Seiken Gakuin No Maken Tsukai (NL)

Volumen 1

Capitulo 9: El Héroe Caído.

 

 

El Archi-Sabio de los Seis Héroes… Arakael Degradios. Su edad ya excedía los doscientos años incluso antes de alcanzar la inmortalidad al fusionarse con el Árbol Sagrado venerado por los Elfos.

En otro tiempo fue un anciano elogiado como el hombre más sabio de la humanidad. Arakael había aniquilado a los Ejércitos de los Reyes Demonio en innumerables frentes de batalla. Mil años después, el Archi-Sabio había aparecido en batalla una vez más, pero la forma que adoptó estaba muy lejos de la que Leonis conocía.

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“¿Un Void…?” Leonis tragó saliva con nerviosismo al ver en lo que su antiguo rival se había convertido.

La corteza del Árbol Sagrado estaba superpuesta, inflamada por la misma niebla negra que acompañaba a los Void que atacaban el Garden. Sus ramas, que antes daban el fruto de la inmortalidad, estaban ahora adornadas con los rostros retorcidos de innumerables Void. Alzaban sus voces en rugidos antinaturales mientras las criaturas intentaban salir al mundo.

El Árbol Sagrado engendraba Void.

“… Ahora lo entiendo. Tú eres el Lord del Vacío”. Concluyó Leonis.

Los Void eran, en efecto, monstruos antiguos; habían sido transfigurados por algún poder desconocido. Dado que ese era el caso, no era descabellado suponer que los Seis Héroes también se habían convertido en Void.


… LE… O… N… ISSSSSS…

Los innumerables rostros de los Void pronunciaron su nombre como si cantaran una maldición. El odio de Arakael era palpable incluso mil años después. No, quizás era más apropiado decir que su ira había ido en aumento, hirviendo aquí durante mil años…

“¿Realmente anhelabas tanto volver a encontrarte conmigo, patético cadáver?” Leonis exhibió una leve sonrisa.

Cantó un hechizo de Sexto-Orden, Explosión Infernal Maldita, [Mel Ziora]. *¡Booooooooooooooom!*

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Las abrasadoras llamas incineraron a los Void junto con las raíces que se retorcían.

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(Así que se llevó a Lyseria para atraerme…)

… LEO…NISSSS…

“Sólo tienes que esperar”. Dijo Leonis, caminando sobre los restos carbonizados de los Void. “Esta vez, ni siquiera quedarán cenizas cuando acabe contigo”.

Echó una mirada hacia atrás, sintiendo las miradas puestas en él. Los niños del orfanato observaban a Leonis con expresiones asustadas.

(… Supongo que no puedo culparlos).

… No era tan distinto de aquel día de hace tantos años.

Estaba acostumbrado a que las personas lo miraran de esa forma. Poseer un poder tan abrumador despertaba el miedo en los corazones de los hombres. Eso era cierto incluso cuando había salvado el reino como un héroe.

(… Como Rey No Muerto, debería estar complacido por esto).

Leonis soltó un pequeño suspiro y se alejó del orfanato. Todos los Void de la zona fueron aniquilados, y había pocas probabilidades de que fuera atacado de nuevo. En cualquier caso, era sólo cuestión de tiempo hasta que llegaran los Espadachines Sagrados de la Academia.

El hecho de que este orfanato fuera atacado o no, no le importaba mucho a Leonis, pero este lugar era muy querido para su sirviente, Lyseria. Leonis levantó su Báculo de los Pecados Sellados y cantó.

“Hechizo de Octavo-Orden… Zoah Doma”.

La Barrera de la Obsolescencia se asentó sobre el orfanato como una niebla negra de muerte. Con otro hechizo, el Rey No Muerto conjuró un par de Caballeros Esqueleto de Rango Superior, poderosos guerreros no muertos. Eran lo suficientemente fiables como para confiarles la protección de grandes tesoros o de nobles. Leonis se dio cuenta de que la barrera que había conjurado era un poco más ancha de lo necesario, pero no se rompería fácilmente.

“He puesto una barrera. Si no quieren morir, permanezcan dentro de este edificio”. Leonis se dirigió a los asustados niños con un tono indiferente.

Entonces se dispuso a irse, pero escuchó una voz que lo llamaba desde atrás. “… ¡P-Por favor, espera…!”

La puerta del orfanato se abrió, y la mayor de los niños salió tímidamente.

Tessera.

“L-Leo…”

Un Caballero Esqueleto blandió su espada, dispuesto a detener a la niña, pero Leonis levantó una mano, haciendo que el caballero envainara su arma.

“E-Erm…” La chica estaba tan nerviosa que su voz no podía pasar por sus labios.

“¿Qué pasa?”

“G-Gracias… por protegernos…” Dijo Tessera, inclinando su cabeza.

“… ¿Eh?”

Aquellas inesperadas palabras de gratitud le dejaron un tanto sorprendido.

“Por favor, salva a Seria”. Probablemente había visto el secuestro de Lyseria.

Su cabeza permaneció inclinada mientras hacía la petición.

“Lo haré. Déjamelo a mí”. Leonis asintió, y le dio unas ligeras palmaditas en la cabeza. “Te prometo que traeré a Seria de vuelta”.

“¡E-Está bien!”

El Caballero Esqueleto tiró de la chica para que volviera a entrar.

El Rey No Muerto siempre mantiene sus promesas.

De espaldas a Tessera, se dirigió a la gigantesca fisura en el suelo. En el borde del gran pozo, sentado sobre un montón de escombros, había un lobo negro.

“… Al parecer nuestro viejo némesis ha regresado de la tumba”.

“Blackas, ¿qué haces aquí?”

“Me he apresurado a regresar a tu lado, amigo mío, masacrando a las criaturas en mi camino”.

“¿Te las has comido?”

“No lo haría. Me parecen repugnantes”. Blackas sacudió su cabeza y dejó caer una gran bolsa de tela a los pies de Leonis.

“¿Qué es esto?”

“El botín de guerra. Los recogí mientras investigaba la ciudad. Son mucho más deliciosas”.

Dentro de la bolsa había varias brochetas forradas de carne asada. “No las habrás robado, ¿verdad?”

“Soy miembro de la Familia Real del Reino de las Sombras. Nunca haría tal cosa”. Blackas se mofó, decepcionado. “Permití que los humanos acariciaran mi cola, y a cambio me dieron esto”.

“… Ya veo”.

Hubiera preferido que Blackas no hiciera nada para llamar la atención.





“De todos modos, estoy hambriento. ¿Compartirías esto conmigo?”

Leonis tal vez usó un hechizo poderoso de más. Usar su magia oscura de la misma forma que cuando era el Rey No Muerto era problemático en este cuerpo.

Blackas recogió una de las brochetas con su boca, presentándosela a Leonis. El muchacho devoró rápidamente la carne asada y arrojó el pincho al pozo. Probablemente, Lyseria había sido secuestrada para ponerle un cebo a Leonis, pero el árbol también podría haber estado tratando de asimilar el enorme poder de una Reina Vampiro. Si ese era el caso, tenía que darse prisa.

“Ahora, entonces. Ya es hora de que me devuelvas a mi sirviente, Archi-Sabio”.

“¡Corte relámpago atronador!”

La Espada Raikirimaru centelleó en el aire. La trascendente y perfeccionada destreza de Sakuya Sieglinde mandó a volar las cabezas decapitadas del Void Clase-Hidra. Sus movimientos fueron tan rápidos como el nombre de su arma. Saltó sobre el terreno, moviéndose cada vez más rápido.

“¡Ráfaga de Flores de Luna en dos etapas!”

La vestimenta de su tierra natal danzó en el viento mientras cortaba una vez más una de las cabezas del Void.

“¡No está mal! ¿Así que tú eres esa joven estudiante que dicen que es lo suficientemente hábil como para matar Void?”

Una Espadachina Sagrada que blandía una Espada Sagrada de Tipo-Viento luchaba al lado de Sakuya. Era una atacante de vanguardia del Noveno Pelotón que había sido despachada al mismo sector.

“Si continúas moviendo tu lengua en medio de la batalla, morirás, senpai”.

Comentó Sakuya secamente.

“Sí, sí. Lo entiendo…”

La otra chica no pareció ofenderse y se movió para acuchillar las piernas del Clase-Hidra.

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«Sus cabezas ya se están regenerando. Quemen las secciones cortadas».

Elfine había estado analizando la clasificación del Void y transmitiendo los datos a todos los demás Pelotones utilizando su tableta.

“¡Dejamelo a mí! ¡Drag Howl!”

*¡Bang, bang, bang, bang!*

La Espada Sagrada de Regina expulsó fuego. Sus ataques… capaces de derrotar por sí solos a un Void de Clase-Ogro… enviaron ondas a través del aire mientras el Void de Clase-Hidra era envuelto en llamas.

Pero cuando el polvo y el humo se disiparon…

“¡N-No puede ser…!” Regina rechinó los dientes con amargura.

El Void no parecía haber sufrido ningún daño. En su lugar… había raíces de árbol que crecían desde los muñones del cuello que habían quedado tras los ataques de Sakuya.

“¡¿Qué significa eso?!”

“… No lo sé. No hay ninguna referencia para ese tipo de espécimen en nuestros datos”. Elfine sacudió su cabeza. Esto era diferente de un Clase-Hidra normal.

“… ¡Dispérsense!” Ordenó el comandante en funciones del Noveno Pelotón, percibiendo el peligro que se avecinaba.

Tres atacantes de vanguardia terminaron su ataque combinado y se alejaron de un salto. Sin embargo, Sakuya rechazó la orden. Simplemente se quedó de pie frente al Void, mirando fijamente a su enemigo.

*¡Crrrrrraaaaaaaaasssshhh!*

Las raíces que brotaban de las cabezas cortadas del Clase-Hidra se agitaron, destruyendo los edificios cercanos.

“¡¿Sakuya?!” Elfiné alzó la voz en un grito.

“Qué extraño. Monstruos como ustedes, cada día se parecen más a los espectros”.

Esquivando un ataque en el último momento, Sakuya reforzó su agarre sobre Raikirimaru. Aquellos cuellos arbóreos se movían como si no les importara que el Void estuviera unido a ellos. El comandante gritó algo, pero Sakuya no lo escuchó.

Sakuya tenía la tendencia a cegarse ante lo que ocurría a su alrededor en el fragor de la batalla. Por eso, ningún pelotón la había buscado, a pesar de su destreza.

Pero a pesar de eso…

(… Gracias a Dios).

Elfine soltó un suspiro de alivio al saber que Sakuya todavía estaba viva. Si su Eye of the Witch hubiera funcionado con su máxima fuerza, su abrumador poder le habría permitido cubrir a todos los atacantes en el campo a la vez. Pero el verdadero poder de su Espada Sagrada permanecía sellado en ella.

(… Todavía le temo demasiado a los Void).

Elfine se abrazó a sí misma, como si tratara de contener un escalofrío que recorría sus extremidades. No podía vencer el miedo que sentía desde aquel fatídico día.

Aun así, decidió permanecer en el campo de batalla y ofrecer información a los Espadachines Sagrados que luchaban en el frente. Esa era la mayor contribución que podía hacer en este momento.

«El… fine… Elfine-san…»

Elfine se sobresaltó de repente, cuando una voz resonó en su mente.

“… Leo-kun, ¿eres tú?”

En efecto, era la voz del chico.

«Bien, puedes oírme…»

Uno de los orbes que había enviado a las zonas cercanas debía servir de transmisor. La voz de Leonis llegó con claridad.

“Sí… ¿Estás usando el dispositivo de comunicación de Seria?” Leonis no debería haber recibido uno propio todavía. «Sí, este es el de Seria-san».

Una sensación desagradable se deslizó entre los pensamientos de Elfine. Si ambos se encontraban en el mismo lugar, ¿por qué no era la propia Lyseria la que utilizaba el dispositivo?

«Seria-san ha sido capturada por los Void».

El miedo de Elfine estaba en lo cierto.

“… ¡¿?!”

Se quedó sin palabras.

(¿Los Void secuestraron a un ser humano? ¿Por qué…?)

Pero lo siguiente que dijo Leonis sólo sirvió para asustarla aún más.

«Voy a rescatarla. Elfine-san, necesito que uses tu habilidad para localizar su posición».

“¿Vas a ir a salvarla… solo?”

Elfine se sorprendió por su sugerencia. Era demasiado imprudente. Puede que tuviera el poder de una Espada Sagrada, pero sólo era un niño de diez años.

«… Sí».

“Sólo espera un poco, le pediré a otro Pelotón que ayude a rescatarla ahora mismo…”

«No llegaremos a tiempo si haces eso». Dijo con una voz fría a través del auricular. «Y, además, no tienes la autoridad para prescindir de algún combatiente capaz, ¿verdad?»

“Eso es…”

Elfine volvió a mirar el campo de batalla. El grupo de Sakuya estaba luchando al máximo de su capacidad, pero el enorme Void demostraba ser demasiado para su reducido número. Estaban teniendo problemas.

«La traeré de vuelta. Elfine-san, por favor, dime dónde está».

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“…”

(Debería detenerlo).

Ir a una misión de rescate por su cuenta era una locura. Pero no había garantía de que Lyseria sobreviviera hasta que otro Pelotón pudiera ir a ayudarla.

Leonis se sumió en un corto y vacilante silencio.

«Elfine-san, ¿podrías usar tu Ojo para mirar el sector donde me encuentro?»

“… ¿? Podría, pero…”

Dudosa, vinculó su visión con uno de los orbes que pasaban volando. Cuando

lo hizo…

“¿Qué es esto…?” Las palabras de asombro salieron de sus labios.

Las raíces habían destruido el asfalto y dejado grietas en el suelo. Y…

esparcidos alrededor de Leonis estaban los restos de innumerables Void.

“¿Mataste a todos…?”

«Sí, lo hice». Leonis respondió fríamente. «Te lo contaré todo más tarde,

Elfine-san. Por ahora, confía en mí».

Su voz era demasiado seria y serena para un niño de diez años.

“…”

Elfine aspiró un poco de aire.

“… De acuerdo. Lo intentaré”. Asintió.

Después de ver todo eso, tuvo que creer. Desconectó por un momento el resto de la información y se concentró en rastrear la información registrada de Lyseria. La recepción era débil. El miasma que liberaban los Void probablemente estaba interfiriendo. Y sin embargo…

“… Está bajo tierra… En lo más profundo. Cuatro capas por debajo…”

El área subterránea del Assault Garden era un espacio oculto mantenido como secreto militar. Su interior estaba sellado por innumerables mamparos, lo que dificultaba incluso la perforación del Eye of the Witch de Elfine. Apagando sus propios sentidos, se concentró tanto como pudo.

“Deberías ser capaz de acceder al pozo principal desde donde estás, Leo-kun. Usaré mi Espada Sagrada para desbloquear los mamparos, así que deberías poder llegar a la profundidad del séptimo estrato…”

«Destruiré los mamparos si es necesario. Guíame por el camino más corto posible».

“¿Destruirlos…? B-Bien, de acuerdo…”

En cuanto se centró en la tarea…

*¡Booooooooooooooom!*

“… ¡¿?!”

Una explosión devastadora reverberó, sacudiendo el cuerpo de Elfine.

«Elfine-san, ¿qué está ocurriendo?»

Elfine se puso de pie y recuperó el sentido de su entorno inmediato. El Void de Clase-Hidra había atravesado las vanguardias. Se precipitó hacia delante, y la tierra temblaba bajo sus pies con cada paso.

“Un momento, ¿viene hacia aquí? Elfine-senpai, ¡cuidado…!” Regina gritó desde la azotea de un edificio cercano.

“…”

Sin embargo, Elfine no podía moverse. El trauma de haber perdido a sus compañeros de Pelotón por un ataque del Vacío la había dejado congelada, encadenada donde estaba.

“Ah…”

Se acobardó, encogiéndose en su sitio, y cerró sus ojos con fuerza. Y

entonces…

El aire silbó mientras el Void se partía en dos.

(… ¿Huh?)

Una de las cabezas del Void que se cernía sobre ella había sido, repentinamente, separada de su cuerpo.

*¡Fyoo! ¡Fyoo! ¡Fyoo!*

El resto de sus cabezas fueron cortadas también, en rápida sucesión. El Void de Clase-Hidra se desplomó en el suelo ante los ojos de Elfine.

“… ¿Q-Qué suced…?” Susurró Sakuya sorprendida, con Raikirimaru aún aferrada en sus manos.

“No… lo sé…”

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Uno de los orbes de la Espada Sagrada de Elfine captó entonces una pequeña sombra de pie en la azotea de un edificio cercano. Una chica vestida con un uniforme de sirvienta retraía en sus manos unos látigos hechos de oscuridad.

“… Por Dios. Leonis-sama ciertamente tiene el hábito de hacer trabajar a su sirvienta hasta los huesos”. Susurró ligeramente disgustada antes de masticar con malhumor una rosquilla.

“¡Farga!”

*¡Booooooom!*

El Disparo de Maldición Explosiva de Leonis atravesó los mamparos de protección mientras continuaba su silencioso descenso. Se dirigía al enorme pozo que conducía a las profundidades del Assault Garden. Su caída estaba regulada por una poderosa magia de control gravitatorio.

“Nunca imaginé que hubiera un laberinto tan vasto bajo la ciudad”. Comentó Blackas desde la sombra de Leonis.

“Probablemente haya túneles dispersos para transportar suministros y mano de obra”.

Tal vez los habían cavado con la intención de trasladar rápidamente a los Espadachines Sagrados en caso de emergencia, pero los pasajes subterráneos estaban bloqueados por las raíces del árbol.

“Aun así, la tecnología mágica de la humanidad ha avanzado mucho”. Se maravilló Leonis mientras quemaba las raíces que intentaban devorar al intruso.

Ni siquiera los enanos habían logrado construir una estructura tan grande.

(… Lo que me recuerda, no he visto a ningún elfo o enano en esta academia).

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Leonis pensó.

¿Estaban aislados de la sociedad humana? ¿O quizás…?

(¿Fueron erradicados por los Void…? No los recuerdo siendo tan débiles).

La Alianza semi-humana había hecho un pacto con la humanidad. Los Elfos del Bosque Espiritual, en particular, le habían dado a Leonis problemas en su época.

«… Continúa por ese camino. La ruta continúa en línea recta».

“Entendido”.

Siguiendo las instrucciones de Elfine a través del auricular, Leonis aterrizó en una plataforma que sobresalía del lateral del pozo.

“¡Farga!”

Destruyó el mamparo cerrado y avanzó por el oscuro corredor con su Báculo en mano para iluminar el camino.

«… Sigue adelante… luchando… la fuente de energía de la ciudad…»

La estática era cada vez peor. Quizás el Lord del Vacío era el culpable de la interferencia, lo que debía significar que se estaban acercando.

El sonido de los zapatos de Leonis chocando contra el suelo resonó con fuerza a través del pasillo.

“¿Enviaste a Shirley a ayudar a los humanos?” Preguntó el lobo negro desde la sombra del chico.

“Mmm, sí…”

Puede que Shirley fuera una sirvienta torpe, pero era una hábil asesina. No era rival para Blackas en términos de destreza en el combate, pero era capaz de desmantelar todo un castillo por sí sola.

“Nos enfrentamos a uno de los Seis Héroes. ¿Estás seguro de que no llevarla con nosotros fue una buena idea?”

“… Con nosotros dos será más que suficiente”. Respondió Leonis como si evadiera la pregunta.

Se dio cuenta de lo que Blackas trataba de decir, por supuesto. ¿Por qué envió a su mano derecha, Shirley, a proteger a los humanos? Lyseria, su sirviente era otro asunto, pero no había ninguna razón lógica para que eligiera defender a los demás miembros del Décimo Octavo Pelotón.

Leonis se aclaró la garganta, sintiendo la mirada sospechosa de Blackas sobre él.

“La Espada Sagrada de Elfine es útil. Puedo manipularla para mis fines.

Además, Regina Mercedes es la sirvienta de mi sirviente”.

“…”

Sin embargo, Blackas no parecía muy convencido.

(… ¡Ugh, esto es tan irritante!)

Francamente, Leonis tampoco sabía la razón, pero una parte de su corazón no quería perder a esas chicas.

“Me he interesado un poco por esas chicas. Eso es todo”. Leonis acabó admitiéndolo, ligeramente desanimado.

“… Ya veo. Esa razón se ajusta bien a ti”.

Esta vez, su hermano de armas parecía satisfecho con su respuesta. Ahora que lo pensaba, no era la primera vez que ocurría algo así. Le había dado a Shirley un lugar a su lado por una especie de capricho similar, incluso después de que ella hubiera venido a asesinarlo.

“Siempre has sido demasiado amable cuando se trata de tus sirvientes, pero tal vez este cuerpo te está volviendo blando, más humano”.

“… Imposible”. Leonis sacudió su cabeza con amargura. “¡Farga!”

Destruyó otro mamparo en su camino. El corredor abierto estaba infestado de raíces de árboles que se retorcían. El miasma que llenaba el aire del túnel era sofocante.

“Nuestro tiempo de charla ociosa ha llegado a su fin, Blackas. Debemos seguir adelante ahora”.

“Sí…”

La comunicación con Elfine había quedado completamente en silencio ahora.

“¡Uuuuooooooooooh…!”

Las raíces se hincharon, dando nacimiento a pequeños Void parecidos a animales.

“¡Phranis! ¡Phranis! ¡Phranis!”

Leonis utilizó el hechizo de Tercer-Orden, Oleada de Llamas Rápidas, para acribillar sin piedad a las criaturas recién nacidas mientras se apresuraba por el corredor. Cualquier hechizo de destrucción masiva que fuera superior al Octavo-Orden probablemente haría volar a sus enemigos, pero lanzar un hechizo así en un espacio cerrado como este enterraría vivo a Leonis.

Continuando con su avance, el chico eventualmente llegó a un mamparo en ruinas. Detrás había una gran abertura. Una luz brillante y verdosa iluminaba el espacio.

“¿Qué es eso…?” Leonis frunció el ceño en el momento en que entró.

La fuente de luz era un enorme fragmento de cristal de mana. A su alrededor se enroscaban las múltiples raíces del Árbol Sagrado. Era enorme, tanto que incluso la parte que no estaba envuelta por las raíces tenía unos quince metros de diámetro.

“Ya veo. Así que esta es la fuente de energía de la ciudad”. Dijo Blackas.

Los cristales de mana eran cultivados por espíritus y dioses antiguos y, durante la época de la guerra de los Reyes Demonio, servían para suministrar energía al Castillo del Risco de Dizolf, el Rey Demonio de la Ira. Sólo un cristal de mana podría haber alimentado una ciudad tan grande. Excepto…

“No pensé que uno tan grande pudiera formarse naturalmente”.

“… No crees que esto podría ser hecho por el hombre, ¿verdad?” Susurró Leonis.

Ambos se vieron interrumpidos de repente cuando… *Brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr…*

Las raíces del Árbol Sagrado comenzaron a retorcerse alrededor del cristal de mana. Destruyeron el mamparo con un sonido estridente y tembloroso, sellando a Leonis en la cámara. Los nudos de las raíces comenzaron a hincharse, formando innumerables rostros humanos. Rostros, rostros, rostros… cientos de ellos, todos parecían esculturas talladas en madera. Cada uno poseía un rostro idéntico…

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El Archi-Sabio de los Seis Héroes…

Arakael Degradios.

“Has caído bastante bajo, mi viejo némesis”. Observó Leonis, golpeando el mango de su Báculo contra el suelo. “Un héroe de la humanidad que una vez fue alabado como el más grande sabio de su raza, ahora no es más que un semillero de monstruos…”

La superficie del Árbol Sagrado se cubrió con esa misma niebla negra. De su cuerpo, el árbol dio nacimiento a Void de diferentes formas y tamaños. Eran los demonios que el Archi-Sabio había consumido en la guerra de hace mil años… Y dentro del árbol estaba Lyseria, atrapada.

“Ahora entonces, Arakael, me llevaré a mi sirviente de vuelta”. Con una confianza indomable, Leonis sonrió y comenzó a cantar su hechizo.

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