Nejimaki Seirei Senki (NL)

Volumen 1

Capitulo 2: Sin Novedad En El Frente Oriental

Parte 2

 

 

No había nada sorprendente en lo que se refiere al terreno. Extendiéndose de este a oeste, un campo abierto con algunas ondulaciones se extendía sin interrupciones. Sin embargo, atravesada en la ruta al oeste, la cual se supone que es la que debían seguir para regresar, además de las colinas y montañas, ―algo más‖ se erguía como un obstáculo adicional.

―No es posible… digo, ese es el lado oeste… no importa cuánto nos haya arrastrado la corriente, esto es…‖

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Incluso Torway, que había guardado una compostura que rivalizaba con la de Yatori hasta ahora, esta vez no pudo suprimir un temblor en su voz. Extendiéndose ante su vista había cercas de alambre de púas corriendo perpendicularmente a la línea de la costa, dividiendo el campo en dos; y entre las cercas, separadas a distancias fijas y punteando el área de una en una, se veían torretas de vigilancia. En las más cercanas incluso se podían ver las figuras de los soldados haciendo sus rondas.

―De alguna forma, no se ve como una espejismo. Aquí estamos viendo el ‗lado oeste‘ de la frontera ‗este‘ del Imperio de Katjvarna; lo que básicamente significa…‖

En cualquier caso, para no ser descubiertos por los soldados en guardia, los dos se ocultaron en las sombras de los árboles. Primero tronó la lengua tres veces; luego exhaló un largo suspiro generosamente mezclado con resignación hasta estar satisfecho, y…

―Este sitio ya es territorio de la República de Kioka… es una lástima, pero parece que hemos caído al infierno por una diferencia de un pelo.‖

Ikta Solork describió una realidad similar a sus pesadillas personales con una metáfora simple y directa.

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Debido a lo reportado por Ikta y Torway a su regreso a la cueva, la atmósfera en su interior, lejos de aligerarse, se convirtió en una carga y una presión similar al plomo.

―Este… pensar que fuimos arrastrados hasta el otro lado de la frontera nacional…‖

Murmuró Haro con un rostro pálido. Matthew, que al fin había podido calentar su cuerpo, también dejó escapar un grito.

―¡Maldición!… ¿Cómo pudo pasar esto? Justo cuando pensé que ya la habíamos librado…‖

Sin importar si resultara bueno o malo, las palabras de Matthew expresaron los sentimientos reales de todos. Incluso la gran Yatori guardaba silencio, como si necesitara repensar sus palabras de aliento. Antes de eso, Ikta hizo un recuento de las circunstancias.

―Ya que salieron así las cosas, las opciones que podemos seleccionar para nuestras acciones son limitadas. Así que antes que nada, en lo que se refiere a ese punto, creo que sería bueno de nuestra parte establecer una meta en común.‖

Sin esperar por una respuesta, Ikta levantó el dedo índice de ambas manos derecha e izquierda, y los mantuvo en alto para que todos pudieran verlos.

―La primera, es rendirnos al Ejército de Kioka y solicitar que nos reciban como prisioneros de guerra. Bueno, por lo menos, es relativamente confiable.‖

Un silencio pesado llenó el atiborrado espacio. Ninguna persona entre ellos parecía atraída por esa opción.

―La segunda, cruzar la frontera y regresar al Imperio por nuestro propios medios. Eso sería todo un reto, ¿no?‖

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Hablar es fácil. Al considerar las dificultades para ponerlo en acción, ninguno pudo apoyar con entusiasmo esa idea.

Después de una pausa considerable para considerarlo, y comenzando a hablar tímidamente, Matthew comentó:

―S-Si nos volvemos prisioneros de guerra, con el tratado suscrito, nuestra seguridad está garantizada. Claro que nos encerrarían, pero si esperamos un tiempo, ¿no podríamos regresar al Imperio en un intercambio de prisioneros…?‖

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En vez de ser una observación con base en una realidad, era más un buen deseo. Yatori lo descartó completamente.

―Aun así, eso es ser demasiado optimista, ¿no? Creo que aunque haya aquí personas que no saben su valor real, pero por el momento, todos somos cadetes de la escuela de Oficiales Militares de Alto Rango, sobre nuestros hombros está el futuro de la Armada Imperial, ¿cierto? Sólo esa razón es suficiente para que Kioka no desee regresarnos… Pero aun dejando de lado ese punto, y esto es algo que me incluye, entre nosotros hay demasiadas personas que podrían servir como material para un intercambio diplomático.‖

―Eso es cierto, ¿no lo creen? Sin mencionar a Su Alteza, la Princesa, aquí está Yatori- san, una descendiente de la familia Igsem; y yo, un descendiente de la familia Remeon… bajo cualquier circunstancia, se fijaría un precio muy alto para nosotros como prisioneros. Digamos por ahora que pudiéramos volver, ¿cuál sería el rescate exigido?‖

―¡Por Dios!, la gente cuya vida vale demasiado realmente apesta, ¿no es así? Ni siquiera podemos asegurar nuestros propios intereses como quisiéramos.‖

Nadie tuvo la compostura de responderle a Ikta por el comentario cínico que acababa de expresar con una expresión de desagrado.

―Bueno, eso lo resume, mi amigo Matthew. Incluso si nos volvemos prisioneros de guerra en este sitio, no nos regresarán tan fácilmente a nuestro país, y digamos que nos regresan, el precio a pagar sería muy alto por nosotros. Y puedes imaginar lo insignificantes que nos sentiríamos una vez que regresáramos a nuestra patria… Bueno, adicionalmente, si llegamos a elegir esta opción, sólo podemos esperar que la gente de Kioka no descubra la fama de la familia Tetdrich, ¿verdad?‖ 

Llegado a este punto, no había forma de negar la aspereza del sarcasmo de las palabras de Ikta. Matthew se cubrió el rostro y se lamentó, pero al momento siguiente, un rugido atravesó la cueva como si quisiera alejar todas las preocupaciones.

―¡Prisioneros de guerra o algo así!… ¡Esto no es una broma!‖

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Su Alteza, la Princesa Chamille, logrando levantarse con todo su vigor, gritó con una mirada tan amenazadora como para sacar chispas del fuego. A pesar de que todas las miradas cayeron sobre ella, aun así no bajó el tono.

―¡No hay tiempo de estar varados en un lugar como este! ¡Y-Yo debo regresar tan pronto como sea posible! ¡Olvídense de los guardias—crucen la frontera usando cuanto medio sea necesario! ¡Escuchen bien, en caso de que tengamos éxito, cualquier recompen-mmph!‖

En ese momento, y con extrema falta de etiqueta, dos dedos presionaron los labios de la exaltada princesa. Mientras los otros actores miraban estupefactos, Ikta miraba con desprecio a la noble frente a él, con una horrible y fría expresión.

―Guarde silencio, Princesa. No importa si hace un berrinche o que ofrezca una recompensa extravagante frente a nuestras narices, eso no hará posible lo imposible. Ese grado de razonamiento es algo que me gustaría que aprendiera de la historia, es decir, de nuestra historia de repetir las mismas cosas de una forma enfermiza.‖

―¡¿C-Cómo…?!‖

Habiendo sido señalado como el que le había salvado la vida, la princesa había dejado pasar la rudeza y desparpajo de Ikta hasta ahora; pero aun así, se quedó sin palabras ante esta acción. Ya que esto había escalado más allá de lo que podía manejar, no sabía qué decir en respuesta. Al final, no hubo necesidad que dijera nada, ya que Yatori se interpuso entre ambos, torció hacia arriba el brazo de Ikta, y arrojó su cuerpo al piso sin ninguna ceremonia.

―Su Alteza, este sujeto ha cometido una irreverencia grave. Le doy mi palabra de que no volverá a hablar de esa forma una segunda vez; así que esta vez, ojalá pudiera tener misericordia, considerando el servicio que este sujeto le prestó cuando el barco se hundía.‖

Aunque estaba usando suficiente presión como para que los huesos crujieran y las coyunturas produjeran un sonido desagradable, Yatori suplicó por el perdón Real con una voz inexpresiva- Ante este poder tan terrorífico, la Princesa olvidó su furia y sólo pudo sacudir verticalmente la cabeza.

―E-Está bien… Lo cierto es que, parece que yo también perdí la compostura…‖

Ikta, habiendo recibido el perdón, finalmente fue liberado de esa técnica de defensa. Se levantó sin quejarse ni una vez, pero se sujetaba el hombro lastimado y parecía soportar un dolor considerable.

―Ya has reflexionado, ¿no es así? Una vez que hayas agradecido la generosidad de Su Alteza, sal a enfriar tu cabeza por un rato.‖

―Entendido.‖

Dejando una respuesta que no sugería que hubiera reflexionado en lo absoluto, Ikta abandonó la cueva junto a Kusu. Cuando su figura se perdió afuera, Yatori se volvió hacia los restantes e hizo una proposición simple.

―Cualquier elección que hagamos, no tiene caso si no estamos en nuestros cabales. Es imposible tratar de tener una conversación constructiva si estamos hambrientos. Por ahora, ¿qué tal si nuestra prioridad es nuestra supervivencia inmediata, y buscamos comida?‖

―Sí, aprobado. Si podemos llenar el estómago, seguro que alguna buena idea se nos vendrá a la mente.‖

Después de Torway, Haro y Matthew también estuvieron de acuerdo. La última que quedaba, Su Alteza, la Princesa Chamille, con los intensos ojos de la chica de la feroz cabellera frente a ella, no tuvo otra opción que asentir.

***

 

 

Habiendo sido despedido de la cueva, Ikta comenzó a buscar comida para calmar su hambre, sin necesidad de que alguien más se lo sugiriera. Aunque su fachada era algo retorcida, en realidad sólo se movía de acuerdo a los tres deseos principales, así que su comportamiento era fácil de prever.

―Hmm…  los  frutos  de  la  palma  cohune  son  difíciles  de  cosechar  sin  la  herramienta adecuada…‖

Las palmeras, bien cargadas de frutos, crecían por todos lados; pero las dejó de lado y comenzó a buscar en el suelo. Cuando fijó la vista con intensidad en la húmeda vegetación, las criaturas del bosque, percibiendo la mañana, comenzaban a moverse.

―Ah, una serpiente por aquí… por favor, conviértete en comida para mi plato, ¿sí?…

¡Wah, eres muy grande!…¡¿A-Así que eres una pitón-sama?! N-No, lo siento, no dije nada…‖

Vigilado de cerca por la presa de un tamaño inesperado, Ikta se retiró derrotado, ya que no tenía las agallas para enfrentar a una serpiente de tres metros. No consideraba muy a la moda llevar una serpiente enrollada alrededor del cuello.

―En casos como este, debería seguir las reglas despiadadas de la madre naturaleza, y apuntar a los débiles en vez de a los más grandes… ¡Oh, encontré un saltamontes! Bien, si lo frío para comerlo, tendrá un buen aroma.‖

―Eso estaría bien para nosotros; sin embargo, comer insectos es una cocina de clase baja, así que Su Alteza, la Princesa, de seguro lo rechazará.‖ 

Mientras seguía cazando saltamontes a gatas, la voz de su amiga, que no hace mucho torcía su brazo hasta el límite sin misericordia, llegó desde sus espaldas. Ikta siguió con su recolección sin voltear, pero Yatori siguió hablando sin prestar atención.

―Ese comportamiento de antes no es típico de ti. Aunque derrocha sarcasmo tan fácilmente como respira, el nunca tomarse algo en serio es lo normal en Ikta Solork, ¿no es así?‖

―En lugar se ser siempre consistente, es más encantador para un personaje el mostrarse agitado de vez en vez.‖

―Incluso si ese fuera el caso, no podemos exponer tu carácter verdadero aquí, ¿no crees? Mostrarte tomando acciones sólidas y con compostura durante la presión de un estado de emergencia, no hay otra apariencia más efectiva que esa, ¿sabes?‖

Extrañamente, el intercambio de palabras que lidereaba Yatori terminó con esto. Ahí, con un montón de saltamontes en una mano y dando la espalda a su compañera, Ikta comenzó a hablar con entusiasmo.

―Aún de este modo, estoy reflexionando, ¿ves? Tengo el conocimiento de que ella es parte de la nobleza, pero no creí que alguien haciendo un berrinche frente a mí me haría sentir tan ofendido.‖

―Eso fue lo que pensé… ¿Así que no puedes perdonar a una persona de la clase gobernante cuando se porta de forma poco intelectual?‖

―Incluso cuando debí darme por vencido desde hace tiempo, ya que sé que no pasará nada aun cuando no me guste.‖

Ikta soltó un suspiro de auto-desprecio. Yatori abrió su boca después de pensar un poco en lo que iba a decir.

―Esta es una forma algo irreverente de decirlo, pero el comportamiento de Su Alteza Chamille, -antes de sugerir que la familia real es de esta forma o de esta otra- es el apropiado para su edad. No, el sólo no haber soltado el llanto bajo estas circunstancias es más que encomiable, ¿no piensas así?‖

―Sí, eso es. Que alguien como yo pueda decir que habló con alguien de la nobleza, es lo mejor para dos terceras partes de mí… Ah, por cierto, si lo traes, ¿me prestas tu cuchillo?‖

Mientras Ikta se volteaba hábilmente mientras estaba agachado, Yatori, que permanecía a su lado, había cargado con sus armas y equipo sin afectar en lo más mínimo sus ropas. Portaba un sable en su cadera derecha, y en la izquierda, una daga auxiliar.

Esta era la habilidad de espadachín a dos manos que se había convertido en la famosa rivalidad entre ―Los Igsem de la espada‖ y ―Los Remeon de las balas‖. Lo que el rifle de aire era para Torway, estas espadas eran para ella lo más precioso después de su vida; el objeto de su orgullo.

―Si mellas la hoja, te mataré.‖

Aun así, Yatori desprendió con facilidad de su cintura la daga que era la mitad de ese orgullo, y se la tendió a Ikta. Por supuesto que ella no haría lo mismo con cualquiera, sin embargo, respecto a la fuerza de su relación de mutua confianza, había partes que a veces superaban la comprensión de las personas.

―Así que ya todos están reunidos. Muy bien, por favor, reporten lo que hayan cosechado.‖

Cuando el sol llegó justo encima de sus cabezas, las seis personas se reunieron a la entrada de la cueva y mostraron los resultados de su búsqueda de comida. Plantas y animales de forma y color apetitosos se alinearon en el pasto.

―Umm, ya que no soy buena cazando presas en movimiento, traté de reunir comida concentrándome en frutos y hongos. Para los hongos, enfocándome en los del tipo boletales, conseguí muchos de los más sabrosos; pero las frutas fueron algo más de problema… Al principio, pensé que encontraría plátanos o papayas, pero en realidad, esto fue lo único que pude encontrar.‖

Dijo Haro, con una sonrisa con un dejo de amargura, señalando a unos frutos parecidos a unos pimientos color naranja. Parecía haber suficientes para todos, y el color tan vibrante en verdad que los hacía lucir deliciosos. Su Alteza, la Princesa, mostrando interés, tomó uno de la pila y lo miró con cuidado.

―¿Qué clase de fruta es esta? No la había visto antes…‖

―Ahh, es caju, ¿verdad? Bueno, en vez de ser incomestible, ¿no es cien veces más adecuada? Después de todo, son carbohidratos preciosos…‖

Todos, con excepción de la princesa, compartieron una sonrisa forzada. Ante su expresión desconcertada, Haro le dio una explicación.

―Princesa, usted ya ha comido nuez de la India, ¿verdad? Son parte de la semilla de esta fruta.‖

―Oh, nuez de la India, Si tal es el caso, parece que tienes ciertas expectativas sobre su sabor.‖

Sin decir mucho, Haro tan sólo sugirió: ―Dé una mordida.‖

La princesa hizo lo indicado, llevando la fruta anaranjada a su boca; frunció el ceño y se pudo rígida al momento en que sus dientes mordieron la superficie. Su boca quedó libre después de unos 30 segundos, luego de tener ciertas dificultades para dar la mordida.

―¿Qué le parece, Princesa?‖

―Está dura… viscosa… grasosa… y un poco dulce.‖ 

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A pesar de ser simple, la descripción dio en el blanco. Sintiendo por primera vez que la atmósfera general se relajaba un poco, aunque el humor aún no cambiaba por completo, Torway tomó su turno.

―Bueno, creo que me toca. Preparación simple además de un buen sabor, así es el cangrejo cocotero. Pero sólo pude atrapar dos, ya que es mediodía.‖

Dos enormes criaturas, que recordaban a los cangrejos ermitaños, estaban acomodados lado a lado en el pasto. Todos exclamaron voces de admiración, ya que los cangrejos cocoteros se escondían en sus madrigueras durante el día. Para poder atraparlos, era necesario encontrar la entrada de sus madrigueras y desenterrarlos, lo cual no era para nada fácil.

―A mitad del día, y en tan poco tiempo… ¿y dos especímenes de este tamaño? No lo hiciste nada mal…‖

Yatori observaba a Torway con ojos ardientes, pero la persona en cuestión, avergonzado por la mirada de Yatori, desviaba los ojos y rascaba constantemente su rostro. Eran dos personas en sintonías completamente diferentes.

―Con eso, yo sigo… Aunque fue una buena pelea, pienso tomar responsabilidad, como la que propuso esto en primer lugar.‖

Dando esa introducción con una amplia sonrisa, Yatori caminó hasta un arbusto cercano y regresó arrastrando su presa, la cual había ocultado para sorprender a todos.

Gritos de alegría se elevaron de inmediato.

―¡Eeeh! ¡¿Es un jabalí?! ¡No puede ser!, ¿cómo pudo una sola persona…?‖

―Un golpe de espada en la base del cuello… miren, es la única herida. Pero aparte de todo esto, ¿en verdad usaste esa espada para…?‖

Yatori, consciente de las miradas de asombro que caían sobre ella, sacó el pecho con orgullo. Para ella, que sabía que estaba en una categoría aparte desde un principio, cuando recibía esas dos cosas, admiración y respeto, entre más recibía mayor era su inapreciable recompensa.

―…Sigo yo, ¿verdad? Como era de esperar…‖

A simple vista, Matthew tenía el ánimo por los suelos. Al ver lo que había reunido, no había dudas del porqué de ello.

―Aunque a mí también se me ocurrió… ¿qué es esto? Tres cocos pequeños, eso está bien, pero la cáscara está rota y el líquido de su interior se derramó, ¿no es así? Me pregunto qué método de cosecha usaste para que terminaran así.‖

―Cuando traté de recoger los cocos, estaban en un sitio más alto de lo que suponía. Ya que no cayeron cuando les arrojé piedras, pensé que si les disparaba…‖  

Su compañero, el espíritu de viento Tsuu, volteó a ver a Matthew desde el bolso en su cintura, con ansiedad en sus ojos. Aunque nadie dijo nada, esa mirada y el rifle de aire que colgaba a su espalda delataron toda la historia de su fracaso.

―Mi amigo Matthew, toda herramienta tiene sus aplicaciones. No puedes usar tu rifle como solución para todo, ¿ves? Esa forma de disparar sin pensar, sin razonamiento alguno detrás, es algo que sólo se hace en países atrasados.‖

―¡T-Tú eres el último de quien quiero escuchar algo así! ¿No te fue a ti peor que a mí?‖

Fue una broma riesgosa la que escapó de los labios de Ikta, pero antes de que alguien lo notara, el grito de Matthew cambió el objetivo de la conversación. Varias miradas frías cayeron sobre la cosecha de Ikta, que se apilaba a sus pies.

―Cigarras, saltamontes, escarabajos cornudos, escarabajos de agua, insectos acuáticos gigantes, toda clase de orugas… Cómo decirlo, es todo un conjunto de animales salvajes, ¿no es así?‖

―B-Bueno, los insectos son una de las fuentes de proteínas más convenientes, ¿no lo creen?‖

―¿Y las ranas? Incluso pensaste en la conservación y la pusiste a secar… ¿puedo dar mi evaluación?‖

A pesar de que Ikta recibió una evaluación muy generosa, la persona en cuestión silbaba sin tocar su cosecha. Su Alteza, la Princesa, mirando la comida reunida, perdió algo de color en su rostro y tímidamente preguntó:

―¿Tú comes esto? Eso es… cómo puedo decirlo… ¿De verdad son insectos?‖

―Por supuesto que los como. Aunque es mi opinión personal, los insectos gigantes de agua son tan desagradables que preferiría morir.‖

―¡Hey, aquí es cuando deberías suavizar las cosas! Su Alteza, Princesa; cálmese por favor, No necesita tocar esos insectos, ya que hay variedad en la comida que obtuvimos.‖

Su Alteza, la Princesa, exhaló un suspiro de alivio. Poniendo los ingredientes reunidos frente a ella, y enrollando sus mangas, Haro se mostró animada.

―Ahora sí, ¿nos ponemos a preparar la comida? Pero aunque diga eso, ya que no tenemos ollas, lo único que podemos hacer es asarlos. Si uso hojas y barro con cuidado, me pregunto si puedo construir algo así como un recipiente para cocer al vapor…‖

―Dejando aparte lo que nos podamos comer ahora, me gustaría ahumar la carne del jabalí; pero producir una cantidad considerable de humo no es deseable. Matthew, Torway, ¿pueden hacer que sus compañeros absorban el humo?‖

Cuando la tarea de cocinar comenzó bajo la guía de Haro y Yatori, un aroma agradable de inmediato se extendió por toda la cueva. 

Los resultados obtenidos por Haro, a quien se había confiado lo principal de la cocina, fueron sorprendentemente buenos; y cuando el sol comenzó a bajar, todos pudieron tomar un almuerzo tardío. Con la sensación de que volvían a la vida, las seis personas llevaron a sus bocas la primera comida decente en más de dos días.

―La carne está deliciosa. Ni siquiera le pusiste ningún sazonador, pero cuando la muerdo, desprende un sabor fuerte…‖

―Los hongos y los cangrejos al vapor también están muy buenos. Si tuviera alguna queja, es por la falta de algo de sal.‖

―Si hierves agua de mar, la puedes obtener fácilmente, pero si bajamos a la orilla, ahí se tiene una vista casi sin obstáculos. Sería muy malo que nos descubrieran los soldados de Kioka que vigilan la frontera, así que supongo que nos conformaremos con el sabor puro de los alimentos.‖

Rodeando los componentes del menú, que se extendían sobre hojas en el suelo, continuaron con su armoniosa comida dentro de sus limitaciones. Después de un tiempo, Matthew, quien había recobrado su energía con la comida, comenzó a expresar un punto de vista positivo, a pesar de sus fallas hasta el momento.

―He estado pensando todo este tiempo; ya que aquí tenemos a dos usuarios de rifles de aire, ¿no sería posible cruzar la frontera por nuestros propios medios? Pienso que en algún punto de la frontera debe haber algún sitio con poco personal de guardia…‖

―Te vuelves algo presuntuoso cuando tienes el estómago lleno, ¿no lo crees? Sin embargo, luego de escuchar lo que dijo Ikta… quizás Kioka esté concentrando su ruta de avance contra el imperio en esa zona, ya que sus defensas se ven muy fuertes. Incluso si caminamos por la frontera de la nación buscando un sitio con menos vigilancia, creo que las posibilidades son de 10 a 1 de que nos descubran durante el trayecto.‖

Matthew, después de recibir la crítica implacable de Yatori, cruzó sus brazos y comenzó a murmurar. Junto a él, Ikta introdujo un comentario mientras llevaba saltamontes asados a su boca.

―No podemos tomar a la ligera el cruce de la frontera nacional. La oportunidad de triunfar sólo se da si se tiene asistencia tanto de este lado como del otro de la línea, y nosotros no tenemos a alguien así. Aunque lo más rápido y preferible sería sobornar a un guardia, pensando en bienes que puedan ser convertidos en dinero entre nuestras pertenencias…‖

La mirada de Ikta se dirigió a la mano de Su Alteza, la Princesa, extendida hacia la carne del cangrejo cocotero; o para ser exacto, al anillo que portaba. Hablando de valor absoluto, eso sería suficiente, pero aun así, sugerirlo era demasiado.

―Creo que sería muy arriesgado tratar de sobornar a un soldado de Kioka con un anillo ostentosamente grabado con el sello de la Familia Real. En tal caso, sería más realista vender las espadas de Yatori; aunque su construcción es poco elaborada, las hojas son de excelente calidad, ¿no?‖

―Oh, que ojo tan experto. ¿A quién le permitieron preparar una rana usando esa hoja tan afilada, me pregunto?‖

―La misma que usaste para matar al jabalí, ¿no? Su espada es la vida para un espadachín.‖

Dijo Ikta hipócritamente; pero en todo caso, eso no cambiaba el hecho de que era insuficiente como material para un soborno.

Mientras caía una pesada pausa mientras todos pensaban en el asunto, Su Alteza, la Princesa, que había permanecido en silencio hasta ahora, abrió su boca por primera vez.

―Ya sea que crucemos la frontera por nuestros propios medios, o que nos conformemos con ser prisioneros de guerra; todos se han expresado con conocimiento en este tiempo; y cuando surja algún plan con el cual tengamos cierta oportunidad de éxito, e incluso si nada de eso surge, quiero tomar la decisión apropiada… La realidad es que nada cambiará, sin importar todo lo que pueda gritar. Confío en el buen juicio de todos, en su poder y su efectividad.‖

Escuchando sus palabras, todos los demás miraron a la Princesa con una expresión de admiración. Ikta se lamentó de sus palabras tan rudas, pero al parecer, habían sido escuchadas y habían traído cierto grado de reflexión. En todo caso, que ella estuviera dispuesta a ceder en ese pequeño grado era algo deseable, ya que, siendo objetivos, sin importar lo irrazonables que pudieran ser las demandas expresadas por Su Alteza, la Princesa, ellos tenían la obligación de obedecer.

―Como dijo Su Alteza, no necesitamos apurarnos en esa decisión ¿cierto? Podemos tomarlo con algo de calma, aunque no debamos descuidarnos. Puesto que no nos pueden encontrar fácilmente aquí, y ya que no hay mucha dificultad en sobrevivir en este ambiente, creo que está bien que nos tomemos uno o dos días para pensarlo.‖

Todos estuvieron de acuerdo con Yatori, y por el momento, se concedieron un plazo de gracia.

Pronto terminaron de comer, en medio de una atmósfera tranquila de una forma u otra. Después de que todos hubieron recobrado su energía y vigor, salieron al exterior para pasar algo de tiempo y trabajar para asegurar su espacio vital. Pero en el caso de alguien en particular, sin ninguna experiencia o conocimiento de sobrevivencia, una persona sólo podía juguetear con sus pulgares…

―Yatori, ¿para qué se usa eso?‖

Mientras iba y venía de la cueva sin oficio, Su Alteza, la Princesa Chamille, habló con su compañera, quien continuó con su labor manual en silencio. Sin detener sus manos mientras realizaba su labor, Yatori apenas volteó a ver a su acompañante. Su compañero, el espíritu de fuego Shia, también la volteó a ver indiferentemente desde el bolso en su cadera.

―Sí,  Su  Alteza.  Estoy  haciendo  una  alarma  simple  usando  nueces  y  cuerdas.  Si tendemos esto en nuestros alrededores, cuando alguien se acerque, las nueces del árbol que crece a la entrada de la cueva harán ruido, alertándonos.‖

La respuesta de Yatori fue seca y fluida, como la de un soldado. Cuando la princesa trató de decir ―¿hay algo en lo que pueda ayudar?‖, ella ya había terminado su trabajo y se levantó vigorosamente.

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―Entonces, voy a instalar este artilugio y luego regreso. Me disculpo si le resulta algo inconveniente, pero por favor, no se aleje más allá del rango visible desde la cueva.‖

Confirmando la aceptación de su compañera, Yatori se dio la vuelta y desapareció entre los árboles. Su Alteza, la Princesa, sin tener otra cosa que hacer, se acercó a Haro, la única persona restante del mismo género.

―Haro, ¿qué es lo que haces?‖

―Ah, Princesa… Umm, ahora estoy haciendo una pasta medicinal contra heridas leves con algunas plantas. Si uno es cuidadoso, puede evitar lastimarse, pero no se puede hacer gran cosa contra las picaduras de insectos.‖

Sobre una piedra con una depresión en su centro, que debía haber elegido como sustituto a un recipiente, Haro molía hojas, raíces y cosas por el estilo. Su compañero, el espíritu de agua Miru, estaba sentado al borde de la piedra, y ocasionalmente vertía un poco de agua desde el ―surtidor de agua‖ en su pecho, ayudando a Haro a hacer una pasta suave.

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―¿Hay algo en que te pueda ayudar?‖

―Huh, no, no… Eso es… digo, ¡pedirle su ayuda, Princesa! ¡Por favor, descanse un poco!‖

―Y-Ya veo.‖

En vista de la respuesta de Haro, que sacudía con fuerza la cabeza de forma horizontal, Su Alteza, la Princesa, sin experiencia ni conocimiento a su alcance, se retiró incapaz de decir nada. ―Algo que yo pueda hacer…‖ mientras pensaba en ello, desvió su mirada hacia otro punto.

―Oye, Torway… ese rifle de aire, ¿no tiene el cañón demasiado largo?‖

―Umm… es porque quiero apuntar con precisión desde la mayor distancia posible, y no puedo hacerlo con algo más corto, sin importar cuánto lo intente. Aunque si fuera un soldado de línea, que tiene que disparar mientras hacen una carga, como Maa-kun, entonces uno más corto sería mejor, como usted piensa.‖

Mientras tanto, Tsuu y Safi, los dos espíritus de viento, absorbían el humo y enviaban aire fresco, controlando el fuego. A su lado, Matthew y Torway empuñaban sus rifles de aire.

―Mmm…‖

Incluso aquí, ella pensó que no encajaba en ese sitio. Después de dudarlo mucho, con reluctancia escogió a Ikta, quien estaba sentado un poco alejado de la entrada de la cueva.

―Solork, si estás haciendo algo, ¿puedo ayudarte en ello?‖

El hecho de hablarle usando su apellido y no su nombre era reflejo de su complejo estado mental; pero entonces, la persona en cuestión, sin aparentar darse cuenta de ello, continuó con su trabajo manual sin mirar hacia los lados.

―Nn… ¿me daría una mano? Estoy tejiendo estas lianas de esta forma.‖

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Al mirar hacia sus manos, vio que estaba trenzando varias lianas juntas, haciendo una especie de tejido basto. Concluyendo que podría ser una trampa para animales o algo así, Su Alteza, la Princesa, aprendiendo por imitación se unió al trabajo.

―Sí, sí, de esa forma. En realidad, no hay razón para hacerlo bonito.‖

―Ya veo, entendido.‖

Era su primera experiencia haciendo algo con sus propias manos, pero una vez que comprendió el truco, la tarea no era difícil. Mientras movía sus manos en el objeto en silencio y sin ninguna conversación, la Princesa con frecuencia volteaba a ver de reojo la cara de Ikta.

―Es un tipo muy distraído‖, pensó al principio. Considerando sus rudos comentarios de hace rato, y el que me deje ayudarlo con su trabajo de forma tan natural, la hizo preguntarse si él no diferenciaba en lo absoluto entre clases sociales.

―Sus manos dejaron de moverse.‖

Para acabar, lo franco de un recordatorio así. La princesa, sin avergonzarse, con energía entrelazó las lianas.

***

 

 

Después de unos 10 minutos, su trabajo tan entusiasta rindió sus frutos, y lo que ambos construían quedó finalizado.

―Solork, ¿qué es esto? No parece ser lo suficientemente grande para usarlo como red…‖

―Es algo esencial para un estilo de vida humano, mucho más que una red. ¿Quiere intentar usarla?‖

Diciendo eso mientras se paraba, Ikta despejó un espacio adecuado, eligiendo dos árboles ligeramente separados, y extendió las lianas tejidas entre ellos, como una telaraña. Mirando el fruto de su trabajo, asintió con satisfacción.

―Está bastante bien hecha… Bueno, puede subir.‖

―Subir… aunque digas eso, pero…‖

Podía aceptar que la apuraran, pero en esta situación no había nada que hacer, ya que Su Alteza, la Princesa, no tenía idea de para qué se usaba ese objeto. Mientras permanecía allí, con una expresión de extrañeza en el rostro, Ikta tomó la iniciativa y se colocó detrás de ella.

―Levante un poco las caderas… Esto se usa así, ¿ve?‖

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Él puso ágilmente su cadera sobre las lianas, y usándolas como punto de giro, hizo rotar su cuerpo hacia un costado, dejando que se meciera entre los dos árboles.

Mirando su figura recostada, Su Alteza, la Princesa, finalmente se percató de para qué se usaba el objeto; pensó en el tiempo y el trabajo empleado en ello, y encogió los hombros.

―Es una cama, ¿verdad?‖

―Es lo que llaman ‗el lecho del marino‘, como quien dice, una hamaca23. Cuando uno se acostumbra, es muy cómoda.‖

Dijo Ikta mientras se bajaba, moviéndose de forma inversa a como se había subido. Ikta le recomendó a Su Alteza usar el –como lo había descrito- ‗objeto esencial para un estilo de vida humano‘ por segunda vez.

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