Tensei Shitara Slime Datta Ken (NL)

Volumen 10

Capitulo 4: Tras el Telón

Parte 1

 

 

Glenda Attley, la hermosa ex mercenaria, apretó el gatillo con toda la intención de matar.

El arma que había guardado desde que fue convocada a este mundo no la traicionó. Ya era parte de su cuerpo, hasta el punto que ya ni siquiera requería mantenimiento. Combina eso con su habilidad única ‘Francotirador’, y no habrá nadie que pudiera detenerla.

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Francotirador como habilidad, proporcionaba tres habilidades. Una era Percepción Mágica, sintonizándola a un nivel de percepción mucho más allá de la norma; otra era Predicción Informática, que le permitía leer y comprender los resultados de las acciones de las personas; y la otra se llamaba Control Espacial. Esta tercera habilidad en particular, hacía a Glenda prácticamente sobrehumana, lo que le permitía conectar dos puntos en el espacio con solo imaginarlo en su mente.

Cualquier cosa que pudiera ver, estaba al alcance de un disparo para ella. Podía disparar directamente por encima de las cabezas de sus objetivos, y era libre de ignorar cualquier obstáculo en su camino. También podía ignorar toda la gravedad y la resistencia del viento, haciendo posibles disparos de largo alcance sin un rifle de francotirador.

Pon todo esto junto, y Glenda nunca fallaría en una misión. Pero después de su último error, se dio cuenta de que siempre había alguien mejor ahí fuera.

Eso no me lo esperaba. Un monstruo como ese era demasiado para mí.

En el momento en que lo vio, Glenda se dio cuenta de lo peligroso que era ese oponente. Ese sujeto, Diablo, era inmune a su pistola. No se trataba de que los ataques físicos no funcionaran.

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Glenda tenía dos tipos de balas, una normal y otra con infusión de magia. El primer tipo, era usado para cuando no podía dejar ningún rastro mágico, pero para los monstruos con resistencia física, Glenda concentraba su propia fuerza mágica en forma de bala, una habilidad mágica original.

Atesoraba la capacidad de manejar cualquier situación que se le presentara, por lo que Glenda realmente no tenía puntos ciegos. Pero contra Diablo no funcionaba de esa manera.

Sus instintos le advirtieron que huyera de él, su habilidad de Predicción Informática, no preveía nada más que su muerte. Incluso con sus fortalezas por encima de los estándares, no podía ver ningún camino posible hacia la victoria—fue una dura lección para ella.

Y ahora, Glenda estaba llevando sus habilidades de Percepción Mágica al límite con el fin de cometer un asesinato.

La bala que disparó, apareció a unos 45 centímetros de distancia de su objetivo. Y en un abrir y cerrar de ojos, le demolería la cabeza—o eso debería haber sucedido.

Ese espacio de 45 centímetros había sido pensado con mucho cuidado. Al conectar dos puntos en el espacio, la conexión fallaría si el punto de destino se superpusiera con una cierta cantidad de masa. En otras palabras, si el objetivo se movía inesperadamente, la conexión hecha por Glenda podría cortarse.

Por eso, se decidió por 45 centímetros. Incluso alguien con reflejos sobrehumanos no podría responder lo suficientemente rápido a algo tan cercano, especialmente a una bala que viaja casi a la velocidad del sonido.

Ese monstruo es una cosa, pero el príncipe de un reino humano no es una preocupación para mí. Bueno, no tiene sentido llorar por eso. Tendré que idear una estrategia para la próxima vez que lo vea.

Tenía mucha más confianza en la misión de hoy—pero en el instante siguiente, su rostro se llenó de sorpresa y aprensión. La bala que se suponía iba a destrozar la cabeza del príncipe, se había desvanecido.

“¡No! ¡¿Qué acaba de suceder?!”

Había ocurrido lo impensable, algo imposible en circunstancias normales. No sabía por qué sucedió, pero si alguien había hecho algo, tenía que ser ese rey demonio.

“¡Él! ¡El jefe de ese bastardo llamado Diablo! ¡¿También lo subestimé?!” Esa fue la reacción inicial de Glenda.

Por un momento, pensó en volver a disparar. Su emboscada perfecta acababa de fallar, por lo que cualquier nuevo intento tenía incluso menos posibilidades. Ella lo sabía, pero eso significaba que fallaría en su misión. Sus jefes—Maribell y el anciano Granbell—nunca lo permitirían. Eso la hizo dudar y, por lo tanto, no pudo escapar lo suficientemente pronto.

“Je. Yo diría que sí. Subestimaste a Rimuru-sama. Y no tengo ningún interés en perdonarte por eso”.

“¡Tch! ¿Quién eres tú?”

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“Mi nombre es Souei, fiel agente encubierto del rey demonio Rimuru”.

Glenda se sorprendió. Pero rápidamente, se resignó. El hombre no le preguntó su nombre—y no por hacerle un favor, pensó, sino porque eso podía esperar hasta que él la capturara e interrogara. Si pudiera escapar, podría mantener oculto lo que sabía.

El asesinato fracasó. Y ser capturada después, sería un destino aún peor. Cualquier otro error, y la descartarían como inútil. Glenda había visto a muchos de sus compatriotas caminar por ese camino y, para ella, escapar era el trabajo número uno en este momento.

Ella se enfrentó a su enemigo.

“… ¿Entonces esperabas un ataque?”

“Sí. Todo fue según los planes de Rimuru-sama. Si quieres resistirte, adelante. No tengo ningún interés en matarte, pero cuanto más te resistas, más doloroso será para ti”.

“¡Hah! Qué amable de tu parte. En ese caso, haré lo que quiera aquí, gracias”.

Sin dudarlo, Glenda disparó en lugar de esperar una respuesta. Esta era una única bala normal; le quedaban dieciséis, pero dudaba que funcionaran contra el demonio que se hacía llamar Souei. Una bala mágica tal vez lo lograría, probablemente… pero en cambio, Glenda sacó su cuchillo militar, cortando a Souei con un movimiento refinado y bien practicado.

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Souei lo esquivó con el mínimo movimiento requerido. Glenda sonrió ante esto. El cuchillo estaba imbuido de su fuerza mágica, convirtiéndolo en un arma tanto física como mágica. Ella usaba esto cuando se enfrentaba a enemigos en los que el ataque físico no sería suficiente, y Souei simplemente reveló que lo veía como una amenaza.

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Además, Glenda había notado otro hábito de Souei.

Este chico es del tipo que odia los movimientos extraños. Puede que sea más susceptible a métodos más simples. Veamos qué tan cómodo estará en un momento…

Ella desató otro ataque—con el cuchillo en su mano derecha, y su pistola en la izquierda. Sin vacilar, apretó repetidamente el gatillo, midiendo la respuesta de Souei. Como ella predijo, no hubo reacción. Debía haber sabido que no tendrían ningún efecto en él—pero mantuvo la guardia alta, permaneciendo alerta con su cuchillo.

No está mal. Quizás es el oponente más fuerte que he tenido.

Diablo no contaba en la mente de Glenda. Los enemigos contra los que nunca tuvo oportunidad, no estaban en sus registros.

El dedo índice izquierdo de Souei se movió. Glenda no lo pasó por alto, sintiendo el peligro, e instantáneamente, realizó un salto mortal hacia atrás para esquivarlo. Ahora había una distancia considerable entre ellos, y ese fue el movimiento correcto para ella, porque en el siguiente instante, un hilo ultrafino avanzó hasta su posición original.

“Hohh. Tienes buenos instintos”.

“Bueno, gracias. Tú tampoco eres tan malo”.

El intercambio de elogios fue interrumpido por un disparo de Glenda. No era una amenaza para Souei.

Quien fue directamente hacia ella, sin molestarse en evadir.

Qué simple. Me alegro de tener oponentes como estos. Son fáciles de tratar.

Las balas mágicas no requerían ninguna preparación. Se les podía disparar sin hacer ruido, así que si mezclaba una con sus balas normales…

Ahora que su patrón de ataque estaba establecido, atacaría con su ataque real mientras él estaba con la guardia baja. Esa era la estrategia estándar de Glenda: tomar un disparo aparentemente desperdiciado y convertirlo en una muerte instantánea. Incluso si lo estaba esperando, sería complicado esquivarlo de la nada.

Y Souei demostró las mismas reacciones que todos los otros titanes que había derrotado antes. Recibió la bala en el hombro derecho y fue enviado a volar de regreso.

“¡Ah-ja-ja-ja-ja! Demasiado para ti, guapo. Rama cayó con el mismo truco. Cuanto más confiado se esté, más efectivo se volverá un movimiento simple como éste”.

Glenda se rio a carcajadas—pero su mirada aún estaba alerta, examinando el daño a Souei. Ir con calma después de derribar a tu presa estaba fuera de discusión. Esa era la regla más importante del campo de batalla, y Glenda nunca se relajaría sin comprobar el pulso de su enemigo. Además, no creía que lo hubiera matado de un solo disparo.

“… Ya veo. Más fuerte de lo que pensaba”.

“¿Siendo un mal perdedor? Bueno, lo siento. Si me has visto la cara, mi única opción es eliminarte”.

Souei, de nuevo en pie, había perdido su brazo derecho. La pelea parecía ser de Glenda. Por eso, fue más cuidadosa que nunca mientras apuntaba su arma hacia adelante.

Las balas mágicas funcionan en él. Y ahora, con mi próximo movimiento, le volaré los sesos.

Lanzando su habilidad única Francotirador, Glenda estabilizó cautelosamente su puntería.

“Je. No te preocupes. Me han pedido que te capture. Imagino que Rimuru-sama quiere información tuya, pero es una persona amable. Coopera con él y no te matarán”.

“¡¡No me sermonees!!”

Con un grito, Glenda disparó—tres balas hacia su cabeza, dos hacia su corazón. Cinco balas mágicas, zumbando directo a sus objetivos. Luego, los tres primeros dieron un salto en el espacio, reapareciendo al frente, arriba y al lado derecho de su cabeza. Los otros dos lo siguieron rápidamente, materializándose ante su corazón y en un ángulo detrás de él.

Las cinco balas dieron en el blanco y destrozaron el cuerpo de Souei.

Estos Disparos Portal eran el punto fuerte de Glenda. Las balas creadas mágicamente, a diferencia de sus contrapartes regulares, podrían interrumpir y dispersar las magículas. Incluso si pudiera regenerar su cuerpo, esos disparos lo harían imposible.

No importa cuáles fueran tus habilidades con una espada o lanza, ser objetivo de balas supersónicas desde todas las direcciones, sería imposible de manejar incluso para los más grandes maestros. Basándose en sus experiencias pasadas, Glenda sabía perfectamente de lo que era capaz.

Ese era el secreto de su supervivencia—y por eso, ahora se aseguraba de que Souei estuviera muerto.

Su cuerpo, de hecho, estaba colapsando en humo negro frente a sus ojos. Ella exhaló un suspiro de alivio. Desde el momento en que lo vio, una oscura ansiedad había estado ardiendo en su corazón. No era tan vívida como lo fue con Diablo, pero sus instintos le dijeron que este era un enemigo peligroso.

“Se acabó. Eras duro. No podía permitirme contenerme contigo”.

Glenda se sintió tan aliviada que las palabras se le escaparon. Pero ese alivio llegó demasiado pronto.

De repente, detrás de ella, escuchó una voz que no podía estar allí.

“¿Ah, de verdad? En ese caso, ¿por qué no te rindes y me dejas capturarte?”

Reflexivamente, saltó fuera del camino. Girándose presa del pánico, vio al propio Souei parado allí. “¡E-Eso es una locura! ¡¿No moriste justo ahora…?!”

“Je. ¿Locura? ¿Crees que fue suficiente para matarme? Como sea, no tengo ninguna razón para perder contigo”.

“Entonces lo haré una vez más—¡¿Whoaaa?!

Glenda se quedó helada. Cualquiera lo haría. Increíblemente para ella, ahora sentía la presencia de Souei por todos lados. Inmediatamente, activó Percepción Mágica, pero simplemente reveló una verdad que no quería saber.

“¡No—no puede ser! ¡¿Qué son todos estos cuerpos físicos?! ¡Eso es ridículo! ¡¿Qué tipo de broma es esta?!”

“Es simple. Tengo una habilidad conocida como Replicación. Eso es todo. Y aunque mis réplicas no son tan poderosas como mi verdadero yo, deberías estar orgullosa de haber derrotado al menos a una de ellas”.

Souei—o al menos uno de los cuatro Souei en el lugar—le ofreció a Glenda sus más sinceros cumplidos.

Pero ahora era posible escapar.

“¡¡Maldita sea…!!”

Con un grito, Glenda se abalanzó sobre Souei—y en ese momento, comenzó su desesperada batalla.

***

 

 

En un balcón con vista a un jardín lleno de flores, una niña, un chico y un anciano estaban sentados en una mesa redonda uno frente al otro. Eran Maribell, Yuuki y Johann.

“Lo arruinamos. Lo echamos a perder”, dijo Maribell en voz baja. A pesar de eso, ella no parecía muy afectada. Ella lo había predicho y, en cierto modo, era parte del plan.

“Sin embargo, qué desastre para Gaban. Después de toda la devoción que tenía por ti”.

Johann, sentado frente a Maribell, sostenía una copa de vino mientras lamentaba la suerte del conde. Puede que no se llevara tan bien con él, pero incluso él sentía una punzada de simpatía por el hombre. Gaban, después de todo, era uno de los Cinco Ancianos, al igual que Johann—o tal vez lo fue. Su caída ya estaba en marcha.

“Gaban era un incompetente. Todo el tiempo que pasó viviendo en Ingrasia—¿desarrolló quizás un amor por su rey? Ciertamente los habrías puesto bajo tu control más rápido de lo contrario…”

“No seas tonto. Ni siquiera nosotros los Rozzo hemos llegado al núcleo central de Ingrasia. Sería imposible para Gaban”.

“No. No, estás equivocado. Es fácil apoderarse del núcleo. Simplemente mátalos a todos y deja un solo bebé restante. Y si ese bebé comparte un linaje de sangre con Gaban, mucho mejor”.

“Bueno, sí, si lo pones de esa manera, pero…”

Para Maribell, y toda la historia manchada de sangre que conocía, este no era un enfoque tan radical. De hecho, pensó era una de las formas más pacíficas. Mantenía el recuento de muertos bajo. Pero Johann quería explicarle que la seguridad de Ingrasia no estaba dispuesta a permitir que eso sucediera. Era una cosa fácil de imaginar, pero no de llevar a cabo.

“Pero estoy interesado en esos inquisidores mágicos”.

“… ¿Esas personas de aspecto inusual que sirven al rey?”

“Sí. Atrevidos, ¿no es así? Muy insolentes. Deben haber desarrollado sus fuerzas armadas para oponerse a los Rozzo”.

“¿Qué piensas de ellos?”

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“Mmm, son fuertes, supongo. Gaban me dijo lo mismo después de que los experimentó por sí mismo”.

Maribell podía compartir información con quienes estaban bajo el control de su ‘Codicia’, hasta cierto punto. Todo lo que su objetivo aprendiera, Maribell también podía aprovecharlo.

Por lo tanto, ahora usaba a Gaban como un peón desechable. Quería aprender sobre esos inquisidores, por lo que le pidió que diseñara un crimen tan atroz que tendrían que usarlos. Toda esa tontería dirigida al rey demonio Rimuru era perfecta para eso, y considerando que el Conde Gaban era nobleza de Ingrasia, los inquisidores mágicos estaban obligados a aparecer.

Ella vio todo eso. Y tal como esperaba, ahora conocía los secretos detrás de los inquisidores. De hecho, no era nada demasiado profundo—solo personas infundidas con suficiente fuerza monstruosa para considerarlos demonios. No habían trabajado ni se habían entrenado a sí mismos a la perfección, como Razen del viejo reino de Falmuth.

Para Maribell, estos inquisidores—privados incluso de sensibilidad, un efecto secundario de sus cuerpos rechazando los elementos monstruosos inyectados en ellos—eran solo juguetes poco interesantes.

Pero recuperaban esa sensibilidad cuando no estaban en forma demoníaca, por lo que, dependiendo de lo que se les implantara, podrían funcionar en una variedad de entornos. Su fuerza, cada uno sobre el rango A, tampoco era nada despreciable. Como ella lo vio, podrían ser lo suficientemente útiles.

“Qué temible. ¿Así que aprobaste el plan de Gaban, aunque sabías que fracasaría, solo para poder aprender eso?”

“No. Mi objetivo era ayudar a construir su confianza. Ahora el rey demonio Rimuru te ve como alguien digno de confianza”.

“¿Qué quieres decir…?”

No, no necesitaba preguntar. Lo entendió bastante bien. Su objetivo desde el principio fue eliminar a Rimuru; los inquisidores mágicos eran solo una buena ventaja. Maribell solo quería que Johann le contara sobre los tratos internos de Rimuru.

¿Y si no le doy eso, me sacarán tan rápido como a Gaban…?

No creía que fuera tan incompetente como Gaban. Sin embargo, Johann sintió una especie de miedo inescrutable hacia Maribell.

Debes—debes estar bromeando. Yo soy uno de los Cinco Ancianos, y esta niña me está dando órdenes…

Puede que lo haya pensado, pero nunca se atrevería a decirlo. Entonces decidió volver a su tema principal.

“¿Qué piensas acerca de enfrentar a estos inquisidores contra el rey demonio? Solo debemos culpar de algún delito a Rimuru—”

“No podemos. Simplemente no podemos. Todo lo que haríamos, sería enfurecer al rey demonio. Sí, los inquisidores mágicos son fuertes, pero eso es todo. No son nada que pueda enfrentar a un rey demonio. Es una tontería incluso considerarlo”.

“¿Tanto así…? Entonces, ¿no sería nuestra mejor apuesta formar equipo con el rey demonio?”

Maribell negó con la cabeza. “Eso no funcionará. No funcionará en absoluto. Además, aparte del abuelo, todos y cada uno de ustedes están sufriendo un grave malentendido”.

“¿Malentendido?”

“Sí. Exactamente. El malentendido de que los humanos son iguales a los monstruos. ¿Entiendes por qué le propuse al abuelo que elimináramos al rey demonio?”

“¿Porque está construyendo un nuevo bloque económico que eventualmente se convertirá en una amenaza financiera para nosotros?”

“Exacto. Pero esa es solo nuestra fachada. La verdadera razón es porque, con el tiempo, estaremos indefensos contra él”.

Maribell, esta niña, infundía miedo en el corazón de Johann—y ahora, esta niña parecía temerosa mientras hablaba.

“¿A qué te refieres con eso?” Preguntó Johann, presionándola para que continuara.

“El rey demonio Rimuru posee una asombrosa cantidad de poder de guerra. Con eso respaldándolo, ¿qué crees que pasaría si decidiera negociar con alguien?”

“¡¿Que…?!”

Solo entonces, Johann se topó con el verdadero peligro. En este mundo, las guerras entre naciones casi nunca ocurrían—necesitaban guardar su capacidad de lucha para los monstruos que los amenazaban.

El Consejo intervenía para ocuparse de las cuestiones transfronterizas, y eso significaba inevitablemente que aquellos con mayor poder económico tenían mayor control. Incluso los estados más grandes, como Ingrasia y el antiguo Falmuth, no tenían suficientes fuerzas armadas para hacer enemigos a todos los miembros del Consejo.

“Y te das cuenta de que sus fuerzas armadas tampoco son su único activo, ¿verdad? Estar sujeto a reglas es lo mismo que perder la libertad… pero si puedes crear las reglas tú mismo, no tienes nada que perder,

¿lo ves?”

Tempest podría seguir las reglas del Consejo al principio, pero después de eso, nadie podría asegurarlo. Y si Tempest decidía difundir sus propios valores a las naciones occidentales, pronto, toda la región tendría que recibir órdenes de ellos. El gobierno del rey demonio estaría completo—un golpe de estado pacífico.

Podía amenazarlos con la guerra, podía aplicar presión económica—pero, de cualquier manera, la nación más fuerte siempre ostentaba el poder para castigar a otros.

“Es gracioso. Muy gracioso. Y a medida que pase el tiempo, llegará una era en la que todo tendrá que pasar por el rey demonio”.

“Y—Y si…”

Si eso sucedía, incluso Johann sabrá adónde conduciría. “¿Pero no busca el rey demonio coexistir con…?”

Maribell detuvo a Johann con sus ojos fríos. “Es estúpido. Muy estúpido. No solo tú, sino todo el Consejo. Todos son unos idiotas”.

Luego se tomó la molestia de explicar las cosas de una manera que Johann pudiera entender. Esencialmente, las cosas pueden estar bien ahora, pero el futuro era una incógnita. Si la humanidad, después de olvidarse de la amenaza del Dragón de la Tormenta, alguna vez hiciera algo para enojar a Rimuru…

“No sé cuál sea la expectativa de vida de un rey demonio, pero los humanos son animales de corta vida. Si no detenemos las ambiciones del rey demonio aquí mismo, el único deseo de los Rozzo terminará por hundirse”.

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Un rey demonio siempre podía cambiar sus perspectivas. Y aunque los humanos pueden ir y venir, Maribell se negaba rotundamente a esperar valores humanos en gobernantes tan longevos.

“¿Lo ves? Así que es por eso que ideas como asociarse con un rey demonio o aprovecharse de un rey demonio—están mal, hasta la raíz. Ninguna de ellas funcionaría, jamás”.

Johann fue silenciado. Luego, como el último clavo en el ataúd, una de sus tropas de Sombras Sangrientas eligió ese momento para hacerle una llamada mágica.

Estaba informando sobre la derrota de Glenda. “No… ¡¿Capturaron a Glenda?!”

Johann pareció sorprendido. “… ¿Es eso cierto?”

Ni siquiera Maribell pudo ocultar su sorpresa. La cautela de Glenda siempre fue encomiable; sin importar el peligro involucrado, ella siempre regresaba a casa con vida. Maribell confiaba en ella—no en su personalidad, sino en ese anhelo casi animal por sobrevivir.

“No puedo creerlo. Esa zorra astuta e intrigante…”

Glenda fue uno de los resultados más sobresalientes del programa de invocación secreta de la familia Rozzo, una visitante obligada a permanecer fiel a ellos mediante su hechizo. Su fuerza era bien conocida a estas alturas, y la familia la trataba como un arma táctica en toda regla.

La idea de que ella fuera derrotada y capturada, era increíble para Johann. Anciano o no, era un ser humano normal y, a diferencia de Granbell o Maribell, solo podía pensar las cosas en términos humanos estándar.

Maribell ignoró sus murmullos de asombro mientras ponderaba sus opciones. Derrotarlo está fuera de discusión. Pero si podemos gobernarlo, todos nuestros problemas desaparecerán. Tendremos que hacerlo.

“… Le tenderemos una trampa”, dijo Maribell.

“¿Una trampa? ¿Qué piensas hacer?” Preguntó Yuuki, rompiendo su silencio.

Ella se giró hacia él. “Cierto. Una trampa. Tu gente va a emprender un viaje de expedición a las ruinas con el rey demonio Rimuru, ¿no es así? Pondremos una trampa allí”.

Ella no estaba pidiendo su opinión. Este era un plan finalizado y estaba escrito en piedra. “Bien, Kagali se dirige allí… pero no creo que sea una buena idea, ¿sabes?”

“¿Por qué es eso?”

“Porque la reina demonio Milim irá con ellos”, advirtió Yuuki. “Será demasiado arriesgado intentar algo”.

En su opinión, primero necesitaban ganarse la confianza de Rimuru y luego elaborar un plan a largo plazo con él. Pero la mente de Maribell ya estaba decidida.

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“No. No, no puedo permitirme eso. Cuanto más tiempo le demos, más problemas nos dará ese rey demonio. Eso es lo que me dicen mis instintos. Yuuki, ¿hay alguna manera de evitar que Milim vaya?”

“Eso es incluso menos posible. Él ya me tiene en la mira. Si trato de detenerlo, es básicamente admitir que los estoy engañando”.

“Tienes razón. Entonces derribemos a la reina demonio Milim también”.

“¿Eh?” Yuuki preguntó, aturdido.

“¡Eso es ridículo! Maribell, eso no es más que imprudente; ¡está más allá del reino de lo posible!” Johann se levantó de su asiento.

Sus reacciones fueron perfectamente comprensibles. Incluso aplastar a un rey demonio requería un plan cuidadoso e infalible. ¿Pero dos al mismo tiempo? No tenían ninguna oportunidad.

Pero Maribell seguía sonriendo. “Pondré todo lo que tengo en ello. Todo, ¿entiendes?”

“¡Aun así es imposible!” Yuuki gritó. “Dices ‘todo’, pero mis arlequines moderados están todos ocupados con su propio trabajo en este momento. Y—”

“No sé qué tan útiles son, pero si no están disponibles, procederemos sin ellos”.

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Maribell refutó las objeciones de Yuuki antes de que pudiera terminar de formularlas. Para ella, los arlequines no eran dignos de consideración—o, para ser más precisos, ya conocía una fuerza mejor, una tan grande, que podría enfrentarse a los reyes demonio por ella.

“… Pero sabes, Yuuki, te pedí que me suministraras algo del Nido del Dragón antes. Creo que ya es hora de que lo usemos”.

“¿Lo dices en serio? ¡Qué mala idea! ¡Ni siquiera yo puedo controlarlo!”

“No es un problema. Pertenecía a la reina demonio Milim de todos modos—solo se lo devolveremos.

¿Quizás podríamos decir que Clayman lo estaba guardando como su último recurso, y sus leales tropas sobrevivientes lo activaron? Entonces, la rabia de Milim no estará dirigida a nosotros”.

“Si algo sale mal, podría causar un daño incalculable a áreas humanas…”

“¿Y?”

“N-No, um…”

Johann intentó disuadir a Maribell de esto, pero fue completamente excluido. Ella podría haber estado teóricamente abierta a alternativas, pero los rechazos rotundos nunca captarían su interés. Y como Johann no tenía otras sugerencias, la estrategia de Maribell ganó la discusión.

Mientras Johann luchaba contra ella, Yuuki siguió hablando, tratando de entender su proceso de pensamiento. Le hizo darse cuenta de que esta operación tenía más posibilidades de éxito de lo que pensaba.

“… Está bien. En ese caso, es probable que Milim se encargue ella misma. Ella evitaría que Rimuru lo hiciera, seguro, y tal vez sería la manera perfecta de separarlos”.

“¡Je-je! Muy bien. Muy, muy bien. Y mientras la reina demonio Milim está jugando con eso…”

“¿Entramos y nos hacemos cargo de la mente de Rimuru?”

“Sí, precisamente”.

“Pero todavía tengo una preocupación…”

“¿El Dragón de la Tormenta?”

“… Sí, lo adivinaste. Si no logramos tomar el control de Rimuru y Veldora se vuelve loco, ¿qué haremos entonces?”

Eso—o su objetivo, podrían contraatacar más de lo que esperaban, sin darles tiempo para hacerse cargo de su mente. Si se trataba de eso, Yuuki no tendría más remedio que matar a Rimuru. Pero aparentemente, esa era una consecuencia aceptable de sus planes.

“No hay necesidad de preocuparse por eso. No es necesario en absoluto, Yuuki. No te preocupes por nada. Solo concéntrate en derrotar al rey demonio Rimuru”.

Yuuki no la desafió. Al final, hizo lo que le dijeron. “… Está bien. Si tú lo dices, creeré en ti”. Maribell le hizo un gesto de asentimiento.

Gracias a lo que su abuelo Granbell le contó sobre los reyes demonio, Maribell veía el mundo mucho más profundo que la mayoría.

Si Rimuru cayera y Veldora el Dragón de la Tormenta se enfureciera, la reina demonio Luminous probablemente intervendría para manejarlo. Paradójicamente, eso sería mejor para ella que Rimuru manteniendo su gobierno actual.

Él y Luminous ya habían unido fuerzas—lo que esencialmente significaba que Luminous le dejaba la gestión de las naciones occidentales.

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La propia Reina de las Pesadillas, alguien que veía a la humanidad como poco más que comida, había dejado que el Clero de los Siete Días actuara antes, pero—como se muestra en la propia caída de Granbell—ya no existían. Había perdido la protección de Luminous y, con eso, la autoridad que tenían para influir en las naciones occidentales.

De ahora en adelante, Hinata la Santa, sin duda ganaría más influencia política… y considerando su relación con el gobierno en ascenso del rey demonio Rimuru, se volvería aún más firme.

No importa qué, tengo que detener eso.

Y mientras secretamente pensaba esto, no le importaba si debía exponer al mundo ante la amenaza que era Veldora con el fin de lograr sus objetivos.

Maribell y Yuuki pasaron el siguiente rato desarrollando los detalles de su plan. En este punto, no quedaba espacio para Johann—todo lo que podía hacer era rezar para que tuvieran éxito. Por lo tanto, estos demonios, empaquetando tanta malicia como podían en sus intrincados planes, comenzaron a idear una manera de reprimir a Rimuru para siempre.

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