar preocupada por si algo podía salir mal.

—Quizá deberíamos preparar algo de agua. Por si acaso.

—No es necesario; lo hiciste perfectamente la última vez. Se te da muy bien manejar las piedras mágicas, así que hazlo, ¿sí?

Las palabras de ánimo de Bram parecían haber funcionado. Myuke se aclaró la garganta y se preparó para usar la piedra mágica.

Cada vez que se mataba a un monstruo, éste dejaba un cristal. Al canalizar maná en ese cristal, se invocaban los poderes del monstruo, aunque a costa de una pequeña alteración física en forma de herencia temporal de una de sus características. En el caso de la piedra de lagarto de fuego, esa característica era su cola. Anima se había dado cuenta de que ninguna de las chicas disfrutaba de esa parte del uso de la piedra, ya que tanto Myuke como Luina se sentían increíblemente cohibidas después de encender el fuego. A pesar de ello, Myuke hizo lo que le pidieron, y luego se volvió con orgullo hacia Bram.

—No hace falta que me den las gracias.

—¡Impresionante! Eres la mejor, ¿sí?

Bram se apresuró a calentar sus manos frente a la llama, dejando escapar un cómodo gemido al hacerlo. Aunque la habitación seguía siendo fría, el calor de la chimenea desde cerca era suficiente para darle un momento de felicidad.

—¿Cómo piensas ayudarnos a trabajar en la cocina desde aquí dentro?

—Les daré apoyo moral, ¿sí?

—Tienes que estar bromeando… Como sea, está bien. ¡Papi y yo vamos a hacer que este desayuno sea un éxito! Marie, ¿puedes animarnos?

—¡Buena suete, Myukey! ¡Buena suerte, Papi!

—Voy a preparar algo súper delicioso para ti.

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Animados por los vítores de Marie, Anima y Myuke se dirigieron a la cocina. Los fríos vientos invernales que entraban por las rejillas de ventilación hacían que la habitación estuviera tan fría como el exterior.

—Hace bastante frío, no voy a mentir. Apenas puedo tocar los utensilios.

—¿Quieres un abrazo?

—¿Un abrazo? Hmm… —Myuke miró a su alrededor. Al parecer, recibir mimos delante de sus hermanas le resultaba embarazoso, ya que se aferró a Anima en el momento en que confirmó que la puerta estaba cerrada—. Agradable y cálido…

—Me alegro de oírlo. Tómate todo el tiempo que quieras para entrar en calor.

—Gracias, pero estoy bien. No quiero dormirme en tus brazos. —Dio un paso atrás y luego miró a Anima—. Entonces, ¿qué vamos a hacer? Puedo hacer sopa de verduras, pero eso es todo.

—Estamos en el mismo barco, entonces. En ese caso necesitaremos la olla grande para hacerla.

Anima alcanzó la olla, que, para su sorpresa, tenía restos de guiso dentro. Probablemente Luina había hecho extra la noche anterior como una forma de disminuir sus tareas para la mañana.

—Toma, vamos a calentar esto.

Myuke usó la piedra de lagarto de fuego una vez más, encendiendo la estufa. Luego tomó la cacerola y empezó a remover el guiso para que no se quemara. Mientras tanto, Anima puso la mesa, llenó la jarra de agua y… eso fue todo. Su trabajo estaba hecho.

—¿Quieres cambiar?, —preguntó él, dispuesto a asumir otro trabajo.

—Sólo siéntate y observa, Papi. Cuando hice la sopa de verduras con Bram y Marie, me di cuenta de que me encanta cocinar. Sería genial si pudiera ayudar a Mami en la cocina todos los días.

—Buena chica.

—No se trata de ser buena. Soy la mayor, así que ayudar a Mami es mi trabajo. Además, aprenderé más y más recetas viéndola de cerca.

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—Quizá sea el momento de conseguirte tu propia piedra mágica personal.

—¿En serio?, —preguntó, con los ojos brillando de emoción. Sabía mucho sobre piedras mágicas, pero la única que tenía era una piedra de limo salpicador. Anima nunca la había visto usarla, así que pensó que era seguro asumir que no tenía ninguna aplicación en el mundo real.

—De verdad, de verdad. Nos ayudas en la casa todo el tiempo, así que te lo mereces con creces. Te traeré una la próxima vez que estemos por allí.

—¡Woo-hoo! ¡Te quiero, Papi! —Myuke le abrazó con fuerza, poniendo una gran sonrisa en su cara. Él no tenía ni idea de cuánto costaría una piedra de tipo fuego, pero el abrazo de su hija no tenía precio—. ¡Hace mucho tiempo que quiero una piedra de conejo de fuego! Tampoco me importaría una piedra de lagarto de fuego, aunque la cola es un poco… ya sabes. Las piedras de conejo de fuego son supercomunes; se pueden conseguir en cualquier tienda de piedras mágicas, así que ahora sólo tenemos que pensar en qué ponerla. Estaba pensando en un anillo o una pulsera, porque necesitaría quitarme el collar para bañarme.

Si es una piedra común, probablemente no cueste demasiado, pensó Anima.

—¿Por qué no dijiste nada si querías tanto una?

—¡Iba a pedir una para mi cumpleaños! ¡Aaahhhhh, estoy tan feliz! ¡Podré hacer tantas cosas cuando tenga mi propia piedra!

Myuke tarareó una alegre melodía mientras removía el guiso, y pronto su dulce olor empezó a impregnar la habitación. Anima apagó la llama y sirvió el guiso en cinco cuencos, y luego los dos llevaron el desayuno al comedor que se había calentado con la chimenea.

Bram estaba sentada en una silla, con la cabeza caída sobre la mesa. Marie estaba profundamente dormida, aunque extrañamente, su boca se movía. Articulaba “¡Buena suerte! Buena suerte”. Al parecer, animaba a Anima y a Myuke incluso en sus sueños.

—¡Vamos, vamos! —Myuke aplaudió después de que dejaran los platos en la mesa—. ¡Contrólense!

Ambas se levantaron al instante.

—Huele muy bien, ¿sí?

—¡Yico!

—¿Desde cuándo eres tan buena cocinando? Este estofado se parece al de Mami, ¿sí?

—Claro que sí. Son las sobras de ayer.

—Sigue siendo increíble, ¿sí? ¡Yo lo habría estropeado, pero tú lo has calentado sin problemas!

—¡Miukey es inquedible!

—No hice nada especial, —contestó Myuke, sonrojándose tras escuchar a sus hermanas elogiar su forma de preparar el desayuno—. Es algo natural para alguien de mi edad.

—Estás ayudando mucho, y no dejes que nadie te diga lo contrario. Iré a buscar a Mami. Mientras tanto, ¿puedes traer las tazas y la jarra aquí?

—¡Por supuesto!

Myuke se apresuró a volver a la cocina, y Anima subió las escaleras. Un par de momentos después, la familia estaba finalmente reunida en la mesa para desayunar.

—¡Gacias pod la comida!

Siguiendo el ejemplo de Marie, todos dieron las gracias y empezaron a comer. El espeso y pegajoso guiso de boniato y zanahoria bailaba en la lengua de Anima. Las suaves verduras, del tamaño de un bocado, prácticamente se deshacían en su boca mientras el maravilloso sabor se apoderaba de sus sentidos.

—¿Está demasiado caliente, Mami?

—No, está perfecto. Eres muy buena midiendo cuánto hay que calentar las cosas.

—Menos mal; temía que te quemaras. De todos modos, escucha esto: ¡Papi dijo que me iba a comprar una piedra de conejo de fuego!

—¿En serio lo dijo? Me alegro mucho por ti. Asegúrate de darle un gran agradecimiento.

—¡Te lavaré la espalda hoy!

—¡Yo también! ¡Me gusta tallo tallad!

—Puedes tallo tallarme a mí, ¿sí? ¿Qué te parece?

—¡Síii!

—Te juro que cada día eres más perezosa.

—Florezco con el calor. Ustedes están haciendo mucho por mí ahora, pero les devolveré el cien por cien en el verano, ¿sí?

—No puedo esperar.

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Otro día idílico les esperaba a los Scarlett. Escuchando la alegre conversación de su familia, Anima disfrutaba tranquilamente del meloso sabor de su guiso.

***

 

 

Tras el desayuno, Anima se puso inmediatamente a limpiar la mesa. Luina se apresuró a saltar y ayudar, pero él desechó esa idea de inmediato. No podía dejar que su mujer embarazada trabajara en la fría cocina.

—Está bien, déjame encargarme de los platos. Se me da bien lavar las cosas. Lo que me recuerda, déjame la colada a mí también.

—Me sentiría mal si te hiciera hacer todo el trabajo.

—No te preocupes por eso; podría hacer esto todo el día.

Lo más importante ahora es que te relajes.

Myuke asintió con fuerza.

—¡Tendré esos platos relucientes en un instante!

—¡Yo también los dejo delucientes!

—Me alegro de que mis hermanas sean tan confiables, ¿sí? Me da tiempo para charlar con Mami.

—Tú también deberías ayudar en la casa.

—Pero hace frío, ¿sí…?

—Vamos, muévete ya. Todos tenemos que ayudar en las tareas o nunca podremos jugar en la nieve.

—Muy bien, muy bien. —La emoción de Myuke debió contagiarse a ella, ya que se levantó de mala gana y se unió a Myuke—. Sólo dime qué hacer, ¿sí?

—Ayuda a Marie a llevar la ropa al pozo, ¿de acuerdo? —¡Vamos, Brum!


Marie se moría de ganas de salir. Estaba rebosante de ilusión desde la noche anterior, cuando Myuke había introducido en su pequeño mundo la idea de jugar en la nieve.

—Marie, asegúrate de que Bram se quede contigo y te ayude.

—¡Te quedas, Brum!

—Sí, sí. Me quedo, ¿sí?

Marie tomó la mano de Bram y la arrastró hacia el vestuario, que era donde guardaban la ropa. Mientras tanto, Anima y Myuke se dirigieron a la cocina y abrieron la puerta trasera.

—¡Wooow! ¡Es precioso!

Myuke estaba completamente hechizada por la suave capa de nieve centelleante. Incapaz de contenerse, empezó a correr por el jardín; nieve crujiendo bajo sus pies al preservar cada paso. Cuando Anima la siguió, se hundió hasta los tobillos en la nieve. El sol brillaba lo suficiente como para hacerle entrecerrar los ojos, pero el clima seguía siendo bastante frío. Le pareció que la nieve iba a quedarse por un tiempo.

—¡Ah, mira! —gritó Myuke—. ¡El cubo está lleno de

nieve!

—Así es. Prueba a darle la vuelta.

Dio la vuelta al cubo, le dio un par de golpes y luego lo levantó lentamente. Al hacerlo, dejó en el suelo un perfecto cúmulo de nieve en forma de cubo. Después de ver bien el resultado de su duro trabajo, miró con orgullo a Anima.

—¡Mira! Un bebé muñeco de nieve.

—Es muy bonito.

—¡Será aún más bonito cuando le haga los ojos y los brazos!

—Estoy deseando verlo. Pero primero, vamos a lavar los platos. Luego tus hermanas pueden salir a jugar contigo.

Anima sacó agua mientras veía a Myuke meter el dedo en el muñeco de nieve para hacerle los ojos. Luego humedeció el paño y los dos se pusieron a lavar los platos.

—¡Cuánto blanco! ¡Wooow!

Kiraware Maou Volumen 4 Capitulo 1 Parte 1 Novela Ligera

 

—¡Guau! Tengo que admitir que esto es impresionante,

¿sí?

Marie y Bram expresaron su emoción al salir al exterior. Llevaban ropa de abrigo y bufandas a juego. —¡Papi, Myukey! ¡Nieve! ¡Mucha nieve!

Marie trotó alegremente por el patio. Tras ella, Bram llevaba el cesto de la ropa sucia. Vestidas con ropa de abrigo y completamente sorprendidas por el país de las maravillas invernales, era como si ninguna de las dos les afectara el aire frío.

—El tejado también está completamente cubierto, ¿sí?

Ooh, ¿has hecho esto, Myuke?

—¡’Ta lindo!

—¡¿Cierto?! ¡Es un muñeco de nieve! Si creen que este es genial, esperen a que me esfuerce en construir uno”

—¡Yo también construyo munieco de nieve!

—Te enseñaré a construirlos cuando terminemos con las tareas.

—Yo estoy más entusiasmada con la pelea de bolas de nieve, ¿sí?

A pesar de que las tareas no estaban ni mucho menos terminadas, las chicas estaban deseando jugar. Sin embargo, a Anima no le importaba; él podía terminar de lavar los platos y la ropa por su cuenta.

—Déjenme a mí ocuparme de las tareas. Ustedes vayan a jugar.

—Pero…

—Está bien, a mí me encanta lavar los platos. ¿Qué tal si me compensan prometiendo lavarme la espalda esta noche?

Pensando que eso las libraría de cualquier sentimiento de culpa, Anima les dio a las chicas una forma de devolverle el favor. Myuke puso una sonrisa radiante, diciéndole que su plan había funcionado a las mil maravillas, y las tres comenzaron a correr alegremente por la nieve, despreocupadas como pájaros.

—¡Muchas pisadas!

—Aww, las tuyas son tan pequeñas. Es adorable.

—¡Oye, mira esto, ¿sí?! ¡Nyah! ¡Mira qué profundo me he hundido!

—Es una locura que hace unos minutos estuvieras dentro temblando.

—Ya no siento el frío, ¿sí?

—Sólo asegúrate de no resfriarte.

—¡Estoy bien! Correr por ahí me mantendrá caliente, ¿sí?

Las alegres y emocionadas voces de las chicas hicieron que Anima quisiera unirse a ellas, pero todavía tenía trabajo que hacer. Después de terminar con los platos, pasó a lavar la ropa. La ropa más pesada no necesitaba ser lavada con frecuencia, y dejarla airear al sol de vez en cuando era suficiente para mantenerla fresca en su mayor parte. Las prendas más finas, sin embargo, debían lavarse casi a diario. A pesar del frío que hacía en el exterior, era fácil sudar en el calor del comedor, lo que ensuciaba rápidamente la ropa interior y otras prendas delicadas. Además, el fino tejido requería un cuidado especial para evitar cualquier desgarro accidental. No se le daban bien los trabajos meticulosos como ése, pero lo hacía lo mejor posible porque sabía que haría feliz a su familia. Hacerlo por sus sonrisas le quitaba todo el tedio al trabajo. Más que eso, sin embargo…

—Puedo dibujar con mis huellas, ¿sí?

—Vaya, la verdad es que no está mal.

—¡Yo también! Yo también quiedo dibujad.

…Escuchar la animada charla de las niñas le dio toda la fuerza que necesitaba para terminar su tarea.

—Muy bien, la colada está hecha, —dijo, y miró a las chicas con una sensación de logro. Las tres estaban ocupadas recogiendo nieve y lanzándola al aire. Estaban creando una nevada artificial—. ¡Asegúrense de que la nieve no se les meta en la ropa!

Tras advertir a las niñas que tuvieran cuidado, recogió el cesto de la ropa y se dirigió al interior. Entró en el comedor a través de la cocina, donde encontró a Luina durmiendo plácidamente en la mesa. Pasó tranquilamente junto a su esposa dormida, pero el suelo de madera dejó escapar de repente un fuerte crujido.

—Nmhhh… ¿Has terminado con la colada?


—Sí, ya está lista.

—Gracias. Debes tener frío; déjame prepararte una taza de leche caliente.

—Estoy bien. Dejemos la leche caliente para cuando las niñas terminen de jugar.

—Les encanta la nieve. Puedo oír sus voces desde aquí. —¿Te sientes sola?

—Me apetece mucho jugar con ellas, pero no puedo hacer el tonto en la nieve mientras esté embarazada. No sólo pondría en riesgo mi salud.

Anima abrazó a su melancólica esposa.

—La próxima vez que tengamos un día así, ya sea el año que viene, el siguiente o dentro de una década, te prometo que jugaremos todo el día en la nieve juntos como la familia feliz que somos.

—Lo estoy deseando. —Miró a los ojos de Anima con una suave sonrisa mientras las animadas voces de sus hijas se filtraban por las ventanas—. Gracias, ahora me siento mucho mejor. Traeré la ropa sucia, tú deberías salir a cuidar a las niñas. No queremos que se pierdan en el bosque.

Los cazadores trabajaban duro para mantener a los monstruos fuera del pueblo, pero el bosque seguía siendo peligroso. Tampoco era descabellado pensar que unos niños entusiasmados se alejaran para explorar su entorno familiar pintado bajo una nueva luz. Probablemente estarían bien, especialmente con Bram y su piedra de dragón de jade a su lado, pero era mejor prevenir que lamentar.

—Asegúrate de no resfriarte.

—No te preocupes. Estaré bien, —tranquilizó a Luina, y luego se dirigió al exterior.


Justo cuando Anima estaba abriendo la puerta, Myuke cruzó delante de ella. Estaba rodando una bola de nieve gigante.

—¿Vas a lanzar eso?, —le preguntó.

—De ninguna manera, eso es peligroso. Esto va a ser el cuerpo de nuestro muñeco de nieve. Sin embargo, todavía necesita algo de trabajo. Tenemos que hacerlo bien y suave.

—Estoy seguro de que será un gran muñeco de nieve.

—¡Claro que sí! ¡Sólo tienes que esperar!

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