Boogiepop And Others (NL)

Volumen 1

Interludio 2: Echoes Vagaba Por La Ciudad

 

 

Echoes vagaba por la ciudad. La ropa que se había comprado una semana antes era ahora solo harapos, y la policía casi lo había arrestado como un personaje sospechoso, a pesar de que todo lo que realmente había hecho era caminar por la calle. Había sido salvado por un misterioso muchacho con un sombrero negro, y logró escapar sin herir a nadie. En el camino desde las montañas, ya se había visto obligado a herir gravemente a seis personas.

Sabía que la Manticore estaba cerca.

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Pero las ciudades humanas se construían demasiado cerca unas de otras, y la gente que vivía en ellas parecía congregarse a la vez. No tenía idea de cómo encontrar la Manticore aquí.

—…………

A medida que el cielo se oscurecía, se encontró en un callejón trasero y, una vez más, se derrumbó en el suelo.

Esta vez, no había gente alrededor. El callejón olía a agua rancia.

—…………

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Miró al cielo de la tarde, pero no podía ver las estrellas aquí. En las montañas, hubiera podido verlas incluso a plena luz del día. Pero ya no podía llorar más. El chico del sombrero negro se lo dijo,

—Estás persiguiendo algo. Llora cuando lo encuentres —Eso era cierto.

No podía descansar en este lugar.

Tenía que detener la masacre de Manticore. Manticore fue hecha de él. Era su hija.

Ella tenía el poder de comunicación que incluso él carecía, sin mencionar los poderes que le permitían mezclarse con el sistema ecológico de este planeta. Este «poder de transformación» en particular podría hacer un daño incalculable al equilibrio ambiental de la civilización primariamente humana de este planeta e impedirle llevar a cabo su objetivo principal.

Su objetivo.

Tenía que cumplirlo. Por eso fue creado. Pero la existencia de Manticore era un obstáculo para su objetivo, para su decisión. Tenía que tomar una decisión, de una forma u otra.

Esa decisión debía ser rigurosamente ponderada. Como él, Manticore es ajena a este planeta y no debería existir aquí. Tenía que deshacerse de ella.

—…………

Se puso en pie con dificultad.

Se escuchó un grito. Una mujer joven entró en el callejón y lo vio.

Agitó las manos tratando de mostrar que no quería hacer daño. Pero no lo necesitaba.

—¿Qué haces aquí? —preguntó la mujer, acercándose a él. No había sido un grito de terror, sino simplemente de sorpresa—. ¡Oh, no, estás herido!

¿Cómo sucedió esto?

Al examinarla más de cerca, la mujer era todavía una muchacha.

Sin ningún tipo de renuencia, limpió la sangre de la herida de su cabeza con un costoso pañuelo de diseñador. La propia herida había sanado hacía mucho tiempo, y no sentía dolor por ello, pero la sangre seguía allí, seca en su piel.

—Herido… —dijo, tratando de explicar que no necesitaba ser atendido. Pero había pocas palabras en su lenguaje para que él respondiera y no podía producir una frase con significado.

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—¿Qué debo hacer? ¿Llamar a la policía?

—P-policía… —era todo lo que podía decir.

Pero de alguna manera la chica entendió lo que quería decir con esto.

—Nada de policía, ¿eh? De acuerdo. ¿Dónde está tu casa? ¿Cerca?

Escogió algunas palabras de su conversación, forzando una frase.

—Casa. No-Ca… —Cuando hablaba con la gente, sólo podía responder con las palabras que habían dicho, para no proporcionarles información más allá de los límites de su comprensión.

—¿Sin hogar? Parece que estás en algún tipo de problema.

Asintió con la cabeza. Agitó sus manos, diciéndole que se alejara de él. Ella le dio una palmadita en el hombro. Lenguaje corporal para «calma».

—De ninguna manera, José. Te dejo aquí y no podré dormir por la noche

—De alguna manera, ella parecía entender lo que él quería decir, aunque no podía hablar directamente—. Hmm, déjame ver…. Por el momento, vamos a llevarte a la escuela. Hay un lector de tarjetas en la puerta para entrar, pero creo que conozco una entrada trasera.

—Es-Escuela…

—Sí, vivo en un edificio de apartamentos, pero hay ojos entrometidos por todas partes. ¿Sabes? No eres el único con problemas —dijo en broma, y lo agarró del brazo, poniéndolo de pie a la fuerza. Entonces ella lo arrastró.

No sabía qué más hacer, así que la siguió.

¿Quién era ella? pensó él, y casi al instante ella respondió:

—¿Yo? Kamikishiro Naoko. Estoy en el último año en la Academia Shinyo.

¿Tú?

—Ah… Oooh… —No pudo responder. No se le permitía proporcionar a los humanos información sobre sí mismo.

—¿No puedes hablar?

—No puedo… hablar.

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—Estás hablando ahora. Hmm…. ¿Te llaman Echoes? Extraño nombre. Casi como si hubiera sido hecho específicamente para que te llamen.

Kamikishiro se rió. Aún no se había dado cuenta de que estaba entendiendo cosas que él no había dicho.

Ella le sonrió.

—No te preocupes. Conozco a una chica chiflada llamada Nagi. Cada vez que hay problemas, hablamos con ella y normalmente se encarga de ello. Asumiendo que no eres un mal tipo, Echoes —terminó guiñando el ojo.

Sacó un teléfono celular, el pulgar volando sobre las teclas, marcando a esta persona Nagi con un movimiento practicado.

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