Slayers (NL)

Volumen 1

Capitulo 1: Cuidado Con Los Bandidos Nocturnos en la Posada

Parte 1

 

 

Slayers Volumen 1 Capítulo 1 Parte 1 Novela Ligera

 

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Allí estaba yo, corriendo por el bosque a toda velocidad, y con un grupo de bandidos asesinos pisándome los talones.

¿Te preguntas por qué me perseguían? Bueno, es una historia muy larga y aburrida, además, de donde yo vengo, no es tan extraño encontrarse siendo perseguida por el bosque a toda velocidad por un grupo de malhechores. Especialmente si eres yo.

Si de verdad quieres saber el motivo, te lo podría contar, pero en realidad no necesitas saberlo. Seguramente sea mejor para ti que no lo sepas. Mira, seguramente echaría a perder la historia, ¿vale? Y no querrás que eso pase, ¿verdad? No, claro que no.

Bueno, ¿por dónde iba antes de que se me interrumpiese de manera tan grosera? Ah, sí, corría por el bosque a toda velocidad, y con un grupo de bandidos pisándome los talones.

Vale, es posible que yo les hubiese robado algo a esos bandidos, ¿contento? Es posible que me metiese a hurtadillas en su pequeño campamento de bandidos y me apropiase de la más ínfima parte posible de su tesoro. Y es posible que estuviesen razonablemente enfadados. Así que supongo que eso tenía algo que ver con que me estuvieran persiguiendo… posiblemente.

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Juro que apenas les quité nada, apenas una mota de polvo. ¡Y ahora querían mi cabeza! Venga ya… ¿Cómo se puede ser tan tacaño? No es que haya oído alguna vez que un bandido sea generoso, pero aún así.

¿Podemos seguir adelante con la historia?

Allí estaba yo, corriendo por el bosque a toda velocidad, y con un grupo de bandidos asesinos pisándome los talones. Les llevaba bastante ventaja, pero ellos corrían con sus masculinos pies de asesinos, mientras yo… eh… paseaba sobre mis delicados pies como pétalos en flor… ¿Qué? ¡Mis pies son muy delicados! El caso… sabía que mi ventaja no duraría mucho.

Me detuve y me quité la capucha para echar un vistazo y evaluar mis opciones. Los árboles de ambos lados del camino eran demasiado densos para tratar de huir entre ellos. Incluso a plena luz del día, no podría ver más allá de medio metro.

Los bandidos se estaban acercando, ya podía sentir su sed de sangre en el aire. Incluso los pájaros habían presentido el peligro y habían dejado de cantar… ¡Estaba atrapada!

Cuando he dicho camino, ten en cuenta que por donde estaba corriendo era más bien un sendero. Era como si un tipo duro se hubiera abierto camino a través del bosque con un machete en fila india. La maleza crecía espesa y alta a ambos lados, y luchar en ella no me apetecía para nada.

Como conocían la zona mejor que yo, mis enemigos habían conseguido rodearme. Aún no tenía clara la situación, así que decidí cuidar mis modales por el momento. Aún así, tenía que decir algo para hacerles salir.

– Sé que estáis ahí, – grité, mordiéndome la lengua para reprimir un sarcasmo.

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– Bien… pues hola, muñeca.

Me preguntaba quién sería esta vez. ¿Un esqueleto parlante, quizás? ¿Un zombi? Pues no. ¿Quién iba a pensar que el típico tío bruto y calvo con un parche en el ojo iba a tener el valor de llamarme ‘muñeca’?

¿Quizás se sentía muy valiente con su ropa de criminal a lo ‘oh que miedo doy’? Consciente de que una buena imagen comienza con un cuidado decente de la piel, el calvito lucía un buen bronceado… seguramente obtenido al masajearse la piel con lo que parecía, a juzgar por el olor, apestosa mierda de cerdo. Llevaba un conjunto sin camiseta, con una cimitarra como accesorio, consiguiendo un estilo que decía a gritos ‘¡SOY UN ASQUEROSO RUFIÁN!’ Y aún así, pese a su aspecto de bruto, parecía insistir en matarme a base de interminable cháchara.

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– Lo que nos has hecho no ha estado nada bien, – gruñó.
“Vaya, ¿en serio? Eres un genio.”

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– Y ahora estás ahí, sola y a nuestra merced. – Se lamió los labios.
“Um… puaj.”

– Pero vamos a hablar con calma, – dijo, formando una sonrisa tan empalagosa que sus mejillas empezaron a hacer sonidos grasientos–. No quiero luchar contigo, muñeca. Está claro que eres de las que muerde, y no quiero meterme con una chica que me puede clavar los dientes. He de reconocer que tienes un par de huevos, y tu técnica es muy profesional… atacando de repente y lanzando tu magia por todas partes, achicharrando a nuestro jefe y, en medio del caos, metiéndote en nuestro escondite y llevándote nuestro botín. Desde el punto de vista de un profesional, tengo que decir que me has dejado impresionado.

Um, antes me olvidé de comentar la parte del fuego y lo de que maté a su líder,
¿verdad? Lo siento. Supongo que fue por eso de que me estaban persiguiendo y tal. Bueno, como siempre digo, no hay paz para los malvados.

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– Nos diste una buena paliza. Al principio pensamos en perseguirte y cobrarnos nuestra venganza de un modo que encajase con nuestra cruel reputación. Pero por el camino me puse a pensar que quizás haya un modo mejor, ¿hmmm? Quizás podrías unirte a nosotros, ¿eh? ¿Qué dices, muñeca?

“¿Unirme a vosotros? Sólo pensarlo hace que me den ganas de darme una ducha, cretino.”

– Tendrás que devolver el botín, claro. Pero si te unes a nosotros, lo de matar a nuestro jefe será agua pasada.

Fingí estar pensándomelo.

– No es mal trato, – continuó –. Es lo que podríamos llamar una solución pacífica, y sacar provecho de una mala situación. Es un

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trato justo: nosotros sacamos provecho de tus talentos, y tú consigues una banda. Nos devuelves el tesoro y nosotros te dejamos seguir respirando. ¿A que no es mal trato? ¿Y bien? ¿Qué dices? – Preguntó con una sonrisa que parecía una herida abierta.

“Ya veo por dónde van.”

Seguramente, hasta que yo acabé con su líder, el calvito este era el segundo al mando. Así que, en realidad, le hice un favor. No quiere vengarse, sólo que le devuelva el tesoro y añadir mis habilidades a su arsenal. Seguramente también le gustaba. ¿Quién podría culparle? Desafortunadamente para él, tengo una estricta política de “no devoluciones” en lo que respecta a un tesoro, y no soy lo suficientemente depravada para unirme a una banda de ladrones.

¿Te imaginas levantarse todos los días con un tío que te pregunte “qué pasa, muñeca”? No, gracias. ¿Dónde están los príncipes montados en caballos blancos que los


cuentos nos prometían? ¿No podría haber al menos uno de esos en este mar de matones de malos modales?

Como me imaginaba, no. Bueno, una chica puede soñar, ¿no?

– Es mejor que respondas rápido, muñeca. Nunca se sabe qué tipo de escoria puede estar merodeando en estos bosques. No es lugar para echar una siesta.

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Estaba claro que al tío le gustaba hablar. Yo no había dicho ni una sola palabra desde que empezó su verborrea. Estaba ahí callada mientras él seguía, seguía y seguía.

¿Qué les pasa a los hombres? Parece que adoran el sonido de su propia voz.

Justo cuando empezaba otra vez con su ‘bueno, muñeca, ¿qué decides?’, sentí otra presencia en la zona. Hmmm…

– Ni en broma. – Exclamé intentando no soltarlo a gritos, hundiendo mis tacones para enfatizar.

– Pero, serás… – Dijo, pero se paró a media frase con la boca abierta como si su patético cerebro no pudiese procesar a la vez el enfado y la decepción. Estaba claro que lo suyo no era hacer más de una cosa a la vez, y la presión de intentarlo le estaba enrojeciendo la cara. Creo que vi vapor saliéndole de las orejas, y todo.

– Serás… – Volvió a intentarlo. Y por fin encontró las palabras que estaba buscando.

– Pero serás arrogante, zorra.

“Vaya, bravo. Ahora veo por qué has tardado tanto en pensar el insulto.”

– ¡Te he hecho una oferta muy generosa, y te atreves a rechazarla! ¡Vamos a obligarte a comerte tu propio hígado! ¡A por ella, chicos!

Y, al gritar eso, diez hombres salieron de entre los árboles, rodeándome. Diez.

– ¿Y ya está? ¿Diez hombres? – Se me escapó. No quería ser grosera pero, ¿diez? Venga ya, era insultante. Por supuesto los diez hombres hincharon sus pechos para mostrar que eran muy duros, y el intento era de agradecer, supongo. Pero, en serio, ¿diez? No me tenían ningún respeto. Qué triste.

– Estos no son todos mis hombres, muñeca. Nuestros compañeros están ocultos en el bosque apuntándote con sus afiladas flechas ahora mismo. Cuando yo de la orden…

¡TCHAAANG! Y te convierten en un alfiletero. Pero voy a darte otra oportunidad para salvar la vida.

¡Vaya principiantes! Estaba claro que estaba mintiendo. Como hechicera y como guerrera tengo unos instintos infalibles en lo que respecta a detectar cuando me están apuntando. Si alguien me tuviera en su punto de mira, lo sabría. Estos pazguatos no sabían a quién se estaban enfrentando, y yo empezaba a aburrirme, cuando…

– Creo que debería esperar a que llamases a unos cuantos amigos, para que fuese una pelea justa.

¡La presencia que había sentido antes! Todos los giramos para ver de dónde había salido esa ocurrencia. Un solitario mercenario surgió de entre los árboles. Los rayos del sol de la mañana se reflejaban en su espada desenvainada.

Que alguien le de la entrada al coro de ángeles, por favor.

El hombre era una asombrosa y maravillosa visión para los ojos de cualquiera. Era alto, rubio… ¿he dicho ya que era alto? La coraza de su armadura había sido forjada con las escamas de una serpiente de hierro negra y, al juzgar por su espada, se ganaba la vida de sobra como el típico luchador de peso ligero, con rapidez y habilidad. Ya he dicho que era alto, ¿verdad? ¿Y he mencionado ya que era MUY guapo?

– Un consejo, amigos. Si salís huyendo ahora mismo, puede que algunos de vosotros consigáis arrastraros hasta debajo de la roca de la que hayáis salido antes de que acabe con vosotros como las alimañas que sois. Puede que uno o dos de vosotros se libren de la muerte. Pero, claro, eso es sólo si empezáis a correr ahora.

“No está mal como amenaza.”

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El tío calvo que no paraba de hablar escupió antes de ponerse a gritar.

– ¿Quién demonios te crees que eres para salir de ninguna parte en mitad del bosque e interrumpir nuestra negociación con tus estúpidas amenazas e insultos, eh?

– No pienso dar mi nombre a escoria como vosotros. – Respondió el rubio.
Hala. Bueno, la verdad es que todo eso era un poco abochornante, se estaba volviendo una situación demasiado típica para mi gusto. No es que pudiera hacer nada por evitarlo, ¿a dónde iba a ir? Me quedé allí, seguramente con cara de haberme tragado un bicho, que es como me sentía.

 

Tiempo muerto. Me gustaría parar un momento para explicar que mi propio colgante, al igual que la cinta que llevo en la cabeza y la espada corta que llevo en la cadera, han sido mejoradas de la misma forma. Si no tienes una joya amuleto, te recomiendo encarecidamente que consigas una. Son muy útiles y están de moda. Si decides conseguir una, te recomiendo no escatimar en gastos y conseguir la mejor que puedas. O incluso conseguir una personalizada a tu medida por una hechicera de talento y con experiencia. Alguien como yo, por ejemplo. Vale, se acabó el anuncio. Sólo quedaban nueve días más hasta Atlas. ¡Ánimo, Lina!

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