Slayers (NL)

Volumen 11

Capítulo 4: El espectáculo de marionetas de Crimson llega a su fin.

Parte 1

 

 

-¡Freeze Arrow! – El grito de Aria ahogó la desquiciada carcajada.

“¡Oye, espera un momen…!”

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Cairus ni siquiera intentó esquivarlo, simplemente dejó que la docena de flechas de hielo le diesen de lleno. Entonces, tal y como Mucale habría hecho, mandó una onda de frío hacia nosotros.

Aunque, al contrario de lo que me esperaba, no era un frío incómodo, sino más bien un soplo de aire fresco.

-Me lo imaginaba… – Dijo Aria, alicaída.

Entonces lo entendí. Aria había lanzado un Freeze Arrow muy débil, para comprobar si Cairus había absorbido la habilidad de Mucale.

-¡Kuajajajaja! ¡Es inútil! ¿No te has dado cuenta de que el poder de Mucale es ahora mío? ¡Vuestros desesperados ataques ya no tienen ningún efecto en mí! – Al no darse cuenta de que sólo estábamos probando sus habilidades, Cairus seguía burlándose de nosotros.

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“Con poder o sin él, sigue siendo un villano de tercera.”

No podíamos suponer que sólo hubiese absorbido a Mucale. De hecho lo normal sería pensar que tuviese todo tipo de habilidades especiales, robadas a otros miembros de su grupo.

En ese momento, una pregunta me vino a la mente… pero no tenía tiempo de darle demasiadas vueltas. Nuestra única preocupación era cómo vencerle.

-¡Para que lo sepáis, Mucale no es la única que he absorbido! – Cairus parecía estar pensando lo mismo que yo -. ¡Os lo mostraré!

Entonces un aullido similar al de una bestia brotó de su garganta, y una docena de flechas de hielo aparecieron en el aire.

¡Es el poder de esos lesser demons!”

Sin detenerse ni un momento, Cairus dejó que las flechas de hielo le golpeasen.

Una segunda ola de hielo nos golpeó, pero esta vez el frío hacía que la piel nos doliese.

-¡Ugh! – Se quejó Gourry en voz baja mientras cogía su espada y salía corriendo hacia nuestro enemigo. Cairus dio un paso atrás y volvió a aullar.

-¡Khyaaaaaak!

¡Y otra ola de frío nos golpeó!

“¡Este tío… sabe muy bien cómo utilizar sus habilidades!”

Si hubiese lanzado simplemente las flechas de hielo hacia Gourry, éste podría haberlas desviado con su espada, o haberlas esquivado. Pero al transformarlas en una onda de viento congelante, Gourry no podía hacer nada para esquivar su ataque.

Por supuesto, mientras la onda se expandía, su fuerza se iba debilitando pero, ¿y si repetía su estrategia una y otra vez? Empezaríamos a perder el calor corporal, aunque fuese un poco, y nos moveríamos más y más lentamente sin darnos cuenta. Si nos lanzase unas cuantas flechas de hielo en ese estado, puede que incluso Gourry fallase al esquivarlas.

Puede que Cairus, por su manera de hablar y su personalidad, pareciese de tercera categoría, pero aún así podría decirse que es un hechicero muy bueno.

“Parece que tenemos que pensar en otra estrategia.”

-¡Gourry, Aria, venid aquí! – Grité, corriendo hacia otro pasillo -. ¡Aria, échame una mano!

Después de explicarle mi plan, empezamos a recitar un hechizo a la vez.

-¡Estáis intentando escapar! ¡No lo conseguiréis! – Gritó Cairus mientras salía corriendo hacia nosotros, con una voz que delataba su excitación.

Entonces…

-¡Dam Brass! – Lancé mi hechizo, pero mi objetivo no era Cairus, ¡sino el techo que había sobre él!

¡BOOOM!

El techo se derrumbó, dejando caer escombros sobre él.

-¡Tsk! ¡Eso no servirá de nada! – Cairus esquivó los escombros moviéndose hacia atrás, y después atravesó la nube de polvo que llenaba el aire. Pasó sobre la pila de piedras que bloqueaban el pasillo, y empezó a acercarse a nosotros, pero…

-¡Dam Brass! – A mi señal, Aria lanzó su hechizo, que también impactó contra el techo.

Ahora todo el pasillo estaba lleno de polvo.

-¡¿Qué estáis haciendo?! ¡Estoy empezando a enfadarme! – Mientras se quejaba, Cairus volvió a dar un paso atrás, mientras Aria y Gourry se retiraban por el pasillo.

-¡Dam Brass! – De nuevo, el hechizo de Aria golpeó el techo.

-¡Maldita sea! ¡Mira que sois cabezotas! – Con aspecto impaciente, y después de dar otro paso atrás para esquivar los escombros, volvió a trepar por la pila de rocas para perseguirnos.

Y ese era el momento que yo había estado esperando.

-¡Ragna Blade! – Respondiendo a mis palabras de poder, una espada de oscuridad emergió de mis manos.

“¡A ver si puedes reflejar esto!”

-¡¿Eh?! – Cairus oyó mi voz cerca de él, pero no podía ver nada por la nube de polvo, así que rápidamente volvió a aullar y absorbió las flechas de hielo… exactamente como yo esperaba que hiciese. Su cuerpo empezó a brillar mientras la onda mágica se expandía por el pasillo en ambas direcciones.

En ese momento… salté, y le golpeé con la espada de oscuridad en cuanto la cabeza de Cairus se puso a tiro.

-¿Qué? – ¡Cuando por si se dio cuenta de lo que estaba pasando, y miró hacia arriba, ya era demasiado tarde! La espada de ébano atravesó su cuerpo limpiamente.


Cuando Aria golpeó el techo a mi señal con el Dam Brass, yo volé hacia el agujero usando el Levitation. Como yo esperaba, había otro pasillo igual sobre el nuestro. Mientras Gourry y Aria recorrían el pasillo de abajo, yo lo hacía por el de arriba mientras recitaba el Ragna Blade. Entonces, el segundo Dam Brass de Aria abrió un nuevo agujero conectando ambos pasillos, y yo me lancé por el agujero cuando Cairus pasó por debajo.

En apenas un instante, Cairus se volvió de un color negro como el alquitrán, y su cuerpo estalló.

***

 

Poco a poco, el polvo se asentó.

-¿Lo… lo hemos conseguido? – Preguntó Aria.

Asentí. – Al menos en lo que refiere a Cairus.

-Entonces…

-Pero aún no hemos terminado, – interrumpí -. Aun quedan varios enemigos, y no sabemos cómo reaccionarán ahora los que estaban siendo controlados por Cairus.

Aún quedaba Aireus, que estaba literalmente pegado al exterior de la mansión, esos humanoides alados, y no nos olvidemos de los lesser demons voladores. Por no mencionar los que aún no nos hubiésemos encontrado. Cairus tenía que tener a más gente a su mando.


Como el hechicero ya había sido derrotado, lo mejor que podría pasar es que sus hechizos de control se disiparan… pero si no lo hacen, sus tropas seguirán atacándonos, pues seguiremos siendo sus enemigos. No creo que haga falta explicar lo molesto que sería para nosotros.

-Tenemos que ver qué pasa con los enemigos que nos quedan antes de rescatar a Bell, – dije -. Si la rescatamos pero en cuanto salgamos de la mansión nos vuelven a atacar, nuestros esfuerzos habrán sido en vano… Por cierto, ¿tu hermana puede usar hechizos de ataque?

-No… para nada… – Aria empezó a tartamudear, confusa -. … Mi hermana…

-Vale, así que no puede usar magia ofensiva, ¿verdad? – Insistí, tratando de que la conversación avanzase.

-No, en realidad ella no sabe nada de magia, – dijo -. Yo empecé a interesarme en la magia cuando era pequeña y fui a la Asociación de Hechiceros, pero a Bell le gustaba cocinar, y solía ayudar a nuestros padres en nuestro pequeño restaurante.

-Pues razón de más para revisar la situación fuera de la mansión antes de ir a por ella. Podemos empezar entrando en una de las habitaciones y mirando por la ventana. – Dicho eso, abrí la puerta más cercana.

Parecía ser una habitación similar a la que Bell ocupaba cuando la encontramos el día anterior. Se podía ver el exterior a través de las ventanas que daban a la terraza… pero no pude ver a ningún enemigo cerca, ni sentir ninguna presencia asesina, sed de sangre, ni ningún tipo de hostilidad a nuestro alrededor.

-¿A ti que te parece, Gourry? – Pregunté.

-Yo tampoco puedo sentir nada… – Respondió -. De todos modos, quedaos aquí mientras yo salgo.

-Vale, ten cuidado.

Con su espada lista en su mano derecha, Gourry abrió la puerta que daba a la terraza. Estuvo un rato asegurándose de que no había nadie cerca, entonces salió corriendo a la terraza y miró hacia la mansión.

-Ah… – Jadeó Gourry con asombro y horror.

-¡¿Qué pasa?! – Pregunté, alarmada.

-No… ese tío… da igual, ven aquí.

Aria y yo nos miramos la una a la otra y fuimos con cuidado hacia la terraza. Nos dimos la vuelta para mirar hacia donde lo hacía Gourry…

– ¿…Eh?

-¿Esto es…? Nuestra reacción era similar a la de Gourry.

La hiedra de Aireus cubría la mansión por completo y, entre la hiedra, estaban esas enormes masas de piel… Pero ahora todas parecían haberse podrido. Las masas redondas de piel aleteaban por el viento, haciendo un sonido similar al  de las hojas cuando caen, como si fuesen enormes flores disecadas. Incluso las enredaderas de la hiedra eran de un color marrón, y parecían plantas secas.

-¿Está muerto? – Murmuró Gourry.

Como respuesta, los tres permanecimos en un profundo silencio. De repente, una idea me vino a la mente. – ¡No puede ser…!

Crucé la habitación y corrí hacia el pasillo, con Gourry y Aria siguiéndome.

-¿Qué sucede, Lina?

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-¡Un momento! – Le dije -. Tengo que comprobar una cosa.

Me detuve ante la habitación en la que vi a Bell por primera vez ayer. No pude decir nada, sólo me quedé allí de pie.

Más allá de la terraza, las criaturas aladas que acompañaban a los lesser demons voladores, estaban tiradas en el suelo como muñecos rotos. Tampoco podía verse a los lesser demons.

-¿Qué está pasando? – Preguntó Gourry entre dientes pero, obviamente, yo no sabía qué contestar.

-Es porque Cairus ha muerto, ¿verdad…? – Preguntó Aria, insegura.

Bueno, esa era la razón más obvia considerando las circunstancias, pero… aunque no puedo decir que sea imposible hacer una quimera que muera en el momento en el que otra persona también fallezca, debía de ser un proceso muy complicado.

-¿Por qué haría Cairus algo así? – Respondí.

-Bueno, porque… – Dijo Aria, considerando mi pregunta un momento -. Quizás no podía soportar la idea de que sus subordinados sobrevivieran si un desastre le ocurría, o… quizás los creó así para que no tuvieran más opción que ayudarle. ¡Sí, esa debe ser la razón!

-Hmmmm… – Murmuré, no muy convencida.

Supuse que su razonamiento tenía sentido, pero… algo… algo rondaba por mi mente.

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-¡Un momento! – No estaba segura de si Gourry estaba escuchando nuestra conversación o no, pero de repente estaba muy nervioso -. Si Cairus quería que todos sus hombres muriesen con él… ¿Qué pasa con Bell?

Miré a Aria, y los tres empezamos a correr por el pasillo.

-¡Bell! ¡Bell!

-¡Bell, responde!

-¡Heeeeey, si estás a salvo, día algo!

Los tres seguimos gritando mientras buscábamos por la mansión. A decir verdad, esperaba encontrar al menos a un par de guardias en nuestro camino, pero no había ninguno. Sólo podíamos oír el sonido de nuestras voces en lo que parecía ser un edificio vacío.

Buscamos por todo el primer piso, pero no pudimos encontrar a Bell.

-Bell… oh, no…

-¡No te rindas, Aria! – Dije, tratando de evitar que le diese el pánico -. ¡Vamos al segundo piso!

-De acuerdo…

Subimos por las escaleras y abrimos la puerta más cercana que encontramos. Se abrió con un crujido… y entonces nos quedamos paralizados por un segundo.

La ventana de la habitación estaba abierta de par en par, con la suave cortina de encajes ondeando al viento como si flotase en el agua. Había una mecedora cerca de la ventana, y…

-¿Aria? – Sentada en la mecedora, Bell nos miraba por encima del hombro, con una triste sonrisa en los labios.

-¡¡Bell!! – Gritó Aria mientras corría hacia su hermana. Bell se puso de pie y abrazó a su hermana con amabilidad. – Bell… Bell…

-Ya ha terminado todo… – Dijo en voz baja mientras acariciaba el pelo de Aria, que lloraba con la cara enterrada en el pecho de su hermana.

-Sí… – Respondió Aria con una débil voz -. Hemos vencido… a Cairus… la ciudad volverá a la normalidad… y podré vivir contigo de nuevo…

Bell no respondió, sino que se quedó mirando a un punto lejano, como si quisiera recordar algo que había olvidado.

-¿Hay alguien más… en la mansión? – Le pregunté.

-No, todos se marcharon cuando la revuelta comenzó, – respondió Bell, con la mirada aún perdida.

Empecé a sentirme incómoda, como si estuviese fuera de lugar, molestando en su reunión de hermanas, pero había algo que quería averiguar.

-Pero… Bell… ¿estás bien? – Dije con cuidado -. Cairus incluso llegó a transformarse a si mismo en una quimera…

Al oír mi pregunta, Aria miró rápidamente a su hermana. – Es verdad… Bell, ¿tú estás bien? ¿Cairus no te hizo nada raro?

-Estoy bien, Aria. No fue Cairus quien los volvió así, sino yo. – Dijo Bell con una amable sonrisa.

En ese momento ninguno pudimos entender completamente lo que Bell acababa de decir.

-B… ¿Bell? – Susurró Aria, pero su hermana seguía mirándola con la misma sonrisa amable.

Entonces lo comprendí. La mirada de Bell no era triste… sino la mirada de una loca.

-¿De qué estás hablando…? – Pregunté directamente.

-Cairus… se merecía un destino así, – respondió, sin mirarme a los ojos -.

Merecía sufrir la desgracia de los traidores… perder su honor… y también su vida. Era lo justo… para mí. Cairus se lo llevó… y también se llevó mi felicidad.

-Entonces… ¿es verdad que Cairus le mató? – Preguntó Aria, sorprendida.

“¿Están hablando del prometido de Bell?”

-Cairus nunca lo admitió, pero… es lo único que tenía sentido. – Respondió Bell

-. Así que… los cambié a todos, al igual que a Cairus… le obligué a rebelarse… para que muriera en desgracia.

-N… no sé lo que estás diciendo, Bell… ¿cambiar? ¿Qué quieres decir?

-Yo… Aria, sentía que me había rendido, pensé que me había resignado a mi destino hasta el punto de que ni siquiera tenía sentido sentirme triste. Pero no era cierto… Sentía había renunciado a todo… pero, poco a poco, el odio comenzó a crecer en mi interior. Así que los cambié a todos… en nombre de Cairus, y le obligué a rebelarse.

-¡Eso es mentira! – Dijo Aria mientras negaba desesperadamente con la cabeza -.

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¡Estás mintiendo! Si no… si no… ¡eso significa que estábamos luchando contra ti, Bell!

Slayers Volumen 11 Capítulo 4 Parte 1 Novela Ligera

 

-Te quiero… Aria… eres mi única hermana… pero… – La sonrisa de Bell se volvió sombría -. Después de que él muriese… Cairus me propuso matrimonio, y lo rechacé con todas mis fuerzas. Pero, un día… vino y me preguntó: “¿no sería una desgracia si tu hermana pequeña sufriese el mismo destino que tu prometido?”

Yo no podía ver la cara de Aria desde mi posición, pero su cuerpo empezó a temblar.

-Eso me demostró… que Cairus era el responsable de su muerte, como pensaba. Aunque ahora creo que es posible que lo dijese sólo para obligarme a aceptar, pero… en aquel momento, sólo podía pensar en que no podía dejar que Aria muriese… Así que no tuve más remedio que obedecerle.

“Al final yo tenía razón, Cairus era de la peor escoria que hay.”

-M… mientes…

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-No estoy mintiendo, Aria… – Dijo Bell, negando con la cabeza -. Y por todo lo que ha pasado… te quiero, pero, al mismo tiempo…


“Ha acabado odiándola también.”

Había enviado a Aria lejos porque la amaba, y no quería que acabase envuelta en la batalla.

Pero también la había mandado lejos porque la odiaba. Quería que se sintiese culpable de dejar a su hermana en la ciudad, y de paso la utilizó para informar a la Asociación de Hechiceros de la revuelta de Cairus. Es posible que fuera Bell la que había enviado a Zonagain a espiar a Aria.

Por fin todo empezaba a cobrar sentido. Si el objetivo de Aria era que Cairus cayese en desgracia, después de su muerte los demás subordinados ya no eran necesarios. De hecho, que sus hombres siguiesen luchando tras su muerte habría supuesto un problema, así que hizo que todos muriesen, pero… ¿cómo?

-¡Estás mintiendo! – Gritó Aria con voz temblorosa -. ¡Sólo dices mentiras! ¡No puedo creer que seas capaz de algo así! ¡Ni siquiera sabes utilizar la magia! No hay forma de que hayas… ¡transformado a alguien así! ¡Es imposible!

-Cierto… no sé nada de magia. Después de casarme con Cairus, él no me permitía estudiar… quizás tenía miedo de que aprendiese algo que pudiese usar en su contra como venganza. Aunque cada vez lo odiaba más, no podía hacer nada… hasta que una persona vino y me dio este poder.

-¿Una persona? – Murmuré con el ceño fruncido. No parecía que esa “persona” fuese su prometido muerto, ni Cairus…

Posiblemente Bell me oyese pues, manteniendo su sonrisa, continuó su explicación.

-Mi benefactor nunca me dijo su nombre… Pero esa persona se dio cuenta de que quería poder, y me dio lo que necesitaba. Podría haber matado a Cairus tan fácilmente… pero eso no me habría dejado satisfecha. Así que decidí despojarle de su honor y convertirle en un traidor. Usé este poder para cambiarlos a todos y para controlarles.

-¡Mentira! ¡Eso no tiene ningún sentido! ¡No puede ser posible!

-Sí que es posible, Aria… – Dijo Bell -. Sólo se habrá terminado del todo si yo muero… junto a todos los que estamos aquí.

-¡¡Aria!! – Grité mientras corría hacia la muchacha y le cogía del brazo, tirando de ella tan fuerte como pude. Después de lo que había dicho, parecía que Bell iba a matar a su hermana pero, por el momento, sólo se quedó allí de pie, sin ningún arma en las manos que yo pudiese identificar.

-¡Estás mintiendo, Bell! – Dijo Aria, llorando.

Bell desvió la mirada, desde su hermana hacia Gourry y hacia mí.

-Siento que os hayáis visto envueltos así… pero pronto habrá acabado todo. Fuese como fuese Cairus, sé que no está bien el haber involucrado a gente que no tiene nada que ver con todo esto… Además, yo también merezco morir. Pero debo asegurarme de que Cairus queda como un traidor, así que… vosotros también tenéis que morir. Este es… el poder que recibí. Ven a mí… Dulgofa.

“¡¿Qué?!”

En cuanto Bell dijo eso, una niebla oscura se materializó a su derecha. La oscuridad se solidificó de repente en la forma de una espada negra como el azabache, un florete.

-¡O-oye, Lina! ¡Esa es…!

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-¡Lo sé! – Respondí en un tono tan frío que hasta yo misma me sorprendí.

Recordaba ese nombre, y esa espada. La espada negra, Dulgofa, es un mazoku en si misma, y era el arma que llevaba un mazoku de alto rango bajo las órdenes de Dynast, la general Sherra. Gourry y yo tuvimos la oportunidad de ver a alguien tocarla y transformarse de la manera más bizarra.

Claro… si usaba el poder de la espada, “cambiar” a esas personas no habría sido ningún problema.

-¡Bell, por favor, detente! – Suplicó Aria.

-Acabemos… con todo esto… – Murmuró Bell mientras su mano derecha cambiaba de forma, fusionándose con la oscura espada…

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