Slayers (NL)

Volumen 2

Capitulo 1: Un Trabajo que Puede Acabar Mal

Parte 1

 

 

¿Alguna vez has levantado la vista de tu plato y te has dado cuenta de que el perfecto y civilizado restaurante en el que estabas comiendo tranquilamente hacía un momento ahora parece como si hubiese sido registrado por una manada de elefantes sensibles al ruido, con petardos atados al trasero?

¿No? ¿En serio? Vaya, pues a mí no para de pasarme. Venga, no pongas esa cara.

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Sé lo que estás pensando, pero esa vez no había sido culpa mía. ¡De verdad!

Déjame que te lo explique: Allí estaba yo, en una cómoda cantina de la ciudad de Atlas. La comida era fresca, pero los clientes estaban podridos. La mayoría de ellos, al menos. Era el típico lugar que atraía a mercenarios y matones, con algún rufián ocasional para darle sabor a la mezcla. Viéndolo en perspectiva, seguramente no debería haberme sorprendido de que se desatase una pelea a gran escala, pero me sorprendió.

Quiero decir, no es ningún secreto que he aceptado algún trabajo como mercenaria de vez en cuando, pero ese lugar tenía reputación de ser un sitio donde se comía bien, no uno donde había peleas. Y cualquiera que me conozca te dirá que no me gustan las peleas a puñetazos. Soy pacifista.

No, no estoy bromeando. Deja de reírte o te vas a enterar, te borraré esa… bueno, mejor seguimos con la historia.

Bueno, volviendo a la pelea. Una vez la batalla llegó a su máximo apogeo encontré un sitio bajo la mesa de una esquina, y me quedé allí, desde donde podía ver toda la acción, mientras seguía comiendo el muslo que había podido coger de mi plato antes de que saliera volando. ¡Cena y espectáculo! Ahora que lo pienso, quizás no era tan malo

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¿Qué había causado todo ese follón, te preguntas? Pues al principio parecía poca

Acababa de empezar a atacar la cuarta ración de fideos con pollo cuando un tipo
de la barra decidió que quería empezar una conversación conmigo. Era pelirrojo y, aunque no era precisamente atractivo, tampoco era feo. Llevaba armadura acolchada sobre túnica y pantalones, y llevaba una espada bastarda envainada en la espalda. No tardé ni dos segundos en darme cuenta de que era un mercenario de lo más corriente.

– ¿Está sola, señorita? – Preguntó.

Entonces le miré, decidí que no estaba interesada, y volví a prestar atención a mi plato. – Estoy con alguien, – murmuré, antes de hacerle un gesto al camarero y pedirle un suflé de pollo.

El mercenario hizo un ruido de desaprobación mientras me ponía un dedo delante. Para futuras referencias: ¿Sabes lo que opino de un tío que me pone un dedo delante mientras hace ruiditos de desaprobación? Pues que está suplicando quedarse sin
ese dedo. Sobre todo si lo hace mientras estoy comiendo.

– Qué pena, ¿no? Ningún tío debería dejar sola a una chica tan mona como tú en un sitio como este. – Entonces puso su mano en mi hombro, como si nos conociésemos desde siempre.

No me importa que me llamen “chica mona”, pero que me toquen ya es otra cosa.


Y es insultante que asuman que no puedo cuidar de mi misma por ser pequeña y mujer.

“Cuidadito, chaval.”

– ¿Cómo te llamas, monada?

El suflé estaba muy bueno.


– Yo me llamo Lantz. – Dijo.

Comer con la mano de un tío en el hombro puede ser muy molesto, la verdad.

– ¿Te ha comido la lengua el gato, monada?

“¡Oye!”

Sentí una extraña sensación en mi trasero. Exacto… mi trasero. ¡Lantz estaba intentando tocarme el culo! ¡¿Estaba de coña?!

Sabes, hay cierta verdad en ese tópico de que tu propia fuerza te sorprenda. Sólo quería lanzar a Lantz por encima de la barra, y sentir satisfacción cuando se diese de morros, pero debí lanzarle con demasiada fuerza, porque…

– ¡¡¡GAAAAAH!!! – De alguna manera Lantz se estrelló contra la esquina y golpeó el suelo con la ingle. No tenía ni idea de que eso fuera posible.

“Eso ha debido de doler.”


¡Oye! ¡Fue claramente en defensa propia!

Tras dejar escapar un fuerte lamento, Lantz intentó ponerse de pie, pero mientras lo hacía se cayó sobre la mesa de al lado. Por desgracia, estaba ocupada.

– ¡Oye, tú! ¡¿Qué crees que estás haciendo?! – Gritó el disgustado ocupante, que lanzó a Lantz hacia otra mesa… y así una y otra vez.

Aunque supongo que, técnicamente, yo fui la primera en… bueno, la primera en empezarlo todo, ¡se lo había buscado! No puedes ir por ahí tocando el trasero de otras personas sin su permiso y esperar salirte con la tuya sin que el propietario del trasero use tu cara para destrozar algunas mesas, ¿verdad?

– Oye, Lina, ¿cuándo vas a empezar a encargarte de los follones que provocas? – Preguntó un rubio y corpulento joven que estaba bajo la mesa a mi lado. Llevaba un peto negro y una espada larga.

“¡Gourry! ¡Por fin apareces!”

Le conocía bien. Llevábamos viajando juntos desde que nos conocimos. Aunque la verdad no había sido hacía tanto tiempo, pero llegas a conocer muy bien a alguien cuando viajáis juntos.

– ¡¿Los que yo provoco?! ¿Quién lo empezó? – Pregunté indignada mientras seguía saboreando cada bocado de pollo. Gourry me robó un trozo antes de que pudiera evitarlo, ¡el muy truhan!

– Pues tú. Tú fuiste la primera en golpear… bueno, en lanzar.

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– ¡¿Lo viste?!

– Mientras volvía del baño.

– ¡Gourry! ¡Estaba intentando TOCARME EL CULO! ¡Tiene suerte de que sólo le lanzase contra una pared, teniendo eso en cuenta!

– Quizás quería hacerse amigo de tu culo. O quizás confundió tu culo con alguna criatura mágica misteriosamente huesuda, e intentaba…

Le golpee en la cabeza.

– ¡Venga, Lina! ¡Sólo estaba bromeando! – Dijo mientras se frotaba la cabeza –. Sabes que si hubieses aguantado sólo un momento más, yo habría vuelto y me habría encargado de él.

Le miré intensamente.

– ¡En este mundo hay cosas que se pueden aguantar “un momento más” y otras que no! ¡Los desconocidos que intentan tocarte el culo por supuesto que caen en la segunda categoría!

– Es cierto. ¿Pero no es posible que te hayas pasado un poco? – Dijo mientras abarcaba con un gesto el caos a nuestro alrededor.

Bueno, puede que tuviese algo de razón.

– ¿Crees que debería detenerlos? – Después de todo podría lanzar un simple Fire Ball y todo quedaría tranquilo y silencioso en un momento. Por desgracia, usar un Fire Ball en un establecimiento público no suele gustar a las fuerzas de la ley.

– No, – suspiró Gourry–. Eso lo empeoraría.





– Pues entonces vamos a quedarnos aquí y ver el espectáculo.

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– Pero… – Gourry no supo cómo terminar esa frase. Tenía razón, yo tenía mi parte de culpa de lo que estaba pasando, y debería ayudar a pararlo, pero… ¿cómo?

– Ah, ¡ya lo tengo! – Dije, tan contenta como si me hubiese encontrado una bolsa llena de monedas –, ¿Qué tal esto? Contaré hasta tres y gritaré muy fuerte, justo antes de desmayarme. Entonces sacas la espada y la blandes mientras me levantas… parecerá que me has atacado con ella. Entonces dices algo como…

“¡Hmph, eso le enseñará modales!”. Todo el mundo dejará de pelear, y pensarán que me has matado.

A Gourry no le hizo mucha ilusión mi idea.

– ¿Y qué crees que va a pasar después de eso?

– Eh… pues no he llegado hasta esa parte.

– ¡Pensarán que soy un asesino!

– Gourry, ya sabes que no hay que darle mucha importancia a lo que los demás piensan de…

– ¡Olvídate de esa idea, Lina!

– Bueno, si no vas a cooperar… – Estaba a punto de sugerir mi siguiente plan cuando la puerta principal se abrió de sopetón, y la sala se sumió en el silencio.

“Hmmm.”

Me puse de pie y, como todos, nos quedamos mirando a la entrada.

Lo primero que vi fue su sombra. Lentamente, una figura apareció, envuelta en color negro de la cabeza a los pies. Pelo largo y moreno, túnica negra, pantalones negros… e incluso su boca y nariz estaban ocultos bajo una tela negra. Llevaba una espada larga en su espalda, y yo podía decir sólo con mirarle que sabía cómo usarla. Como mínimo era un maestro espadachín.

Gourry se había dado cuenta también, a juzgar por espontáneo ruido de admiración que dejó escapar.

Ambos tenían la misma edad, poco más de 20, y ambos eran espadachines, pero ahí es donde acababa el parecido. El hombre de negro era frío, pálido… fantasmagórico. Incluso el aire a su alrededor era diferente. Había sido el aura de su alrededor lo que había detenido la sed de sangre y había silenciado a la clientela de la cantina.

Era atractivo, pero restaba claro que era un tipo problemático.

“Hmmm, ¿y los chicos guapos no lo son siempre?”

– Busco a un guardaespaldas. – Dijo sin más. Su voz justo como la imaginaba: clara, fría y afilada… como una espada.

– ¡Si tenéis confianza en vuestras habilidades y queréis riquezas, decidlo! El que ofrece el puesto es el señor Tarim. Es una oferta excelente, os lo puedo asegurar. – Dijo sin andarse con rodeos. No hablaba mal, pero estaba claro que no le habían contratado por su habilidad por hablar en público.

Por supuesto, no hubo una estampida de voluntarios precisamente.

La ciudad de Atlas había sido sede de muchos asuntos sucios en su pasado reciente. Todo se remontaba al día en el que el presidente de su Asociación de Hechiceros, Halcyform el Blanco, había desaparecido… hacía unos seis meses. Inmediatamente se desató una batalla por llenar el puesto vacante entre los dos vicepresidentes, Tarim el Púrpura y Daymia el Azul.

El hombre de negro estaba reclutando gente para Tarim.

Por supuesto yo no tenía intención de involucrarme en asuntos tan turbios pero, ¿qué puedo decir? Me picó la curiosidad.

– Yo escucharé tu oferta. – Dije.

– Oyeee, tú eres… – Interrumpió Lantz “el Cruel”, el cerdo que había intentado hacerse amigo de mi trasero. Estaba lleno de heridas y sangre. Supuse que el baile de mesa en mesa no le había salido muy bien. Qué pena (jejeje).

El hombre de negro se giró hacia Lantz.

– ¿Qué estás haciendo tú aquí? – Preguntó.

“Hmmm, así que conoce a Lantz.”
Parecía que se conocían, pero que no eran precisamente amigos.

– S-Señor Rod… – dijo Lantz, tartamudeando –. Bueno, yo… el señor Tarim me pidió que hiciese un recado para él, y entonces…

– Tu trabajo aquí ha terminado, vete. – Dijo el hombre de negro, que estaba claro que no era conocido por su verbosidad. Entonces me miró directamente a los ojos, y un escalofrío me recorrió la espalda –. Una hechicera.

“Pues sí, básicamente eso lo resume todo.”

Había cambiado mis ropas un poco desde que había llegado a la ciudad. Ahora llevaba una camisa blanca, y túnica y pantalones azules, pero aún llevaba mi cinta negra, mis hombreras de escamas de dragón, una espada en mi cadera, mi capa negra y, lo que era más importante, mi amuleto enjoyado. Habría sido muy difícil tomarme por algo que no fuese una hechicera.

“Aunque recuerdo que cierto idiota me tomó por una camarera o una pescadera… Grrr… ¡Gourry!”

– Bien, ¿tú nombre?

– Te diré el mío cuando me digas el tuyo. – No pensaba decir mi nombre primero, ni hablar. Es cuestión de estatus. Por supuesto, en mi interior estaba aterrada, ¡pero él no tenía por qué saberlo! Estaba intentando atravesar la nube de melancolía y fatalidad con la que él había llenado la sala. Aunque no me hacía ilusiones.

– Rod. – Dijo de sopetón el hombre de negro, tal y como yo esperaba. Dejé escapar mi aliento silenciosamente.

“Esto ya dura demasiado.”

– Lina. – Dije.

– Ya veo… – respondió con un deje de admiración en su voz –. Así que tú eres Lina Inverse. He oído sobre ti.

“Genial, seguro que ha oído todo lo malo que circula por ahí: ¡Lina Inverse, la asesina de bandidos! ¡Reina de la destrucción!”

– Muy bien, ven conmigo. – Dijo mientras se daba la vuelta.

“Er… espera…”

– Vale, Gourry, vamos.

– ¿Eh? ¿Yo también? – Dijo mientras se ponía de pie.

“Pues… claro.”

¡Entonces Rod entró en acción! En mitad de un paso agarró la empuñadura de su espada y la desenvainó. Todo el mundo en la sala esperaba ver sangre en el suelo en cualquier momento… todo el mundo, excepto…

– ¡Gourry!

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Ya fuera por instinto o la suerte del tonto (yo me inclino por lo segundo), Gourry se acababa de agachar para robar un poco más de comida de mi plato en el mismo momento en el que Rod sacaba su espada. La crisis había pasado tan rápidamente como empezó.

Rod fue capaz de juzgar rápidamente la situación y determinar que Gourry no pretendía retarle.

– Buena respuesta, eres bueno. – Dijo Rod, inclinando la cabeza con aprobación.

– Nah, no soy nada especial, supongo. – Respondió Gourry con su inocencia habitual. Gourry puede no parecer gran cosa, pero pese a su total falta de sentido común y de entendimiento, su habilidad con la espada es de primera categoría. Yo estoy por encima de la media, y no soy rival para él. Aunque, la verdad, no sería rival para ninguno de ellos si nos referimos a la habilidad con la espada.

Rod había sido capaz de percibir la habilidad de Gourry de un vistazo.

– Me gustaría mucho tener un duelo contigo algún día. – Dijo.


– Pero el trabajo es lo primero, ¿verdad? – Respondió Gourry.

– Ya jugaréis cuando acabe la jornada, chicos. – Respondí con un chiste.

– Si sobrevivís. – Dijo Rod.

“Parece que alguien no tiene ganas de jugar.”

Mientras caminábamos, sus palabras se repetían en mi cabeza.

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